Las islas del Sol y la Luna y la constelación de la Qollca.

En esta travesía de búsqueda de la importancia de la constelación de la Qollca en la civilización andina, he encontrado representaciones de la aglomeración estelar en diversos lugares del territorio que ocupó durante su desarrollo.

La primera evidencia la hallé en la ciudadela de Caral, que debería ser conocida como cultura Caral y no civilización; la civilización es la Andina.

Alli,  en un recinto calificado por los técnicos del proyecto como “Relieve mural”, luce en todo su esplendor una representación de la constelación.

Por otro lado también he mostrado que el diseño urbano de la ciudadela esta regida por la misma constelación. Ver: https://sawasiray.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=7946&action=edit

Para una época cercana al desarrollo Caral, se observa a la Qollca en los restos arqueológicos de Montegrande, Jaén. Ver: https://sawasiray.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=8259&action=edit

Surge una pregunta pertinente: ¿dónde inició la civilización andina la relación sacra con este cúmulo de estrellas? ¿Surgió en territorio andino o fue una vinculación que llegó con las poblaciones migrantes? ¿Surgió en varios espacios, o solo en uno y luego se irradió por el resto del territorio? No lo sabemos aún, pero seguramente que futuras investigaciones lograrán explicar este proceso.

Al momento de la invasión hispana en el altiplano andino se hablaban tres lenguas: quechua, aymara y puquina. Está ultima fue declarada “lengua general” por el Virrey Toledo en 1575.

Alfredo Torero, señala al respecto:

“había ya perdido el ímpetu que tuvo cuando era el idioma de Tiahuanaco y se hallaba por entonces muy diversificada y, además, territorialmente fragmentada por el avance del Aymara y del Quechua. En el Collao también, una tercera lengua, la Uru, del grupo Uru-Chipaya, se veía acorralada en los totorales de los lagos altiplánicos, donde sus hablantes, despojados quizá antaño de sus tierras y sus ganados por puquinas y aymaras, llevaban una dura vida como pescadores y recolectores, a veces como transportistas en sus balsas de junco, dentro de su zona de refugio”. [1]

En un texto posterior A. Torero, al referirse a la influencia que tuvo el idioma de la familia Arahuaco en la zona del altiplano, señala que, dado el estado de las investigaciones no se ha hallado aún “correspondencias  fonéticas regulares y consistentes entre el protoarahuaco y el puquina o cualquier otra lengua que se habla o habló en los Andes”. Señala que debe investigarse el tema de modo sistemático y cauteloso”.[2]  A. Torero no tuvo tiempo de continuar sus investigaciones.

Una fuente más antigua, tiempos en que era usual referirse a la “raza” y no a la cultura, hace precisiones bastante sugestivas acerca de la presencia de la etnia Arawak en el altiplano peruano:

Menciona:

La raza arahuac constituye el verdadero subsuelo antropológico y lingüístico de gran parte de los pobladores de las dos Américas” […] “Los pueblos arahuaques -dice Arturo Posnansky- pertenecían al famoso tronco Caribe-Arahuac que en tiempos de la conquista española se extendía desde mucho más al norte del Trópico de Cáncer hasta más allá del Trópico de Capricornio y que en el decurso de los siglos que se han formado de ellas nueve sub-razas, tribus y lenguas.

Según ilustres americanistas, el gran macizo Guayano-Brasileño fue la cuna de la familia Arahuac que, en el decurso de los siglos, se dividió en tres ramas principales:

La primera, de los Ainos que por la isla Marajó se dirigió al norte formando gran parte de las Guayanas, las Antillas Menores y la península de Florida.

La segunda rama de los arahuaques es, sin duda la que remontó el río Amazonas hasta la cuenca del Marañón y desde allí pasaron al Océano Pacífico. En sus largas peregrinaciones por la costa peruana acabaron por establecerse en las caletas, ricas en pesca, del norte de Chile.

La tercera rama, la más frondosa del robusto tronco arahuac, fue la de los uro-puquinas, la que remontando la corriente del rio Madeira logró franquear las montañas del oriente boliviano y se estableció en el extenso altiplano interandino peruano-boliviano.

A la luz de la ciencia prehistórica contemporánea, estos tres grupos étnicos: arahuaques, aymaras y quechuas son las tres razas que desde tiempos remotos lucharon tenazmente por el predominio de las regiones más privilegiadas del Perú  precolombino. [3]

La fuente citada hace una precisión realmente importante para los fines que posee este artículo. Señala:

El signo sagrado característico de la raza arahuac era el escalonado en voluta curva o rectangular. Esta marca distintiva de los arahuaques se halla impresa en los objetos propios de su industria y de su arte.

La Gran Quellca en ceramios de influencia Arawac. Tomado de libro «Puquinas».

La Gran Quellca en ceramio Mochica.

Si nos orientamos por las fuentes consultadas resulta muy probable que el vínculo con la constelación de la Qollca tenga su origen en la cultura Arawak, a través de la rama asentada en la región del altiplano. La voluta que menciona Bernedo Málaga es el signo espiralado que se halla en todo el territorio de la antigua civilización andina. La hemos denominado la Hatun Qellca. Ver: https://sawasiray.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=9289&action=edit

Los del grupo étnico Arawac eran:

“pescadores fluviales del Amazonas al radicarse en la planicie andina escogieron por mansión, por habitar, las islas y las riberas de las grandes lagunas”.

