La ineludible confrontación ideológica y cultural.

Aspectos generales


Las confrontaciones ideológicas nunca han estado ausentes en el mundo. Se han desarrollado entre fronteras menos amplias, es cierto, pero han movilizado sociedades con un protagonismo muy alto de las élites dirigenciales. Cuando el rey persa Darío I pretendió invadir Grecia hace dos mil quinientos años, llevaba consigo una manera distinta de entender el mundo y tenía también el propósito de imponer un modelo de sociedad distinto. Ocurrió de nuevo en los años setecientos de nuestra era, cuando los árabes integrados tras la fe musulmana invadieron la península ibérica y generaron honda repercusión en el desarrollo de Europa influyendo también en la invasión y colonización de nuestro continente Pachamama. Al desarrollarse esta brutal experiencia ocurrió el cotejo de dos antagónicos proyectos sociales. Esta contienda no se dirimió entre fuerzas civilizadas y primitivas, sino que conjugó la oposición de dos formas de organización social: una, centrada en la comunidad, de vida colectiva y comunión con la naturaleza, y la otra, edificada sobre el individuo, monocultural, depredadora de la naturaleza y carente de capacidad inclusiva. Es tan clara esta confrontación que, al interior de las fuerzas invasoras, se dieron también diferencias ideológicas acerca de la caracterización de nuestros antepasados y, sobre el modo de actuar dentro de la dominación. 
La expansión de las culturas hegemónicas en nuestro continente también enfrentó luchas culturales, porque no es otro el sentido, por ejemplo, del encuentro entre los quechuas cusqueños y los mapuches sureños o las contiendas en el norte con las culturas del ahora territorio ecuatoriano. Distinguimos en este escenario diferentes objetivos e intensidades en los cotejos culturales que no ofrecían diferencias civilizatorias que pretendieron la erradicación de pueblos, sino las complementariedades sociales y la integración en un proyecto panandino de bases compartidas. 
El territorio de mayores confrontaciones fue el que alberga a Europa occidental y oriental, por sus diferencias en sus formatos sociales. Puede tratarse de una gruesa diferenciación, pero irrefutable por los elementos y realidades que lo explican. En nuestra época es necesario distinguir particularidades en este escenario, porque no son de igual contenido las diferencias ruso-europeas que las chino-occidentales.  En épocas muy posteriores surgen las diferenciaciones Norte-Sur más orientadas a discutir y mostrar diferenciaciones económicas y materiales, antes que ideológicas.
En esta continua serie de confrontaciones, la doctrina comunista o socialista inaugura un periodo inédito porque desplazó la necesidad de defender o invadir territorios y trasladó el conflicto a los espacios nacionales. Esta vez, la dialéctica contienda ideológica se desarrolló en el interior de los territorios. Sabemos los resultados, la práctica desaparición de la disputa ideológica por la derrota de la doctrina comunista como fuerza oponente al capitalismo, ha extinguido la más importante confrontación de ideas sociales desarrollada en el mundo en el último siglo. Observar esta pugna como expresión de diferencias culturales no es un campo del análisis muy concurrido porque descuida entender la decisión de vivir en comunismo o capitalismo como una elección profundamente cultural. Si esta disyuntiva no lo es, entonces ¿cuál sí?
El cese de la confrontación comunismo-capitalismo ha abierto el escenario mundial para el surgimiento de enfrentamientos ideológicos multiformes. Desatender las razones surgidas de los textos y de la doctrina teórica surgida de la economía ha volcado la mirada de las colectividades hacia sus culturas y religiones. El período ha coincidido con el impresionante desarrollo de las comunicaciones que ha acercado a los pueblos de manera inédita y permitido mirar el nivel de desigualdades en el mundo, ver y escuchar a las colectividades que antes permanecían sin voz ni representación política. El conocimiento que han obtenido las sociedades sometidas ha servido para entender las profundas diferencias culturales que las naciones mantienen no obstante los siglos de dominio a las que han estado sometidas. 

