I. Generalidades
¿Si el Qoricancha fue la sede principal del “culto al Sol” por qué razón los Incas no orientaron la puerta principal hacia el Este?, como sí lo consideraron en innumerables edificaciones donde los ingresos principales honraban su aparición matutina. ¿Por qué las mediciones astronómicas del recinto no presentan una orientación preferencial hacia el astro principal?
Ninguna edificación se hallaba al margen del diálogo con el cosmos que se materializaba en recibir las luces del astro apuntando el chawpi de la puerta principal de sus edificaciones. Estaban diseñados estos vanos para recibirlo o despedirlo en el ocaso, como señal acabada de la correspondencia y complementariedad andinas. Es un diseño que no se observa en el más importante centro espiritual del extenso Tahuantinsuyo: el acceso principal no miraba el rostro matutino del sol. El Inca Garcilaso de la Vega señala el emplazamiento del ingreso en el Qoricancha: “La puerta principal del templo miraba al norte como hoy está, sin la cual había otras menores para servicio del templo”. [1]
Es pertinente conjeturar entonces que el lugar no conservaba como primera prioridad honrar al astro. La búsqueda de la escala de valoraciones sacras que subyace en los trazos y formas y contenido del conjunto me conducen a considerar que, en la cúspide de entidades sacras que se honraban el Qoricancha no se ubicaba el sol, sino una entidad más prominente: Ticsi Wiracocha Pacha Yachachic.
Recordemos que se trataba de una sociedad que cuidaba integrar todas sus decisiones y actos en un diálogo general con la naturaleza y presentarlas en una escala de relevancia indicadora del grado de importancia del cuerpo estelar. Sus diseños obedecían a una planificación central que emanaba del poder político-sacro y de astrónomos con decisiones que hoy valoramos por su coherencia y consistencia.
Es claro que la sencilla reflexión que hago no es suficiente para articular conclusiones, es necesario sumar argumentos suficientes para postular que el Qoricancha no honraba en exclusividad los dones del sol, sino que sus espacios reunían al conjunto de concepciones sacras que animaban a la hegemonía quechua de entonces y que, en su primera valencia expresaba la compleja relación con el “criador y animador del cosmos”: Ticsi Wiracocha Pacha Yachachic. La “deidad” amparaba una serie de otras entidades que comprendía en primer lugar a la constelación de la Qollca, considerada “madre de todas la estrellas”, el sol y la luna se hallaban ubicadas en el estrato siguiente de las consideraciones espirituales. En rango menos prevalente se situaban el arco iris, el rayo, trueno, relámpago, y otros.


El “criador” inmaterial, ilimitado e infinito, cuyos atributos no pueden ser representados sin trastocar su espiritual naturaleza fue mostrado en el Qoricancha con la sencillez de un Óvalo, representación geométrica observable en el providencial dibujo del colla Juan Santa Cruz Pachacuti.
El diseño y distribución espacial de los recintos, mediciones astronómicas, siluetas de sus muros y la relación simbólica geométrica y funcional que guarda la edificación con el universo conocido, abonan en favor de las consideraciones vertidas.
Los factores, postulo, que han generado asociar el recinto con el sol es el desconocimiento de su íntimo sentido, ser recinto del “criador”, idea compleja de entender y de ardua explicación. Laborioso argumentar la compleja constitución del «criador» y del lugar sacro, y aducir que el sol sí se honraba en su interior, pero no como personalidad principal. Por otro lado, el nombre Qoricancha, “casa del oro” surge asociado al resplandor del astro y al brillo del metal, difundido por la población mayoritaria impresionada por la magnificencia de su fachada principal, revestida de esplendentes láminas de oro.
El Inca Garcilaso de la Vega describe la riqueza de su fachada, refiriendo que sus puertas:
Todas éstas estaban aforradas con planchas de oro en forma de portada. Por de fuera del templo, por lo alto de las paredes del templo, corría una azanefa de oro de un tablón de una vara de ancho, en forma de corona, que abrazaba todo el templo.[2]
Llamarlo “casa del oro” ahorraban el trajín de explicar la naturaleza del lugar y también suplía el desconocimiento que tenían de la naturaleza íntima que el lugar sacro guardaba, depositario de un estructurado y complejo alto pensamiento y de difícil difusión. Se trataba de una denominación distintiva que ahorraba explicaciones en la sociedad de entonces. Los nombres que adoptaron los Incas al asumir el mandato es un ejemplo de lo explicado; elegían una designación específica que resumía sus cualidades.
Consigno diversas crónicas que recogen tradiciones orales que señalan que el “templo” estaba destinado a honrar al “criador del universo”. Sumo también un componente adicional, ya comentado: el diagrama cosmogónico de Santa Cruz Pachacuti, documento imprescindible en esta revisión. Incluyo, finalmente, material gráfico de inédita interpretación que contribuye a otorgar solvencia a esta visión del más importante espacio sacro de la antigua sociedad andina.
II. Qué dicen los cronistas
Son numerosas las opiniones coincidentes sobre la importancia del recinto como lugar central de la sacralidad andina, sobre su distribución espacial y la riqueza material de sus instalaciones. Destaco aquí las que sustentan la formación de una visión distinta de la naturaleza y funciones del Qoricancha que ha sido descuidada o postergada, que la ubican como espacio de ritualidades mecánicas y rutinarias verificaciones astronómicas, alejada de su función como lugar de soporte espiritual de una vasta sociedad de acendrada vida sacra y mítica, muy alejada del esquema animista fatuo y ramplón de “adoradores de sapos y culebras” y súbdito sometido a las manifestaciones de una naturaleza desconocida.
