El frente politico y la construcción de la hegemonía

 

 

El artículo que aquí se presenta es parte del Capitulo VI del libro Nación Andina publicado en Mayo de 2017. Se ocupa de las características que debe poseer el Partido y el Frente politico y también contiene reflexiones en torno a la construcción de la hegemonía política y la necesidad de una filosofía nacional. 

 

 

 

 

 

 

Organización política

 

Los peruanos andinos, étnica y culturalmente identificados con nuestra cultura ancestral, aún no poseemos representación ni expresión política sólida y legitimada. Las clases populares, campesinos, obreros y amplios sectores medios, dueños de claras señales de pertenencia a la cultura andina, no hemos logrado ser aún sujetos condicionantes, activos y permanentes de las más importantes decisiones nacionales. Requerimos que el referente político contribuya a cambiar radicalmente la realidad y sea una herramienta decisiva para dirigir la discusión y la disputa ideológica y ganar la hegemonía y ayude a instalar en el poder a los peruanos que nunca tuvimos participación en la organización del Estado. Requerimos de una organización política que nos represente e interprete, con una dirección de sólida estructura ideológica y de naturaleza andina y amazónica, que organice y galvanice el esfuerzo militante de todas las sangres.

En tanto la alienación constituye el factor principal a vencer en la lucha por la hegemonía, es entonces la batalla ideológica un aspecto de singular importancia del trabajo político. Un objetivo primordial es ganar hegemonía social y política en la sociedad y en sectores prioritarios: indígenas, obreros, campesinos, empleados estatales, emprendedores. Requerimos construir hegemonía intelectual apelando a la historia y a la filosofía que emerja de las entrañas andinas y que persigue una nación distinta, integradora, nacida de las grietas profundas de nuestra realidad.

Formar dirección política, estado mayor nacional con replicas regionales, cuadros dirigenciales, es tarea urgente. Sabemos que dirigir el país requiere de la capacidad de miles de peruanos organizados en torno a sólidos principios ideológicos, éticos y morales como garantía de cambio y continuidad. La tarea transformadora es larga, se ha enquistado en la mente de los peruanos una suma de valores y formas de comprender el mundo muy difícil de desterrar. De esa argamasa está construido el sinsentido de nuestras vidas. La tarea aparece inalcanzable para un partido político, inabarcable para una sola generación.

La organización política representará a mujeres y hombres sencillos del país, grupos organizados, campesinos, obreros, oficinistas, pequeños empresarios, amas de casa,

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Rumi Maqui

unidos en el esfuerzo de construir una organización política fortalecida de nuestra cultura e historia; que luche por construir formas democráticas ajustadas a nuestras necesidades, que se sustente en el ser humano, en el respeto a su inalienable desarrollo individual y en la entrega consciente y voluntaria de esa libertad al servicio de una difícil y gratificante obra colectiva y comunitaria.

El instrumento político que articule y conduzca este proyecto debe promover un gran Frente Andino, que esté alimentado por las distintas corrientes de pensamiento y opinión que ya han surgido en nuestro suelo y que se incrementarán en el futuro. El pensamiento andino, representado ahora por una variopinta suma de puntos de vista, deberá sumar fuerzas con todas las vertientes hasta alcanzar con el tiempo una visión unitaria. Todas seguramente tendrán el propósito de luchar por construir formas democráticas ajustadas a nuestras necesidades, que se sustente en el ser humano, en el respeto a su inalienable desarrollo individual y en la entrega consciente y voluntaria de esa libertad al servicio de una difícil y gratificante obra colectiva y comunitaria. Se debe promover la organización política de todos aquellos que se sienten herederos de la tradición andina, hoy constreñida en los espacios de la marginación, la vergüenza y el olvido. La organización política debe contribuir decisivamente a poner en marcha este gran proyecto nacional. Debe expresar en su configuración más íntima el proyecto de nación que queremos construir; por lo tanto, tiene que ser pluricultural y pluriétnico, regido por un eje andino amazónico y con prácticas democráticas recorriéndola de principio a fin, descentralizado y protector de la diversidad.

El partido y elCaratula libro. Uno. frente deberán discutir el diseño de un marco político económico y social para el espacio andino, recoger las opiniones y el esfuerzo consensuado de liderazgos realmente existentes, del aporte de organizaciones, personalidades sociales, frentes y organizaciones políticas vinculadas por realidades y horizontes políticos compartidos.

La organización política deberá regirse por el concepto de liderazgo andino, donde la representatividad no sea el resultado de un deseo personal, sino el reconocimiento a una trayectoria, recompensa a una dilatada capacidad de servicio a la comunidad. El liderazgo es una actividad transitoria ejercida sin criterios de superioridad y menos de vanidades personales. Es una forma de culminar un proceso de servicio iniciado desde una temprana vida social.

