Epistolario entre Gamaniel Churata y Mariátegui

El ya lejano año 2003, publicamos el número dos de la revista Sayari. No hubo un tercer intento. Es época de consolidación de un credo y una esperanza. Gamaniel Churata expresa bien ese momento. El mismo, transitó el difícil camino que lo condujo a entender el país desde su atalaya aymara. No procesó ruptura con el pensamiento mariateguista, pero sí cultivó un camino propio, singular. Se entrega uno de los artículos contenidos en la revista. Sin enmendaduras, como es de rigor.

Churata y Mariátegui son actores de una época singular para el país. Ambos, con sus obras y personalidad influyen en el espíritu nacional y le confieren a las ideas consideraciones innovadoras que influyen hasta nuestros días.  Son vidas paralelas con caminos que conservan huellas entrelazadas. Ambos provincianos, Churata nace en 1897 mientras Mariátegui en 1894.  Autodidactas, sus limitaciones económicas les imposibilita continuar estudios secundarios. Mariátegui a los 15 años inicia su temprana vinculación con la tinta y las imprentas ingresando a trabajar en el diario “La Prensa”. Churata, adolescente aún, se hizo aprendiz de tipógrafo en el puneño diario “El Siglo”. Estas iniciales experiencias de trabajo fijarían el camino de sus existencias. El joven “Juan Croniqueur”, 20,  es miembro de la corte de Valdelomar y su admirador rendido. Colabora en la revista “Colónida” siendo un  “literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares”. También a los veinte Churata ejercita su “edad de piedra”, fundando la decadente revista “La Tea”, órgano del grupo “Bohemia Andina”. Fuertemente influida por el d’annunzianismo y por las corrientes futuristas pregonadas por Valdelomar la revista es absorbida por preocupaciones estéticas.  Allí Churata se bautiza como “Juan Cajal”.

“Juan Croniqueur” deviene en ensayista y se vincula al socialismo luego de un lento proceso de maduración política que culmina en su viaje por Europa. “Juan Cajal” se encarna en Gamaliel Churata  luego de su periplo boliviano y argentino; tiene veinte años. En ese peregrinaje de dos años, con estadías en La Paz y Potosí perfila el que sería más tarde su credo definitivo. Al retornar se enlaza con el efervescente y poderoso movimiento indigenista cusqueño y construye su definitivo aprendizaje de “inkaismo”. Cuando Arturo Peralta,  en 1924, firma como Gamaliel Churata tiene 27 años y poco más tarde escribe su obra fundamental: “El Pez de Oro”. Mariátegui, de 29, retorna al Perú con una “filiación y una fe”  e inicia su corto apostolado. Funda entonces, en 1926, la revista “Amauta”, mientras Churata, funda ese mismo año el “Boletín Titikaka”, ya decantado de sus  ideas estéticas originales. Ambas publicaciones aparecen apenas separadas por un mes de diferencia. “Amauta” edita 32 números, “El Boletín Titikaka” 34. Las dos publicaciones fenecen en el mismo mes y en el mismo año: Agosto de 1930. En el último ejemplar de “Amauta” se inserta un hermoso ensayo de Churata en homenaje a Mariátegui, mientras el último número de “El Boletín Titikaka” esta dedicado a Mariátegui. La muerte de éste es comparable al destierro que elige Churata dos años después, luego de ver su casa asaltada y su biblioteca requisada. Para el Perú, Churata, deja de existir, rompe su relación con la patria e inicia su relación permanente con la nación.

Churata, probablemente en La Paz.

Es en sus proyectos de nación que ambas existencias encuentran coincidencias singulares. Conservan una línea vinculante que los conduce a rastrear las huellas de la nación en nuestra historia. Uno abraza el socialismo con la pasión y la espiritualidad sólo posible en un hijo de estas tierras, donde el mito, la vida y la geografía se confunden con la vida y la realidad. Las ideas socialistas de Mariátegui recogen estos sentimientos con sencillez y con la naturalidad de las ideas con simiente. Desde esta particularidad se abre al universo y a las ideas externas. Churata,  occidental por sus orígenes y formación temprana, extiende sus brazos a la identidad andina y la adopta al punto de consustanciarse con ella en sus hábitos diarios. El socialismo para él estaba adosado a su nativismo, a su  andinidad, no al revés. Mariátegui suple la ausencia de academicismo en su formación con lecturas ordenadas y con la racionalidad del pensamiento socialista. Churata, menos ortodoxo en su formación, organiza para sí mismo una cultura universal, abierta al mundo y a otras mentalidades. Con preocupaciones religiosas y estéticas también, sus ideas tensionan su vida hasta el extremo de abandonar el territorio nacional, como los amantes renuncian al objeto del amor sólo para sufrir y amar más su ausencia. El exilio de Mariátegui es interno, el de Churata  está cercado por las nieves bolivianas de donde retorna al país  para morir y sentir la insensibilidad y el desconocimiento de su obra y significado. Estos espíritus gemelos se escriben y comunican por un largo período de tiempo. Allí puede sentirse el país de aquellos años fundacionales y sentirse también la calidez del trato y la similitud de sus personalidades.