El momento señala el desarrollo planetario de una lucha cultural-ideológica sin precedentes; como no se ha dado antes del fin de la utopía marxista y de la universalización de las comunicaciones.
Las sociedades dominantes y sus líderes creyeron que la estrecha relación económica que los pueblos habían alcanzado serviría para acelerar el proceso de homogeneización de las sociedades, en marcha desde el siglo XV. Pensaron que caminábamos con soltura hacia una hegemonía más profunda de las colectividades dominantes y  una generalización de la sociedad de consumo. El marxismo, con otros contenidos también apuntaba a un objetivo similar. Pero no fue así. La realidad ha sido distinta. Es en estas circunstancias que, las diferenciadas poblaciones han aprendido que, tras siglos de segmentadas confrontaciones culturales e ideológicas, la defensa de sus culturas es el escenario nodal de su vigencia y permanencia y evolución. 
Esta realidad se puede observar en los muchos escenarios de conflicto cultural, también en la manera cómo se confrontan las religiones, y se hace la defensa de las particularidades culturales; la manera en que las sociedades reciben a los migrantes; las teorizaciones en pugna; todas son muestras sencillas y palpables de estar ante un escenario con inéditos elementos.  
Se han abierto espacios de desarrollo cultural-ideológico en pequeños territorios geográficos, que obedecen al reconocimiento de estas colectividades como entidades culturales únicas y autónomas. Los planteamientos teóricos que desarrollan para explicar sus especificidades sociales emergen de la cultura. Son confrontaciones que trascienden el conflicto Este-Oeste, Sur-Norte, y que abarcan a colectividades que ocupan el mismo territorio, como se ve en el enfrentamiento de palestinos y judíos; entre catalanes y españoles; a los Uigures y la mayoría Han; Azerbaiyán y Armenia; Yemen, y otros. La lista es muy numerosa y los medios de comunicación no exhiben estas diferencias presentando el conflicto como la lucha eterna entre civilización y barbarie.  
Pero no olvidemos que, junto al proceso de victorias sucesivas sobre los proyectos socialistas como oponente ideológico, se ha ido configurando un pensamiento capitalista más radical y extremo que tiene varias facetas: económica, social, política, militar. Uno de sus propósitos es destruir toda forma de pensamiento contestatario al sistema, reprimir la organización del pueblo rebelde a las injusticias de una formación social que se ha creado sobre la necesidad de las diferencias extremas. El capitalismo tardío en el que se inserta este proyecto se ha dado cuenta de la necesidad de aniquilar todo rescoldo reivindicativo en las sociedades. En este poder contemporáneo en proceso de hacer hegemónicos sus objetivos, no hallamos los espacios democráticos permitidos en el periodo previo. No, aquí se alza una internacional reaccionaria y violenta, con países centrales y periféricos, que no repara en sembrar de muertos y desaparecidos cualquier espacio que desafíe sus fuerzas. Hay experiencias precedentes que se están usando como modelos a repetir y mejorar. Hablamos del fascismo totalitario y sangriento que empezó a gestarse después de la Revolución de octubre y que ha asumido diversos formatos desde entonces.   

Enfrentar estas amenazantes acciones requiere lucidez para diagnosticarla con detalle y doctrina y organización política para detenerla. Es imprescindible la acción coordinada de todas las fuerzas sociales comprometidas con la defensa de territorios y logros conquistados. Las fuerzas que nos constituimos en torno a la recreación del pensamiento antiguo y de sus formas comunales de organización tenemos una tarea enorme. Nos es favorable estar edificando un pensamiento que oriente estas luchas junto a las fuerzas nunca derrotadas ni extintas, con formatos sociales que están allí, intactos para entablar una lucha nueva y sin precedentes que tiene como norte ineludible la derrota total del inhumano capitalismo. 


Territorio andino

En el territorio andino: Ecuador, Perú y Bolivia, las diferencias culturales se hacen verbo y acción, también palabra escrita.Reconocemos otros espacios de confrontación en nuestro continente, pero nos detenemos en el territorio andino porque es el nuestro y porque aquí es donde se están reactivando antiguas formas de pensamiento que se han conservado vivas a través de los siglos de dominio y marginación. Surgieron a partir de la recuperación y fortalecimiento de ceremonias sacras, de diferentes formas de recreación, de música antigua, de vestimenta, de efemérides, abarcando luego otros ámbitos más integrales que incluyen la redención de la memoria social y política, el rescate de topónimos, apellidos, lengua, hábitos y costumbres.

La confrontación muestra las diferencias entre quienes se sitúan dentro de la naturaleza y de otros que, se sitúan fuera de ella y  desean usarla desde pensamientos exóticos. Para muchos resulta incomprensible que se pueda explicar nuestra realidad con los elementos que proporciona nuestro entorno físico. Les resulta intolerable que se piense nuestra Pacha prescindiendo de toda influencia teórica externa. En base a las diferencias con otras colectividades políticas hallamos la distinta manera de interpretar lo que somos. 

