El lenguaje de “Sabidurías filosóficas andinas”

La propuesta de los enunciados que llamo “Sabidurías”, ─algunos le hallaran similitud con las sentencias o aforismos ─, y que se muestran en el libro “Sabiduría filosófica del Yawar Mayu” son el fruto de un período de maduración que tomó un tiempo prolongado redactarlas.

Se trata de un conjunto de pensamientos que se han compuesto con claras influencias de sabios andinos que se han expresado siguiendo un formato similar.  ¿Es una copia o el reflejo yerto de obras que alumbran nuestro pasado y porvenir? No, están tejidos con ese ajayu.

Mi temprana experiencia de vida me ha permitido también participar de diálogos entre runas, mientras compartían un fiambre o picchaban la coca en medio de los descansos. Su lenguaje era ceremonioso, alturado, respetuoso. Tienen los moldes que se observan en las páginas de Juan Santa Cruz Pachacuti o en los diálogos de los indígenas en Todas las sangres, en especial el lenguaje de Rendón Willka.

En su elaboración no pueden estar ausentes otras experiencias y otras lecturas. Es imposible no haber asimilado configuraciones ajenas a nuestra cultura. Hay más de un filósofo de esas comarcas que se expresan con aforismos. Confucio, es un ejemplo muy notorio. Pero, y aquí viene la precisión: carecen del mismo propósito y muestran un contenido propio de sus culturas. Es un lenguaje distinto.

Apu Inka Atawallpaman

Ima k’uychin kay yana k’uychi  Sayarimun?

Qosqoq awqanpaq millay wach’i  Illarimun

Tukuy imapi saqra chikchi  T’akakamun

Watupakurqan sunqollaymi  Sapa kutin,   

Musqoyniypipas ch’eqmi ch’eqmi  Uti uti,    

Chiririnka qhenchataraqmi,  Aqoy phuti.   

Al Patriarca, Inka Atawallpa

Qué arco iris nefasto es este negro arco iris que se encima?            

Un resplandor horrendo amaneció para hostigar al Cusco                                                                                                                                  Granizada incontenible arremete contra todo

Ya mi corazón lo presentía una y otra vez                                       

Y en mis sueños también, azorado,  sumido                                                       

Advertí al funesto moscardón de la muerte, fatalidad, infortunio.

1. A, Wiraquchan, t’iqsi qhapaq, «kay qhari kachun, kay warmi kachun» ñiq apu,  hinantin[…] chichha kamaq, maypim kanki?
 Oh, Viracocha, Señor del principio, Señor que dijiste: «éste sea varón, ésta sea mujer», Creador de todas [¿las partes del mundo?], ¿dónde estás?
 2. Manachu rikuykiman?
¿No te puedo ver?
 3. Hananpichum, urinpichum, kinrayñinpichum qhapaq usnuyki?
¿Está arriba, está abajo o está en medio tu trono?
 4. Hay ñillaway, hanan qucha mant’ arayaq, urin qucha tiyanqay pacha kamaq, runa  wallpaq apu.
 ¡Contéstame, te lo ruego, Creador de la extensión del mar de arriba y del mundo en que  vivo, el mar de abajo, señor Hacedor de la Gente!
 5. Yanaykikuna qamman allqa ñawiywan rikuytam munayki.
 Tus siervos, que te buscamos con nuestros ojos nublados, queremos verte.
 6. Rikuptiy, yachaptiy, unanchaptiy, hamut’aptiy, rikuwankim, yachawankim.
 Cuando yo vea y sepa, cuando entienda y comprenda, me verás y sabrás de mí.
 7. Intiqa, killaqa, p’unchawqa, tutaqa, puquyqa, ch’irawqa, manam yanqachu,  kamachiŝqam, purin unanchasqaman, tupuŝqamaruni chayan.
 El sol y la luna, el día y la noche, el verano y el invierno no existen sin causa, están gobernados, caminan según les ha sido señalado, a lo que les ha sido medido llegan.
 8. Mayqanmi thupa yawrikta apachiwarqanki?
¿Cuál eres, tú que me hiciste llevar el cetro real?
9. Hay ñillaway, uyarillaway, manaraqpaŝ ŝayk’uptiy, wañuptiy. Contéstame y
 escúchame, te lo ruego, antes de que me canse y me muera.
 10. Runa wallpaqpa pachakan, yananŝi kawaq ari.
 Dicen que debes de ser mayordomo y servidor del Hacedor de la Gente.
 11. Chaymi yuyallaway, Qusqu qhapaq churatamuqiy apu, Tarapaka, Thunapa.
 Por eso, te ruego que no me olvides, señor que al pasar me hiciste rey del Cuzco,Tarapaca, Ttunapa.
 12. Paqta wañuptíypaŝ qhapaq ruratamuŝqaykikta qunqawaq.
Ojalá, aunque me muero, no olvides al que a tu paso hiciste rey.
 13. Wañuptiyri yuyay nunayta kallpanchankitaqmi, payllankitaqmi.
Y cuando me muera, fortalecerás y premiarás mi alma.
 14. Riqsichillawankiman pichum karqan!
¡Cuánto quisiera que me hicieras saber quién era!
15. Achuŝ qamchum kankiman happiñuñu llasaq, atiq, manchachiq?
¿Habrás sido tú quien aplastó, venció y ahuyentó a los happiñuñus?
 16. Riqsillayman, yachallayman!
¡Si lo conociera, si lo supiera!
 17. Allpamanta kamaqiy, llut’aqiy, rikullaway!
 Tú que me formaste y creaste de barro, ¡mírame, te lo ruego!
 18. Pim kanki?
¿Quién eres?
 19. Ña allpa hunu machum kani.
Ya soy viejo de incontables años.  Texto establecido y traducido por César Itier.

