La experiencia del gobierno de Evo Morales

 

Tres elementos ocupan decisiva importancia en el análisis de la experiencia de Evo Morales como jefe de Estado: el contexto histórico, el factor étnico y la responsabilidad del propio gobernante.

El primer aspecto nos remite a comprobar que lo ocurrido en días recientes en Bolivia no es una realidad inédita o sorpresiva. El país hermano posee una violenta y agitada historia social y política cuya constante se repite con regularidad. Cuatro presidentes fueron muertos en el ejercicio de sus funciones: Pedro Blanco, Manuel Belzu, Agustín Morales y Gualberto Villarroel. Se discute si el presidente German Busch fue asesinado o cometió suicidio; me inclino por la primera alternativa. Pero hay más: seis ex presidentes, incluido José Antonio Sucre, fueron asesinados después de sus periodos de gobierno: Mariano Melgarejo, Hilarión Daza, Jorge Córdoba, José Manuel Pando y Juan José Torres.

No resulta descabellado suponer que en este algoritmo político la vida de Morales ha sido preservada por su renuncia y su posterior retiro a una zona de resguardo segura. Entre todos los sucesos violentos se encuentra mucha semejanza entre las biografías de Villaroel y Morales. Son notorias las coincidencias en especial en torno a las circunstancias de sus renuncias. En los días finales del mandato del primero, varias unidades del ejército en La Paz se declararon a favor de los insurrectos dejándolo desguarnecido en Palacio de Gobierno mientras turbas enardecidas lo asaltaban y ejecutaban. Echaron su cuerpo por un balcón del segundo piso para ser vejado por los enardecidos pobladores y ser colgado de un poste de la Plaza Murillo junto a cercanos colaboradores. La furibunda multitud ignoraba que su renuncia había sido firmada en horas previas. Poco antes de su linchamiento se había negado a ser conducido a la base de El Alto por una delegación de oficiales de la fuerza aérea que se acercaron hasta su despacho en Palacio Quemado para protegerlo. Un detalle que suma en el análisis: el nombre de la sede de gobierno se origina en el incendio que consumió sus instalaciones hacia fines del siglo XIX en medio de disputas por el poder. Otra coincidencia: en la asunción de su segundo periodo Morales utilizó en su discurso una frase que Villarroel hizo popular: no soy enemigo de los ricos pero soy mas amigo de los pobres.

Reconociendo las diferencias y propósitos de gobierno, Villarroel hizo una gestión reformista que favoreció a los obreros e indígenas. Impulsó el Primer Congreso Nacional Indigenista, el primero en Latinoamérica; abolió los servicios de pongueaje y la mita y suprimió antiguas costumbres con ribetes de esclavitud; creó numerosas escuelas campesinas e impulsó campañas de alfabetización; organizó granjas experimentales de carácter civil y militar y estabilizó la economía. Su gobierno también fue hostilizado por EEUU y por los poderes fácticos coloniales. Enfrentó con violencia a la oposición llegando a ser acusado de ser el promotor del asesinato de varios estudiantes en Oruro. Fue su punto de inflexión; los ministros del izquierdista MNR, recientemente fundado, que lo apoyaban abandonaron el gobierno y precipitaron la rebelión ciudadana. Hoy su legado ha sido reivindicado y su nombre es usado para nombrar geografías e identificar a la principal refinería de petróleo, nacionalizada por Morales. Avenidas e instituciones del Estado llevan su nombre y monumentos a su figura se observan por todo el territorio. Hay unión de propósitos y transformaciones entre ambos reformadores y, por escazas variaciones y circunstancias, casi comparten destinos finales.