Pensamos desde nuestro lugar, nuestro territorio, o continuamos usando formas exóticas e inadecuadas de observar nuestra realidad. Pienso desde mi Pacha para mi Pacha. Desde mi espacio-tiempo. El lugar de enunciación no está confinado por nuestros deseos. Es la propia naturaleza la que expresa la necesidad de interpretarla desde sus necesidades; la población que se ha mimetizado con esa naturaleza es la que desarrolla antagonismos sociales y económicos con las fuerzas colonizadas. Es también la que dicta la cultura, punto de origen del que se parte para enfrentar las diferencias sociales y económicas. Un valle es distinto a otro en nuestro territorio, una cuenca hidrográfica es diferente a otra, ningún río de nuestra Amazonía es similar a otro; los arenales costeños, no obstante parecer semejantes, tienen particularidades propias para un observador atento. Ningún pensamiento totalizador puede servirnos para orientar nuestras vidas y destinos, debemos  pensar cada espacio y tiempo de manera particular. Por eso es que los Apus locales gobiernan espacios pequeños, reducidos; los Apus regionales cumplen un papel más bien sacro, panandino. Todo espacio diferenciado geográficamente necesita, exige una interpretación distinta para lograr la más alta complementariedad con sus ocupantes. 

Es esta una realidad que no se inventa ahora, es la milenaria tradición ancestral la que enseña el camino. No es casualidad que florecieran aquí mil lenguas y mil sociedades distintas. Solo el  fatuo propósito uniformizador occidental ha querido  mestizar lo que es vida particular, savia específica. 

La necesidad de un pensamiento autónomo nos lleva al careo entre las milenarias fuerzas que se han conservado en la resistencia y ahora resurgen de sus espacios de protección y los  herederos de la invasión. Es el comparendo entre nuestra naturaleza pluricultural, plurilingüe, plurinacional y la única lengua del opresor, el único Estado de la dominación. 
Somos parte de la centenaria resistencia y lucha de quienes defendemos el derecho de recrear y crear formas de vida que recojan milenios de experiencia social que fueron consideradas obsoletas e incivilizadas, por los dominadores.
Si la resistencia no deviene en formas de lucha política, cultural e ideológica entonces todo el proceso de emancipación nacerá muerto, será nada. Ahora, hay un desplazamiento todavía larvario de estas formas culturales hacia objetivos políticos. Se está haciendo esta marcha, pero en muchas comunidades se observa la ausencia de voluntad política en sus componentes, notorio en sus espacios de liderazgo que aún siguen considerando a nuestro pasado como objeto de estudio.
Lo subrayo, no se trata de pretender crear forma de actuación política de alcances universales, como lo han hecho las religiones y las culturas dominantes o la doctrina que creyó en la internacionalización de un solo pensamiento y acción. La solidaridad entre pueblos hermanos alrededor del continente y  el mundo es una necesidad impostergable, para establecer políticas compartidas donde sea posible y necesario, sin pretender exportar prácticas y pensamientos; compartir experiencias, ayudarnos en nuestros procesos de emancipación. La eficacia de estos procesos será posible siempre que esté orientada a resolver los procesos de liberación en nuestros territorios. Otros pueblos compartirán nuestra experiencia, repetirán algunos procedimientos, pero cada uno tiene una Pacha distinta. 
Las páginas de Willakuy en sus siete ediciones son una demostración de este propósito: de hablar y de actuar desde el espacio andino. Desde este espacio-tiempo pensamos, comunicamos y actuamos.

Consideramos por ello que, los componentes de esta acción deben transitar los pasos siguientes:  
— Reconocimiento de diferenciaciones culturales. 
— Avance en el registro de la identidad cultural en sí hasta alcanzar el estadio cultural para uno, para sí.  
— Búsqueda de comunidades afines.
— Desarrollo de pensamiento, sabiduría filosófica y teoría política
— Avisoramiento de formas avanzadas de organización social.
— Activación  dentro de las colectividades sociales organizadas.  
— Participación en la formación de organizaciones políticas. 
— Formulación de objetivos políticos claros y de largo plazo.
— Trabajo en la construcción del poder y de la hegemonía social.