/67 De cómo usaban cada parcialidad y ayllo sus danzas y taquies y hayllis y canciones, harauis y regocijos, cachiua, sin idolatrías, sin hacer mocha a las huacas ni ceremonías, comían y bebían y se holgaban sin tentación de los demonios, ni se mataban ni se emborrachaban, como en este tiempo de españoles cristianos son todos borrachos y matadores cambalencheros y no hay justicia.

“Hatam, en aymara, es semilla, Adán, en hebreo, con raíces en Sánscrito, […] semilla también. Si el alma es mi semilla, mi manera en mi deber es el rebrote. Ahora se entiende que el Deber es el único Destino del hombre y que el Destino no pertenece al Porvenir, sino al pasado. Si no soy lo que he sido no tengo manera de ser (EPDO). Somos aquello que hacemos constantemente, doctrina del Estagirita que se opuso a la de la Reminiscencia socrática, con ingenuo desvalijamiento de la Metempsicosis. La resurrección de los muertos. P. 142.

Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu
sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin
cesar y sin límites.
Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las
águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido
por tu sangre, no muerto, gritando todavía.
Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las
hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez
más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el
acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la
cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra,
en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay
sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.

Eran más grandes y extrañas de cuanto había imaginado las piedras del muro incaico; bullían bajo el segundo piso encalado que por el lado de la calle angosta era ciego. Me acordé, entonces, de las canciones quechuas que repiten una frase patética constante: “yawar mayu”, rio de sangre; “yawar unu”, agua sangrienta; puk’tik’ yawar k’ocha”, lago de sangre que hierve; “yawar wek’e”, lágrimas de sangre. ¿Acaso no podría decirse “yawar rumi”, piedra de sangre, o “puk’tik’ yawar rumi”, piedra de sangre hirviente? Está estático el muro, pero hervía  por todas sus líneas y la  superficie era cambiante, como la de los ríos en el verano, que tienen una cima así, hacia el centro del caudal, que es la zona temible, la más poderosa. Los indios llaman “yawar mayu” a esos ríos turbios, porque muestran con el sol un brillo en movimiento, semejante al de la sangre. También llaman “yawar mayu” al tiempo violento de las danzas guerreras, al momento en que los bailarines luchan.

“¿Ideales? ¿Adónde está eso? Quizá participarán, pues. Quizás, hermano. Pero quemarse para que se hagan, y después aniquilar con mano de hierro a los que se opongan, no, Gabriel. No, hermanito; perdona. Se rompen o se venden. Yo lo he visto; maulean ante la boca de los fusiles; no entran, se corren. Hay que tener mano de fierro, corazón de fierro, para pelear; ojos de fierro para no asustarse. 

Deja un comentario