Es violenta la historia boliviana, no por ello distinta a la ecuatoriana y peruana, herederos de una historia y destino común. No es casual que Tomás y Tupac Katari y Bartolina Sisa, líderes aimaras que acompañaron a Túpac Amaru, continuaron su rebeldía más allá de los plazos y objetivos del cusqueño. El accionar final de estos líderes impidió que el movimiento indígena tuviera la radical derrota que sufrió en nuestra patria. La fortaleza del boliviano movimiento indígena contemporáneo se halla unido a los resultados de aquellas gestas. Ocurre que tampoco Bolivia cobijó a un ideólogo que considerara a los indígenas un problema a resolver y tampoco se aprecia un líder político-militar que determinara su desindigenización y su conversión en camarada campesino. Aquí son indígenas y punto.

La insalvable brecha, hasta hoy, que separa a indios y criollos blancos es un factor decisivo en la interpretación de los acontecimientos en Bolivia. Soslayar esta realidad, privilegiando la lucha de clases, es un error manifiesto. No es Bolivia el único país con esta lacra colonial pero sí luce particulares características; hablamos de una sociedad en que la población de raíces ancestrales significa el 60% del total, por tanto se trata de una mayoría cuantitativa que carece de poder y representatividad política en la misma medida en que lo exige su objetiva presencia. La desigualdad sembrada con la invasión hispánica está en la base de esta inequidad y constituye el principal problema social a resolver en Bolivia y en los países del área andina. No es la inequitativa distribución de los medios de producción y de bienes materiales el principal escollo a resolver, tampoco el propósito de fijar nuevas relaciones de producción o inaugurar novatas formaciones económicas, sino combatir y destruir esta realidad saturada de racismo y exclusiones. No hay posibilidad alguna de acceder al desarrollo que lucen los países del primer mundo si no modificamos esta realidad. Es inviable una sociedad cuya realidad oficial niega representatividad política a la población de raíz ancestral. No hay ni habrá armonía ni comunidad mientras esta sublevante realidad se mantenga. Superar el nosotros y ellos es una necesidad ineludible si deseamos construir un destino común como sociedad. Una comunidad no puede adquirir cohesión y destino compartido si considera enemigos internos a un porcentaje mayoritario de la población. No superar esta lacra retrasa el desarrollo de la estructura productiva; hace imposible concebir integrados sistemas educativos y de salud; diseñar doctrina para las fuerzas armadas; idear un sistema judicial eficaz y compaginado con nuestra realidad; ocupar el territorio cabalidad. Las posibilidades de imaginar una sociedad integrada asentada en paz social deviene en una entelequia. Las otras realidades socio económicas hay que tratarlas, qué duda cabe, pero dentro del orden que establece la prioridad de las contradicciones principales.

Este básico factor, hemos visto, ha movido fuerzas invisibles y también verificables, en el propósito de derrocar al gobierno. Resulta inadmisible para muchos de la sociedad dominante aceptar que un indígena dirija la sociedad. El líder cívico que impulsó los días finales del levantamiento, es la expresión cabal, no la excepción, de miles de bolivianos que no están dispuestos a tolerar un gobierno de cuño indígena y que ingresarían a una guerra de castas para impedirlo. Gonzalo Pizarro no se ha ido de Bolivia.

¿Cuáles son las responsabilidades de Evo Morales? Muchas, sobre sus hombros recaen las principales razones de su contundente derrota. No podemos seguir usando argumentos que atribuyen a terceros los errores que emanan del propio accionar del líder y de sus estamentos de dirección. Señalo los siguientes puntos:

