Introducción
En el libro “Sabiduría filosófica del Yawar Mayu”, 2024, afirmé que las culturas prehispánicas desarrollaron sus sociedades ajustadas al concepto del espacio-tiempo circular helicoide[1] y expuse el modo en que la dualidad influyó en la totalidad de las expresiones materiales e inmateriales de la civilización andina.
Mantener el interés en estas ideas me ha llevado a profundizar en similares líneas de reflexión e indagación sobre los fundamentos teóricos que sostuvieron e integraron su evolución.
He continuado desarrollando el planteamiento original y publicando sus resultados en páginas de este blog. La motivación que me hace hurgar en este campo de la investigación anida en el afán de entender los fundamentos, las vigas portadoras del funcionamiento de las sociedades prehispánicas; ingresar en el universo de las ideas primigenias, descifrar el bosón que gatilla y organiza el horizonte humano que inauguran los hacedores de la civilización andina. Desde esa ubicación iluminar el presente y el futuro de lo que somos y seremos.
La estructura mítica del pensamiento, organización social, las formas de ocupación del territorio, el ordenamiento productivo, las relaciones que establecieron con sus seres tutelares y la profunda sacralización de sus actividades, no se entienden en dimensión conveniente sin desentrañar sus basamentos primigenios. El pensamiento, la sabiduría filosófica que nos regia, los principios éticos y morales tanto como los objetos y tecnología que conocemos provienen de fuente inmaterial. La diaria reciprocidad, correspondencia, complementariedad, paridad, afectividad y espiritualidad, inclusividad y diversidad, están orientados por el modo en que entendimos la compleja interrelación de las magnitudes espacio-tiempo, que conviven compartiendo formas de antagonismo que se resuelven en un Tinkuy vibrante y energético que es el lugar del entendimiento entre ambas fuerzas. Su armónico discurrir se proyecta al equilibrio que consiguieron en las relaciones con sus semejantes y la naturaleza.
La constelación de la Qollca, también explicado en el texto citado, fue el otro elemento que colaboró en el develamiento del tiempo circular helicoide y la persistencia de un tiempo sin fronteras que tiene su residencia en un prolongado e inagotable presente.
Las reflexiones sintetizadas no significan visitar al pasado para superar el individual desafío de asignar iluminación a lo que fuimos, sino de obtener orientaciones para el futuro del país. Nuestros antepasados lograron comunidades que no tienen parangón en sociedades contemporáneas; convivieron en la diversidad integrando culturas con distintas lenguas y disponiendo excepcionales condiciones productivas e intensa vida espiritual. Lo consiguieron en una geografía singular de alturas elevadas, valles profundos y laderas escarpadas, de arenales calcinados que transformaron y florestas inaccesibles que convirtieron en habitación de miles de comunidades.
No se trató de una épica promovida por razones de supervivencia y exclusivo bienestar material; trascendieron límites mensurables, estadística contenida en instrumentos contables, no, lo suyo fue tejer trama superior creando y usando vida comunal, espacio de entendimiento común que abrevaba de claras consideraciones sobre la naturaleza y su relación entre colectivos humanos; se propusieron en un extenso espacio y con variedad de formas construir comunidad que no eximia a nadie ni a nada de saberse humano y que provocaba relacionarse integrando las diferencias. Las vinculaciones trascendentes, las relaciones con las divinidades, fueron diseñadas de modo tal que la cotidianeidad se desenvolvía en bullente y habitual espiritualidad. Sus bases sociales no estaban edificadas sobre intereses individuales y comerciales, sí asentadas en lo humano, geografía y sacralidad.