Diferenciaciones andinas

En estas tareas distinguimos fuerzas diferenciadas  dentro del extenso espacio de enunciación nuestro. Para apreciarlas contamos con  el pensamiento y la acción de referentes políticos y culturales que han alumbrado y alumbran el camino de nuestra liberación desde hace siglos. Tomo el nombre y la tesitura de cinco irremplazables personajes de nuestra antigua cultura. Señalo que no son distinciones que definen un estrato en posición superior a otro; todos ellos son parte de un mismo proceso, todos están orientados a un mismo propósito; todos son  útiles y necesarios:  
Están los Garcilasistas que son tributarios de las ideas y acción del distinguido quechua cusqueño. Rescatan los valores ancestrales, pero no aceptan sus principios ni valores como sustitutos de las fuerzas colonizadoras y hegemónicas que nos dominan. Se identifican con nuestro pasado, lo aprecian y lo encumbran, pero eligen el pensamiento colonizador para pensar el futuro. Son útiles y funcionales a las fuerzas dominantes; muchas veces devienen en sus instrumentos de dominación. En este grupose hallan los que aún consideran a nuestro pasado como exclusivo  objeto de estudio.

Tienen presencia los Guamanpomas, que se orientan por los criterios desarrollados por el enorme indigena lucana-yaruwillka  Guaman Poma de Ayala. Impulsan escenarios de aguda confrontación con el poder dominante, en algunos aspectos son radicales en el empeño. Pueden llegar a plantear la separación territorial de las culturas en pugna, pero cuando piensan en la orientación para nuestra cultura, razonan regulados y dominados por el pensamiento occidental, por la religión extranjera, por sus sectas. Albergan antagonismos entre lo que son y quieren ser. Fuera de la historia y de la época argumentan en contra del inexistente imperialismo quechua y consideran posibles separaciones de una unidad que no puede desintegrarse. Reconocen la riqueza cultural antigua pero titubean cuando se trata de considerarla modelo para la sociedad del futuro. 

Actúan los Santacrucistas que recogen del gran quechua-collagua su apego a los rituales, a la reivindicación de ceremonias sagradas y, centran su accionar en recuperar espacios sociales que les permitan la ritualidad que ha sobrevivido separada de su contexto político. Cuando se trata de actuar políticamente, eligen las organizaciones de la dominación. Con frecuencia, son opuestos a acciones políticas porque consideran que la sacralidad ancestral está reñida con la política. Desconocen que el ritual sacro era la calcina de lo político y que la espiritualidad antigua era la columna vertebral del desarrollo político y social. Al carecer de una visión política sobre el futuro nuestro, optan por seguir las orientaciones de las fuerzas dominantes. En muchas ocasiones actúan como operadores eficaces de las mismas.  

Los tupamaristas, actúan siguiendo solamente las acciones de nuestro más distinguido rebelde quechua. Privilegian la acción concreta, sin lineamientos teóricos o ideológicos. Sus prácticas muchas veces se pierden en activismos ineficaces para la construcción del poder andino.  No participan de organizaciones comunales ni promueven su desarrollo y se pierden en un individualismo intrascendente. 


Los churatianos, inmersos en el gran espacio tributario del marxismo, lugar desde el que desean establecer puentes con el pensamiento indígenas. Como lo pretendió hacer el gran pensador Gamaniel Churata. Tienen como mirador esencial el materialismo dialéctico, preferentemente en su versión  mariateguista, y desde ese lugar quieren otorgarle racionalidad al pensamiento ancestral. Su deseo es subordinarlo a sus planteamientos, hallar la manera de hacerlo civilizado. En el intento lo que consiguen es anularlo, subordinarlo a sus intereses ideológicos. Muchos de los teóricos, y prácticos también, de esta corriente son hijos de nuestra cultura, formados por la leche materna ancestral, pero insisten en lograr una armonía imposible y también son reacios y reacias a abandonar antiguos y obsoletos credos por el prurito de no ser considerado incivilizado.

Los arguedianos, estamos influidos por el pensamiento de este singular  personaje indígena proveniente de la cultura quechua-chanka. Lo consideramos héroe de la resistencia indigena y absolutamente alejado de la pretensión de otros que lo consideran inofensivo héroe cultural. Desarrollamos un claro deslinde entre la sociedad cercada y los cercadores y propugnamos un nítido camino político de nuestras  acciones. Rescatamos las tradiciones, el lenguaje antiguo, las formas comunales de vida social, el respeto a la naturaleza y el pensamiento mítico como orientador de acciones prácticas. También reconocemos nuestro pensamiento inclusivo. No somos aculturados, por ello defendemos la edificación de una nueva civilización, asentada en la nuestra, precedente. No creemos que esta civilización individualista pueda ser corregida con refundaciones, parches y un mejor seguro social. 
Defendemos un camino autónomo de desarrollo político, asentado en nuestras tradiciones y deslindando con todas las fuerzas en pugna que son extrañas a nuestros propósitos. 
Reconocemos la necesidad y la importancia del desarrollo teórico y de la acción práctica en toda acción política. Reconocemos que el desarrollo del pensamiento avanzado, de la sabiduría filosófica debe hacerse desde nuestros territorios, porque imitar desde aquí resulta escandaloso y porque consideramos al Perú como infinita fuente de creación.