Primero: Ausencia de un proyecto político integral. Si lo hubo no se hizo notar en los momentos de declive del poder. Para ser breve y directo en este punto: Morales proviene de las canteras marxistas y es el producto de un largo caminar entre organizaciones socialistas. Revisar el historial del MAS nos exime extendernos en este punto. Su encuentro con el pensamiento andino es posterior y no fue precisamente adoptado con propósitos de convertirlo en el eje central del ejercicio del poder. Su accionar estuvo mediatizado por los cartabones que esta doctrina impone sobre sus adeptos, castrando la ductilidad que conserva el pensamiento andino. Pensamiento, y hay que decirlo, que todavía no reconoce que encierra en sí mismo una epistemología, o teoría del conocimiento, absolutamente distinta a la occidental. La alienación y el sometimiento ideológico ha provocado la permanente adecuación de este pensamiento a los cánones establecidos por la dominación. Aun no se concibe, ni en las elites pensantes y menos en términos hegemónicos, que es posible construir colectividades distintas premunidos de este pensamiento. Los antiguos lo hicieron. Es el fardo funerario establecido en la mente de los dominados. Es una idea que va acompañada del criterio que lo indígena es ojotas, coca y desarrollo marginal cuando se es indígena en momentos en que no mentimos en nuestro diario quehacer y trabajamos con ahínco y limpieza y somos aseados en nuestros hábitos; cuando no se roba aun en arcas abiertas. También lo somos cuando exigimos que nuestros dirigentes, o cualquier otro miembro de la comunidad, nos conduzcan obedeciendo; cuando pedimos que nos representen y no nos suplanten; cuando solicitamos bajen y no suban, porque abajo estamos todos; cuando sirvan a la comunidad y no se sirvan de ella; cuando convenzan sin vencer; cuando construyan y no destruyan; cuando propongan y no impongan. Priorizando la conservación de la naturaleza, casa de la humanidad, estamos siendo indígenas porque esta actitud, esta decisión, tiene su hogar primigenio en todas las culturas ancestrales antes que la codicia y el beneficio personal, por encima del bien común, se impusiera.

Segundo: Conquistó el gobierno pero no construyó poder. Esta realidad explica el silencio en el que dejó atrás Palacio Quemado. Abandonado por las fuerzas sociales que se beneficiaron directamente del proceso reformador y que debieron defender el proyecto y no propiciar una derrota de largo plazo. Sus partidarios no sabían qué defender, saturados como están del mensaje y la formación recibida por la educación occidental. No se construyó una poderosa confederación indígena, ni tampoco se hizo trabajo político entre los obreros cuya Central le dio la espalda en horas decisivas; no se hicieron escuelas políticas masivas, no se edificó las bases de un proyecto civilizatorio alternativo; no se trabajo en la educación. ¿El ejército, la marina y la aviación, tuvieron egresados provenientes de los sectores indígenas? ¿El comandante general del ejército no es acaso la expresión ideológica acabada de la mentalidad colonial? No es suficiente una escuela de post grado antiimperialista para las elites militares para socavar las bases ideológicas de la dominación, se requiere un trabajo extenuante de magisterio y discusión y difusión. Esta insuficiencia explica el funcionamiento de la policía en medio de la crisis. Fueron catorce años de gobierno, tiempo suficiente para llevar adelante medidas de esta naturaleza. ¿Por qué no se hizo? Acciones y decisiones que atañen a este rubro serán siempre criticadas por los sectores dominantes, no cabe duda al respecto, pero es exactamente lo que hacen ellos mismos con las fuerzas armadas, las adoctrinan con esmero. Hasta hace muy poco tiempo promociones íntegras de oficiales jóvenes eran enviados a la Escuela de las Américas en Panamá. De esa cantera provienen Leopoldo Galtieri, Manuel Antonio Noriega, Manuel Contreras y Vladimiro Montesinos.

Tercero: Diseñó, y subordinó en gran medida, las líneas maestras de su gobierno en alianza con sectores criollos, cierto que avanzados ideológicamente pero carentes de condiciones culturales que hicieran compatibles los proyectos indígena y criollo. Es fácil observar el desenvolvimiento del Vicepresidente García Linera en el material gráfico que circula en la red y también en los textos que ha escrito este político. Recomiendo en especial su libro Forma valor y forma comunidad. ¿Es inadecuado bajo cualquier circunstancia establecer alianzas con sectores criollos? No, la respuesta es un no rotundo. Hay que hacerlo conservando la dirección, imponiendo el proyecto indígena. Se trata de una alianza táctica, no estratégica. Es exactamente la modalidad que ahora usa el dominante campo criollo con la realidad indígena o campesina. ¿Usan ellos nuestras reivindicaciones o nuestros programas para gobernar? No, evidentemente; nos utilizan de acuerdo a su lógica e intereses, así surge el pensamiento: Nuestros indios; El problema del indio; El porvenir de las razas en el Perú; «el indio vive sin interés alguno, bajo el imperio exclusivo de las necesidades materiales que satisface como las bestias». El proyecto de una Nación Andina no está diseñada para los indígenas solamente, es un proyecto plurinacional, pluricultural, que haga posible una casa para todos. Construir lo que la republica criolla no ha realizado ni lo podrá hacer, una nación con coincidencias universales y diferencias particulares. Una patria de todas las sangres pero dirigida por la sangre que hará posible el proyecto, llevarlo hasta el final.

