Introducción. Ideólogo de Occidente.

El escritor y ensayista Mario Vargas Llosa no solo es el portaestandarte del liberalismo en el Perú, sino también es el ideólogo más consistente del pensamiento conservador. Su prédica y perfiles personales sintetizan una concepción de nuestra sociedad y de su destino que posee larga data. Aspectos sustantivos de sus postulados se pueden ver en textos de Felipe Pardo y Aliaga, Bartolomé Herrera, como también en razonamientos de José de la Riva – Agüero y Víctor Andrés Belaunde. Como hemos visto, la fuente de estas ideas puede rastrearse hasta el siglo XVI en el espíritu de las primeras controversias doctrinarias sobre la naturaleza y legitimidad de la invasión y los derechos del indio.

La idea basal del escritor se asienta en una constante que define todos sus juicios posteriores: concebir a nuestra sociedad como parte inalienable de la cultura occidental y en valorar América Latina apenas como una prolongación ultramarina de Occidente. Nuestra tradición cultural, supone Mario Vargas Llosa (MVLL), carece de la autonomía cultural que sí posee China, la India o el Japón. Señala en Sueño y realidad de AL quela influencia de la cultura andina es una más dentro de la diversidad y sanciona que la unidad subterránea que integra a AL, resulta en buena parte de las fuentes occidentales que la nutren. No es una cita insular, toda su obra ensayística y narrativa esta imbricada por conceptos similares. De este discurso primordial surge la afirmación que juzga incompatibles a la modernidad con la cultura andina razón que le procura una sola alternativa para el futuro: la integración a la sociedad modélica. En el inevitable proceso los pueblos indígenas deben renunciar a su cultura, lengua, tradiciones y adoptar la cultura de sus antiguos amos.

Esta forma de entender el país ha penetrado profundamente en el imaginario de los sectores medios y populares del país donde el sustantivo componente andino de nuestra cultura es ignorado o rechazado como ascendiente que se exige ocultar. En el escritor, su desafección a este sustrato cultural ha sido quizá su constante más lograda. No obstante, su radicalidad inicial, momento de adhesión al socialismo, nunca mostró apertura o sensibilidad para comprender el rostro andino de nuestra patria y cuando lo interpreta encontramos adjetivaciones, diatribas e inclusive sarcasmo, no exentas de una cierta racialización en sus términos.

Su desarrollo ideológico es conocido con amplitud, mientras que poco o nada estudiada han sido las fuentes de esta notoria distancia que, pensamos, debía situarse en sus primeros años. Ingresar a su etapa formativa nos hizo ver que el origen de su pensamiento posee espacios comunes con la hoja de vida de numerosos peruanos por la forma en que eligen su pensamiento identitario impelidos por la presión ideológica que ejerce la sociedad que obliga a renunciar a adhesiones culturales que surgen naturales de la experiencia social para sustituirlas por identidades foráneas.

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