¿Por qué el Tahuantinsuyo no fue un Imperio?

Presento algunos párrafos desarrollados en el libro “Sabiduría filosófica del Yawar Mayu” editado por la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco en octubre de 2024, pero concluido en 2022.

Es un tema controversial asegurar que la organización quei culminó el desarrolló en el área andina fue un Imperio. Las voces a favor son mayoritarias. Asegurar que fue una Confederación es un concepto difícil de aceptar.

El planteamiento no es un ejercicio académico porque los resultados proyectan el tipo de sociedad que anhelamos. Reedificar un Imperio es tarea impracticable, mientras que desarrollar una nueva Confederación es un acto al alcance de nuestras posibilidades por cuanto llevamos en nuestros genes el respeto a la diversidad.

El año 2017 en el libro «Nación Andina» hice un planteamiento que muestra la orientación de mi pensamiento respecto al tema. En ese momento señalaba:

“El reencuentro del pasado y el presente puede ser resuelto de diversas maneras, desde el pretendido renacimiento del fenecido Tahuantinsuyo con sus paradigmas y prácticas ancestrales  que nos revivan la huaraca y la macana, como también persistir en zafios y estériles ensayos mestizos maquillados de andinismo acriollado cuyas expresiones  adornan los espacios públicos con placas echenique o monumentales figurones incas encaramados en brutales argamasas de piedra que no sabe ser ancestral o contemporánea. El pasado que se imita carece de progenie, es fútil, pueril, nace estéril, infecunda, útil para enaltecer nuestra incapacidad de ascender sobre las ascuas de una civilización extraviada y erguirse sobre su legado, superarlo, trascenderlo. Esta crítica al pretendido arte mestizo es buena manera de comprender la inutilidad de la imitación desde la política y provocar que una sociedad exultante de pasado carezca de futuro. Del mismo modo que es imposible revivir el imperio babilónico o el romano sin caer en el riesgo de retornar a los fasci de combatimento italianos y de quedar sujetos a una torpe y diminuta interpretación de la historia, es inviable revivir el Tahuantinsuyo. Lo que permanece vivo es su legado, actuante, base para seguir construyendo sobre sus bases, negando y asintiendo sus ecos, edificando con diorita nueva el hogar que requerimos. Aquí se trata del destierro de  una forma de pensar  y actuar que proviene de las fuentes filosóficas occidentales y que son la causa primera de la ausencia de nación en nuestro territorio y que es soporte de un régimen criollo colonial de estirpe extranjera y de su sustitución por un régimen de naturaleza andina, de fundamentos filosóficos propios, no inca, no caral ni moche, no huari, tampoco tiahuanaco, sino continuidad distinta, superior, tributario directo de nuestra milenaria cultura, pero no su copia, no su clonación inalterada. Copiar sería un mentís a la creadora sociedad que nos precedió, a sus líderes y tradiciones más sentidas, que son muestras irrepetibles. Requerimos usar el concepto de futuro construido por los ancestros, señal del pasado que va delante de nuestras vidas, alumbrando el camino por venir. Encontramos ya huellas modernas que seguir en la economía, arte, música, que han sido construidas por el pueblo andino sin orden ni concierto y sin dominio político. No se trata de utilizar piedras de doce ángulos en nuestras nuevas ciudades, sino de recoger los múltiples ángulos que hoy posee la cultura andina y encauzarlos en una vía común e integradora”.

Veamos los criterios que ha tomado en el libro “Sabiduría filosófica del Yawar Mayu”, aquello que se esbozo en 2017.