El Epistolario contiene siete comunicaciones firmadas por Churata que, presumiblemente, corresponde a otras previas de Mariátegui. Las cartas son conversaciones de dos hombres que comparten una fe y un mismo destino, formados como lo afirma Churata: “…para la lucha humana…”. Comparten ideales  políticos, discuten las colaboraciones para “Amauta” y la suerte de la distribución de la revista en Puno, responsabilidad de Churata. No están ausentes algunas confesiones personales en la que Churata le regala a Mariátegui “…el secreto de las lágrimas y de las llagas…”.

Muestran una amistad que se desarrolla en un plano de igualdad, sin subordinaciones que se sujeten al enorme prestigio del que gozaba ya Mariátegui entonces. Son dos creyentes en un país superior, que compartían el criterio que la nación del futuro no podría prescindir de su pasado. La primera comunicación data de noviembre de 1926, apenas tres meses después de la aparición del primer numero de “Amauta”. Un mes antes en Agosto de ese mismo año, había empezado a circular en Puno la primera edición de “Editorial Titikaka-Boletín”. Dos hombres separados por la geografía y sus orígenes se vinculan al unísono al crear dos publicaciones que señalarían derroteros visibles para el país.  Dos años antes, en 1924, Arturo Peralta se había despojado de su identidad criolla para firmar como un andino aymara: Gamaniel Churata,  en un artículo publicado por la revista cusqueña “Kosko” de filiación marxista, editada por Roberto Latorre “original y contestatario periodista e impresor”.

Puno, en los años de la aparición  del Boletín, vivía los últimos años de bonanza y de particular desarrollo de su inteligencia. Este es un ciclo que empieza en 1895 con las jornadas de lucha por la tierra y la penetración del imperialismo en la región, mediante la Peruvian Corporation y la ligazón del espacio puneño al área de influencia económica de la región de Arequipa. En esta primera comunicación Churata  comenta el agradecimiento de Mariátegui por su colaboración en “Amauta” y “Minerva”.  Señala que “cuando los hombres se reúnen con fines humanos la colaboración es obligatoria y entonces el agradecimiento sobra”. Declara que su vinculación con Amauta se explica “por su vanguardismo”. Se describe “blanco de conciencia” y  amigo “de las palabras  escuetas”, para luego decir: “a los quince desafié a duelo a un gamonal a causa de los indios” y que “ a los diecisiete me encarcelaban a causa de haber insultado al gobierno de Benavides”. Le otorga a Mariátegui las seguridades de que su actividad será “completa y alegre” en una obra de la que solo sabe de “su espíritu más no su programa” que, sin embargo, el reconoce importante.

Mariátegui mientras tanto tenía ya en sus manos “El Gamonal” un relato corto de Churata que aparecería, en “Amauta”. Mariátegui al parecer le había otorgado en su comunicación un comentario benevolente a este relato que Churata agradece. Precisa que la crítica le ha llegado “limpia y ventilada y además certísima”. Le reclama “La Revista de Occidente” y coordina   aspectos administrativos de su actividad de agente de la revista “Amauta” en Puno. En su despedida le llama “compañero” y  le señala “que este movimiento cordial que nos une, tiene entre tantas ventajas, “la de aproximar a los hombres, rompiendo las distancias que inventó la cortesía burguesa”. En la post data se refiere a Sabogal y a sus relatos cortos contenidos en “Tojjras” y le pide a Mariátegui que le haga llegar “El Gamonal” a Magda Portal, a quien llama Magda.

Churata, en tránsito, camino a la andinidad.