El Inca Garcilaso de la Vega en muchos aspectos de nuestro pasado ha impuesto un conjunto de criterios, por lo menos imprecisos, que se han considerado canónicos, visión de la que no se libra el Qoricancha. No olvidemos que el escritor cusqueño no supo, o no quiso, interpretar el significado de una cruz cuadrada de nuestros antepasados que observó en visita que hizo al recinto que hacía las veces de catedral cristiana a poco de emprender el viaje sin retorno a España: “Teníanla en una de sus casas reales, en un apartado de los que llaman huaca, que es lugar sagrado. No adoraban en ellas, más de que la tenían en veneración; debía ser por su hermosa figura o por algún otro respecto que no saben decir”.[3] Resulta improbable pensar que su formación y la curiosidad de su inteligencia superior no le permitieran saber el significado de un símbolo sacro de tal magnitud o, de ser cierta su ignorancia, no indagara sobre la naturaleza de la Chacana que tuvo al frente. Garcilaso era sobrino de Cápac Inca y estaba rodeado de informantes largamente instruidos en el significado de la cruz cuadrada andina. El cronista, postulo, se abstuvo de valorar en su dimensión exacta el alto pensamiento y las creencias sacras de sus antepasados, apremiado por la capacidad que tenían de competir con las ideas cristianas y porque, en otros casos, no tuvo el interés de entenderlas impregnado como estaba de los prejuicios de su formación religiosa, de la que fue radical cultor. Lo cierto es que su particular origen y el magisterio que impuso la calidad de su prosa y contenidos consiguieron que muchas de sus opiniones se trocaran en canónicas. En el caso del Qoricancha calló mucho dejando espacio para discutir sus afirmaciones usando sus opiniones. Menciona:
el aposento del Sol era lo que agora es la iglesia del divino S. Domingo. […] El altar mayor (digámoslo así para darnos a entender, aunque aquellos indios no supieron hacer altar) estaba al oriente. […] En el testero que llamamos altar mayor tenían puesta la figura del Sol. […] Era tan grande que tomaba todo el testero del templo, de pared a pared. No tuvieron los Incas otros ídolos suyos ni ajenos con la imagen del Sol en aquel templo ni otro alguno, porque no adoraban otros dioses sino al Sol, aunque no falta quien diga lo contrario.[4]
Cierto, “aquellos indios” no supieron de altares al estilo cristiano, pero teníamos los Ushnus, magnificentes altares permanentes, un tipo de ara particular, cercano al cosmos, permanente espacio para el diálogo cósmico. Precisamente, Garcilaso señala que, el “testero” quechua estaba al “oriente” de la sala, lo que ubica el espacio en las inmediaciones de la actual puerta de ingreso a la nave de la iglesia actual. No es lugar compatible con los procesos nativos, lo más probable es que el espacio principal de representaciones sacras se hallara en el área occidental del recinto, colindante con el muro curvo exterior de la edificación. Acudo a la información que aporta el arqueoastrónomo Erwin Salazar, investigador del recinto junto al estudioso Oscar Corvison, quien señala que este gran espacio “partía de la hornacina o nicho donde probablemente haya estado la estatua llamada “Punchaw” y apunta, según Corvison, al punto de salida del Sol en el Solsticio de Invierno (Inti Raymi).[5]
Garcilaso tuvo gran cuidado de cultivar la contextura monoteísta de los Incas en su pretensión de engrandecer y equiparar sus capacidades “teológicas” ancestrales con los postulados del cristianismo y satisfacer las exigencias del público hispano y de su iglesia. Su afirmación sobre el monoteísmo de nuestros antepasados es inexacta por varias razones, siendo el vocablo “adoración” error de primera magnitud. Cultivábamos, considero, un monoteísmo polimórfico [6], aún poco estudiado.
No hay prueba, más allá de las inexactas interpretaciones que dan los cronistas y el reguero de opiniones cultivadas después en torno a esas visiones, que confunden “adoración” con gestos de reverencia y consideraciones especiales al hermano superior dentro de un cosmos considerado vivo y dialogante. No vemos ahora entre el pueblo indígena, asediado por siglos de dominación, actitudes de adoración a la Tierra o al Sol, cuando se confraterniza con ellos. Surge la adoración cuando la liturgia cristiana se interpone o interviene.
Cuando Garcilaso señala que “no falta quien” diga que los Incas “adoraban otros dioses”, evidencia que conocía la existencia de visiones distintas, entre los cuales el Pacha Yachachic no podía estar ausente. Hombre doctrinario no pudo haber ignorado que, en el Qoricancha la forma de Ticse Wiracocha Pacha Yachachic conservaba un lugar preferencial. El cronista cusqueño conocía bien el término, lo emplea y lo discute con amplitud en los Comentarios Reales, en el Libro segundo, Capítulo II y Libro quinto Capítulos XVIII y XXVIII. Sus argumentos son sumamente deleznables cuando razona desconocer el significado del término.
Veamos los textos de otros cronistas. El sacerdote mercedario Martin de Murúa señala que, Inga Yupanqui a su retorno de “la conquista de los Soras y Lucanas, edificó la casa del sol e ilustró y magnificó nuevamente toda aquella majestad que tuvo”. Además, informa que el “Inga”:
Hizo en el dicho templo del sol, apartado un cuarto para la estatua del Pacha Yachachic y dio todo lo que se ha dicho e hizo la cancha de Puca Marca para la morada desta Huaca y de otra que también instituyó en reverencia del trueno, rayo y relámpago que decían ellos Chuqui Ylla y Llapa Ynga, y dotólas magnificentísimamente de haciendas y criados para su servicio.[7]
¿Cuál fue el aposento o el “cuarto” que destinaron los Incas para el “Pacha Yachachic”? Cualquiera haya sido no pudo ser un espacio subalterno al sol. La nave principal del templo dominico, por su dimensión, ubicación y sentido integrador del recinto tiene, considero, la opción principal; es prominente el lugar y, además, los sacerdotes enfilaron contra él todas sus capacidades extirpadoras de idolatrías, teniendo el especial cuidado de destruirlo con presteza. Por la extensa capacidad de practicar la complementariedad y correspondencia este espacio sacro permitió, no obstante ser el recinto para honrar al “Criador”, también fuera estancia compartida por la constelación de la Qollca y el Sol.
Polo de Ondegardo acota:
Después del Viracocha (a quien tenían por señor supremo de todo y adoraban con suma honra) adoraban también al sol, y a las estrellas, y al trueno, y a la tierra que llamaban Pachamama, y otras cosas diferentes. Entre las estrellas comúnmente todos adoraban a la que ellos llaman Collca, que llamamos nosotros las cabrillas. Y las demás estrellas eran veneradas por aquellos particularmente que les parecía que habían menester a su favor.[8]
La precedencia que le depara a Viracocha proviene de un Licenciado conocedor del funcionamiento de la sociedad andina como encomendero, visitador y corregidor. Su opinión no es distraída, sino fruto de análisis y contrastaciones. Igual valía conserva su apreciación sobre la Qollca como una “estrella” muy conocida al punto que le hace señalar que “todos adoraban a lo que ellos llaman Collca”. Su opinión sobre la razón que motivó dedicarle “veneración” hacia las estrellas “que les parecía que habían menester a su favor”, disfraza la razón profunda que generaba el reconocimiento de la población hacia ellas, fundadas en los favores que estos cuerpos celestes les deparaban. El término “adoración” que utiliza no concuerda con la descripción con la que culmina el párrafo.