Identificar los elementos que sustentaron el funcionamiento de las sociedades del pasado nos sirven para pensar los años largos que se avecinan. ¿Podemos imaginarlo olvidando la experiencia de nuestros mayores que conocieron e interpretaron su entorno y circunstancias de modo extraordinario? No, no se puede desechar tanta sabiduría y conocimiento.
Averiguar los fundamentos de lo que fuimos no es ejercicio mental de interpretación zahorí de símbolos pasados. No se trata de un análisis semiótico que se detiene en la interpretación académica y perspicaz de símbolos, sino en la búsqueda de signos que contengan el horizonte de sentido de las sociedades ancestrales, que no se detuvieron en la observación estética de la naturaleza ni en provocar su extinción, sino que alcanzaron, con ventaja de milenios sobre otras culturas, a comprender la constitución viva y celular de la materia como basa y calcina de la andamiada social.
Enlazar sus proyecciones vivas y prolongaciones, avivar sus raíces, retomar ese camino reconociendo los espacios y tiempo recorrido, nos exige volver al territorio, retornar a los múltiples lugares en donde se ubicaron las resultantes de las fuerzas civilizatorias aceptando y comprendiendo que nuestro destino, el vector de nuestras necesidades y requerimientos sociales anida en los Andes; en sus tres componentes unitarios: espacio serrano, costeño y amazónico, todos fruto de la waca matriz que nos integra geográficamente. Debemos atender el ineludible mandato con el método y los instrumentos que usaron para relacionarse con una naturaleza que exigía diversidad y vida comunal entre iguales y asociación equitativa con la Pachamama.
Nada es posible si abandonamos nuestro ajayu, el centro de nuestro ser, sin descuidar que somos también habitantes de un mundo relacionado con otras sociedades. Como lo señalaron Vallejo y Churata: Erguidos aquí, frente a nuestra realidad; ante el orbe, pero en aquí.
La representación del espacio-tiempo
La reflexión-pregunta que ha guiado el análisis ha sido: Si nuestros antepasados fueron capaces de sintetizar diseñar y delinear la idea del espacio-tiempo en la malla-tejido y en el icono espiralado, y desplegarlos en variadas dimensiones y distintos soportes: cerámica, tejidos, metalurgia, piedra, tuvieron entonces que haber conseguido representar el lugar o el momento de unión de estas magnitudes. Nuestra cultura es un cuerpo que se amplía, ensancha, según las necesidades; dentro de ella nada deja de poseer paridad, complementariedad, todo posee su arriba y su abajo, su detrás y adelante, su izquierda y derecha. Desde esta comprobación no fue tarea fatigosa pensar que la palabra pacha debía tener su narración descriptiva: la malla tejido. Igualmente, saber de la necesidad de encontrar el equilibrio de las fuerzas y de los pareceres, del tinkuy como espacio de acuerdos y síntesis, conduce a pensar en la existencia de una representación del tinkuy espacio-tiempo.
Para interpretar esta conjunción fue necesario visitar y observar restos culturales materiales y pesquisar con los criterios que permitieron ubicar a la malla-tejido como símbolos de la urdimbre espacio-tiempo. La tarea se facilita con la cantidad de restos y objetos a nuestro alcance. El tejido, y también el signo espiralado tuvieron masiva difusión desde espacios centrales y locales del territorio andino, con distribución que no descuidó ningún espacio de influencia. El enlace espacio-tiempo tuvo menos difusión, aparenta haber sido menos comprendido su significado. Veamos algunos ejemplos de aquello:




