Clara en el reino Moche

Sigo las narraciones de Lucho Nieto desde sus primeras obras. La continuidad de esta práctica me ha permitido observar el crecimiento de sus capacidades creativas y la constante superación de la calidad de sus textos. Observo la maduración de un estilo que mejora a medida que se incrementan sus publicaciones. Con el paso del tiempo se hace visible la huella de sus energías creativas: interpretar la región, indagar en el tiempo largo de la historia, retratar tipos humanos, delinear con acierto y perseverancia perfiles femeninos, mostrar con sutileza el racismo, las fragmentaciones y desigualdades sociales y económicas. En este proceso ha mostrado cada vez mayor oficio y superior soltura al escribir.

En el propósito de hallar una forma sencilla y eficaz de mostrar un segmento de estas variaciones busqué entre sus primeros textos partes que puedan ser comparadas con su reciente publicación y visibilizar las diferencias que separan lo escrito en 1990 y lo reciente.

Leyendo párrafos sin apuro se notan las diferencias de cadencia y sonoridad que emiten, junto a una cada vez mayor economía de palabras. Sabemos que escribir tiene similitud con la creación de una partitura musical porque la unión de grafemas contienen también melodía, ritmo, armonías, que crean realidades y un estado de ánimo en el lector que se fideliza a un escritor cuando hace suyo el universo creativo que recibe. Después de leer un libro permanece el tema en la memoria los personajes, el argumento, la armonía y musicalidad que nos impulsan a buscar o esperar obras nuevas de los escritores que nos han dejado huella.

Muestro lo mencionado repasando un párrafo del cuento “El crepúsculo” de 1990:

“Recién llegada a Ayacucho, la Mamilila tuvo una crisis que hizo temer lo peor. Su hija estaba desesperada, arrepentida de haberla obligado casi a mudarse, desoyendo sus ruegos de que la dejasen morir tranquila, en la casa donde siempre había vivido”.

El “casi a mudarse” y “de que la dejasen” son frases que seguramente Nieto corregiría ahora. Lograría una redacción que le otorgue mayor fluidez y evite notas discordantes. 

Décadas después notamos una sonoridad y armonía distintas en la novela que comentamos:

“Caminó en dirección de la catedral y, al tenerla delante, quedó boquiabierta. Era de una altura impresionante y, en general, de una arquitectura que opacaba a la de las iglesias de Trujillo y Lima que ella conocía”.

Puede argumentarse que, dos párrafos elegidos con rapidez no permiten mostrar la evolución de un escritor. Pero si revisamos con detalle no hallamos en la historia policial que protagoniza Clara un “de que” del primer ejemplo además de otras particularidades que dejamos a los especialistas detallarlas.

Seguir con interés las obras de Lucho Nieto, curiosear en sus estructuras y fisgonear sus herramientas, permite hallar diferencias entre hogaño y antaño y celebrar que sus narraciones sean cada vez más logradas. En algunas de sus creaciones ha recurrido a previas y exhaustivas investigaciones que no han afectado la creatividad de la obra. Pienso en “Muchas veces dudé” que debe haberle exigido un prolongado período de búsqueda de fuentes documentales. Y no es distinto en las correrías de Clara por Trujillo, Lima y Europa llevada por su afán de rescatar para el país una joya de la magnitud de la corona Moche que deviene en un personaje resguardado por vasta argumentación histórica. Compatibilizar los datos y la creatividad sin que una desfigure a la otra es uno de los méritos de la novela. El público juvenil al que está dirigido en especial debe apreciar que no sean visibles las fuentes consultadas.  

Algo que añadir: las creaciones de Lucho Nieto se acompañan de una ejecutoria cívica comprometida con causas que incluyen a las mayorías de nuestra fragmentada y conflictiva sociedad. Y se trata de una trayectoria que no ha callado ni mirado al costado cuando ha sido necesario opinar y actuar en la defensa de nobles causas regionales y nacionales. No es atributo que ostenten todos los creadores, con frecuencia encerrados en pequeños círculos protectores y condescendientes con una realidad que todo creador no puede ignorar.

Y no me extiendo en apreciaciones literarias sobre el texto que comentamos. Especialistas con mayores recursos han empezado a referirse a las virtudes de la obra.

En cambio, deseo ocuparme del significado de la corona Moche, joya que esconde secretos aún no revelados. Ingresar a este espacio no lesiona la credibilidad de la información que sustenta la aventura de Clara, porque sus páginas no son arqueológicas, sino novelescas. Creo que detrás de esta figura hay un universo que develar a los que me referiré en la siguiente entrega del Blog.

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