“El Gamonal” aparece en el número 5 de “Amauta” de enero de 1927. Usando un lenguaje vanguardista describe a este personaje con ironía a veces y con sentido trágico, otras: “El gamonal a los diez años es un muchacho tímido y tonto, a quien, con toda facilidad, como se le pinta una mosqueta en el trasero, se le cuelga rabitos de papel…El gamonal es el prototipo del machacón. Ha convenido en que atorarse de letras es ser sabio… Es un poder influyente, relacionado con lo más odoroso y rumboso del centralismo capitolino (sic). Es un buen ejemplo  de sentido decorativo barroco. Lleva finísimo sombrero (el más caro para el caso) poncho de vicuña con guardas de seda, bufanda del mismo material finamente tejido, botas de charol y arcaicas espuelas  roncadoras (de oro)…”. La segunda parte de este relato se entrega en la edición número seis de febrero del mismo año.

La segunda comunicación se escribe en un contexto político complejo, rodeado de sucesos importantes para las ideas en el Perú.  Está fechada en julio de 1927. Pocos meses antes, en enero, Haya publicó  su primer libro: “Por la Emancipación de América Latina” que suscita un fuerte impacto en los medios políticos e intelectuales nacionales. Es probable que accediera con rapidez a la edición argentina del texto;  ejerce sobre Churata  singular influencia. En los primeros meses de ese año se genera también la polémica entre Mariátegui y Sánchez acerca del indigenismo, que Churata sin duda espectó con interés. En “Amauta” número 7 de Marzo de 1927 Mariátegui da por concluida la polémica señalando: “Lo que afirmo, por mi cuenta, es que de la confluencia o aleación  de indigenismo y socialismo nadie que mire el contenido y  la esencia de las cosas puede sorprenderse. El socialismo ordena y define las reinvidicaciones de las masas, de la clase trabajadora. Y en el Perú las masas –la clase trabajadora– son en sus cuatro quintas partes indígenas. Nuestro socialismo no sería, pues, peruano, –ni siquiera socialismo– si no se solidarizase, primeramente con las reivindicaciones indígenas”. La publicación de “Tempestad en los Andes” de Valcárcel es ocasión para precisar las dos posiciones. Mariátegui escribió el prólogo y Sánchez el colofón.

En mayo sale a la luz el número 9 de “Amauta” con artículos de Haya y Basadre que no son del agrado de la dictadura leguista. En junio, “se descubre” un supuesto “complot” comunista. Se clausura la revista por un período de seis meses. Mariátegui, en razón de su salud es conducido al Hospital Militar de San Bartolomé; Magda Portal y Serafín Delmar son deportados a Cuba, Basadre también cae preso. Mariátegui sale libre el 15 de Junio y “Amauta” reaparece en Diciembre de 1927.

En julio, en el Congreso Internacional Antiimperialista de Bruselas, se definieron las diferencias esenciales entre Haya y Mariátegui. En agosto, en su número 13, probablemente influido por el cúmulo de eventos reseñados, el “Boletín” enfatiza sus contenidos políticos e invierte el orden en la presentación de su título y deviene en: “Boletín Editorial Titikaka”.

Es en este contexto que Churata escribe su segunda comunicación. “Grande y querido compañero “  se lee en el encabezado, para en seguida  mostrar su preocupación por su encarcelamiento. Le indica haber enviado una carta de solidaridad  que “es seguro  que estará en manos de la Policía”. En esa carta extraviada, indica, le aseguraba “nuestra solidaridad  en esa hora, como ahora lo hago con toda la sinceridad de que somos capaces los serranos o cerreros”. Le informa que la policía en Puno amenazó a los vendedores de “Amauta”, problema que fue superado con presteza. Le menciona más adelante que comparte los planes de Mariategui de ir a radicar a Buenos Aires. Termina afirmando: “Acaso, un designio magnético actúa en cuanto viene realizándose y usted tenga que sacrificar su bienestar para darse  a la faena mas trascendente e histórica que ha cometido hombre alguno de nuestra  indoamérica.”. Se despide invitándole a pasar por Puno “antes de irse a Buenos Aires”.

La tercera carta esta fechada un año después de la anterior, el 9 de junio de 1928.  Es en respuesta a la enviada por Mariátegui fechada en marzo del mismo año. “Compañero Mariategui” le llama Churata. Le manifiesta preocupación por su estado de salud: “nueva enfermedad” la denomina. Es el año de la ruptura entre Mariátegui y Haya de la Torre, por discrepancias en la transformación del frente APRA en el Partido Aprista, expresión de profundas discrepancias ideológicas. En esta carta Churata le ofrece colaboraciones de jóvenes “neoindios” estudiosos del folklore y artistas plásticos de origen indio. Señala que alguno de ellos esta yendo al Cusco “ a estudiar inkaismo”. Hablan de asuntos administrativos y se queja de los atrasos de los pagos en Puno.

