Continente Pachamama. ¿Por qué?

¿Tenemos derecho los habitantes de esta parte del continente a otorgarle un nombre distinto a estas tierras? Sí, lo tenemos. Del mismo modo que a los invasores les asistió el derecho de inventar un nombre para cada uno de nosotros. ¿Acaso los Lengua no eran los Kkallo y los Willca son ahora Santos o los Punku firman ahora como Puerta o los Perka como Paredes y Ch’akun, Chacón?

Ignoramos si el territorio del antiguo Tawantinsuyo tenía un nombre propio. Es probable que sí. Aún cuando los intercambios comerciales y continentales no poseían la significación que obligara a decir: «provengo de tal parte». Podemos especular en extenso sobre este punto; pero, lo cierto es que los extraños, los que consideraban que todo alienígena era un moro o judío en potencia de ser exterminado o asimilado, nos endilgaron un apellido general que nos hace Americanos del Sur, denominación que describe a un navegante extraño y muy poco de lo que somos en verdad.

Hay varias versiones sobre el origen de la denominación Abya Yala. lo cierto es que proviene de la lengua Kuna o Guna de la actual Panamá y cuyas raíces provienen de la familia lingüística Chibcha. Significa tierra madura, tierra viva. Se señala que la primera vez que fue utilizada con sentido político fue en la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, realizada en Quito en 2004. Se la observa «oficial» en 2007, en la III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas realizada en Iximche, Guatemala. Versiones confiables señalan al líder aimara Constantino Lima Chávez – Takir Mamani, activista indígena, hispanoparlante de nacionalidad boliviana, como el autor de la idea.

Señala la información que No hay ninguna prueba histórica que compruebe ni tampoco que refute, que los Kuna de Colombia y Panamá con el término Abya Yala, se referían a todo el continente. […] Probablemente se referían principalmente a sus tierras ancestrales […] lo que hoy es Panamá y Colombia.

Considerar inadecuada la denominación es un derecho que nos otorga ser parte de una cultura que, junto a otras, fundó una de las civilizaciones madre de la Tierra. En esta parte del mundo estamos junto a los Aztecas y Mayas. El sustento para defender una denominación distinta no se acaba en esta apreciación. Se trata también de considerar que, por encima de tierra madura y florida, el término PACHAMAMA lo incluye y desborda. La palabra encierra espacio y tiempo, territorio permanente y atemporalidad infinita. Demiurgo creador, vida atemporal, simiente inagotable, madre de todos, por eso viva y creadora. Entender la palabra en su dimensión amplía nos traslada a tratar de comprender el sentido de nuestra propia existencia y el de los seres vivos que la habitan; de todos los seres, de aquellos cuya emanación vital proviene de los corpúsculos que anidan en la materia invisible aún a nuestros ojos y que nuestros ancestros lograron intuir con admirable antelación y certeza. Todo eso es PACHAMAMA.

Imagen prestada de Rodolfo Sánchez G.

¿Puede el término no incluir a los Inuit por el norte y a los Mapuches y Rapanui por el sur, o a los Ofaié del Mato Grosso, o a los Guaraníes? ¿Podrían los Mayas y Aztecas no verse representados? No, estos primeros conocían nuestra Chakana y los segundos hicieron algunas de sus ciudades asentadas en representaciones del felino Tiawanaco e Inca y los Aztecas comparten tierras con una cultura migrante andina proveniente de la zona Wanca. Todos sabemos del sentido del término. (ver: https://saw-as-iray.com/2019/01/06/apuntes-de-politica-internacional-para-un-estado-andino/). Ninguno de ellos puede objetar que la vida emana de los surcos, oquedades y floresta y arenales de nuestra Pachamama.

¿Genera controversia y discusión entre hermanos? No es la intención. Provenimos de un espacio donde, por miles de años, lo diverso se puso de acuerdo y donde incontables lenguas hicieron posible construir civilizaciones utilizando un solo lenguaje civilizatorio. Aceptémonos, también ahora, diversos, distintos, únicos, por eso hermanados. Seguro que nos entenderemos, que nos aceptaremos con todo lo peculiares que podemos ser.

Mientras tanto, no podemos dejar de expresar una idea, una emoción que yacía hace tiempo en el fondo de nuestros corazones. Dejemos que la palabra haga su camino, provoque diálogo y hermandad. Nadie sanciona, nadie otorga licencia para la trascendencia de los actos humanos, solo la población, sólo la sabiduría que emana de nuestra actividad común, comunal. Dejemos que ella se exprese.

Esta es una idea entregada al Hatun Ayllu Qorikancha, mi casa, mi hogar, en el III Hatun Tinkuy realizado en la ciudad del Cusco entre el 5 y 7 de agosto.

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