“Se usa el nombre de Imperio para describir un organismo social íntegramente alejado del concepto, conveniente para describir sociedades de coercitivos y homogeneizadores liderazgos políticos, económicos sustentados en el poder militar, supresores de lenguas, de exacciones y opresión de naciones y culturas que reivindican el exterminio del distinto. Aquí desarrollamos un colectivo Confederado con criterios de unidad que emergían del par y de sus múltiplos, basada en fundamentos compartidos y necesarias y estimulantes diferencias, sostenida en la complementariedad y correspondencia. Nuestra experiencia no conjuga con las categorías imperiales y tampoco sostiene la inexistencia de conflictos y resistencias en el tejido confederado, resueltas con principios de inclusividad y  complementariedad conocidos. El término Imperio es una denominación que el Inca Garcilaso de la Vega ayudó a promover por el afán de ubicar a sus antepasados en igualdad de condiciones frente a las prestigiosas formas imperiales del continente europeo; sin embargo, el íntegro de sus comentarios no explican un Imperio, sino la conjugación de diferencias. Junto a los conceptos que han tratado de explicarlo se han imaginado fortalezas donde hubo imitación y confraternidad con el cosmos, creyendo ver en ellas imitaciones de torreones defensivos o ciudades amuralladas protegidas con almenas y pozos con alimañas propias de los imperios esclavistas y feudales europeos. Nuestra sociedad se irguió desde ayllus diferenciados como se distinguen las especies en las clasificaciones biológicas europeas. [1] urgidos por afrontar la reproducción de sus sociedades en armonía con un espacio donde la diversidad se transforma en metros de distancia. Se habitaban espacios apenas delimitados con frecuencia por señales surgidas de la propia geografía y donde la asociación de intereses y complementariedad se imponían sobre requisitorias violentas. Aquí se hablaron cientos de lenguas florecidas por el estímulo a la diferencia y por las propias condiciones que imponía la incontable variedad de climas y suelos. Son razones que explican que los propios quipus, estructura fundamental en el orden andino, tenían variedades regionales y locales. Ninguna cultura líder de los horizontes de desarrollo impuso dominio imperial, razón adicional para interpelar y desmentir denominaciones imperiales improcedentes. El concepto de hegemonía es útil para explicar el liderazgo de sucesivas culturas que actuaron como conductoras de una experiencia pluricultural y pluriétnica. Los episodios puntuales de agresividad y contiendas bélicas en los procesos de integración confederada no estaban orientados a la imposición de superioridades tecnológicas y sociales o supresión y exterminio de ninguna colectividad diferente ni al sometimiento esclavizante que emana de comunidades de criterios monoculturales y excluyentes. Desvirtuar esta visión no es solamente un ejercicio teórico, sino de vital importancia para imaginar y concretar nuestro futuro: es muy difícil recrear un imperio cuando nuestra realidad y tradiciones nos facilita seguir las milenarias huellas de experiencias confederadas y multiculturales”.

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“La particular composición de espiritualidad y sabiduría es responsable de la gran capacidad inclusiva que tuvieron las culturas andinas, y lo fue también del transigente recibimiento que dieron a los invasores hispanos. Los definieron como grupo étnico a incluir en el inmenso mosaico cultural que nos constituía; su escaso número acrecentó la impresión. Sus extrañas características no se estimaron amenazantes e hicieron uso de los fundamentos que edificaron entendimiento entre incontables etnias diferenciadas, considerando posible entenderse con ellos en un nosotros inclusivo en el amplio espacio de la multiculturalidad. Son consideraciones que no se originan en principios que rigen imperios”.   

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 “Por otro lado, la categoría imperial no permite comprender en su dimensión más certera la respuesta al proceso invasivo occidental. Un imperio no reacciona como actuaron los andinos de entonces, en apariencia pusilánimes, sin capacidad de respuesta militar. Una Confederación no es timorata, pero sí cauta, no utiliza fortalezas ni tiene en el cauce militar su principal herramienta de defensa porque usa su experiencia de entendimiento entre distintos y porque el empleo de la fuerza contra un enemigo desconocido y externo exige diálogo previo, voluntad de hallar consensos entre las colectividades confederadas antes de llevar al enfrentamiento a fuerzas militares. Obtenemos entonces la reconversión de juicios equivocados: el apocado deviene en cauto, el militar impotente es entendido como transparente negociador y buscador de complementariedades. El imperio desaparece bajo un solado de centenares de culturas que buscan la paridad, correspondencia, complementariedad, y hace extendido uso de la afectividad y espiritualidad, la inclusividad. Por este razonamiento la supuesta traición de determinadas etnias y culturas es entendida como el uso de prácticas ancestrales de negociación y obtención de ventajas y no un acto de liberación frente a invasores imperiales que fue considerada etnia equivalente”.


[1] Gary Urton. El cosmos andino. Ediciones El Lector. Arequipa, 2022. Págs. 163-184.

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