Otro cronista, Bernabé Cobo, jesuita, hace una descripción detallada del Qoricancha, señalando que fue “Pachacutec” que, después de tener una visión mandó:
hacer una estatua del Sol ni más ni menos que la que había visto en el cristal; y edificó el templo del Sol llamado Cori cancha, con la suntuosidad y riquezas que tenía al tiempo que vinieron los españoles, porque antes era pequeño y de humilde fábrica.[9]
La visión le motivó después a engrandecer el Qoricancha. Hacer una apreciación distinta de este suceso esclarece el sentido que Pachacútec le otorgó al lugar sacro. Menciona Cobo que, a Pachacútec:
se le apareció una figura de indio con este traje: en la cabeza tenía un llautu como el tocado de los Incas, y de la parte alta del cerebro le salían tres rayos muy resplandecientes, semejantes a los del sol. […] El vestido era de la misma traza que el de los Incas; salíale la cabeza de un león por entre las piernas, y en las espaldas tenía otro, cuyos brazos abrazaban los hombros de la estatua, y una manera de culebra que le tomaba las espaldas de alto abajo; y que vista esta imagen, entró tal pavor en Pachacútec que echo a huir. Pero que ella le hablo y llamó por su nombre desde dentro de la fuente, diciéndole: ven acá, hijo, no tengas temor; que yo soy el Sol, tu padre; sé que has de sujetar muchas naciones y tener muy gran cuenta con honrarme y hacer memoria de mí en tus sacrificios. Y que dichas estas palabras, desapareció la visión quedándose la tabla de cristal en la fuente, la cual tomó y guardó el Inca. […] y que en memora desta visión, en siendo rey, mandó hacer una estatua del Sol ni más ni menos que la que había visto en el cristal; y edificó el templo del Sol llamado Cori cancha, con la suntuosidad y riquezas que tenía al tiempo que vinieron los españoles, porque antes era pequeño y de humilde fábrica.[10]
En la narración no habla el sol, el personaje no tiene las características materiales que posee el astro. Es una figura humana, resplandeciente, con vestido y apariencia de “indio” con llauto en la cabeza y tres rayos refulgentes saliendo de la parte alta del cráneo. Es una energía, un ser superior el que habla con Pachacútec en su lenguaje. Se pueden leer pasajes semejantes en libros sagrados de religiones imperantes. Considero que el Inca dialoga con la figura del “criador” Ticse Viracocha Pacha Yachachic, que le otorgó a Pachacútec argumentos para remodelar la doctrina sacra hasta entonces situada en torno al sol, y las condujo a consideraciones más subjetivas y espirituales y menos centrada en las virtudes del astro y más próxima al “criador”. Es probable que la transformación “teológica” le otorgara mayor relieve sacro a la constelación de la Qollca como un instrumento del “criador” para ordenar el universo y el cosmos andino.
En otro espacio de su texto B. Cobo describe con detalle el Qoricancha y señala la presencia de “Viracocha” en sus recintos:
El templo más rico, suntuoso y principal que había en este reino era el de la ciudad del Cuzco, el cual era tenido por cabeza y metrópoli de su falsa religión, y por el santuario de más veneración que tenían estos indios: y, como tal, era frecuentado de todas las gentes del imperio de los Incas, que por devoción venían a él en romería. Llamábase Cori cancha, que quiere decir “casa de oro” por la incomparable riqueza de este metal que había enterrado por sus capillas y en las paredes, techo y altares. Era dedicado al Sol, puesto caso que también estaban colocadas en él las estatuas de Viracocha, del Trueno, de la Luna y otros ídolos principales porque era tenido como el Panteón de Roma.[11]
El cronista continúa su descripción y reitera la ubicación de “Viracocha” en un espacio del lugar sacro:
Dentro de esta cerca había muchos edificios; los principales eran cuatro piezas grandes puestas en cuadro y bien labradas, que eran como capillas para el Viracocha, para el Sol, Luna Trueno y los dioses principales.[…] La pieza principal, o (como si dijéramos a nuestro modo) la capilla mayor en que estaba el altar del Sol y de los otros grandes dioses tenía increíble riqueza…[12]
En Juan de Betanzos, que se ocupa también de la visión que tuvo Pachacútec, encontramos una alusión directa a “Viracocha” como interlocutor del Inca en la epifanía de la fue participe y que, después influyó en la remodelación del Qoricancha. Veamos qué manifiesta de este suceso:
Viracocha, que le vio con gran resplandor, según ellos dicen, y en tanta manera que le parescio que todo el día hera allí delante dél y su lunbre, lo qual viendo delante de sí dicen que uvo gran pavor e que nunca le dijo quién fuese, considerando en que si quando esta casa quería edificar, que aquel que viera según la lumbre que en él avía visto que devía ser el sol, y que como llegase a él y la primer palabra que le dijo hijo no tengas temor, ansí los suyos, como la ystoria os contará, le llamaron después hijo del sol; e teniendo él en sí lo que ya avéis oydo, prosupuso de hacer esta casa del sol. [13]
En relación al tema de la visión de Pachacútec, B. Cobo anota un pasaje en la vida del Inca que está en concordancia con lo expresado con los párrafos anteriores. Narra el cronista que, estando el Inca un día rodeado de su Consejo, manifestó:
Después de haberse mostrado tan devoto del Sol y puesto el cuidado dicho en que todos lo adorasen como sus antepasados lo habían hecho, se puso un día a considerar cómo era posible que una cosa tan sujeta a movimiento como el Sol que nunca para ni descansa un momento, pues todos los días da vuelta al mundo fuese Dios; e infirió deste discurso que no debía ser sino un mensajero del Hacedor a visitar el universo. Demás de que si fuera Dios, no fuera parte un pequeño ñublado que se le pone delante para impedirle su resplandor y rayos, para que no alumbrase; y que, si fuera él el criador y señor universal de todas las cosas, algún día descansara y desde un lugar alumbrara toda la tierra y mandara lo que quisiera: y así, no era posible sino que había otro Señor más poderoso que lo mandase y rigiese, el cual era sin duda el Pacha Yachachic. [14]
La narración otorga consistencia a la idea de considerar a Wiracocha Pachayachachic como el “Señor más poderoso” que el sol y otras fuerzas de la naturaleza. Pachacútec avanzó más en estas consideraciones que los gobernantes precedentes y su papel de un transformador total de la sociedad andina incluyó la de ser un modificador de las concepciones sacras imperantes. Las características de su intervención en el Qoricancha lo acreditan. Su nombre expresa bien su papel en la historia antigua: un real Pacha Cutic.