El arte andino
El arte refleja la sociedad, lo sabemos, si esta es comunal entonces su producción artística emana con ese signo, carece de firmas y propietarios. Se vestía arte, se usaba arte; no era producido para exhibirlo en museos o casas particulares porque su destino era utilitario. Los objetos artísticos, usados a diario, tuvieron una característica que las vinculaba: un denso contenido sacro. El cotidiano ejercicio de la sacralidad, el intenso y permanente desarrollo de vida espiritual promovió la creación de telas, vasijas, joyas para adornar cuerpos que exponen la trama de las relaciones sociales y la intensa e impalpable vida espiritual.
Las creaciones no se dejan evaluar con formatos occidentales, poseen soportes diferenciados y contenidos también distintos. No se elaboraban para ser observados en galerías ni comprados por interés pecuniario. Era actividad desenvuelta en la cotidianeidad: el orfebre recreaba la vía láctea, el ceramista modelaba el cosmos, el tejedor urdía la chakana, el diseñador urbano reproducía siluetas del cosmos y diseñaba las vías para recibir sus señales; todas las creaciones poseían aguzado sentido abstracto. Es probable que los sabios amautas, yatiris, shiripiaris, orientaran aspectos del proceso en su diseño inicial y la concepción primaria del objeto, pero los artistas muestran diversidad de técnicas de factura personal.
Resumir características del trabajo artístico permite recoger las orientaciones primarias de su diversidad. La transformación de la idea espacio-tiempo en una malla, relacionar las formas de una constelación con el tiempo circular helicoide, o concebir una circunferencia como símbolo de la paridad de ambas magnitudes aparecen en diversos formatos y soportes, pero todas exponen la irrepetible capacidad de síntesis de un pueblo al que se le retacea reconocerle capacidades que vayan más allá de destrezas manuales y perseverancia.
El arte andino, entre otras características, se distingue porque:
● Hubo un arte panandino con un sustento compartido por todas las culturas: la vertebración del espacio-tiempo y su interpretación como unidad dual que no conserva fronteras en su constitución.
● No es figurativo, sino abstracto.
● Sus expresiones materializan realidades objetivas.
● Las ideas, pensamientos son mostrados como hechos concretos, porque provienen de experiencias que pueden ser observadas repetidamente.
● Las expresiones naturalistas no aparecen desvinculadas de símbolos y expresiones subjetivas.
● Los trabajos son utilitarios. No es creación hecha para complacer a los sentidos, sino representaciones de la realidad.
● Son pronunciadas las diferencias entre las distintas culturas. No obstante que los motivos pueden repetirse, el modo de desarrollarlos conserva visibles divergencias.
● Todo trabajo tiene el propósito de vincular a los habitantes del territorio y establecer diálogos con fuerzas superiores de la naturaleza
● Un sustento destacado es la concepción dual de la realidad, sin menoscabo de mostrar también equilibrios tripartitos o de más elementos.
● El soporte de las expresiones artísticas no tuvo limitaciones. Creamos arte en textiles, ceramios, metalurgia, pintura, escultura, arquitectura. La naturaleza misma fue un lienzo para crear arte: los andenes y el Wiracochan son ejemplos.
El circulo como síntesis del espacio-tiempo
Es oportuno reconocer que una idea que carece de bibliografía que lo respalde resulta débil ante opiniones adversas. La ciencia admite teorías con pruebas objetivas y repetibles. Su capacidad para aceptar intuiciones es adversa e intolerante. Hay, sin embargo, un aspecto que resguarda la intuición que postulo: tampoco se encuentran investigaciones previas que la promuevan o desmientan, menos con cita bibliográfica. Invalidar esta propuesta requeriría usar también intuición de signo contrario; desmentirla requeriría crear un cuerpo de pensamiento que aún espera desarrollo.
La observación de los restos culturales es el requisito principal para formular estas apreciaciones, prevenido para comprender que nada es excedente en esos recintos, todo elemento transmite una idea y cumple una función. Conviene verlos atenuando la recreación visual y hurgar en las motivaciones, hallar el lenguaje que encubren, la métrica que los organiza, el motivo que los ordena. Visitar museos, explorar el campo, recopilar ilustraciones buscando círculos de factura semejante fueron también procedimientos seguidos.
¿Por qué la profusión de círculos en las representaciones artísticas andinas?, ¿es un elemento que debe ser observado con reglas extrañas o sigue los parámetros que ordenan otras expresiones? Es evidente que no puede ser evaluado según reglas importadas. La figura geométrica puede ser hallada en variadas muestras, su forma articula, integra y prevalece sobre otras imágenes. En muchos objetos es el centro de la creación, nunca ocupa lugar marginal. No es figura que pueda ser asociada a una especie biológica o entidad superior, aparece rodeada de otras expresiones pero también pareciera flotar solitaria en el soporte o unida a líneas curvas, pero no a otras figuras geométricas, excepto el cuadrado. La excepción es su presencia en la chakana, donde aparece enclaustrada como bastidor que le confiere estabilidad a la figura.
Círculos aurorales y otros