 

Cuarto: No es posible maquillar el proyecto civilizador criollo impuesto por la invasión y asegurado por la continuidad en la dominación administrada por sus descendientes. No es posible fundar o crear segundas repúblicas cuando estas no han logrado ser ni primeras ni repúblicas. Tampoco es suficiente redactar una o más Constituciones que reformen el seguro social o modifiquen el procedimiento de las AFPs o le otorguen nuevas atribuciones al BCR o señalen al país regímenes parlamentarios o presidenciales. Es esta una realidad de falsas ilusiones y realizaciones. Transitorias y efímeras conquistas. No, no es el camino, se requiere transitar uno más largo y penoso, menos glamoroso: requerimos un nuevo proyecto civilizatorio. ¿Suena utópico, risible, inalcanzable? ¿Y porque no tuvo esta connotación para otros fundadores de civilizaciones, qué fue lo que hicieron los ignaros invasores en nuestro territorio? ¿Se acabó la historia? Conseguirlo no es, evidentemente, tarea común y accesible con facilidad, requiere visiones de muy largo plazo, de aquellas que tuvieron nuestros ancestros que fundaron proyectos sociales que hasta hoy superviven y nos alumbran el camino. No nos dejemos seducir por elecciones fraudulentas en su esencia y por emprender tareas destinadas a remendar fracasos sociales insalvables e inviables. Veamos sino la forma en que se encaran la confección de las listas parlamentarias para las elecciones del próximo año, aún en organizaciones que se llaman renovadoras y antisistema. Flaqueza moral, negociaciones ilícitas de espaldas a la militancia, negociadores encargados a dedo para actuar como simples amanuenses dispuestos a todo por recibir a cambio una miserable cuota de espurio y vergonzoso poder. Pero qué aleccionador verlo, nos permite vislumbrar lo que sería un gobierno de estos grupitos de amiguitos e incondicionales, de estos equipos políticos; criollitos disfrazados. No es suficiente acaudillar, es innecesario en un país harto de jefecillos con licenciaturas y/o charreteras; incapaces de fundar organizaciones vertebradas y de vida autónoma, sembrar pensamiento, ser ejemplo de vida. Desechemos la chatura de liderazgos personales mediocres inficionados de criollismo y de sus taras centenarias. Aquí es necesario percibir que tenemos un proyecto societal fallido, incapaz de conducirnos a desarrollos compatibles con nuestra estatura humana, similares, por lo menos, a los que gozan ciudadanos del primer mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. No empezamos desde los cimientos, tenemos fundación, calzaduras, se trata de desarrollarlas, reencauzarlas, poner al día nuestro pasado.

Desaprobemos en este propósito conducciones predestinadas, mesiánicas, insustituibles, que se consideran a sí mismas infalibles pero que, ante su fracaso, solo responden ante sí mismos. Se trata de construir escuela de pensamiento, formar militancia, crear ejemplos y escuela. No hay aquí otra ruta que el camino de la colectividad, no hay otra pauta que dirigentes que hagan su magisterio obedeciendo el mandato comunal cuyos ejes de funcionamiento tiene milenios de experiencia. ¿Creación de partido o frentes? Si, por supuesto, pero no solo uno, muchos, cientos. De ese conglomerado surgirá el partido directriz, el frente reconocido, necesario, quizá imprescindible. Precisiones: no se trata de ausentarse y de no participar en todos los medios que sean permitidos. Hay que hacerlo, hay que batallar por cambios en las formas, en las Constituciones, pero manteniendo siempre la mirada en el objetivo de largo plazo: un nuevo proyecto civilizatorio.

