Qué es ser indígena hoy

Contexto

Largo e inagotado debate sobre la palabra indígena. Ha sido distintivo de vergüenza, arrojadiza arma de agresión y de separación, modo ejemplar de objetivar el Ellos y Nosotros; junto estas controversias cada día va recuperando espacio de orgullo, cada vez más es expresión de solidaridad y de reencuentro.

Es vocablo acuñado por los invasores españoles que dispusieron del término por la influencia del pensamiento griego que lo usó para señalar al extranjero, forastero inferior. Está en sus clásicos, desde los albores de la civilización occidental. Pasó al latín sin sustanciales variaciones etimológicas para señalar a alguien que es de allí y, por extensión, primitivo habitante de un lugar, nativo. Es un sonido que connota orígenes, nacimiento, como lo señala la raíz indoeuropea gen: parir, dar a luz, contenidas en palabras como engendrar, gen, genealogía.

Su uso en español data del siglo XVI. La emplea el sacerdote Juan Ginés de Sepúlveda en cartas fechadas en 1532. Este decisivo y poco conocido personaje de nuestra historia fue el teórico que le otorgó inicial justificación ética y moral al genocidio y despotismo de la invasión. Hizo parecer legítima una acción ilícita e ilegal. Es el poder de la palabra, de la retórica, que puede construir universos sobre fantasías y falsas verdades. Con modificaciones sofisticadas, sobre sus páginas se edifica la hegemonía ideológica imperante; su crudo pensamiento sigue ocupando lugar en el reino de la exclusión y pureza étnica de fantasía. Entre sus argumentos usó uno que ejemplifica bien sus básicos postulados, le sirvió para relacionar a indígenas con monos: Bien puedes comprender – menciona en una de sus cartas – si es que conoces las costumbres y naturaleza de una y otra parte, que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres.

Su opositor Bartolomé de las Casas, adversario superior en muchos aspectos, tampoco fue clementisimo con los indígenas. Sostenía que eran bárbaros porque no tienen literatura y porque inculpablemente son infieles. Subrayemos: fuimos clasificados de bárbaros por carecer de literatura y de religión cristiana. Comprendamos su ignorancia, desconoció la literatura indígena y la escritura pictográfica y otras formas de comunicación, además de las avanzadas formas de espiritualidad. Reitero, sobre estas páginas y textos se asienta la literatura y narración que justifican la dominación. Extensísima, inacabable, tanto como vacía de contenido cierto; utilísima para legitimar cárceles y la barbarie, también el exterminio y la exclusión. La contemporánea definición de peruanos de primera y de segunda calidad proviene de esa cantera. Es la razón que explica la indiferencia ante los miles de indígenas asesinados en los años de violencia. El setenta por ciento de los miles de muertos provienen del espacio indígena.

