El Hatun Quellca

Redacto aquí algunas anotaciones en torno a la corona Moche que articula todos los temas de la novela de Lucho Nieto: Clara en el reino Moche, donde la antropóloga Clara se embarca en la trepidante aventura de recuperar la joya sacada del país por traficantes del patrimonio nacional.

La narración menciona que los tentáculos que conforman la preciada joya son los brazos de un pulpo. Afirmó que las sinuosas y armónicos perfiles que edifican la belleza de la corona no corresponden a las dos patas y seis brazos que posee el cefalópodo, sino que son una representación repetida de una entidad cuya envergadura es de una sacra universalidad que aquí describiré.

No me detendré en extensas argumentaciones teóricas que pueden ser leídas en el texto Sabiduría filosófica del Yawar Mayu editada por la Universidad del Cusco el año 2024. También puede leerse en anteriores publicaciones de este Blog. Ocuparé extenso espacio en mostrar documentación gráfica que abona en favor de la afirmación vertida.

Leamos la forma en que Clara describe la joya cuando la observa en una vitrina de exhibición en España:

“Olvidándose de las precauciones, Clara se acercó y quedó paralizada. Estaba acostumbrada a la sofisticación y calidad artística de la orfebrería moche, pero esa pieza sobrepasaba todo lo que había visto hasta el momento. ¡No sólo era el oro que se había usado para su elaboración! ¡Impresionaba mucho más lo logrado del diseño, esa poderosa energía que emanaba del rostro humano con dietes de felino que constituía el centro de la diadema! Las cejas que sobresalían como viseras, los adornos triangulares que colgaban de las mismas, el lapislázuli de los ojos, la nariz prominente, las orejas también en relieve que semejaban dos asas en forma de ocho; cada detalle de ese rostro estaba pensado para infundir una mezcla de temor y veneración. Por su parte, los ocho enormes tentáculos que rodeaban ese rostro parecían estar allí para evocar poderes casi sobrenaturales. Y un detalle curios: esos ocho tentáculos que terminaban en extrañas cabezas que añadían ocho pares de ojos al conjunto se repetían en seis tentáculos en bajo relieve que coronaban sobriamente la cabeza del gobernante moche. Un par de garras de felino de tamaño considerable daba el toque definitivo a ese objeto que seguramente ungía con la fuerza de divinidades terrestres y marinas a la persona que lo portaba”.

Hatun Quellca en cerámica Paracas. En unión de la Chacana, como complemento.

Se han desarrollado formatos y paradigmas poco útiles para describir e interpretar restos arqueológicos. No pretendo generalizar, pero los cronistas fueron los iniciadores de esta corriente de interpretación. Y en donde más desaciertos tuvieron fue en la interpretación de nuestra sacralidad. Inventaron dioses, religión o religiones, mal interpretaron ceremoniales y, lo más importante, nos convirtieron en adoradores de animales y de objetos y fuerzas de la naturaleza. No consideraron que nuestras lenguas no tuvieran sustantivos para nombrar a dioses mayores ni menores y que la estructura social se asentaba en principios de reciprocidad y complementariedad que también eran sustento de las relaciones con el cosmos. Producto de esta incomprensión acabamos siendo catalogados de incivilizados animistas, salvajes adoradores de sapos y culebras.  El resultado: considerar que un pueblo primitivo, “sin alma” no podía tener concepciones de la “divinidad” equiparables a las cristianas. 

Corona Moche.

La matriz de pensamiento explicada se ha extendido hasta nuestros días generando una nociva continuidad en la forma de interpretar nuestro pasado. Por lo tanto, la idea de imaginar a los antiguos señores y señoras moches luciendo en su pecho doradas reproducciones de tentáculos de pulpo encaja muy bien en esta errada narración del pasado. Lo dicho no desvirtúa la sacralidad que también contenían estos seres marítimos.

El pulpo y sus tentáculos, eran también seres sacros.

Y aquí la afirmación principal y distinta: la imagen de los ocho tentáculos es una de las tantas representaciones de la constelación de la Qollqa, cuyo perfil mostramos junto a la más antigua presencia en el territorio de la constelación, ubicada en la antigua ciudad de  Caral:

Figura que se halla en la ciudad de Caral y la constelación de la Qollca. Es conocida ahora como Las Pléyades. Como se observa el número de estrellas de mayor presencia son ocho. Explica la cantidad de tentáculos que se observa en la corona Moche que comentamos.
Friso en Huaca de la Luna que ofrece un número de «tentáculos» que exceden a los que posee un pulpo.