 

 

 

 

 

Consideraciones para ganar la hegemonía

 

La historia no conoce civilización cuyo universo de pensamiento y acción no emane de un patrón filosófico. Sería imposible comprender a la civilización occidental y judeo cristiana sin sus fundamentos filosóficos. En su desarrollo encontramos ideas del primero y último de sus filósofos contemporáneos. En el completo entramado de sus estructura, procedimientos y objetivos reconocemos la impronta de Platón y su capacidad para integrar el pensamiento científico y religioso; en sus procedimientos hallamos el método inductivo empleado por Sócrates para la investigación y enseñanza, base de procesos científicos. Si observamos el cristianismo, argamasa civilizatoria, está impregnado de San Agustín y sus aportes a la configuración del credo y de su Iglesia. Descartes desplazó a la escolástica de la cátedra y del imaginario popular y sentó los principios para el pensamiento racional moderno. No es difícil observar el rastro de la ética y moral Kantiana en las centurias más productivas de la civilización occidental; el poderoso mandato que emana de su denominado imperativo categórico tuvo influencia determinante en la construcción de la moral sajona: Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en ley universal. Obra de tal modo que tu voluntad pueda considerar al mismo tiempo que está creando una ley universal mediante su máxima. Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en Resultado de imagen para rebelion campesina, peru
tu persona como en la de los demás, siempre y al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio.
No es comprensible entender las ambiciones de sus pujantes capitanes de industria sin las ideas de Schopenhauer y el reconocimiento de la voluntad, del deseo consciente para persistir, ser, en contra de todo signo adverso. Parcial sería tratar de descifrar la entraña de la acción invasiva y belicista de las potencias occidentales sin el pensamiento nietzscheano y la moral aristocrática anunciada en su concepto del superhombre. De igual importancia es la influencia de John Stuart Mill y su concepción de la libertad en la elaboración del neoliberalismo actual. La escueta descripción aparta a pensadores de gran influencia en el espacio occidental y global, pero, muestra de modo general la cercana relación entre civilización y alto pensamiento y la imposibilidad de desligar el ser social del contexto filosófico, ideológico o religioso que lo contiene. En la lógica gramsciana se la describe como vívida superestructura que actúa en desarrollo dialéctico con las estructuras de la sociedad.

Imponer la hegemonía de un nuevo horizonte cultural sin el auxilio de una filosofía distinta a la que impregna y aliena nuestra realidad, es un propósito irrealizable. Es improcedente plantear la sustitución de un modelo de pensamiento y desarrollo, con extensa y profunda experiencia teórica y práctica, enquistado además en el imaginario popular, si se carece de un pensamiento alternativo con fortaleza y fundamentos suficientes para enfrentarlo. Se podrá alcanzar el gobierno, instalar mayoría parlamentaria, pero, la continuidad política solo será alcanzada y mantenida con un cuerpo de pensamiento que desplace a la alienante y colonial ideología implantada con la fuerza militar en nuestro territorio. No cabe duda que será una disputa con profundos enfrentamientos; sin embargo, para todos los efectos, será una confrontación de dos universos de pensamiento y experiencias milenarias.