Madurez expresiva
Veamos en Montegrande, cultura Marañón de cinco mil años o más de antigüedad. En la sierpe vemos dibujado el círculo con características muy semejantes a otras expresiones posteriores. El doble círculo se repite en Chavín. En la cabeza de la figura se observa también una versión de la lemniscata, también símbolo del espacio-tiempo. El centro ceremonial, que hemos analizado en entrega anterior, muestra un desarrollo en espiral que nace en un círculo que, por el desarrollo mismo de la figura no es un círculo terminado, sino también espiralado. Postulo que este punto origen es una manera distinta de concebir el circulo que aparece concluido en la sierpe.


En Caral hallamos una expresión avanzada de la utilización del circulo en edificaciones sacras. Es el templo principal

En Chankillo vemos dos círculos en sugerente ubicación, como parte de un observatorio astronómico. Pertenece a la cultura Sechin, muy cercana a Caral en el tiempo y espacio y también a Chavín si tomamos en cuenta el tiempo largo de su vigencia. Llama la atención que ambos círculos tengan características muy parecidas al circulo que mostramos más delante de la chakana del Lanzón de Chavín: dos círculos concéntricos y protuberancias en sus centros.

La chakana en el Lanzón de Chavín ocupa lugar prominente. Situada en la zona superior del rostro de la deidad, como centro del discernimiento, parece recostada en un escalón y como parte de una chakana mayor que se extiende fuera de los límites de la deidad. Está tallada de modo particular, estilizada, no despliega su forma clásica, los escalones ocupan lugar subordinado y están dominados por el círculo que ha forzado una depresión delimitada por dos líneas circulares paralelas. En su concepción se decidió destacar el encuentro, el tinkuy del espacio y el tiempo, presencia que excede a sus magnitudes componentes. La protuberancia en el centro de la depresión circular parece reiterar su papel de cobijo de la suma inerte de las fuerzas antagónicas; como se ve en Chankillo. Si el tiempo es masculino y el espacio femenino[1], entonces, el circulo ¿qué identidad posee? ¿Es un lugar asexuado, o magnitud que alberga los dos sexos como lo sugiere las oraciones de Juan Santa Cruz Pachacuti?

Se encuentran otras representaciones del círculo en el Lanzón:


Veamos ahora la chakana que aparece en uno de los lados del Obelisco Tello. Admirarlo recientemente en el museo de la ciudad de Chavín de Huántar fue momento para ratificar ideas elaboradas previamente, afirmó el criterio de ubicar al círculo como espacio síntesis que congrega magnitudes contenidas en la figura escalonada, como suma reiterada de otra sumatoria previa.
Presenciamos la reiteración de un concepto que los yatiris Chavín, no dejaron de recalcar. Si el inacabable espacio-tiempo helicoide se aloja en los diferentes niveles espaciales de la figura sacra, con el tiempo invisible y sujeto, imperceptible en el denso escalonamiento, el circulo que lo compone y lo hace más consistente oficia de tensional círculo de encuentro, de contención de dos magnitudes con fortalezas solo materializables en un círculo; figura estructuralmente perfecta, con atributos que toman contacto equilibrado y permanente con el espacio y el tiempo de manera simultánea y sin debilitar ni menoscabar a ninguna fuerza de la relación. Perfecta redondez para albergar espacio y atar el tiempo. El tiempo no pasa, nosotros pasamos por el tiempo; la chakana con la perfección de sus formas, lo explica.