Poco después de un mes, el 30 de julio,  le escribe manifestándole  preocupación por su salud y haciéndole una apreciación sobre el pintor José Malanca que “actualmente hace pintura indoamericana”, lo sindica como “un gran tipo de revolucionario”. Malanca pasará más tarde por Lima y se integrará al grupo mariateguista. Dentro de las preocupaciones comerciales,  que Mariátegui conduce con pulcritud, le solicita emitir 20 ejemplares de “Tempestad en los Andes” de Valcárcel y le apremia a escribir un artículo para el Boletín Titikaka. Concluye la carta pidiéndole que interceda a favor de su hermano Alejandro que está postulando un nombramiento en la denominada Recaudadora. Se despide con “un gran abrazo y todo mi fervor porque la operación a que se va usted a someter, tenga éxito completo. Su compañero Churata.”

El artículo sobre Malanca aparece luego en el número 19 de “Amauta” en noviembre de 1928, con el nombre de “Posibilidad vernacular  en la pintura de José Malanca”.  Allí comenta que los cuadros de Malanca “salen  de su paleta por entusiasmo panteísta” y que hay en ella “tan tónica influencia de la naturaleza sobre su imaginación, que ellos vienen a ser…los más logrados aciertos de un paisajismo nuestro”, pasa luego a mencionar que, “en literatura y pintura, como en música, sí se opera hoy un fenómeno revolucionario, etimológicamente revolucionario, que merezca atención filosófica, es ese: la transvaluación de la excelencia, de que habló Nietzsche. Las minorías expanden cada vez mayormente su radio, es decir dejan de ser minorías, de suerte que lo plebeyo medieval, informe y palingenésico se convierte en lo plebeyo superado…” Precisa que la estética indoamericana tiende a “reunir la vida allí donde la dejó ahorcada la muerte…Por eso un dibujo tiawanaku, un arríbalo inkaiko o una talla directa de los toltecas, tiene para nosotros el valor integral de una síntesis endogénica.”.

La carta siguiente, la quinta, fechada el 8 de setiembre de 1928 está vinculada a la ruptura definitiva entre Haya y Mariátegui.  El 16 de setiembre de ese año Mariátegui y su grupo deciden “constituir la célula inicial del Partido Socialista del Perú”. El número 17  de setiembre de 1928, de segundo aniversario de “Amauta”, señala la oficialización  de la ruptura entre ambos líderes. En ese mismo mes el gobierno clausura el periódico Labor. La policía asalta su domicilio y Samuel  Glusberg arregla el viaje de Mariátegui a Buenos Aires. En esta tercera comunicación Churata  manifiesta que escribe “aprovechando las bodas de Leguía con la imbecilidad de los peruanos”. Le anuncia el envió de “algunos fragmentos de su libro de cuentos “Tojjras”, “obedeciendo a una antigua solicitud suya”. Le indica que si  lo publica lo haga “…todo de un golpe. Me da que eso, si pasa, pasa en parvada”. Lamenta que Sabogal se encuentre ausente  “él habría tenido sumo acierto para hacerle algunos dibujos a  cuadritos de Tojjras”. Un mes después, en el Amauta número 18, de octubre de 1928, aparecerán 8 cuentos de “Tojjras”. Señala que el libro conteniendo estos cuentos se editará en “Enero próximo, con ilustraciones de   Diego Rivera. Tojjras son estampas breves que narran escenas campesinas a manera de ejercicio estético que muestra la belleza de la vida rural y la fortaleza de sus protagonistas: “los kollas dejaron sus lugares, su lengua tosca y sabia, los riscos ásperos de su tierra, los fríos intensos de sus noches, el rayo y el trueno, la parquedad de sus chujllas…¡Y la tibieza de sus valles albergó simiente de hombres serios!. Ya entonces el mitmak era formula para llegar al hombre cósmico.”. Le informa también tener en Puno “seis amigos de Amauta y “deseo llegar a veinte, si no es posible mayor número, pero con pago adelantado que yo me cuidaré de mandarle personalmente…Si no ocurre inconveniente alguno, fortuito, tendré pronto el sumo agrado de cumplir mi promesa de colocar la agencia de Amauta en un lugar insuperable con relación a otros departamentos”. Aprehensivo le pide su opinión del Boletín. “Le visita siempre? ¿Qué opinión le merece su labor?”. Como siempre firma “su compañero Churata”.