Desechamos la rabia como orientador de nuestra acción política y social y cultural. Creemos que estas son labores que requieren ecuanimidad, mesura y radicalidad y, sobre todo, perseverancia. 

Creemos en una sociedad andina de todas las sangres, pero dirigida por las sangres ancestrales. Nadie puede quedar al margen del proyecto nacional, cada colectividad debe tener su lugar en este largo proceso de forjar la nación andina. La hegemonía tiene que ser nuestra. 

Pensamos que es este el camino que debe transitarse en ruta a lograr la hegemonía en el escenario político social del gran espacio andino y edificar las condiciones para un proceso irreversible de emancipación y de organización de un periodo civilizatorio distinto, nuestro. Estamos convencidos de que este proceso involucra también la liberación de  los opresores, la superación de su inhumana condición de dominadores para ser para invitarlos a ser después parte de la comunidad de naciones y de pueblos que deben resurgir en nuestro territorio. 


 
Al Arguedas, político, lo hallamos en su literatura y poesía,  Inútil buscarlo en los  textos antropológicos o en los ensayos breves. De allí extraemos su pensamiento. Esta vez, se trata de párrafos de su obra El Sexto, donde Gabriel, el joven estudiante y protagonista de la novela conversa con Cámac, indio aculturado y marxista con quien comparte carcelería y quien oscila entre su identidad primigenia y el alienado mestizaje, entre su misticismo antiguo y su marxismo dogmático. Gabriel-Arguedas, le dice: 
─Cámac, el Perú es mucho más que el General y todos los gringos. Te digo que es más fuerte porque no han podido destruir el alma del pueblo al que los dos pertenecemos. He sentido el odio, aunque a veces escondido, pero inmortal que sienten por quienes los martirizan; y he visto a ese pueblo bailar sus antiguas danzas; hablar en quechua, que es todavía en algunas provincias tan rico como en el tiempo de los incas. ¿Tú no has bailado el toril en Sapallanga y en Morococha misma? ¿No te has sentido superior al mundo entero al ver en la plaza de tu pueblo la chonguinada, las pallas o el sachadanza? ¿Qué sol es tan grande como  el que hace lucir en los Andes los trajes que el indio ha creado desde la conquista? ¡Y eso que tú no has visto las plazas de los pueblos del Cuzco, Puno, Huancavelica y Apurímac! Sientes, hermano, que en esos cuerpos humanos que danzan o que tocan el arpa y el clarinete o el pinkullo y el siku hay un universo; el hombre peruano antiguo triunfante que se ha servido de los elementos españoles para seguir su propio camino. Los ríos, las montañas, los pájaros hermosos de nuestra tierra, la inmensa cordillera pelada o cubierta de bosques misteriosos, se reflejan en esos cantos y danzas. Es el poder de nuestro espíritu. ¿Y qué hay en los señores y en los misteres que dominan nuestra patria? ¿Qué hay de espíritu en ellos? Sus mujeres tienden a la desnudez, casi todos los hombres a los placeres asquerosos y a amontonar dinero a cambio de más infierno para los que trabajan, especialmente para los indios.
Cámac se reanimaba a medida que Gabriel le iba hablando. Se acomoda lo suficiente y se mantiene atento al mensaje del estudiante quechua que continúa hablando:
─ ¿Cuál es la diferencia que hay entre estos señores y los cholos e indios para quienes toda la miseria es considerada legítima a su condición de indios y cholos? Son ellos los que mueren, como tú dijiste una vez. No se puede en este mundo mantener por siglos regímenes que martirizan a millones de hombres en beneficio de unos pocos y de unos pocos que han permanecido extranjeros durante siglos en el propio país en que nacieron. ¿Qué idea, hermano Cámac, inspira a nuestros dominadores y tiranos que consideran a cholos e indios de la costa y de la sierra como a bestias, y miran y oyen, a veces, desde lejos y con asco, su música y sus danzas en las que nuestra patria se expresa tal cual es en su grandeza y su ternura? Si no han sido capaces de entender ese lenguaje del Perú como patria antigua y única, no merece sin duda dirigir este país. Y creo que lo han sospechado o comprendido. Se empeñan ahora en corromper al indio, en infundirle el veneno del lucro y arrancarle su idioma, sus cantos y sus bailes, su modo de ser, y convertirlo en miserable imitador, en infeliz gente sin lengua y sin costumbres. Están arrojando a los indios por hambre, de las alturas, y los amontonan en las afueras de las ciudades, entre el polvo, la fetidez del excremento y el calor. Pero se están poniendo una cuña ellos mismos. A un hombre con tantos siglos de historia, no se le puede destruir y sacarle el alma fácilmente; ni con un millón de maleantes y asesinos. No queremos hermano Cámac, no permitiremos que el veneno del lucro sea el principio y el fin de sus vidas. Queremos la técnica, el desarrollo de la ciencia, el dominio del universo, pero al servicio del ser humano, no para enfrentar moralmente a unos contra otros ni para uniformar sus cuerpos y almas, para que nazcan y crezcan peor que los perros y los gusanos, porque aun los gusanos y los perros tienen cada cual su diferencia, su voz, su zumbido, o su color y su tamaño distintos. No rendiremos nuestra alma.(Arguedas, 1983, pp. 273, 274). 