En una representación de la importancia del Obelisco, situado en la plaza cuadrada del recinto sacro en Chavín, cerca a la roca sagrada que contiene a la constelación de la Qollca y de la Estela Raymondi, se subraya la figura símbolo del encuentro tensional de las dos magnitudes más importantes. Es el Tinkuy, el lugar vibrante que hace contiguos al espacio-tiempo, lugar desafectado de antagonismos y facilitador de coincidencias; instrumento que hizo posible que el millar de culturas andinas se comprendieran como lograban entenderse el espacio y el tiempo. El circulo es figura que enlaza y suma fuerzas antagónicas.
La Estela de Yauya, perteneciente al horizonte Chavín es otro referente para observar el círculo en medio de la chakana. Muestra la figura sacra cerca al borde superior. Difiere de las formas observadas antes. Es la forma clásica que conocemos, pero tiene añadido vértices de triángulos a manera de destellos. Quizá formas tempranas de describir a la deidad Illapa. Lo particular de este objeto sacro es que contiene numerosas superficies circulares; los observamos en los ojos de las figuras representadas y también en tallas que tienen la forma de lemniscatas, otra forma de representar al espacio-tiempo. La Estela enfatiza la presencia de formas circulares.
Si hemos visto que, en Caral se ven ya elementos básicos de la concepción del espacio-tiempo, es en Chavín donde la idea se desarrolla y se expone con claridad.

En el museo de Chavín se exhiben numerosas piezas talladas con círculos.





El círculo en otras culturas












Algunas conclusiones
● Estudiar nuestro pasado exige utilizar periodificaciones propias, con escalas que no nos ubiquen como sociedades pre históricas por cuanto nos desarrollamos usando tiempo y espacio propio. El criterio científico que asegura que el desarrollo de las sociedades es lineal y sigue un único modelo civilizado es falso. Haber ganado contiendas bélicas y sometido a pueblos de desarrollos distintos no lo acreditan como paradigmas societales, más aún observando las sociedades que han creado.
● Nuestro proceso, autónomo y distinto fue mutilado no por las deficiencias de sus medios y propósitos, sino porque fue truncado por la fuerza y superioridad tecnológica de sus ejércitos invasores. Así impusieron la idea errada que existe un solo camino para el avance de los pueblos.
● Nosotros llevábamos adelanto en numerosísimos aspectos sociales y económicos y productivos, tanto como en infraestructura y saneamiento urbano. No abundo en otros aspectos bastante conocidos que explican nuestra superioridad social.
● Sus cronistas y escribidores no recogieron la íntima contextura de nuestra civilización, tanto por desconocer los idiomas hablados como por su incapacidad para entender los elementos celulares de nuestra sabiduría y constitución social. ¿Qué hubiera entendido cualquier cronista o los mismos José de Acosta o Bernabé Cobo de nuestras concepciones del espacio-tiempo y de su influencia en la estructuración de nuestras sociedades? Nuestro entendimiento de la naturaleza y de los seres sacros se hallaba a muchos siglos de distancia de una religión con un dios presidiendo una corte celestial. Al no entenderlo nos endilgaron la categoría de infieles adoradores de sapos y culebras.
● Requerimos recuperar la concepción del tiempo cíclico, con todas las características que alcanzó su desarrollo. Del mismo modo debemos reivindicar nuestras ideas sobre la divinidad. Aquí no hay recetas o preceptos. Esta es una tarea colectiva que ya se ha iniciado, pero aún con las limitaciones que tenemos y que también nos impone el colonialismo imperante.
● Los conceptos de espacio-tiempo ya desarrollados son de una vigencia impresionante. Usar tales conceptos nos ubica en una ruta que restituye nuestra relación con la naturaleza.
● Hay aspectos que ahondar en la búsqueda de expresiones que resuman en sus figuras y contenidos la idea de representar la conjunción del espacio-tiempo. Señalo por ejemplo, a las chulpas de la cultura puquina-aymara y los andenes de Moray que en su estructura muestran círculos y otras formas de adelantadas expresiones del espacio-tiempo.


● Caminamos hacia la recuperación del Jiwasa y el Nanaka aymara. Con similar esfuerzo nos reencontraremos con el Noqanchis y el Noqayku, quechua.
[1] Hugo Chacón Málaga. Sabiduría filosófica del Yawar Mayu. Universidad Nacional San Antonio Abad. Cusco, 2024.
[1] Hugo Chacón Málaga. Sabiduría filosófica del Yawar Mayu. Universidad Nacional San Antonio Abad. Cusco, 2024.