Qankunapas Noqaykupas. Ustedes y Nosotros.

El texto que aquí se expone forma parte del libro de Rodolfo Sánchez Garrafa y Gilberto Muñiz Caparó que desarrolla un diálogo intercultural desde la cultura andina contemporánea.

Qankunapas Noqaykupas promueven varios entendimientos; para algunos lectores la información les será útil para exhibirla como prueba de calificado bagaje cultural; también generará desacuerdos, muchos no aceptan que nuestra sociedad antigua desarrolló organizado y superior pensamiento; se expresarán críticos con juicios imprecisos y ambivalentes. Podría mencionar otras reacciones posibles, pero me detengo en lo resumido para manifestar que me hallo entre quienes están de acuerdo con sus principales postulados y en disposición de reflexionar sobre sus principales conclusiones, que ensayo resumir a continuación:
• El antiguo mundo andino fue organizado por pensamiento estructurado de valor equivalente a la filosofía occidental.
• Es necesario desarrollar un cuerpo de pensamiento propio que luego nos permita un posterior y frondoso diálogo de saberes culturales. Filosofías comentadas como la intercultural y de la liberación, corrientes de gran influencia en nuestra sociedad, no ofrecieron un camino autónomo para el desarrollo de filosofía nuestra. El texto nos acerca con transparencia y propósitos interculturales a variadas formas de estructurar pensamiento, pero ninguna es punto de partida para formular un pensamiento nuestro.
• El diálogo intercultural deberá hacerse a partir de la comparación e intercambio de saberes orgánicos de pensamiento, y sin primacía de ninguna expresión dominante y no limitada a eruditos o académicos.
• Requerimos de un ordenamiento de nuestros saberes que sea útil a nuestras necesidades sociales y que emerja de nuestras tradiciones y antigua cultura.
• Ninguna reforma al sistema filosófico imperante nos hará edificar una sociedad superior que haga innecesario rememorar con añoranza las sociedades que nuestros antepasados fueron capaces de construir, realidad que nos orienta en la creación de un horizonte civilizatorio distinto que sustituya la sociedad occidental judeo cristiana. Es tarea que requerirá “encauzar con solvencia…bebiendo de las fuentes propias de nuestra identidad”.
• Para hacer realidad este objetivo se requiere la formación de un nuevo sujeto social, un sujeto andino, y asegurar el empoderamiento de su identidad cultural y política que promueva una nueva correlación de fuerzas, una nueva estructura de poder político y social.
Luego de coincidir con lo leído, me intereso por extender la reflexión hacia tres aspectos que el libro motiva:
• ¿Qué nombre le corresponde al pensamiento nuestro?
• ¿Qué ámbito tendrá este pensamiento?
• ¿Cómo se organizan los ámbitos de reflexión?


¿Debemos pugnar por llamar filosofía, a secas, a esta estructurada forma de pensar? Considero que no, y no se trata de una afirmación que postule rebajar su condición de alto pensamiento ni mengue su capacidad de equiparar sus valencias en igualdad de condiciones con cualquier clase de razonamiento que se reconozca como filosofía.


Repasemos, sin extendernos, aquello que distingue a la filosofía occidental, matriz modélica a la que muchos pretenden igualar y que el texto critica. Destaca su denominada racionalidad; su lógica regida por principios que gustan de llamarse leyes; considera al individuo el punto de inicio y fin de todas sus reflexiones; la defensa extrema de la supuesta independencia y libertad individual respecto de la comunidad; constitución dual del ser; origen creacionista de la vida; uso de argumentaciones y conceptos; extendida especulación; promoción de objetivo conocimiento de la realidad, científico, repetidamente comprobable; considerar a la naturaleza objetivamente ajena al ser individual, por tanto, sujeta de dominio e inagotable; separaciones sociales sustentadas en un irreductible ellos y nosotros; la defensa de la escritura como archivo insustituible de sus postulados; la asunción de un tiempo lineal como escenario de los sucesos sociales; caracterizar el trabajo como condena. ¿Tiene el pensamiento andino alguna de estas características? Con sencillez hay que responder que no, ninguna. No señalo un catálogo alternativo porque el lector puede hallarlo en cada idea antónima que elabore a partir de la enumeración presentada. Si tales son las identidades de nuestro pensamiento, ¿corresponde llamarse filosofía y darnos la tarea de lograr su ingreso al selecto grupo de las filosofías mundiales, o es esta otra forma de persistir en una práctica de colonialismo que ningún provecho nos depara?, ¿es compatible con criterios liberacionistas pensar que es el único grupo que representa el alto pensamiento mundial? ¿Es acaso ineludible este esfuerzo que solo evidencia un afán por pertenecer a un mundo que nos es ajeno en todos sus términos fundamentales? No estimo conveniente que una sociedad antigua y singular se proyecte hacia el futuro solicitando la calificación de filosofía para lo nuestro junto a un certificado de suficiencia por sabernos dueños de un sitial especifico y particular en el exclusivo y académico mundo de las consagrada filosofía.


