Orgulloso hispanismo

Si observamos la casa materna veremos que, a excepción del personal de servicio, vivió en un ambiente contrario a cualquier expresión serrana y orgullosa de sus raíces hispánicas. El retaceo que muestran sus palabras cuando se refiere a la familia paterna se modifica cuando se refiere a su estirpe arequipeña; muestra con visible orgullo el linaje hispánico de sus ancestros tanto como subestima la importancia de las modestas raíces nacionales de los Vargas Maldonado.

Describe a su familia materna acomodada y con ínfulas aristocráticas desde que llegó a Arequipa el primero de la estirpe como maese de campo don Juan de la Llosa y Llaguno. Aun cuando reconoce que la antigua fortuna había venido decayendo hasta ser, en la generación de mi abuelo, una familia arequipeña de clase media de modestos recursos; la suya era una familia eso sí, bien relacionada y firmemente establecida en el mundillo de la sociedad. Las ínfulas aristocráticas que traslucen no parecen haberse extinguido, se reflejan, por ejemplo, en la cuidadosa defensa de su apellido, que la eufonía, los medios, la costumbre y su prestigio han convertido en compuesto. En medio de una polémica con el crítico uruguayo Ángel Rama, le reclama: ¿qué es esa malacrianza de acortarme el apellido?  Esta preocupación se manifiesta también cuando critica al economista Hernando de Soto, por sus cursilerías aristocráticas que incluía haber añadido al apellido paterno un coqueto “de”. Gesto que revela más bien un mecanismo que los psicoanalistas denominan de transferencia: no todos están autorizados a tener cursilerías aristocráticas.

Los peruanos, de diverso modo, estamos incluidos en este espacio de diferencias y exclusiones e inequidades que describe bien MVLL; afrontamos dificultades para asumir conductas e ideas que se opongan a las aprendidas en el hogar y reforzadas por la educación y el medio social. Para él, estos sentimientos la mayoría de las veces es inconsciente, nace de un yo recóndito y ciego a la razón, se mama con la leche materna y empieza a formalizarse desde los primeros vagidos y balbuceos del peruano.

Subraya que, en el caso de su padre, más que el mal carácter, lo que estropeó la relación con su madre fue la sensación, que nunca lo abandonó, de que ella venía de un mundo de apellidos que sonaban – esas familias arequipeñas que se apreciaban de sus abolengos españoles, de sus buenas maneras, de su hablar castizo, es decir, de un mundo superior al de su familia, empobrecida y desbaratada por la política.

En El pez en el agua nos encontramos con una serie de expresiones que no desentonan en el contexto del racismo peruano. Como señala Jorge Bruce, el racismo forma parte de nuestro hábitat, de nuestro paisaje cultural y social, de las coordenadas de nuestro mundo interno. Una de esas expresiones recurrentes y tan normales que pasan inadvertidas es la evaluación instantánea y fulminante que hacemos unos de otros en el Perú, sobre la base de unos criterios estéticos íntimamente asociados a la problemática racista.

En efecto, cada uno de nosotros mama desde la leche materna una serie de postulados, ideas, costumbres, prejuicios, que luego nos hacen participes, según MVLL, de esta variopinta sociedad peruana, de muchas razas y astronómicas desigualdades, donde blanco y cholo son términos que quieren decir más cosas que raza o etnia: ellos sitúan a la persona social y económicamente, y estos factores son muchas veces los determinantes de la clasificación. […] Siempre se es blanco o cholo de alguien, porque siempre se está mejor o peor situado que otros. O se es más o menos pobre o importante, o de rasgos más o menos occidentales o mestizos o indios o africanos o asiáticos que otros, y toda esa selvática nomenclatura que decide buena parte de los destinos individuales se mantiene gracias a una efervescente construcción de prejuicios y sentimientos – desdén, desprecio, envidia, rencor, admiración, emulación – que es muchas veces, por debajo de las ideologías  y valores y desvalores, la explicación profunda de los conflictos y frustraciones de la vida peruana. Descuida mencionar el escritor la influencia que ha ejercido este perfil de sociedad en las coordenadas de su propio desarrollo

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