La preocupación que tuvo Pachacútec en la edificación del nuevo Qoricancha es también interpretada por Betanzos quien anota:
E como lo prosupusiese, llamó a los señores de la ciudad del Cuzco que él allí consigo tenía e díjoles lo que ansí tenia pensado y que quería edificar esta casa y ellos le dijeron que diese la orden y traza del edificio de ella porque tal cosas como aquella ellos los naturales y propios de la ciudad del Cuzco la devía edificar e hacer. E Ynga Yupangue les dijo que ansí lo tenía él pensado e visto por el sitio do él le paresció mejor que la casa devía de ser edificada, mandó que allí le fuese traída un cordel e siéndole traído, lebantáronse del lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sentido avía de ser la casa edificada, él mesmo por sus manos con el cordel midió e trazó la casa del Sol. E abiéndola trazado partió de allí con los suyos y fue a un pueblo que dicen Salu, que es casi cinco leguas de esta ciudad, que es do se saca la cantería, y midió las piedras para el edificio desta casa; y, ansí medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fue señaladas y las que fueron bastantes para el edificio desta casa y juntamente con esto truxeron todo lo demás que para el edificio desta casa heran necesario. E siendo ya allí pusieron por obra el edificio della bien ansí como Ynga Yupangue la avía trazado y imaginado, andando él siempre y los demás señores encima de la obra mirando cómo la edificaban; y ansí él como los demás travajava en el tal edifico, la cual obra como allí tuviese los materiales y menester della, en breve tiempo fue acabada.[15]
La preocupación reformadora no descansó solamente en Pachacútec. Se tiene una anotación de Guaman Poma que le asigna similar papel a “Mayta Cápac” en quien reconoce ser “gran enemigo de los ídolos”:
Este había mandado, siendo mancebo, hacer llevar todos los ídolos y huacas de su reino a la ciudad del Cuzco prometiendo que haría procesión y fiesta feneral. Y después de a ver visto todo los haucas e ídolos en su mano les había hecho gran burla a los muchadores de huacas, haciendo con todos los ídolos y huacas cimientos de una casa que para ello estaba hecho aposta. […] Este inca dicen que fue gran enemigo de los ídolos. Como tal les había dicho a todas sus gentes que no hiciesen caso del sol y la luna diciéndoles que el sol, la luna y todos los elementos eran mandados para el servicio de los hombres. Todos los ritos dicen que no acostumbraban públicamente idolatrar como en tiempo de su abuelo. […] Dicen que hizo renovar aquella plancha que había puesto su bisabuelo, fijándola de nuevo en el lugar donde estaba primero y edificando de nuevo la casa de coricancha (y en toda la redonda o rededor de la plancha dicen que puso lo que allá detrás pondré, para que se vea lo de aquellos gentiles). [16]
Es evidente que las discusiones sacras eran intensas entre los Incas y que más de un soberano intervino directamente en la creación o modificación de las concepciones espirituales imperantes.
Joseph de Acosta, sacerdote jesuita, hace una temprana reseña del Qoricancha y menciona la intención del “templo” para albergar al universo cosmogónico andino y a Pacha Yachachic en particular:
Otro templo y adoratorio aún muy más principal hubo en el Pirú, que fue en la ciudad del Cuzco, adonde es agora el monasterio de Santo _Domingo, y en los sillares y piedras del edificio que hoy permanece, se echa de ver que fuese cosa muy principal. Era este templo como el Panteón de los Romanos, cuando a ser casa y morada de todos los dioses. Porque en ella pusieron los reyes ingas, los dioses de todas las provincias y gentes que conquistaron, estando cada ídolo en su particular asiento y haciéndole culto y veneración los de su provincia con un gasto excesivo de cosas que se traían para su ministerio, y con esto les parecía que tenían seguras las provincias ganadas, cono tener como en rehenes sus dioses.
En esta misma casa estaba el Punchao, que era un ídolo del sol, de oro finísimo, con gran riqueza de pedrería, y puesto al Oriente con tal artificio que en saliendo el sol daba en él, y como era el metal finísimo, volvían los rayos con tanta claridad, que parecía otro sol. Éste adoraban los ingas por su dios, y al Pachayachachic, que es el hacedor del cielo.[17]
M. Rostworowski señala que, los adornos de oro y plata que Pachacutec proporcionó al santuario fue de tal magnitud que dio origen al cambio de su nombre: el antiguo templo era conocido como Inti Cancha “Recinto del Sol” y solo después se le llamó Coricancha o “Recinto de oro”. Señala el papel del Inca en la transformación de los postulados religiosos:
Sarmiento de Gamboa cuenta que el Inca después de la refacción puso en él nuevos ídolos, lo que equivale a decir que procedió a una reforma religiosa. Pachacutec ordenó que el Sol ocupase el sito principal con la representación de Viracocha a su diestra y de Chuquiylla, el relámpago, a su izquierda, huaca que el Inca tomó por su doble o huauque. Con este soberano, el Sol dejó de ser objeto de culto exclusivo del grupo inca y pasó a toda la religión oficial del Tahuantinsuyo.[18]
El estudioso Brian Bauer comenta las investigaciones astronómicas de Zuidema y Aveni y señala la probable vinculación de “Corpus Christi, la salida de las Pléyades y el Coyllor Riti, uno de los principales peregrinajes andinos de hoy”. Más adelante indica: “El interés andino por las Pléyades hace que sea plausible sugerir que los Incas las observaban desde el Coricancha, pero esto no puede saberse con certeza”.[19] Son apreciaciones que animan el debate de un tema de singular importancia para la relectura de la historia andina y sus repercusiones en el futuro.
III. Juan Santa Cruz Pachacuti
Los aportes contenidos en la Relación de Santa Cruz Pachacuti son numerosos: en historia, lingüística, sociología, universo mítico, poesía, y otros; sin embargo, es en el mapa cosmológico que dibuja donde reside la cúspide de sus virtudes. Al cronista colla le debemos la ilustración más acabada del significado del Qoricancha, el dibujo contenido en el Retablo proporciona la dilatada dimensión del corpus espiritual-sacro del universo andino, en particular el quechua-colla, que nos permite acceder a las básicas concepciones de la divinidad que dominaban el orden andino establecido.
