Pero, ¿cuáles son las vinculaciones andinas del padre de MVLL? Su biografía sociocultural es precisada por el escritor, cuando explica que el abuelo paterno, Marcelino Vargas, nacido en Chancay, luego de fundar familia con Zenobia Maldonado y procrear ocho hijos, queda viudo y termina sus días como Jefe de Estación, en Tellería, Huancavelica, viviendo, nonagenario y cargado de hijos, con una india de trenza y pollera.
Esta andina y polleruda señora: Constanza Serpa tuvo, con el abuelo Marcelino, nueve hijos; uno más que en su primer matrimonio. Después de algunos años de desdén, desprecio, envidia, rencor, los Vargas Serpa, huancavelicanos, quisieron establecer relaciones con la rama costeña de los Vargas Maldonado. El intento no fructificó.

Sabemos, por Herbert Morote, que un hijo de Marcelino trató de contactarse, sin resultados, con su medio hermano Ernesto Vargas Maldonado. Aquel huancavelicano, cercano y despistado familiar, no calculó que su presencia sería rechazada por ser cholo y por venir de la sierra. Como vemos, interminable sucesión de condenas raciales, étnicas y culturales.
El escritor no debe ignorar detalles de la existencia de estos parientes andinos, nueve tíos y un sinnúmero de primos y sobrinos que no aparecen en ninguno de los oficiales espacios vargasllosianos. Con ellos utiliza un notorio lenguaje de connotaciones racistas, de uso común en muchos cuando se refieren a seres de minorías sociales o étnicas. Utiliza un lenguaje racializador, más propio de una sociedad de castas.
Virginia Zavala y Roberto Zariquey, resaltan el poder que tiene el lenguaje como producto de la compleja relación entre estructuras sociales y prácticas discursivas. Distinguen tres grandes dominios de la vida social que están construidos discursivamente: las representaciones del mundo, las relaciones sociales y sus identidades personales y sociales. De acuerdo con estos criterios veremos que el discurso de MVLL está ubicado con claridad en el espectro de los sectores dominantes, cualquiera sea el espacio de análisis.
Al finalizar sus estudios en San Marcos está ya listo para formar familia. Se entrevista entonces con su padre, a quien no ve con frecuencia, conversa acerca de sus proyectos y establece fronteras adultas. Esta definitiva emancipación, sin embargo, no le evita señalar que su sombra lo acompañará sin duda hasta la tumba, y aunque hasta ahora, a veces, de pronto, el recuerdo de alguna escena, de alguna imagen, de los años que estuve bajo su autoridad le causa un súbito vacío en el estómago.
Su padre le ha legado algo más que una disfunción estomacal, lo ha influido para consolidar su desconocimiento de la herencia cultural que porta por esa vía y a construir la distancia que adopta con todo aquello que lo recuerda.
Es probable que la elección de la madre como principal referente familiar haya sido una decisión completamente consciente. Se explica por los orígenes de su progenitor y por la violencia que trasmitía esa figura ferozmente autoritaria y de vergonzantes nexos con los indios y los cholos de este país. Sabemos la importancia de la madre como proveedora de imágenes e ideas que se maman, como señala MVLL, desde la leche materna.
En entrevista con Alfredo Barnechea indica que vivía en una identificación total con mi madre, y creía tener monopolio sobre ella. Realidad que es interrumpida cuando aparece Ernesto Vargas y su madre pasa a ser la mujer de mi padre, explicación ilustrativa de los lazos edípicos de la relación anudada por ligaduras de identificación que abarcan todos los estratos de las relaciones humanas.