Los antiguos pobladores de nuestro suelo estimaban como sacras todas las expresiones de la naturaleza como los tentáculos de pulpo o las formas de caracoles, como el conocido Pututu de singular significacion en la sociedad antigua. El nombre de este instrumento musical era Guaylla Qhepa que resume la concepción del espacio-tiempo de nuestros antepasados que carecía de fronteras y contenía el pasado y el presente sin fronteras definidas. El vocablo Qhepa expresa esta idea.

El número de estrellas de la constelación de la Qollca que se observan a simple vista son ocho, lo que explica la cantidad de tentáculos que luce la corona Moche. No se puede descartar que el pulpo tenga algún nivel de representación en la corona, pero no como motivo principal, sino como parte de un universo de significados. La densidad sacra de la sabiduría filosófica antigua se asentaba en generalizaciones universales que, después descendía a lo particular. Es probable que se vinculara la configuración anatómica del cefalópodo con las formas que adoptaba la constelación de la Qollca. Recordemos la documentada asociación del rio Willcamayu con el Hatun Mayu.

La forma que adoptaba la constelación en determinadas épocas del año se asemejaba a una mujer en gestación. De aquí su denominación de madre de todas las estrellas. El desarrollo y la estilización de esta figura devino en el hermoso ribete andino que se observa en todo el territorio que ocupó la civilización andina y que denomino en quechua Hatun Quellca y que, en aymara podría llamarse Haccha Quellca.

La concepción del espacio-tiempo, inacabado y espiralado está, considero, relacionado con esta constelación como también con la forma y el desplazamiento del Hatun Mayu. A ambos cuerpos celestes le atribuyo la principal influencia en la concepción que unió el espacio y el tiempo en la antigua civilización nuestra. Vasto tema.

La  importancia de la figura la vemos plasmada en numerosos espacios y lugares. Dos muy visibles son: la silueta que adoptó el Aríbalo y el muro sur-oeste del Qoricancha que queda en pie, con el  bello Tambor gestando a las estrellas. Esta comprobación induce a reevaluar el significado que asumió este lugar sacro en la estructuración de la sociedad andina, la quechua-aymara en especial.

Muro sur-oeste del Qoricancha que refleja la silueta de la constelación de la Qollca.
Aribalo que reproduce, en dualidad, la silueta de la constelación de la Qollca. Observemos la forma de la línea curvada del lado derecho del Aribalo con el trazo del muro del Qoricancha.

La profusión de esta figura en la iconografía textil y cerámica, preferentemente, es de tal magnitud que la asumen pueblos y etnias que no tienen ninguna vinculación con el mar. Son razones, entre otras consignadas en el texto anunciado y en otras publicaciones, que me hacen señalar que, la figura de la corona es una interpretación de la constelación Qolca, llamada Onqoy en algunos lugares del centro del Perú. 

Muestro a continuación una serie de cerámicas que muestran la figura instalada en una serie de cerámicas:

Fig. 1. Las formas de la naturaleza que tenían semejanza con el espiral que desarrolla la constelación de la Qollca fueron especialmente consideradas. Es lo que explica la difusión del Guaylla Qhepa.
Fig. 2. El Guaylla Qhepa, Pututo, conserva en su nombre el significado de pasado y futuro, simultáneamente. Expresión de la concepción del espacio-tiempo.
Fig. 4.
Fig. 3. Hasta la figura 8, imágenes de las culturas Lambayeque y Chimú que muestran representaciones de la constelación de la Qollca y del Hatun Mayu.
Fig. 5.
Fig. 6.


Fig. 7.
Fig. 8.

Personajes mochicas.
Personaje Mochica.
Cántaro Moche.

Cántaro Mochica Tardío.
Detalle del muro sur del recinto funerario de la Señora de Cao.
Pectoral Chimú.
Corona de la cultura Sicán.
Personaje Moche.
Sonajero de oro. Entierro del Señor de Sipán. Aquí se unen la interpretación de la figura del Hatun Mayu con las estrellas visibles de la constelación de la Qollca
Narigueras de estilo Mochica Temprano.
Guerrero del Búho. Iconografía Mochica.
Personaje de estilo Cupisnique.
Expresión de la Hatun Quellca en el Gran Pajatén.
Cuenco de estilo Kuélap.
Cultura Chavín.
Cultura Chavín.
Cultura Chavín.
Personaje Chavín.
Figura antropomorfa. Valle de Zaña.

Textil Nasca.
Tupu inca de plata.
Uncu inca hecho de plumas.

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