El Óvalo cósmico es geometría sagrada que contiene la doctrina sacra de la época dominada por el “criador del mundo”: Tiqsi Wiracocha Pacha Yachachic, acompañada de las entidades que tejían el universo sacro y le otorgaban la calcina al sistema social imperante. La conceptualización abstracta que contiene el dibujo contiene todos los elementos que configuraban el corpus espiritual de la época y muestran poseer las condiciones suficientes para ubicarse a la altura de cualquier religión universal que ha conseguido sintetizar en imágenes los sustratos más íntimos de sus contenidos teóricos.

La inmaterialidad del Pacha Yachachic representada por el sencillo contorno de un óvalo de inacabable continuidad y reiterada persistencia, camino de un espacio y un tiempo coincidentes es presentada como integrador del diagrama promueve insistir en la postulación inicial que observa al Qoricancha como el espacio de congregación de todas las expresiones sacras del momento. No es una corte celestial semejante a la cristiana, son entidades con ámbitos independientes articuladas por los principios andinos de complementariedad y correspondencia, con equilibrio en la ilustración y armonía entre sus componentes. La magnitud e importancia de cada entidad se halla homologada por su ubicación en el Retablo y su grado de complementariedad con la entidad mayor. No admite dudas que la magnitud más importante está contenida en la geometría del Óvalo que representa al “criador” Ticsi Wiracocha Pacha Yachachic.
La casa del universo que enmarca el Retablo ya era parte de las representaciones en otras culturas más antiguas como se observa en la Huaca de la Luna en Trujillo, que desmiente con sencillez peregrinas y coloniales afirmaciones que explican el Retablo como una reproducción de altares cristianos. Por otro lado, la representación abstracta del Pacha Yachachic puede verse en la piedra ovalada en Catedral cristiana del Cusco y en una creación de oro de la cultura Quimbaya de Colombia, figura descrita con una serie funciones muy alejadas de su real identidad. La acabada y fina presentación que luce su manufactura hace pensar que estas concepciones tuvieron una temprana madurez en territorios al norte del continente.
Santa Cruz después de dibujar el Retablo tiene el cuidado de separar el Óvalo de su ubicación general y presentarla como magnitud independiente acentuando su liderazgo y señalando:
“Este inca mandó hacer a los plateros una plancha de oro fino, llano, que significase que hay hacedor del cielo y la tierra.

Y era de esta manera. La cual hizo fijar en una casa grande y la llamó Coricancha pacha yachcachicpac huasin. Este inca Manco capac fue enemigo de las huacas. Como tal, destruyó al curaca Pinao Cápac con todos sus ídolos. Asimismo venció tócay Cápac, gran idólatra y después le mandó que labrara al lugar conde nació. [20]




Una verdad vigorosa emerge de la lectura del Retablo: el sol no lidera el protagonismo que la identifique como la razón de ser del Qoricancha. Y hay otro aspecto descuidado: la relación que mantiene el Óvalo con la malla de la parte inferior del Retablo es muy estrecha por cuanto la red simboliza el tejido espacio-tiempo. [21] Santa Cruz no señala una explicación sobre el sentido de la red, pero si proporciona un nombre: “andenes del Colcampata”. El cronista indio ignoraba el significado que los antiguos confirieron a la red, limitación que también puede es visible en las descripciones de las demás entidades, dadas sin una cabal comprensión de su significado. La malla en una de sus facetas, representaría el lugar donde la imperturbabilidad de la Pacha espacio, se integra con la fluidez del Pacha tiempo. Territorio incógnito donde el entretejido de ambos conceptos se ejecuta sin interrupciones terrenales. Si el Óvalo es la energía inagotable, el camino reiterado, el equilibrio del espacio y el tiempo, la complementariedad entre ambos, la malla es la visible conjunción de ambas magnitudes. Es la red que envuelve el cosmos y facilita la vida, la reproducción de la naturaleza infinita.
Si nuestros antepasados tuvieron la capacidad extraordinaria de equiparar el tiempo y el espacio, también conservaron la capacidad de simbolizarlo. El Retablo alberga esta representación en la figura de la malla o red santacrucina. Y, claro, en ese sentido es también recipiente, Qollca, de todo aquello posible de ser depositado en el lugar donde el espacio y el tiempo se entretejen. Alberga por lo tanto objetos, productos, divinidades, historia, costumbres, sociedad. Por eso la importante ubicación que ostenta. Base y cimiento de todo el Retablo.
IV. Orientaciones astronómicas
El estudio de las alineaciones astronómicas del Qoricancha señalan que su arquitectura está íntimamente vinculada a las formas de la Qollca, y no está orientada a alinearse con el solsticio de junio, sino dirigidas de forma explícita a registrar el orto heliaco del cúmulo estelar de la Qollca, marcador astronómico que daba inicio al año agrícola y al calendario lunar-sideral de los Incas.
Tom Zuidema, como resultado del estudio de las alineaciones astronómicas del Qoricancha, ejecutadas con Anthony Aveni en 1976 y 1980, menciona:
La fachada de las habitaciones occidentales, medidas desde el muro de la puerta y el pasadizo entre los dos salones, mira a 66°44’, esto es, se encuentra orientada casi hacia el centro exacto de la pared en medio de las habitaciones orientales. La salida del sol encima de este lugar tenía lugar 27 días antes y después del solsticio de junio. El mismo día del solsticio el sol salía por encima del extremo izquierdo de este muro. Aunque haber adornado los nichos occidentales con oro y piedras preciosas habría acentuado la posición del (de los) observador (es), los adornos de las esquinas superiores de las habitaciones orientales habrían enmarcado al sol naciente pero solo de forma significativa visto desde la puerta y el pasadizo entre las habitaciones occidentales, y únicamente en estos días, uno antes y el otro después del solsticio de junio.[22]
Continúa Zuidema:
El parecer general, aún hoy mantenido, es que el Coricancha estaba alineado con la salida del sol en el solsticio de junio. Al descubrir que esto no era así, tiene perfecto sentido sugerir que el rey Inca habría observado el amanecer desde un nicho perteneciente a uno de los salones occidentales el 25 de mayo, y tal vez también en días posteriores hasta la última puesta del sol en la misma dirección, el 18 de julio. El rey habría visto el rayo de luz solar exactamente en el centro mismo del muro posterior, incluso si hubiese estado sentado en el correspondiente nicho interno. [23]
Añade el estudioso:
Es evidente que la motivación para el alineamiento solar preciso de las habitaciones occidentales no era observar el solsticio mismo, sino predecirlo y anticiparlo. La luna también era útil en estos términos. Es más, dado que el punto donde sale el sol apenas si cambia durante unos cinco días alrededor del solsticio, habría sido dificil definir el día exacto del solsticio de junio solo a través de la observación solar. El alineamiento del Qoricancha facilitaba el cálculo. [24]
En un artículo denominado “Catachillay”, T. Zuidema señala que: “Menos que «anunciarse» uno a otro, las observaciones específicas hechas sobre el sol, la luna y las Pléyades, están integradas en un adecuado y estrecho sistema de observación astronómica”.[25] La investigación del estudioso se extiende para relacionar el sistema ceque del Cusco con la constelación de la Qollca, señalando:
Existían 41 ceques y 328 huacas, números que surgen en un conteo sideral lunar (328 = x 41 = 12 x 27 1/3). El problema es como «leer» el sistema ceque como un quipu-calendario. Varias informaciones sustentan su lectura en el sentido de las agujas del reloj, comenzando con el último ceque de II, que es II 3 c, a partir del día de la salida helicoidal de las Pléyades que es el 9 de Junio.