Apenas dos días después de la carta anterior le remite otra indicándole haber olvidado  “el  principal objeto de la anterior” refiriéndose a la inminente publicación de los “Siete Ensayos” en noviembre de 1928. Puntualiza su interés en la publicación de “sus ensayos nacionalistas en un libro…tan luego que esté para ponerse a la venta, me hace un telegrama, avisándome del hecho, y yo, por intermedio de la Agencia Titikaka, le hago la debida reclame…Ya verá usted que busco servirlo, y sobre todo, servir a estos borricos, cuya última genialidad consiste en blindar de metales caros el hocico de la bestia. Ya usted debe saberlo. A la bestia hay que detestarla más que por ella por culpa de sus borregas. Le parece lo dicho?. Me hará usted el bien de avisármelo”.

Seis meses después se cierra el ciclo epistolar, es el 24 de abril de 1929 y Churata atraviesa por una serie crisis familiar; le señala: “debe estar usted extrañando el silencio de tantos días. Pero es que la Vida, así con mayúsculas, sigue atacando mis izquierdas revolucionarias y se ha propuesto dejarme limpio el camino de todos los seres que eran mi legado de alegría. Ayer fue Teófano Churata, le siguió muy luego Quemensa Churata, mis hijos, y el 12 de abril a las cinco treinta y nueve minutos de la madruga, Brunilda mi compañera, chiquilla que con quince años floridos vino desde Chile a pagar mi tributo a la tierra. Fácil es que piense que tanto golpe si me ha endurecido el cuero me ha puesto también muy dolorida el alma.” ”Esta es la razón por que no di inmediata respuesta a su cariñosa carta, y por que, sobre todo, no he cumplido con pagar lo que debo. Entre nosotros cabe la confidencia y la anécdota. Estamos hechos para la lucha humana, y podemos, por tanto, regalarnos el secreto de las lágrimas y de las llagas.”

Le comenta que la muerte de su mujer lo encontró respondiendo a un artículo de Basadre aparecido en Variedades donde el historiador afirma que “El vanguardismo que acaso vive sus últimas horas”. Le añade información acerca de un artículo que está pensando escribir acerca de Eguren. “Cuando tenga tiempo ensayaré tejer un estudio de lo que yo creo fundamental en Eguren, esto: su indianidad. El tema es temerario; pero si me agrada. Desde las primeras lecturas que gocé de este poeta, y ya ello corre por más de quince años, siempre lo sentí andino, por sobre la apabullante razón de su costeñismo. Claro que me robustezco en la presunción, y me halago pensando que podría decir mucho en ese sentido”. Termina pidiéndole “…paciencia. Acaso muy pronto me encuentre en posesión de algunos centavos, y entonces le probaré que mis protestas de fraternidad son sinceras. ¡Acaso pronto!”. Es su última despedida cuando le dice abrazarle con “mucho cariño” reiterándole su “afecto y adhesión”.

El artículo sobre Eguren   aparecerá en el “Amauta” numero 21 de febrero-marzo de 1929 con el título de “Valores vernáculos de la poesía de Eguren”. Allí señala que “Acaso sin  buscarlo y es como se da el verdadero creador–  Eguren escribió en los “Angeles Tranquilos” una linda y fresca poesía aymara. Poesía de tierra empapada, remojada por lluvias tempestuosas de verano: poesía de ala húmeda, de corazón esponjado, de sierra y andinismo…los ángeles tranquilos, no son otros que los achachillas –los gnomos– de las pajchas que, desde el viento paridor del agua, contemplan el vendaval, la soledad aurora…”

Más tarde, en mayo de 1929, en el número 23, “Amauta” publica  un homenaje en verso para su compañera muerta: “Elegía plebeya por la compañera que murió imilla”. Allí señala: vino a ser panacea de almas, /sus sonrisas agua de cristal de alboradas;/ tenían sus hijos la fuerza de la hierba/ y,  nobles como el Sol, / como él se acostaron un día/ entre el arrebol de fauce herida…”.