Son razones que sirven para incidir en lo que fuimos y somos en este campo: sabios, reflexivos y prácticos, conocedores, no clasificadores, de la naturaleza y cultivadores de una eticidad y moral paradigmáticas, seres acendradamente políticos, alejados de la cientificidad y de la objetividad del pensamiento y la ciencia occidental. Este conjunto de virtudes, fundamento de los múltiples contratos sociales que sostuvo una extendida comunidad de elementos diferenciados, de armónica y ejemplar relación con la naturaleza, nos hace propietarios de Sabiduría. Numerosas fuentes lo acreditan, innumerables señales y pruebas objetivas lo indican. La interacción con una naturaleza singular, difícil y diversa, junto a productividades limitadas y diferenciadas produjo aquí un ordenamiento social comunitario que no permitió que prospere la apropiación privada de los excedentes y la conocida estratificación clasista de las sociedades. Y no desarrollamos sociedad comunal como paso previo a un civilizado estadio individualizado posterior, y como antesala del capitalismo, sino como permanente y singular y eficaz forma de relacionarse con una geografía monumental que no admitía esfuerzos individuales. No fue un objetivo anticipadamente previsto o deseado el ser comunitarios y vivir por milenios bajo esta forma de formación social, ocurrió que elegimos la única posible para relacionarnos con una naturaleza particular que no admite esfuerzos individuales para hacerla productiva. No podemos argüir que no hubieron ensayos individuales que fracasaron; la realidad obligó a integrar esfuerzos, a sumar individualidades antes que a desperdigarnos en intereses personales. Desde Caral no hallamos evidencias que diferencien nuestra única y sólida formación social: comunidad de culturas, sociedades comunales. Similar tesitura tuvieron los horizontes Chavín, Wari, Tiahuanaco, Inca, y lo seguimos siendo en comunidades serranas e indígenas de nuestra Amazonía, no obstante la invasión y el cerco de la sociedad individual sobre estas colectividades. Lo que venció finalmente a estas organizaciones fue la superioridad bélica hispana y no sus virtudes sociales.


Requerimos; sin embargo, no aislarnos de un contexto mundial. Nosotros, que poseemos el gen de la comunidad, no podemos ausentarnos de un esfuerzo de integración planetaria. Por ello debemos agregar un segundo apellido a nuestro pensamiento, instalar un tinkuy suficiente para denominarlo Sabiduría filosófica. ¿Se postula este nombre como única alternativa a nuestro pensamiento? No, nada más lejos de esta pretensión. Nosotros somos multiétnicos y multiculturales e imposibilitados, por lo tanto, de pretender exclusivismos perniciosos. Deberán surgir otras denominaciones como los desarrollos previos lo ha evidenciado; de esos espacios surgirá, probablemente por sus virtudes, la denominación hegemónica, pero no excluyente. Convivamos en medio de las diferencias, con múltiples escuelas y formas de pensar unidos por la densa trama basal que nos unifica. El pensamiento occidental se lo permite, nosotros defendemos ese derecho con mayores atributos.