Incluye Zuidema precisiones en torno al rol que tenía el Qoricancha, señalando que lo considera más “un templo de estrellas midiendo los aspectos de cambios del sol y la luna”:
El ceque-quipu representa al calendario sideral lunar y el análisis adicional tendiente a demostrar la posición central de las Pléyades en él. Los datos sobre estrellas usados aquí, nos inducen a presumir que sus ascensos y descensos fueron observados desde el Coricancha, haciendo uso de las direcciones del ceque, esto en contraste con las observaciones del sol que fueron hechas de diferentes puntos, de acuerdo al siempre cambiante lugar de ascenso y descenso del sol. Los lugares actuales definidos para esto y sus observaciones eran sin embargo registrados en el sistema ceque, dando lugar a relaciones triangulares del Coricancha al punto de ascenso o descenso del sol y al observatorio del sol naciente o la puesta del sol. Si bien el Coricancha fue llamado por los Españoles «Templo del Sol», este resulta ser más un templo de estrellas midiendo los aspectos de cambios del sol y Ia luna.
Tom Zuidema, estudioso del Qoricancha, señala:
A la luz de las evidencias reunidas por Mena, Cieza y Las Casas, parece sumamente improbable que haya habido una única sala para el Sol (o para cualquiera de las restantes “deidades”), o que ella haya estado en el lado norte, o incluso que el lado externo del muro exterior habría distinguido de los restantes por una banda dorada. Una sala al norte del Sol que se abriera hacia la plaza no habría estado dirigida a ninguna salida o puesta del sol, y sus largos muros habrían recibido poca luz solar durante todo el año. […] Información como la de Garcilaso y Cobo no ayuda a determinar el uso ritual del Coricancha. [26]
Amplía conceptos relacionando a las constelación de la Qollca con los procesos de siembre y cosecha:
El término collca por si mismo era atribuido a «madre». Cuando llegaba el momento en que desaparecían las Pléyades se recogían las cosechas, las mejores semillas de cada producto eran usadas posteriormente para sembrar, almacenadas -collca, «depositadas»- en una vasija o manca, esta se convertía en collca y se llamaba «la madre» de esa cosecha (16). La semilla «madre» durante el último período conectaba un período activo de crecimiento con el siguiente. Pero en una forma astronómica las Pléyades collca eran usadas para incluir, medir, y originar el movimiento de otras estrellas y sus épocas de ascenso y descenso.
Zuidema insiste en la relación de los ceques cusqueños con la Qollca y el inicio del año nuevo y señala la asociación del término catachillay con la constelación de la Qollca, sugiriendo un camino de investigación que podría varias inclusive la lectura del Retablo:
Empezando con el punto de puesta, un ceque (I 1 b, el 8″ de Chinchaysuyo)contiene una huaca (el 10° llamada Catachillay, la que es descrita como «una fuente que está en pleno descenso hacia el camino de Chinchaysuyo«. Su dirección es de unos 21″ al N. O. y se desvía unos 3° del punto de puesta de las Pléyades, mencionadas por Bertonio bajo el nombre catachilla huarahuara. Otro uso astronómico del punto del horizonte, llamado Sucanca, en este ceque, proporciona una sustentación calendaria de su uso para las Pléyades. […] Si aceptamos esta conclusión, quiere decir que además de Bertonio el sistema ceque conocía la palabra catachillay como referencia a las Pléyades. La palabra «manantial» usada pará describir la huaca catachillay, probablemente fue una traducción de la palabra Ouechua puquio, la que puede ser también empleada para un punto especifico en un arroyo. El puquio Catachillay era ese punto. un punto donde las Pléyades descendían para «reflejarse» en el agua, más allá de la visibilidad del horizonte y desde el Coricancha.

El plano que muestra Zuidema muestra la proyección visual que habría tenido el observador situado al pie del muro curvo del Qoricancha para esperar la salida del sol en el solsticio de junio (S.S.S.J.). En la parte superior ubica otra posición, útil para observar la puesta del sol en el solsticio de diciembre (P.S.S.D). Es un área que ahora ocupa la nave de la iglesia católica. En la parte inferior acota los ángulos de salida de la Qollca y de la Línea central de la observación.

El esquema preparado por Zuidema simplifica la imagen previa y hace más comprensible las mediciones que efectuó junto a Aveni. La explicación de este proceso se ha efectuado líneas arriba.
Las inquietudes por estos temas no tienen tregua. Revisamos un estudio reciente de Armando J. Quijano Vodniza que hacen más comprensibles las afirmaciones de Zuidema y Aveni:
Zuidema (1980) y Aveni (2005) expresan que el Templo de Coricancha fue construido con la intención de orientar la pared occidental de uno de los corredores que todavía se conservan para marcar la salida de las Pléyades en el tiempo de los incas, pues tiene un acimut de 66º 44’, que se obtuvo como el promedio de dos medidas realizadas en 1976 y 1980, con un margen de error de ± 5’. Ahora, que el corredor se dirija hacia una elevación de la ciudad de Cusco que tiene una altura de 5º 36’ significa que el Sol durante su salida en el solsticio de invierno del año 1500 d. C. tendría un acimut de 64º 20’ (2º 24’ hacia el norte de la pared occidental del templo), mientras que las Pléyades, para el mismo año, tendrían un acimut de salida de 65º 38’ (1º 6’ hacia el norte de la pared occidental del templo)12. Esto quiere decir que el corredor estaría mejor orientado hacia la salida de las Pléyades que hacia la salida del Sol durante el solsticio de junio, de ahí que los dos investigadores vinculen este corredor con el conglomerado de estrellas.[27]
El mismo Quijano Vodniza señala otras edificaciones que estaban dirigidas hacia el orto de las Pléyades:
a. La ventana o nicho trapezoidal nororiental en el Templo del Sol o Torreón de Machu Picchu (Belmonte 2006; Dearborn 2000; Dearborn y White 1983; Urton 2022; Villanueva 2019).