¿Por qué habrían elegido los Arawac a las islas del Sol y de la Luna como centros sacros de su territorio? Aquí  ingresamos a un punto alto de especulaciones que, sin embargo, hay que hacerlas, más si se ejecutan dentro del gran contexto que estamos comentando.

Sostengo que la cultura que eligió las frígidas planicies peruano-bolivianas para asentarse tuvo que poseer razones muy importantes para ocupar un espacio muy distinto al que dejaron atrás en su largo peregrinaje: temperaturas de treinta y cuarenta grados en el ambiente, tierras muy fértiles y vínculos de comunicación muy accesibles para mantener contacto con sus territorios de origen. Una razón fundamental fue, seguramente, encontrarse con un espacio de gran envergadura hídrica, el lago y sus afluentes, que podrían usar mediante sus avanzados conocimientos de navegación. Estaban en su hábitat en este sentido. Influyó también la ausencia de población con quienes disputar el dominio del territorio. La consideración sacra, espiritual, debió de haber influido de modo muy importante.

Islas del Sol y de la Luna. Hoy, en territorio boliviano. El contorno de la primera muestra formas vinculadas al perfil de la constelación de la Qollca.
La isla de la Luna. Muestra un contorno, zona superior izquierda, con semejanzas a la silueta de la constelación de la Qollca. El muro que queda en pie del Qoricancha nos recuerda a esta figura.

Venían portando maduras visiones y paradigmas de la constelación de la Qollca. Grupo de estrellas que no solamente influyeron en esta etnia, sino en muchas otras de esta parte del continente. Se trataba de una presencia especialmente luminosa, de gran movilidad, de forma muy particular, integrando una figura que sugería a una mujer en gestación, de apariciones periódicas y con expresiones de gran utilidad para vaticinar el comportamiento del clima.  

Y se encontraron con un lago cuyas riberas se asemejaban a un felino de gran presencia en el territorio que habían  empezado a adoptar como suyo. Y lo más importante, la existencia de una isla que tenía sus bordes repitiendo de manera reiterada la silueta de la Qollca.

Riberas del lago que forman la figura de un felino.

Su isla compañera, muy ajustada a las consideraciones del espacio binario y complementario que tenían en desarrollo, terminó por decidirlos a asentarse en la altiplanicie y fundar varias culturas con el tiempo; la Puquina, la más desarrollada y destacada.

Orillas de la isla del Sol que muestra una nítida semejanza con el perfil de la constelación de la Qollca.

Posteriormente, frente al declive de los Puquina y la irrupción de los Aymaras como etnia predominante, aquellos son marginados a las islas sagradas, que adoptan como refugio. Después deciden emigrar a otros territorios y eligen ir en busca del valle de Acamama, el futuro Cusco, pero trajinando las partes altas del territorio por cuanto el valle del Vilcanota se encontraba muy densamente poblado. Se asienta en la zona altas; y cuando declina el dominio Wari descienden a la conquista de los poblados del Cusco, llevando su alto desarrollo e historias acerca de sus orígenes sacros. Esto, es ya otra historia.

Otras riberas de la isla del Sol que muestran formas vinculadas a la silueta de la constelación de la Qollca.

Muestro dos vistas de la Roca Sagrada que expone el libro de Brian Bauer.

La forma del perímetro del espacio sagrado esta vinculado a la silueta de la constelación madre.

La Roca Sagrada, punto central de espacio sacro en la isla del Sol posee contornos, forma, asociada al perfil de la constelación de la Qollca. La figura se encuentra en el libro de Brian S. Bauer «La islas del Sol y de la Luna»

La Roca Sagrada, punto central de espacio sacro en la isla del Sol posee contornos, forma, asociada al perfil de la constelación de la Qollca. La figura se encuentra en el libro de Brian S. Bauer «La islas del Sol y de la Luna»

Recomiendo el estudio de Brian S. Bauer y Charles Stanish: Las islas del Sol y de la Luna, ritual y peregrinación en el lago Titicaca. Contiene, a mi juicio, la más completa información sobre  el santuario. Presenta, además, datos sobre la prehistoria del lugar, las actividades incaicas y de inicios de la colonia, los peregrinajes que se hacían a este lugar, que competía en importancia con el santuario del Qoricancha y el de Pachacamac.  

Es un momento oportuno, cuando se siente una extendida preocupación por recuperar nuestro antiguo pensamiento, nuestros rituales y costumbres, para convocarnos para efectuar un peregrinaje al Santuario del Sol y la Luna.

El itinerario comprendería una visita previa al Santuario de Inka Kamaña, y acercarnos a lugar donde descansan los restos de Gamaliel Churata.

Aliento a sumar intereses, para llevar adelante esta travesía sacra, en un plazo muy breve.

La oportunidad del momento también se enlaza con la realidad de descomposición social en la que se debate nuestra sociedad; inmoralidad, coimas, negociados, violencia generalizada, uso del Estado en provecho personal y de grupo, son la norma en estos años. Es momento de impulsar un movimiento de recuperación de nuestras capacidades sociales más genuinas que están intactas en amplios sectores de nuestra sociedad.


[1] Alfredo Torero. El quechua y la historia social andina. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 1974, p. 142.

[2] Alfredo Torero. Cuestiones de lingüística e historias andina. Compilación, Tomo I. Huacho, Perú, 2011, pp. 310, 311.

[3] Leonidas Bernedo Málaga. La cultura Puquina. Instituto de Extensión Cultural de la Universidad San Agustín de Arequipa. Ediciones  Populibro. Lima, 1958, pp. 31 al 36.

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