Explicación de la metamorfosis

Es notoria la transición que realiza desde su temprana e idílica relación con el Perú de los incas, hasta otra distinta en un lapso de tiempo muy breve. Es el momento inicial, germen de un proceso que se desarrolla y consolida en el tiempo.

El impacto cultural que experimenta en Piura adquiere después vectores que fijan la experiencia de manera definitiva en su identidad y personalidad. Hemos visto el modo en que se realiza el extravío inicial de la Cochabamba india, de la que una mente sensible, detallista y observadora sólo recuerda la mascota del vecino, una operación de las amígdalas o remembranzas de las deliciosas empanadas salteñas y los almuerzos familiares de los domingos. Si en Bolivia, MVLL se hace serrano y adquiere signos distinguibles de su cultura, Piura quiebra y desintegra la patria de la infancia. No obstante, hay otras variables que organizan una más extensa y razonada ruptura con el Perú andino.

Podemos explorar las respuestas organizando las apreciaciones en torno a tres variables sin fronteras exclusivas, permeables cada una a las demás: la relación con el padre y la madre y su vinculación con la familia extendida; su vida universitaria y cercanía con Raúl Porras Barrenechea y luego razones sicológicas y de clase.

Soterrada Cochabamba, una naciente identidad criolla ocupa el lugar andino. Es una filiación en ciernes, inorgánica aún. La vinculación con el padre le proporciona consistencia y racionalidad a la naciente opción. Se sabe de la asociación que vincula la patria y el padre, realidad que ilustra el sicoanálisis en relación con el inconsciente. La vinculación con su progenitor fue una experiencia traumática que dividió en dos hemisferios su existencia. Silva Tuesta,almencionar que el novelista nació biológicamente en Cochabamba, explica que en esta ciudad percibe que no vivía como sus coetáneos, en compañía de sus respectivos padres.

El mismo autor, haciendo referencia al odio que MVLL sentía por el Colegio Militar Leoncio Prado como figura de autoridad, señala que es un odio metastásico, pues se impregna en todos los personajes que tienen el papel de padres en sus novelas, incluidos los padres de sotana, incluidos asimismo los símbolos del padre y demás entidades relacionadas con el padre, por ejemplo, la patria.  

En entrevista que concede a La Nación, ya citada, precisa aspectos más detallados que pueden ser leídos, como una alegoría de su relación con el espacio andino y el padre. Menciona que supo lo que es el miedo cuando lo conoció, al punto que su presencia le producía un terror que, creo, no desapareció nunca, incluso cuando yo era un hombre y él era un viejo, y teníamos una relación muy distante.

Señala también que es un vínculo al que seguramente debe su vocación de escritor; la perseverancia para escribir era una manera de resistir a mi padre, de frustrar a mi padre, de hacerle daño. Su relación con el Perú puede bien ser extrapolada, Entrevistas escogidas,  con esta relación. La explica como entrañable y muy difícil, hecha de exasperación, de actitud crítica y también de una enorme tristeza. Menciona que el Perú es para él una especie de enfermedad incurable y mi relación con él es intensa, áspera llena de la violencia que caracteriza a la pasión. Más adelante atempera su reflexión para señalar: aunque me haya ocurrido odiar al Perú, ese odio […] ha estado siempre impregnado de ternura.

En el escritor, la relación que establece el psicoanálisis entre la figura paterna y la patria, no se transfiere a la integridad del concepto, el odio que señala se vuelca a la patria india, andina, inca, lugar de procedencia de su padre; porque Ernesto J. Vargas, pese a su blanca piel, sus ojos claros y su apuesta figura, pertenecía – o sintió siempre que pertenecía, lo que es lo mismo – a una familia socialmente inferior a la de la mujer.  

Continúa precisando que su origen le produjo al padre resentimientos y complejos sociales, que es una enfermedad nacional por antonomasia aquella que infesta todos los estratos y familias del país y en todos deja un relente que envenena la vida de los peruanos: el resentimiento y los complejos sociales. Es redundante precisar que llamar a alguien en el Perú socialmente inferior es referirse a los cholos, a los indios o nativos de la selva.

Frente a la disyuntiva de rechazar la patria en su totalidad, inaceptable en un ser  con acendrada sensibilidad y comprometido con su realidad, opta por una de las patrias, elige a uno de los padres. Viviendo en un país con dos culturas en pugna y en un hogar invertebrado por las proyecciones de esa escisión, MVLL  rechaza el mundo andino cholo que su padre representa para elegir la blanca y criolla; opta por la vertiente cultural materna, de los dominadores, que le provee el rostro tierno en su vinculación con el Perú. Esta relación conflictiva y ambivalente con el país origina con frecuencia una lectura defectuosa de los problemas  nacionales, como se equivoca el escritor cuando menciona que sitúa el origen de los males en una efervescente construcción social de prejuicios y sentimientos – desdén, desprecio, envidia, rencor, admiración, emulación, confundiendo el efecto con la causa: los  conflictos  y  frustraciones  de  la  vida  peruana  son  el resultado no la causa de los desencuentros; país no integrado aún, territorio que cobija separaciones irresueltas desde la invasión y, probablemente, desarmonías aún de más antigua data. Toda la abigarrada realidad se expresa en la relación con sus padres, influencia para explicar su identidad y relación con el mundo andino nacional.  Él, adversario de las identidades, eligió una, muy temprano, que lo terminó de definir para el resto de sus años.

Deja un comentario