Tres meses después de la muerte de Mariátegui, ocurrida en Abril de 1930, en el último número de “Amauta”, el 32, de agosto de 1930, dirigida por Ricardo Martínez de la Torre aparece su colaboración “Elogio de José Carlos Mariátegui”. Pieza de innegable fuerza análitica, profunda y original, precursora temprana de la valoración del ensayista. Sus apreciaciones podrían bien competir con ventaja con muchas de las interpretaciones posteriores, redactadas con ventaja bajo la protección de la universalidad consagrada de Mariátegui. El “Boletín Titikaka” que había nacido al unísono con “Amauta” desaparece también al mismo tiempo en comunión de destinos. Su última edición se edita en su homenaje.

En el artículo afirma Churata que, en una prosa seria y atildada, libre de vanguardismos, luciendo un castellano castizo y sugerente, “Mariátegui es el escritor peruano que ejemplariza mejor el estado caótico de nuestra organización como República… pero no se honra el júbilo de la primavera con las cenizas de la tribulación; y de este hombre de alma matinal, no se traza un epicedio. Declina en aquel estado que los místicos llaman de santidad. La muerte, entonces, para él, lejos de ser la reversión ene el sentido de Bruno, es como la parénquima del trigo presto para la siembra, entraña terquedad de vida. El realiza entre nosotros las dimensiones del escritor nativo, y, por tanto, de maestro –todo escritor debe ser un maestro– del periodista innato, del registrador de ideas, al cual, en fuerza de madurez histórica, el país concede sentido de conductor, lo hace su vehículo más organizado y completo de agitación.”

“Lejos del proteccionismo de los intelectuales católicos- coloniales; lejos del maltusianismo de los aristócrata- jerarquizantes; lejos de la demagogia criolla, en este movimiento cabe holgadamente el marxismo de Mariátegui; la interpretación histórica de Valcárcel, lo que es más, una solución de continuidad inspirada en su enseñanza; y la transformación étnica que propugna Uriel García, en que es factor operante el complejo telúrico pues, como es de rigor, estos dispositivos concurren ala formación de una entidad revolucionaria dentro de formas nacionales…”

“Es esta generación de hombres, la generación de la agonía, tiene como símbolo al trabajador de Vitarte y al indio emancipado y beligerante. Ni en acepción el universitario, ni especialmente el dotor, son ni pueden ser depositarios del mensaje de Mariátegui. Un sector más completo e integral, en su generación finca la vivencia y supervivencia de ese cúmulo de doctrina plebeya que partiendo del ayllu y de la fábrica, rumba perentoria, obligadamente al cataclismo político que tanta falta le hace a este país de mínimos presumidos, de burguesistas que no han edificado ni sustentado un burgo de estilo generoso, o de capitalistas que se quedan en nuestros pobres, en nuestros inofensivos gamonales.” “El con algunos intelectuales Costeños sostiene que el Perú no es el Perú de ese estrecho balcón de la costa, donde se adunó la población criolla o antiindígena, sino el Ande, mitológico y cruzado de caminos, donde son posibles, con expresión nacional, la multitud y la tragedia, de suerte que nuestros problemas resultan  siempre como sintomatología problemas del Ande, porque el Ande es lo sustantivo del Perú, lo básico.”

“La misma evolución de su cultura revela que la instrucción no es un privilegio de los pobres…Está constantemente excitado por el deseo de abarcar nuevos límites a su cultura; posee la inquietud cervical que lleva,  o arrastra, más propiamente, a la concentración del panorama humano. Este es el signo más frecuente del educado por si mismo: quererlo aprisionar todo en un haz. En una especie de ataujía revelara su entusiasmo fervoroso por toda disciplina, y querrá, como un bárbaro primitivo, levantar su tienda de pieles de reno o de puma, sobre el destrozo del mundo extraño sobre el cual se levanta…La universidad da, casualmente,  el tono sedante, y sitúa el ímpetu dentro de las normas lógicas, atenúa y por fin tamiza al hombre. Crea la civilización. Cosa bien pobre desde luego si antes no es cultura. La cultura no obstante, es obra de ese hombre sin trabas, de ese hombre instintivo que revela el soma de la tierra, licor tremendo. Mariátegui se comporta así…”

“Hay que tener la honradez radical de reconocer que en el cuerpo misérrimo de José Carlos se cobijo la más generosa capacidad indoamericana para el preludio beethoveniano y la esperanza popular. Importa decir que en su valentía y en su amargura ha nacido una nueva conciencia para el Perú. ¡No excede, por tanto, afirmar, que sobre el sepulcro del compañero no cae el silencio de la muerte, sino florece el Porvenir!

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