La madurez eurocéntrica del escritor

Somos el resultado de experiencias sucesivas e interminables, mudamos de opiniones, actitudes y de formas de vida; sin embargo, las primeras experiencias son imperecederas y orientan biografías de manera definitiva.

En el escritor, los años de Cochabamba y Piura ocupan este lugar. La primera, olvidada en el inconsciente de su personalidad  e influyendo en cada acto de su vida, la segunda,  imprimiéndole  una  impronta   perdurable. 

En medio del firmamento piurano, inicia la definición de su identidad criolla y deja atrás su transitoria y vergonzante filiación andina, abonada más tarde por la indeseada y contradictoria presencia del padre. Más tarde, el marxismo que adopta ni su adhesión a la revolución cubana logran morigerar sus pensamientos íntimos. Es una constante que se mantiene hasta nuestros días.

Un hecho de su vida adulta nos muestra la profundidad de su lejanía y desentendimiento del mundo andino. Es el año 1983, tiempo de violencia armada, y el escritor acepta el encargo del gobierno belaundista de presidir la denominada Comisión Uchuraccay, encargada de investigar los hechos detrás de la muerte de un grupo de periodistas en la comunidad ayacuchana que le da nombre al colectivo.

No nos referiremos aquí al cuestionado contenido y conclusiones del informe que publicó la Comisión sino a circunstancias en apariencia anecdóticas pero ejemplificadoras del universo de pensamiento vargasllosiano. En ocasión de culminar las investigaciones de campo asiste a una asamblea campesina y comunal. Los antropólogos asesores le aconsejan verter aguardiente sobre la tierra y beber luego lo que resta en homenaje al cerro tutelar Rasuwillca. En esas circunstancias, explica, se sentía tan absurdo e irreal como si estuviera adoctrinándolos sobre la auténtica filosofía revolucionaria del camarada Mao traicionada por el perro contrarrevolucionario Deng Tsiao Ping.

Al culminar el cabildo, impresionado aún por lo que había visto y oído, y mientras se disponía a retornar a Ayacucho, se sorprende por la inesperada irrupción de una comunera: una mujercita de la comunidad comenzó de pronto a danzar. Canturreaba una canción que no podíamos entender. Era una india, pequeñita como una niña pero con la cara arrugada de una anciana, con las mejillas cuarteadas y los labios tumefactos de quienes viven expuestos al frío de las punas […] en ningún momento sentí tanta tristeza como en ese atardecer con nubes amenazantes, en Uchuraccay, mientras veíamos danzar y golpearnos con ortigas a esa mujercitadiminuta que parecía salida de un Perú distinto a aquel en que transcurre mi vida, un Perú antiguo y arcaico que ha sobrevivido, entre esas montañas sagradas, a pesar de siglos de olvido y adversidad. Esa frágil mujercita había sido, sin duda, una de las que lanzaron las piedras y blandió los garrotes.

Las posiciones del escritor respecto al mundo andino han variado de tonalidad a lo largo de los años. Se ha hecho orgánica y estructurado como una renovada propuesta política para el país que se entronca con las antiguas formulaciones de los sectores criollos tradicionales. Sus opiniones expresan a un sector social del país responsable de su conducción en los últimos siglos. El escritor le otorga contenido y consistencia a conocidas y añejas expresiones  en cuya estructura básica se muestra una idea basal que le da sustento principal y permanente e inconmovible a toda la estructura socioeconómica y política  de la historia nacional post invasión: dos países, dos sociedades, una perteneciente a ellos, los serranitos y mujercitas diminutas de un Perú antiguo y  arcaico que describe el escritor y, por el otro, el nosotros criollo de un Perú oficial y distinto protegido por la civilización occidental judeo cristiana.

Sobre estas ideas básicas, ideológicamente poderosa y por lo mismo imperceptible para la población mayoritaria, se han desenvuelto  las concepciones secundarias acerca de nuestra sociedad. Su desarrollo, educación, artes y ciencias y por ello las ideas más orgánicas e integradas de MVLL, y otros, provienen de ese venero.

Se trata de una cultura que parece invisible por su penetración ideológica, sólida al punto de no recibir cuestionamientos ni requerir defensa ni explicación, aceptada como única posibilidad de acceso a la modernidad e incuestionable en su conducción hacia una ulterior cultura planetaria. Todo el universo edificado en torno a este conjunto de ideas se integra al imaginario del escritor en aquellos brevísimos meses en que abjuró de su tesitura serrana y adhirió su porvenir a los valores criollos dominantes.  

Su posterior actuación pública, la signada por su relación temprana con el marxismo, su compromiso con la Cuba castrista, su siguiente periplo social demócrata y su postrera adherencia al liberalismo y a la “cultura de la libertad”, nunca tuvieron resquicio de contradicción con su raigal compromiso con la patria criolla.

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