Quinto: Morales careció de la capacidad que pocos líderes poseen: formar sustitutos, perfilar promociones de políticos prestos para continuar el magisterio y seguir conduciendo el proyecto. Saturado de desconfianzas y mediocridad, no permitió que nadie le haga sombra o mediatice su liderazgo. Los resultados de esta práctica están a la vista. Solo Presidente y Vicepresidente, un general de división y otro de brigada y más abajo nada más que soldados rasos, ningún comandante, menos capitanes. Ausencia de estamentos de dirección. Una digresión que no quita lo valiente: el único dirigente político peruano con esa capacidad fue Haya de la Torre que nunca desconfió de sus capacidades para sentirse opacado por políticos de la talla de Manuel Seoane, Antenor Orrego, Villanueva del Campo, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Luis Heysen, Andrés Townsend, etc. Cualquiera de ellos con atributos suficientes como para conducir el partido. El magisterio de Haya, es necesario reconocerlo, explica en mucho la larga existencia de esta organización; lamentablemente propietaria de todas las taras juntas del criollismo nacional.

Esta ausencia de capacidad para formar, hacer magisterio, le pasó la factura a Morales y a su régimen. Ante la ausencia de recambios en la dirección del proyecto, y jugando con las reglas de la democracia que le permitió participar y ganar, usó las triquiñuelas tan caras en la política criolla: el reacomodo de las reglas, la trampita, la extensión, la interpretación auténtica, la rerereelección. ¿Por qué aceptó jugar con las reglas que la vieja democracia criolla le impuso? Tenía otros caminos si creía que su mesianismo era imprescindible. Debió jugarlos si se sentía predestinado. El pueblo que lo apoyaba también sintió que estaba siendo utilizado en provecho de un proyecto personal.

La figura de Morales tendrá el lugar preponderante que le corresponde como el primer gobernante indígena de Bolivia, gestor de cambios sustantivos en la realidad de ese país. Sus logros son variados y, pasados los momentos de coyuntura, serán valorados en su dimensión exacta. Destaco la reivindicación de la cultura indígena, quechua y aimara, plasmada en una Constitución sin precedentes en ningún país de este continente. Las cuotas de parlamentarios indígenas, las precisiones en torno al autogobierno y la propiedad de los recursos naturales y la reivindicación de la religiosidad andina, son elementos de gran significación. Su figura y trascendencia pueden ser equiparadas a la que proyecta en la historia boliviana Andrés de Santa Cruz, otro gobernante de origen indígena que ubicó a Bolivia en un lugar expectante en el concierto de naciones sudamericanas.

Veamos cómo se logran preservar sus acciones positivas y el modo en que el vasto pueblo quechua y aimara, vuelve a recuperar protagonismo en la historia de Bolivia y del área andina. Esperamos que pronto.

Hay muchísima enseñanza en los sucesos de los últimos días y meses ocurridos en el Continente. Ecuador, Bolivia y Chile nos dejan lecciones imposibles de soslayar. Hay que sistematizarlas y devolverlas a sus actores. Tarea de todos.

Nota final. Resulta vergonzante la actitud del gobierno peruano de no permitir el paso del avión de Evo Morales por cielo nuestro en camino a su exilio mexicano. acción de esta naturaleza solo es explicable por el servilismo de nuestra política exterior hacia la potencia hegemónica imperial. Una vergüenza.

1 comentario

  1. Hilda guzmán dice:

    Este comentario debían leer todos los aspirantes honestos a política en el Perú, para que no .cometan los mismos errores de siempre, necesitamos escuelas políticas sin afanes partidarios para los jóvenes del futuro y sepan administrar la riqueza peruana .

    Le gusta a 1 persona

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