Otra idea de Arguedas que consideramos de fundamental dimensión política es su opinión sobre las comunidades antiguas. La expresó en la ingrata Mesa Redonda del IEP, en junio de 1965. Respondiendo a las objeciones, dice: “La comunidad antigua puede servir de base para una comunidad moderna” (Rochabrún, 2000, p. 48). En base a esta afirmación orientadora propugnamos como base social y política una gran Comunidad de comunidades, donde el Estado tenga una presencia coordinadora y gestora de algunas responsabilidades básicas.  

La gran tarea es conseguir un trabajo unitario con todas las fuerzas andinas, independientemente de sus adscripciones a los referentes mencionados en los párrafos previos. Todos somos necesarios, ninguno sobra. Acompañarnos hacia la acción política es un mandato ineludible de la historia. Es el camino hacia la hegemonía social, hacia el poder político, hacia el ejercicio más elevado que un ser humano puede ejercer en vida: actuar, escribir, conducir nuestras comunidades supervivientes a la más alta realización humana: la política.

La necesaria e ineludible confrontación


La confrontación se da en varios frentes, no se requiere hacer un llamado especial para solicitar alguna particular presencia; están allí activas y  frente a nosotros, las fuerzas que se oponen a todo proyecto transformador, o inclusive apenas renovador. Los medios de comunicación, los recintos educativos y familiares, se cuentan entre los principales. Pero es necesario ir a los fundamentos, a los espacios donde se originan las ideas matrices que organizan las sociedades para distinguir tres vectores principales con quienes confrontar: el sistema dominante, las fuerzas contrarias a esta dominación y las iglesias. 

El poder económico y los Estados que lo amparan y sustentan, sus ideólogos, en las últimas décadas han desarrollado una forma extrema de pensamiento económico que, bajo el marbete de neoliberalismo, ha impuesto a nivel internacional un ordenamiento social y económico de brutal impacto en los países colonizados. Sus postulados señalan, entre una serie de conceptos e ideas, que cualquiera puede superar sus precarios niveles de vida o hacerse millonario, que todo depende de la voluntad personal y de la constancia para imponer las voluntades individuales evitando consideraciones éticas y morales de respeto por el prójimo y la naturaleza, olvidando a los millones de seres que no eligen la pobreza para vivir. Como parte de esta visión se privilegia la individualidad en la convivencia social que tiene su correlato en la condena y represión a toda forma política que apunte a asociación colectiva en el quehacer económico: la propiedad privada y el mercado incontrolado como dioses insustituibles del ordenamiento social. Esta fuerza regente transforma o aniquila toda forma disidente. En aquellos territorios donde acecha el poder la oposición radical es destruida militarmente o sancionados económicamente, junto a una guerra cultural de gran intensidad. 

Las fuerzas visibles que ofrecen algún tipo de oposición a esta avasallante realidad son comprendidos bajo una etiqueta que, sin distinciones a su interior, agrupan a los resabios del marxismo, el socialismo-comunismo que ha sobrevivido, no como expresión económica o estatal, sino como actores opinantes y de acción social y restringida a ámbitos burocráticos y académicos. Usan la potente inercia de la que fue un proyecto transformador, pero ignoran la debacle del marxismo y son tenaces en el propósito de hallar formas de mantener viva la doctrina acomodándose a los nuevos procesos insurgentes de densos contenidos culturales que no son entendidos diferenciados de esta decadente fuerza ideológica.