Es urgente reflexionar sobre la construcción y desarrollo de una filosofía nacional de cuño andino-amazónico. Poseemos las condiciones objetivas, concretas; la tenemos entre manos y se trata del continente filosófico previo a la invasión que, labrado en miles de años de ejercicio del pensamiento, preserva vigentes sus basamentos fundamentales en la mentalidad de nuestro pueblo, en sus valores y estilos de vida, conservados y expandidos con austeridad y estoicismo a través de toda esta etapa de exterminio y dominación. Ha sido un pensamiento en permanente colisión con la lógica dominante, dueña de formas conceptuales estéticas y no lógicas donde la concepción del mundo se entiende como totalidad viviente o animada, accesible a través de los sentidos y del espíritu. El desafío al avasallamiento de las primeras horas de la invasión ha continuado su soterrada resistencia en las centurias siguientes. A quienes rehúsan aceptarlo habría que invitarlos a observar los millones de peruanos y peruanas para quienes el mito y la magia son parte indesligable de su textura humana. No nos referimos a la magia y al mito subalterno de oráculo y predicciones, obviamente, hablamos de la magia como fulgor de vida, como principio integrador del ser humano y la naturaleza, como ingrediente fundamental en la estética y también ética y moral del pueblo andino; nos referimos al mito como sustento de comunitaria vida, como orientadora de una forma viviente y animada, participativa. El mito debe constituirse en elemento esperanzador de realizaciones futuras. El mito como verdad extraída de la experiencia humana y que ella misma la transforma en normas éticas y morales que orientan y obligan a toda una comunidad. El mito como conjunto integrador que otorga coherencia al comportamiento social y le provee de metas y objetivos a alcanzar. El desarrollo andino de antaño demuestra que una filosofía mitocrática, denominación de Flores Quelopana, fue sustento de ciencia y desarrollo de matemática, geometría, ingeniería, arquitectura, hidráulica, y también de formas de escritura que aún no logramos descifrar. También fue sustento de una sociedad multicultural de inéditas proporciones. El gran reto que confronta la filosofía nacional es hallar el método, el procedimiento que integre el mito al quehacer diario y productivo, a la investigación y a una manera distinta de hacer ciencia y tecnología. Continuar y desarrollar esa senda, sin autarquías ni chauvinismos desbocados, utilizando el pie andino, recrearlo, desarrollarlo, aceptando la incorporación de saberes externos funcionales a nuestros propósitos. De este nuevo enfoque filosófico se deriva todo un conjunto Resultado de imagen para baguazo imagenesde principios que serán el sustento del diario quehacer de esta sociedad andina. Poseemos suficiente base teórica en este punto. Requerimos ordenar el pensamiento ético y moral, dotarla de nuevos contenidos y renovados horizontes que hagan posible edificar una sociedad donde los valores del ramplón economicismo sean erradicados, que practique la solidaridad y la vida comunitaria sin excluir los avances que nos brinden la ciencia y la tecnología de cualquier procedencia y sean usados en función de nuestros intereses.
No olvidamos la necesidad de expandir tales procedimientos a las relaciones sociales e interpersonales. Si parece ilusorio e irracional este camino recordemos que la civilización andina lo obtuvo y lo usó; en sus caminos, construcciones pétreas, dualidades, se reconoce la racionalización del mito. Hay condiciones para tal realización. Se ha superado el estrecho espacio de la cosmovisión a la que nos constriñeron los modernos extirpadores de idolatrías y hemos accedido a los espacios interiores del pensamiento filosófico andino que nos permiten explicar sus fundamentos y perfilar concepciones absolutamente distinguibles del ser, la naturaleza, la sociedad; atisbar las concepciones de la divinidad y el complejo entramado de principios morales y éticos.

La tarea no es fácil, sabemos, los referentes que alumbran son tenues o desconocidos. Se abre el gran reto de imaginar y descubrir el futuro junto a labores de arqueología filosófica que piense, y sistematice lo hallado. Es la única alternativa eficaz para liderar la construcción de la hegemonía política e ideológica, de liderar y construir el cambio. El primer paso es político, qué duda cabe.

De la visión filosófica se desprenden variados aspectos tributarios: una ética y una moral y también una nueva concepción religiosa que, de suyo, es de naturaleza en extremo controversial; su planteamiento fluye de modo natural cuando se discute la sustitución de los sociales basamentos filosóficos. De todos los preceptos occidentales, la concepción religiosa ha conseguido la mayor penetración y comprensión en la sociedad dominada. Asumirla desde sus fermentos andinos nos acerca precisamente a la posibilidad más objetiva de hacer realidad la transformación de los fundamentos religiosos nacionales. En las demás órdenes, los postulados occidentales han provocado distancia e incomprensión, se sienten exóticos a nuestro ser primordial y explica el desapego por los principios y conceptos que han gobernado este país en el orden social, político y económico. Su traducción en leyes y dispositivos legales alejados del ser esencial nacional no hicieron sino ahondar la brecha de comunicación entre el país real y el país imaginado. Las normas éticas y morales son vacías de contenido útiles para mentalidades tributarias de concepciones filosóficas distintas; carecen de racionalidad para nosotros.

Esta distancia, y con frecuencia rechazo, a lo establecido proviene de fuentes primigenias, del cúmulo de experiencias milenarias que no han fenecido y que se mantiene vivas en el pueblo y se expresan en la acción práctica; aguardan la hora de su desarrollo oficial para continuar su recreación bajo el amparo de un poder político que se asiente en sus fortalezas y sea expresión de su hegemonía. La filosofía nacional debe recoger esta herencia y otorgarle contenidos universales, reconstruir autonomía intelectual y moral es un tema de sustancial importancia para la lucha política.

