Su deconstrucción lingüística piurana

En Piura, a miles de kilómetros de sus orígenes, el aún niño MVLL, inicia la deconstrucción de su vertebrada experiencia andina y la empieza a sustituir por la estructura criolla-costeña.

El inicial proceso de transformación en su configuración cardinal, en sus percepciones y conceptos medulares, se ejecuta en pocos meses; tiempo que media entre su salida de Bolivia por el Puerto de Huaqui, diciembre de 1945 y junio julio de 1946.

Cochabamba deviene en vergonzoso cenotafio, sobre el cual, y en  medio de sus compañeros del colegio Salesianos, se produce su acercamiento gozoso al Perú costeño y criollo. Esta confrontación de ideas y sentimientos contradictorios seguramente tuvo largos pasajes de aflicciones y angustias y también de oscuras y débiles revitalizaciones. Setenta años después de las tribulaciones del joven Mario, el Perú ha cambiado  poco; su experiencia la repiten miles de peruanos andinos en todo espacio donde se encuentran y confrontan el Perú real e imaginario.

En un breve espacio de tiempo, un semestre, ha inhibido su identidad serrana abdica de la cultura andina que lo forma en Bolivia y procesa la asunción de la cultura criolla dominante. Se despoja de lo inca, para asumir la identidad conquistadora en su variante criolla costeña que lo distinguirá con un sello de identidad permanente. La fortaleza de esta nueva relación posee tal magnitud que constituye la edificación de un itinerario sin retorno a la sierra.

No llegará a mostrar o a ejercer la impronta de sus años formativos en ningún espacio de su vida pública ni producción literaria futura. Lo andino lo ha avergonzado de modo tal que no desea verse de nuevo marginado. Se alinea con lo criollo, poder cultural dominante y de estirpe europeísta. La historia de Mayta y Lituma en los andes expresan que se trata de visitas intelectuales de un extraño a espacios que eligió desconocer y a los que observa con ojos extranjerizantes, detrás de celosías exteriores.

Mientras en Cochabamba su diaria rutina se desenvolvía observando el exterior desde una amurallada realidad administrada por la madre, abuelos y tíos, en Piura el grupo extendía sus conexiones sociales fuera del estrecho marco familiar y más allá de las fronteras del vecindario. No obstante, los límites de este ampliado espacio se inician y fenecen en la oligarquía terrateniente y en la emergente burguesía piurana.

Piura, como se ha visto, era pequeñita y muy alegre, de hacendados prósperos y campechanos – los Seminario, los Checa, los Hilbeck, los Romero, los Artázar, los García – con los que mis abuelos y mis tíos establecieron unos lazos de amistad que durarían toda la vida.

Del mismo modo que la Cochabamba de su infancia es recordada carente de pueblo, de quechuas y aymaras, la Piura de entonces luce ausente de descendientes tallanes. Si bien la patria es el territorio de la infancia es también el espacio de los amigos permanentes y de las alianzas de clase. Señala Max Hernández que los estudios psicoanalíticos de las funciones procesos y dinámica de los pequeños grupos muestran que al lado de las tareas explicitas que un grupo se asigna a sí mismo coexisten emociones inconscientes compartidas. El grupo es un todo indiferenciado que anula la autonomía de sus miembros y uniformiza su manera de pensar. Precisa también que lo cultural, como sistemas totalizantey el factor psicológico, convergen para construir la visión que se tiene del país. El habitus, menciona, vincula […] realidades demográficas sociales, políticas, económicas etc., y el correspondiente a las estructuras mentales incorporadas como categorías de representación social (ideologías, sensibilidades, mentalidades) que rigen la percepción, el pensamiento y la acción social.

 Vemos que el joven escritor halla en la ciudad, cultural y psicológicamente, el entorno espacial y social que le hará construir una visión del Perú que orientará en el futuro su pensamiento y acción social.

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