b. Una de las rampas dirigida hacia la plaza y los muros del lado noroeste del Mirador del P’unchawkancha o Templo del Sol en el Santuario de Pachacamac durante el periodo Inca (Guzmán 2019; Pinasco 2017; Pinasco 2018; Villanueva 2019). Más aún, Pinasco expresa sobre esta construcción que “se asemeja al Coricancha en cuanto presenta alineaciones hacia el ocaso del Sol en el solsticio de verano, hacia la salida del Sol en el solsticio de invierno y en señalar hacia la salida de Qollqa (las Pléyades)” (2017, 42).
c. Los muros de los sectores A, B y C (y probablemente F) del Templo de Inkawasi. De igual manera, la reaparición de las Pléyades también pudo haberse observado desde ciertas laderas entre los sectores E y F, o desde la fachada norte del edificio principal del sector E (Hyslop 1987; Villanueva 2019). De acuerdo con estos dos autores, la estructura rectangular ubicada al sudeste de la plaza trapezoidal del sector C de Incawasi tiene una gran similitud con el Templo de Coricancha de Cusco, no solamente desde el punto de vista arquitectónico, sino en su orientación hacia el orto de las Pléyades, de tal manera que los antiguos pobladores de Incawasi observaban este conglomerado de estrellas desde “la plaza trapezoidal, cuya forma estaría definida por estas observaciones” (Villanueva 2019, 77).
d. La puerta de doble jamba del Templo del Sol de Llactapata, que estaba orientada no solamente al orto de las Pléyades, sino también a la Plaza Sagrada de Machu Picchu: “contiene un corredor de 33 m de largo por 2,5 m de ancho, que se abre a un azimut de 63,5 grados, el cual se enfrenta a la dirección de las Pléyades ascendentes (de 1 500) y la salida del Sol durante el solsticio de junio […]. El templo es similar en estructura y orientación al Templo del Sol de Coricancha en Cuzco” (Zawaski y Malville 2008, 27-28).
e. Un nicho prominente colocado al final de un corredor de 2 metros, enfrente de la piedra principal del Templo de Saihuite (Zawaski y Malville 2008).
f. Cuatro agujeros tallados en las rocas ubicadas en el muro con los cuatro nichos de 2 metros de altura, hacia el norte de los seis monolitos que conforman el Templo de Sol en Ollantaytambo (Zawaski y Malville 2008).
Los estudios sobre el Qoricancha continúan, lo presentado es una parte minúscula de la bibliografía existente, pero sí suficiente para orientar al lector y encaminar el sentido del siguiente apartado.
V. Nuevos aportes
En publicación previa [28] se muestran las ideas básicas que aquí se exponen, además de material gráfico integrada con la propuesta teórica. Amplío algunos elementos del texto mencionado, como es el hallazgo de la silueta de la Qollca en el pasaje que servía para observar el desplazamiento estelar del cúmulo.
Ocuparse del sentido del Qoricancha no es ejercicio académico exclusivo de sapientes especialistas, no se trata de abordarlo como museo arqueológico de estáticas e infértiles señales del pasado, sino potencial latente de sabiduría ancestral que necesitamos rescatarla de la vulgar y pedestre prisión animista a la que ha sido confinada. Es quieta expresión de una espiritualidad que necesitamos recuperarla para conocer las reales características de la vida sacra y trascendente del pasado prehispánico, saber con mayor certeza la concepción que tuvieron de lo sagrado, la comprensión de lo divino que albergaban.
Hay la necesidad de releer los informes y vestigios de la historia, contrastarlas con el presente y conducir estas interpretaciones a una visión más ajustada de lo que fuimos y podemos ser, porque si las investigaciones no vinculan el pasado y un futuro posible el ejercicio se torna en vano esfuerzo de escritorio que olvida los siglos de búsqueda de un destino superior que ha consumido la existencia de importantes sectores de nuestra sociedad. Es tarea imprescindible recordar que no es posible edificar el porvenir sin estar firmemente enraizados en lo que fuimos.
Estudios e interpretaciones coloniales y colonizadas han negado la existencia de escritura en las sociedades ancestrales, negando que tuvimos formas distintas de registro; han cuestionado, en algunas ocasiones reducidas al escarnio, formas sociales con claras ventajas y superioridad sobre otras similares; han interpretado la avanzada e igualitaria comunicación con la naturaleza y el universo reduciéndolos a la estulticia de cultos ridículos de “adoración” a sapos y culebras y de sometimiento a cuerpos celestes como tontos vasallos irredentos. Del solo conocimiento de las concepciones arquitectónicas y de la orientación astronómica de sus edificaciones emerge una visión de constructores emancipados de toda tutela “religiosa”, de todo fetichismo primario; el estudio de los quipus, ceques, yupanas, tejidos, cerámica, revela un pueblo completamente ajeno a la necesidad de ser “civilizados”.
Estudios más profundos indican su concepción del espacio-tiempo como dos magnitudes complementarias y comprendidas miles de años antes de que Occidente tuviera salubridad pública y entendiera que la Tierra era esférica. Es un tema incomprensible hasta ahora en su dimensión apropiada, pero que señala con rotundidad que no es posible combinar cultos “primitivos” a la naturaleza con una adelantada comprensión del funcionamiento del universo.
En el Qoricancha, considero, se hallan las huellas de ese tejido social superior; en el silencioso lenguaje de sus cimientos y muros yace el universo espiritual que forjó una civilización que los Incas quechuas recibieron de sus antecesores y desarrollaron hasta la ignara invasión. Aquí no se observa la predominancia del Sol ni de la Luna, tampoco la zafia adoración de la materialidad del universo, sino que constituye el alojamiento de un conjunto de “deidades” lideradas por un ser sin forma ni contenido tangible, una fuerza energética que se iniciaba en la naturaleza universal y culminaba en ella misma. Un “criador”, un “animador”, sin tiempo de inicio ni de término, infinito, inabarcable, organizador de la vida: un Pacha Yachachic, un espacio-tiempo que enseña, universo y tiempo juntos, lo material e inmaterial unidos en una fuerza complementaria e indisoluble, armónica, eterna. Añadirle el nombre de Wiracocha responde a las necesidades objetivas de la sociedad que requería “ver”, “tocar” materialidad y de otorgarle credenciales de existencia a esa energía infinita, señalarle posesión de vida y acercarlo a la comprensión de los millones de hombres y mujeres que poblaron el territorio. Iniciar su nombre con Ticsi, fundamento, base, es cexpresión de la singular capacidad de asumir múltiples integraciones en variadas diferenciales de tiempo y espacio; multiforme instante del tinkuy que Ticsi está en capacidad de absorber por su configuración universal. Como lo hace en el Qoricancha, reducto sacro edificado para recordarlo e interpretarlo, pero abierto a todo el universo sacro, con capacidad de otorgar espacio y tiempo a otras expresiones de la naturaleza, respetadas por sus aportes a la vida y su reproducción. Se integran entonces la constelación de la Qollca, el Sol, la Luna, el arco iris, el rayo, el trueno y el relámpago, y otros, inclusive expresiones sacras de otras latitudes y culturas.