Mantienen vínculos organizados, influyen en la prensa, publican textos, detentan poder y, sobre todo, mantienen influencia ideológica sobre dirigentes, organizaciones y mentes juveniles. No ofrecen ya sociedades prefabricadas ni promueven el ejercicio de la violencia para la captura del poder. Ahora, tienen afanes más modestos: reorganizar la teoría y ver cómo obtienen un maridaje aceptable con la ecología, con la cultura, con el individuo y con las formas democráticas occidentales. Se observa en estos intentos un penoso desdibujamiento de los contenidos y fines originales de la doctrina que los hacen inservibles para influir en nuevas mentes como lo hicieron con millones de individuos que se adscribieron a la utopía marxista durante más de cien años. En el Perú, la figura y el prestigio del fundador de este pensamiento es de ayuda invalorable. Usan su límpida praxis para ignorar la incapacidad que tuvieron para conducir nuestra sociedad y no criticar los límites de sus postulados. Ofician de tenaces defensores de una propuesta ciertamente extinta y ensayando explicaciones que son una patética muestra de ensalzar a un Mallku en lugar de avanzar a superiores desarrollos. Lo cierto es que ahora se observa que sus propósitos se orientan a conseguir tardíamente un Estado de bienestar, obra que sí hicieron posible los disidentes del marxismo temprano en sociedades que lucen ciertamente más avanzadas que aquellas que fueron tributarias de una planificación central y burocrática.

Lo único que aspiran ahora conseguir es mejoras en el seguro social y proponer programas educativos inclusivos; poseen un lugar de excepcional exposición: las causas feministas que muchas mujeres de Occidente han elevado a la categoría de causa mundial con poco auxilio del materialismo dialéctico. También son eficaces en conseguir buenas posiciones en el tejido político y administrativo estatal, infiltrándose en administraciones afines que los acogen por sus versatilidades políticas y académicas. Esta fuerza opositora nunca nos ha considerado compañeros de ruta, no obstante que, la hoz del emblema nos pertenece. Hemos sido para ellos, y los seguimos siendo, un aspecto del sector agrario y de sus planes de gobierno. Estos organismos opositores nos aceptan como campesinos, nunca como poblaciones originarias. Para ellos somos primitivos pachamamistas, rezagos de una civilización derrotada e inviable para el progreso y la modernidad. Sus intelectuales se dedican a visitarnos en nuestras comunidades como objetos de estudio que después publican en empalagosos informes sobre nuestras excelsas cualidades comunitarias pero inservibles para la vida civilizada. Es cuando son amables con lo que observan, pero nos llegan a denominar “indiecitos desorientados y primitivos” cuando se expresan en privado. Les incomoda nuestra compañía. No perdonan no haber conseguido nuestro apoyo en sus proyectos armados y revolucionarios. Se acomodan mejor con las fuerzas campesinas, que ofician de comparsa secundaria de sus propuestas de siempre. No conciben la idea de que aquí habitan fundamentos teóricos y, sobre todo país, sociedad, historia, suficientes para cambiar el rumbo de nuestra sociedad. Pero no al estilo de capturas del poder o movimientos de viejo cuño, sino bajo los preceptos de un largo camino de reconstitución de las fuerzas ancestrales, aquellas que mantuvieron viva la idea y el propósito de la emancipación de la tiranía peninsular, mucho antes de que aquí se asomara siquiera algún escrito europeo contestatario, mucho antes de cualquier materialismo dialéctico. Sus líderes formaron ejércitos en apenas meses de acción concreta y sin el auxilio de ninguna teoría exótica, solo de la mano de su cultura y de su sed de emancipación. 

La iglesia católica, responsable ejecutora de la extirpación de idolatrías en nuestro territorio andino durante siglos, autora de atroces actos de fe con piras de fuego donde extinguieron vidas y objetos sagrados de nuestros antepasados, fueron siempre adversos a considerar equivalente a la suya a nuestra sacralidad excepcional. La fuerza de nuestras convicciones espirituales ha hecho posible la conservación de reducidas señales de nuestra densa estructura administrativa sacra, también ha tenido la sagacidad de asimilar prácticas católicas y adecuarlas a sus formas de desarrollar culto sacro. Creo posible considerar que se ha llegado a un punto de no agresión entre nuestras tradiciones y las extrañas. Es una realidad que ha ido variando en las últimas décadas con el ingreso de otras iglesias cristianas, agresivas en su afán de exterminar los rezagos de sacralidad todavía existentes. Hay entonces, en este campo, una labor que conlleva muchos desafíos , pero que es necesario ejecutarlos, con tino y sagacidad, usando nuestras tradiciones de respeto e inclusividad, pero  de tenaz defensa y desarrollo de una sacralidad nuestra que no tiene nada de subalterno respecto a las religiones monoteístas.