Dominio ideológico

Imposible ignorar tan densa y pesada estructura conceptual. Contribuyó a lograr que la población dominada interiorizaran como autoimagen la imagen que los colonizadores tenían de ellos y, al mismo tiempo, que interiorizaran como imagen de los colonizadores la que estos tenían de sí mismos. La destrucción de la orgánica e íntima estructura del ser andino señala el dominio político y cultural de Occidente; la transitoria derrota ideológica. Una vez que los textos se expresaron la soldadesca y los jurisconsultos hicieron el trabajo de dominación restante. Publicada la narración, que disparen los cañones y se redacten leyes. Fue, y es, tan poderosa esta fabulación, que desvalorizó de manera tal la calidad humana de la gen constructora de Chan Chan, sol resplandeciente en quingnam, de Kuelap, Kalasasaya, Sacsayhuamán, que pocos, muy pocos, aceptaron ser indígenas en términos extremos e integrales. Se mantuvo, claro, una disminuida reserva homogénea que sostuvo su identidad usando medios extremos y variados: el silencio colmado de paciencia y también odio, cerrazón de lo íntimo a la mirada extraña, violencia activa y pasiva, elaboración de apariencias, procesos judiciales, identidad aparente con los dominadores. El suicidio personal y masivo fue también una eficaz medio para librarse de la opresión. Para la mayoría de la población la vergüenza de ser indígena fue tan inmensa que los políticos con poder para hacer y deshacer leyes, en primerísimo lugar Bolívar y en destacada ubicación Velasco Alvarado, promovieron leyes que facilitaron el doloroso tránsito de indígena a campesino. El mestizaje a un paso de ser conseguido; adiós universo denostado, adiós idioma, vestido, comunidad, música, espiritualidad: ingreso al vacío, a un nuevo mundo por construir. Destruido, inútil como fuerza social creativa, deformado para las ciencias, marginal, desfigurada imitación de la imitación, eunuco ideológico. Es el paso bajo el gran pórtico de la moderna inclusión social. Con distintas denominaciones se ha tratado este proceso. Es el centenario camino andado desde el genocidio de Cajamarca a la desarticulación de los ayllus; de las reducciones indígenas a los poblachos; de la comunidad indígena a la campesina; de campesino a la sociedad mestiza. Se facilitó de tal modo la supresión de lo indígena y la transferencia ulterior que el solo acto de despojarse de la vestimenta tradicional y usar el traje occidental resultó la acreditación suficiente para devenir en mestizo. El mestizaje es creación contemporánea; denostado por Waman Puma, y elogiado por Garcilaso, fue, en general, desconocido por siglos como medio de integración social; se impuso sin apelaciones la república de indios y la republica de españoles. Tuvieron que pasar algunos siglos de rebeliones e insurrecciones que avizoraban desbordes incontrolables de lo indígena, para revisarla y ser utilizada como ejemplo de perfecto constructo y convertirse en el invento ideológico, social y político más exitoso de los pensadores de la dominación. Es idea acabada, perfecta, instrumento de salvación para superar la vergüenza y la exclusión extrema; carece de aristas indeseables. ¿Quién puede oponerse a las mezclas que prometen vida nueva y esperanza de resurrección? Aun cuando uno entregue lo telúrico, la geografía y biología y el otro la cultura, el idioma, ideas y dioses. Lo dice V. A. Belaunde, clarísimo. Es razón para que en el proceso de inclusión se deba dejar fuera de la integración todo aquello que perturbe la estabilidad de la desigualdad ofrecida: idioma, dioses, vestido, lenguaje, música, las relaciones comunitarias entre humanas y animales, la distinta relación con la naturaleza, hábitos y costumbres. Hay elaboraciones teóricas de éxito semejante en el mundo: América para los americanos, destino manifiesto, pureza racial, pueblo elegido, dictadura del proletariado, utopía arcaica, etc. Con el tiempo se han ido multiplicando los puentes para conectar el pantanoso y desprestigiado territorio de la indigeneidad y el edulcorado escenario del mestizaje. Pasado el cribaje inicial pocos arribaron al lugar central de la elaboración teórica; millones aguardaron, y aguardan, en los extramuros de la pequeña ciudadela procesando su integral proceso de decoloración; la aprobación de pulcro blanqueamiento es complicado, siglos de biología aclimatada a la geografía es difícil de ocultar.

Fue, es, tan vasto el dominio ideológico que construyeron los intelectuales de la dominación, la Generación del 900 con José de la Riva Agüero en la brillante dirección, que lograron infectar los predios del principal pensador marxista nuestro que, al tiempo que elaboraba cuestionamientos al orden establecido también producía fórmulas de inclusión social del estamento indígena a la civilización occidental bajo un título en apariencia inocuo e inofensivo: El problema indígena. Aún ahora, modernos pensadores de esa corriente, siguen usando la añeja formulación y desarrollando teorías de colonialidad cuyos efectos negativos deberán ser subrogados nada menos que por los miembros de la misma colectividad social y política responsables del engendro; claro que no, la descolonialidad no puede ser manejado por las victimas visibles de esa colonialidad teorizada: no por los campesinos, menos por los indígenas, no faltaba más. Pequeño garlito que hace inviable todo el proceso. Añadamos algo a la moderna teoría: pretende hacernos ignorar que el indígena Waman Puma fue el primero en denunciar y dar forma teórica a la injusta colonialidad. Muy temprano denunció la invasión y el mestizaje y alegó en favor de la devolución de las tierras a los indígenas y abogó por la generación de un Estado autónomo dirigido por ellos mismos. Allí está para verla, original teoría de la descolonialiadad.

Ocurre que en estos tiempos las tradicionales formulaciones criollas se enfrentan a un inconveniente: hay teóricos y teoria del otro lado, de la otra orilla; hay saber acumulado, suficiente para decir: Nunca fuimos un problema y somos la solución o parte de la solución; no aceptamos ninguna forma de inclusión social que no sea mutuamente incluyente; no hacemos nuestra ninguna forma impuesta de modernidad occidental; exigimos autonomía económica, social y política; exigimos un Estado plurinacional y pluricultural. Estamos en aptitud de concluir una etapa de construcción de la Nación, de conducir el Estado, uno de todas las sangres y dirigida por la sangre ancestral. Tal es ahora nuestro nivel de desarrollo teórico, tal el estado de nuestra narrativa.