El reencuentro del pasado y el presente puede ser resuelto de diversas maneras, desde el pretendido renacimiento del fenecido Tahuantinsuyo con sus paradigmas y prácticas ancestrales que nos revivan la huaraca y la macana, como también persistir en zafios y estériles ensayos mestizos maquillados de andinismo acriollado cuyas expresiones adornan los espacios públicos con placas echenique o monumentales figurones incas encaramados en brutales argamasas de piedra que no sabe ser ancestral o contemporánea. El pasado que se imita carece de progenie, es fútil, pueril, nace estéril, infecunda, útil para enaltecer nuestra incapacidad de ascender sobre las ascuas de una civilización extraviada y erguirse sobre su legado, superarlo, trascenderlo. Esta crítica al pretendido arte mestizo es buena manera de comprender la inutilidad de la imitación desde la política y provocar que una sociedad exultante de pasado carezca de futuro. Del mismo modo que es imposible revivir el imperio babilónico o el romano sin caer en el riesgo de retornar a los fasci de combatimento italianos y de quedar sujetos a una torpe y diminuta interpretación de la historia, es inviable revivir el Tahuantinsuyo. Lo que permanece vivo es su legado, actuante, base para seguir construyendo sobre sus bases, negando y asintiendo sus ecos, edificando con diorita nueva el hogar que requerimos. Aquí se trata del destierro de una forma de pensar y actuar que proviene de las fuentes filosóficas occidentales y que son la causa primera de la ausencia de nación en nuestro territorio y que es soporte de un régimen criollo colonial de estirpe extranjera y de su sustitución por un régimen de naturaleza andina, de fundamentos filosóficos propios, no inca, no caral ni moche, no huari, tampoco tiahuanaco, sino continuidad distinta, superior, tributario directo de nuestra milenaria cultura, pero no su copia, no su clonación inalterada. Copiar sería un mentís a la creadora sociedad que nos precedió, a sus líderes y tradiciones más Imagen relacionada
sentidas, que son muestras irrepetibles. Requerimos usar el concepto de futuro construido por los ancestros, señal del pasado que va delante de nuestras vidas, alumbrando el camino por venir. Encontramos ya huellas modernas que seguir en la economía, arte, música, que han sido construidas por el pueblo andino sin orden ni concierto y sin dominio político. No se trata de utilizar piedras de doce ángulos en nuestras nuevas ciudades, sino de recoger los múltiples ángulos que hoy posee la cultura andina y encauzarlos en una vía común e integradora.

Son varias las preguntas a resolver en este tema, una principal: ¿podremos construir una sociedad moderna asentada en una filosofía del mito, de la analogía, metáforas y símbolos? Los andinos antiguos lo lograron, negarnos la posibilidad de recrear esa experiencia carece de sentido. Preguntas adicionales y pertinentes se desprenden de la primera interrogación: ¿Cómo se hace ciencia bajo una filosofía mitocrática?, ¿Cómo se organiza la sociedad, como sus sistemas educativos, leyes, medicina, fuerzas armadas? Las respuestas las hallaremos en el camino, como fue hallado el hilo conductor que llevó a demostrar la existencia de la filosofía andina. Es útil recordar que los antiguos peruanos llegaron al razonamiento lógico por el camino del mito, a diferencia de los occidentales que abandonaron el mito para privilegiar la razón y destruir la naturaleza.

Pensar y edificar un país distinto nos impone tensión de fuerzas, comunidad e individuación, persistencia y claridad de propósitos, ruptura de silencios, búsqueda y entendimiento del pasado, decir lo que pensamos y soñamos y, sobre todo, construir hegemonía política e ideológica. Asumamos conscientes nuestra fortaleza, la solidez de nuestros objetivos, engranemos nuestras intenciones; integrarnos, organizarnos, difundir nuestro pensamiento es la consigna del momento, formar escalones, columnas y divisiones, difundir doctrina y pensamiento, rescatemos territorios olvidados donde ahora apenas se recuerda la huella de vicuñas y el vuelo de los cóndores. Requerimos engarzar nuestras demandas al hontanar antiguo y desentrañar desde allí nuevo lenguaje, distante del pasado irrecuperable, de cara a un futuro de utopías realizables.

 

1 comentario

  1. cristobarcelona dice:

    Me ha impresionado el texto profundamente .
    Es un legítimo proyecto el de construir una filosofía andina y cambiarla por la que tenemos de origen griego y Cristiano católico.
    Ya se dice me los primeros párrafos , aún Bay un grupo de peruanos que nunca ha gobernado el país porque desde que se perdió el Tawantinsuyo y llegó la civilización occidental nunca han tenido los grupos indígenas ni los grupos indigenistas el poder político pero para eso hay que crear ciencia haciendo servir la mitocracia . Dentro del mito hay que no ir hacia la racionalidad occidental porque no se eniendes nunca .

    Desde luego es un trabajo muy interesante para ir viéndolo crecer pero sinceramente me sorprende tanto interés por la filosofía aunque es un saber muy potente si se sabe aprovecharlo .

    Tengo una duda y es que cuando e en el texto se hace referencia a » una divinidad ‘ , a que divinidad hacen referencia ?
    También me gustaría saber la opinión de los que han escrito el texto por la filosofía marxista , la filosofía y el materialismo .

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