Las bases ideológicas sobre las que se deben de desarrollar estas acciones contestatarias se han ido desarrollando en sucesivos números de la Revista Willakuy. Resumimos aquí los postulados más importantes: 
— Estamos en el propósito de edificar un nuevo proyecto civilizatorio que reemplace el declinante sistema capitalista.
— No consideramos viable el uso de paliativos a la desestructuración social y económica que se arrastra durante siglos. Son inútiles los intentos por apuntalar estructuras que tienen fallas de origen; no tienen trascendencia las refundaciones republicanas diseñadas sobre fundaciones inexistentes. 
— Tenemos el objetivo de construir una comunidad de comunidades en la que cada comunidad tenga su específica forma de enfrentar la realidad por su particular ubicación en la geografía y sus distintos formatos sociales.
— Postulamos la creación de un Estado multinacional y pluricultural y plurilingüe, de delgada estructura que actúe como ente coordinador y se ocupe de tareas globales, como la defensa nacional y las relaciones exteriores junto a la edificación de la infraestructura nacional. Las comunidades locales en sus relaciones nacionales locales, regionales y nacionales, estructuraran la diversidad nacional. 
— Nos situamos clara y autónomamente en el universo de los cercados, combatiendo toda forma y  disposiciones nocivas emitidas por los cercadores.
— Hacemos trabajo político distinguiendo con claridad a los que nos consideran sus enemigos, a quienes estimamos adversarios y otros y a quienes reconocemos como hermanos políticos y culturales. 
— Poseemos una sabiduría filosófica que la aplicamos para resolver situaciones concretas en espacios  y tiempos concretos. 
— Usamos el principio de complementariedad para alcanzar el equilibrio necesario para establecer formas de colaboración y edificación de proyectos sociales conjuntos, con fuerzas afines.
— El escenario de nuestra acción política directa se extiende al ámbito andino, que comprenden Ecuador, Perú y Bolivia, sociedades con las que haremos posible la reconstitución espacial del antiguo territorio andino. 

Todo este esfuerzo político y social está encaminado a la edificación de un Nuevo Orden Andino en cuyos recintos no estará vedada la participación de ninguna colectividad cultural o política que provenga de otras vertientes culturales por cuanto lo Andino no engloba a todos en su inclusiva y poderosa  herencia cultural. 

Aspiramos a un país de todas las sangres, con la sangre andina en la hegemónica conducción social y política.

Extraemos nuestros principios de acción concreta de la sabiduría ancestral que privilegia la integración de lo diverso, el respeto a las diferencias, la hermandad con la naturaleza, la vida comunal, la recuperación de lenguas, territorios y el fortalecimiento de los lazos de parentesco. Para asumir estas consideraciones no es imprescindible vestir ropas tradicionales ni hablar una lengua distinta al castellano, solo es necesario asumir una identidad que nos haga tributario de los lazos con nuestros antepasados. Recuerden que la “causa proletaria” se nutrió en gran parte de ciudadanos no proletarios que asumieron esa causa como propia.
 

2 Comentarios

  1. Avatar de Gustavo Flores Quelopana Gustavo Flores Quelopana dice:

    Me pregunto si no es una inconsecuencia de tu parte que por una parte me remitas tus artículos y, por otra, me hayas eliminado de tus amistades en Facebook. No tengo inconveniente de seguir recibiendo tus escritos por este medio, pero dada tu susceptibilidad para la crítica me abstendré en lo posible de opinar sobre los mismos. Blog del Autor: http://www.gusfilosofar.blogspot.comEnlace: librosperuanos.com

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    1. Avatar de sawasiray sawasiray dice:

      Ni te he eliminado del portal que señalas ni soy adverso a la crítica. Sí, soy acucioso en solicitar se cite mis creaciones cuando se usan. Por otro lado, tampoco envío a nadie en particular mis escritos. Quienes lo reciben por este medio es porque se han afiliado de manera voluntario a este portal.

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