La densa y visible presencia de la constelación de la Qollca en el Qoricancha concuerda con las opiniones que recogieron los cronistas y que hemos mostrado en párrafos anteriores. La información que consignan apenas roza la real dimensión que tuvo en el entramado sacro andino. Se detuvieron en los titulares porque ellos mismos no poseían capacidad ni disposición de hacer indagaciones adicionales ni tampoco de entender la profundidad de su influencia. Por otro lado, debemos de reconocer que los informantes carecían de los conocimientos necesarios para expresar una realidad que apenas conocían de modo periférico. Los sabios conocedores fueron asesinados temprano o se ocultaron o dejaron de hablar muy pronto.
Ahora emerge su presencia y es notoria en el muro curvo occidental que reproduce la silueta de la constelación que mostramos.





Y aquí una presencia que ha pasado inadvertida: el cúmulo estelar Qollca en un recinto de singular importancia en el Qoricancha. las ocho estrellas más brillantes y visibles de la Qollca labradas en la pared del recinto que albergaba a los amautas y astrónomos, además del propio Inca, que se reúnan para apreciar en junio la salida heliaca del cúmulo. La observaban desde un espacio que acercaba el muro que representaba a la constelación con la habitación que contenía las ocho protuberancias o mamelones pétreos de la constelación y de cara a lo que se ha convenido en llamar el Pasaje de la Qollca. Su forma es muy clara y ha pasado desapercibido por los estudiosos. Su presencia otorga consistencia y solidez a la profunda asociación que conserva el Qoricancha con la Qollca.


La presencia de la constelación madre en el antiguo espacio andino es vasta y he mostrado las evidencias en publicaciones anteriores. Espero continuar en esta tarea.
[1] Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 2007, p. 252.
[2] Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 2007, p. 252.
[3] Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 2007, p. 97.
[4] Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 2007, p. 251.
[5] Erwin Salazar Garcés. Astronomía Inka, Arqueoastronomía & Etnoastronomía. Museo Andrés del Castillo. Lima 2014, pp. 106, 107.
[6] Filósofos andinos. Garcilaso de la Vega, Guaman Poma de Ayala, Juan Santa Cruz Pachacuti, José María Arguedas. Lima, 2021.
[7] Fray Martín de Murúa. Historia General del Perú. Manuel Ballesteros Gaibrois, Editor. España 2001, pp. 66, 67.
[8] Gonzalo Lamana, Editor. Pensamiento colonial crítico. Texto y actos de Polo de Ondegardo. Centro Bartolomé de las Casas. Cusco 2026, p. 375.
[9] Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima 2025, p. 119.
[10] Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima 2025, pp. 118, 119.
[11] Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima 2025, p. 263.
[12] Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima 2025, p. 264.
[13] Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo. Nueva edición de la Suma y Narración de los Incas. Francisco Hernández Astete, Rodolfo Cerrón-Palomino, Editores. Universidad Católica del Perú. Lima 2015, p. 162.
[14] Bernabé Cobo. Historia del Nuevo Mundo. Tomo II. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Centro Cultural Garcilaso del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima 2025, p. 119.
[15] Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo. Nueva edición de la Suma y Narración de los Incas. Francisco Hernández Astete, Rodolfo Cerrón-Palomino, Editores. Universidad Católica del Perú. Lima 2015, p. 162.
[16] Felipe Huaman Poma de Ayala. Nueva Crónica y Buen Gobierno. Tomo I. Biblioteca del Perú, Colección Bicentenario. Lima, 2015, pp. 33, 35.
[17] Joseph de Acosta. Historia Natural y Moral de las Indias. Fondo de Cultura Económica. México 2006, pp. 264, 265.
[18] Rostworowski de Diez Canseco. Historia del Tahuantinsuyo. Instituto de Estudios Peruanos. Lima 2002, pp. 84, 85.
[19] Brian S. Bauer, David S.P. Dearborn. Astronomía e imperio en los Andes. Centro Bartolomé de las Casas. Cusco 2019, pp. 175, 176, 177.
[20] Juan Santa Cruz Pachacuti. Relación de Antigüedades de este Reino del Perú. Fondo de Cultura Económica. Lima, 1995, p. 19.
[21] Hugo Chacón Málaga. Sabiduría filosófica del Yawar Mayu. Universidad Nacional San Antonio Abad. Cusco, 2024.
[22] Tom Zuidema. El calendario Inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cuzco. La idea del pasado. Universidad Católica del Perú. Lima 2010, p. 129.
[23] Tom Zuidema. El calendario Inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cuzco. La idea del pasado. Universidad Católica del Perú. Lima 2010, pp. 131, 132.
[24] Tom Zuidema. El calendario Inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cuzco. La idea del pasado. Universidad Católica del Perú. Lima 2010, p. 129.
[25] Tom Zuidema. Catchillay. Fénix: Revista de la Biblioteca Nacional del Perú. N.28-29, 1983.
[26] Tom Zuidema. El calendario Inca. Tiempo y espacio en la organización ritual del Cuzco. La idea del pasado. Universidad Católica del Perú. Lima 2010, p. 136.
[27] Armando José Quijano Vodniza. Las Pléyades y el calendario agrario y ritual de los incas. Revista Colombiana de Antropología, vol. 59, núm. 2, pp. 118-142, 2023.
[28] Hugo Chacón Málaga. Sabiduría filosófica del Yawar Mayu. Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco. Cusco 2024.




























































