Por otro lado, no es posible aceptar la hegemonía de pensamientos universales. No hay una sola muestra de fundamentos teóricos de propósitos globales que hayan podido lograr la superación de problemas su propio ámbito; ni siquiera en sus originales espacios de desarrollo. Manifestamos la necesidad de formulaciones regionales, incluso locales, de valle y microrregiones, para afrontar soluciones de los profundos desequilibrios sociales nuestros. El pensamiento creado debe responder a las condiciones geográficas y sociales que les da origen. Las constelaciones se observan distinto desde cada valle. Nosotros estamos señalados de modo indeleble por la cordillera de los Andes, y dentro de esta geografía continental, los países andinos tienen con esta monumental waca una relación íntima, intensa, como no la poseen otros espacios territoriales del continente. Es una vana pretensión formular desde aquí teorías que se aclimaten a los espacios siberianos o arenales africanos, menos a las configuraciones urbanas del denominado primer mundo. La Sabiduría filosófica debe servir para orientar nuestra objetiva y concreta convivencia comunal entre humanos y naturaleza; cualquier disquisición de ámbitos individuales se hacen al interior de la comunidad. Aquí asistimos a la proliferación de características geográficas únicas y distinguibles en cada unidad geográfica mínima. Por eso los apus y wacas se asientan en espacios cercanos y diferenciados. Nadie puede decirnos con eficacia cómo afrontamos el reto de relacionarnos con una geografía particularmente singular viva en todos sus constituyentes y menos recomendarnos la asunción de ciclos de desarrollo que hemos visto arbitrarios y obsoletos para nosotros. No postulamos aislamientos inoperantes ni chauvinismos inconsistentes. Tomamos lo necesario y mejor de otras latitudes. Por eso qankunapas ooqaykupas extiende una ruta, por lo mismo existe el noqayku y el noqanchis . Por similar razón necesitamos ventanas abiertas al mundo, por lo mismo también un solo acceso peatonal a nuestros ámbitos.
Por último, ¿cómo se estructuran los espacios de reflexión? ¿cómo se compone nuestra sabiduría filosófica? Reconociendo que las formulaciones que se hacen aquí no son precisamente útiles para una realidad coyuntural, creemos que es conveniente formular algunos elementos imprescindibles en el desarrollo de una sabiduría filosófica nuestra. Reconozcamos que su ensamblaje debe partir del uso del quechua, del aimara y de las lenguas vivas de nuestra amazonia andina; desde sus estructuras gramaticales partimos para señalar nuestras opiniones. Son lenguas que albergan y configuran nuestra sabiduría. No postulamos que sea imprescindible dominar estos idiomas o pensar desde ellos, pero si es necesario conocerlos en su estructura íntima de funcionamiento, saber de su inoperancia para definir conceptos, premisas, axiomas, inferencias, silogismos, conclusiones, metalenguaje. Los saberes, el conocimiento andino no es teorético ni discursivo; acontece cada día en los diversos escenarios de la vida diaria. los saberes gravitan en la lengua y la acción de los individuos. ¿Desechamos los aspectos sustantivos del conocimiento alienígena no obstante su hegemonía mundial? Sí, porque imitar desde aquí a alguien resulta escandaloso. Si queremos ser eficaces en formular ideas para nuestro territorio tenemos que situarnos y enraizarnos en los extenuantes arenales de la costa, caminar las escarpadas y empinadas alturas de la sierra y trajinar los difíciles valles acuáticos de nuestra amazonía andina. No tenemos la capacidad de hablar para otro escenario, para una distinta realidad. Por lo tanto, no podemos formular pensamiento desde el ser individual, sino desde la comunidad. ¿Resulta fácil realizar tal propósito? desde luego que no, mucho más si nos acechan intolerantes poseedores de la verdad y carecemos de antecedentes apreciables. Pensar desde la dualidad es un reto de amplias dimensiones, pero es imprescindible hacerlo ayudados de nuestra travesía histórica y cultural de milenios, de particular espacio-tiempo. Desarrollar pensamiento desde la subjetividad y la ingesta de plantas maestras, desde la disolución de las leyes de la lógica masivamente aceptadas, no es tarea sencilla, pero resulta una obligación realizarlo. Usar las fórmulas comúnmente utilizadas es poco útil, no nos ha servido para criar sociedad y naturaleza, ni guía para mirar la cordillera de los Andes y sus extensiones como un hogar que necesitamos convertir en extenso jardín cultivado y acondicionarlo como habitáculo humano, como espacio que derribe la frontera entre cultura y naturaleza, como hogar de las distintas formas de humanidad que contiene la geografía nuestra.


No es cierto que el pensamiento que privilegie la acción individual es la única forma de preservar la denominada libertad personal y la creatividad y que cualquier forma de asociación comunal está reñida con la libertad. No se habrían criado aquí ayar manco, pachacutes y wiracochas de ser ciertas tales premisas. Los seres somos antes entidades naturales que productores, somos humanidades incompletas que requerimos de otros para sabernos existentes. Un ser único es inviable como edificador de sociedades, es el cuento que nos han endilgado aquellos que critican el uso de tradiciones milenarias cuando extreman su milenarismo cuando abrevan de fuentes que tienen también miles de años de antigüedad. Se trata de algo sencillo de entender: para continuar nuestro camino de humanidad debemos de derribar el muro edificado por las experiencias coloniales y sus correlatos de colonialidad que nos invaden y carcomen y nos deshumanizan. Qankupas Noqaykupas, nos facilita una ruta, un derrotero para lograrlo.

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