Pero sigamos con el pensamiento de la dominación. La hegemonía ideológica penetró tan profundo en las mentalidades de todo cariz que miles de peruanos seguimos luchando por encauzar nuestras herencias culturales y étnicas por caminos identitarios más acordes con la diversidad y la equidad social. La preminencia impuso en el sentido común considerar que la única alternativa para el desarrollo y la construcción de una sociedad modélica pasaba, pasa, por la extinción del hirsuto primitivismo y por exterminar la rémora tribal que tiene su fuente inalterable en la población ancestral. Es postura que considera natural imponer la homogenización de la sociedad bajo el absoluto y único manto occidental, al punto de llevar a nuestra sociedad a un blanqueamiento total y a la implantación de un solo idioma, de una sola concepción espiritual y, por qué no, también una sola forma de vestir y crear música. Una sola tribu: la occidental y cristiana. Los reclamos han sido prácticos, violentos, de pocas letras. La ausencia de respuesta teórica, orgánica integral, no fue debida a nuestra cercanía a los monos carentes de alma, sino porque nuestros universos narrativos no se pueden expresar en el idioma de la dominación. Lo nuestro es pictográfico, de nudos y símbolos y tokapus. Difícil alcanzar la destreza que nos exigen para expresarnos en castellano u otro idioma occidental cuando nuestros pies y alma viven en territorio ancestral. No es lo nuestro. Garcilaso lo pudo lograr porque sus orígenes lo vincularon temprano a la cultura dominante hasta convertirse en un prosista cuya riqueza idiomática y tersura y melodía de su lenguaje lo hacen acabado modelo para literatos de cualquier latitud. El lenguaje de Waman Puma es, en cambio, ríspido y bronco como le corresponde al habitante de un territorio diglósico. No obstante, sus expresiones gráficas superan con creces sus dificultades en el habla escrita; en él tenemos la expresión más avanzada de comunicación pictórica asentada en nuestras tradiciones. Otro personaje, Juan de Santa Cruz Pachacuti, indio en el umbral de lo quechua y aimara, sin rostro ni perfiles personales, aún desconocido o infravalorado y también con dificultades en el empleo del castellano, nos ha legado los vestigios más importantes de la religiosidad andina. Sus dibujos sobre la espiritualidad antigua son más expresivos que su prosa desarrollada entre dos lenguas. Son dibujos de complicado entendimiento; de cortas señales religiosas, es cierto, pero suficientes para atisbar que, en el silencio, yace oculta aún la alta religiosidad andina; superior a la pedestre, burda e ignorante y colonizada manera de observar y comprender los paradigmas de la espiritualidad antigua. No olvido a José María Arguedas, de linaje indio; produjo textos que son expresión de la continuidad de nuestra milenaria cultura. Esta vez destaco su traducción de los textos religiosos de la etnia asentada en el valle de Yauyos. Dioses y hombres de Huarochirí es el hermoso nombre que reúne aquellas antigüedades. Dos mil quinientos años de historia espiritual reunida en sus páginas. Una especie de libro sagrado para los andinos. Su contenido nos acerca a una altísima espiritualidad y a un reino mítico-mágico-real donde dioses y humanos convivían en armonía. Hay luz, lumbre muy antigua en este camino.

Hay también una forma sencilla de entender la clara equiparidad de alto contenido espiritual entre los dogmas cristianos y andinos. Sus contenidos milenarios hicieron más fácil la comprensión de los principios importados y, sobre todo, sus liturgias seguramente de gran similitud con las coreografías usadas en nuestras antiguas manifestaciones religiosas, presentes no solo en ceremonias especiales sino en la acción cotidiana y sencilla, porque para los andinos-indígenas el rito es parte de las relaciones humanas más elementales.

Lo indígena

Cuál es el camino en torno a lo indígena?, ¿la campesinización es un hecho irreversible? No obstante las críticas al término considero que es una tarea ineludible recuperarlo para nosotros. Hacerlo reversible y dotarle de significados distintos, reivindicarlo, expropiarlo para el uso diario, con altivez y orgullo genuino. Dejar al adversario con el propósito deslegitimador, con el esqueleto del término, en incapacidad de usarlo como arma ofensiva. Sobre esta denominación se levantan los restos de una civilización que hay que retomar desde sus cimientos y escombros más remotos, también desde sus logros y vitalidad contemporánea, desde sus transformaciones. Cualquiera puede ser campesino, basta poseer un espacio de terreno agrícola, pero no todos pueden ser indígenas. Él lee en las estrellas, entiende el lenguaje de la naturaleza, vive en hermandad con ella, en comunidad con sus semejantes. Desde su territorio se hace agricultura de la diversidad, crecen hatos de camélidos con distintas coloraciones y que se reflejan en la Vía Láctea; se defiende el bosque amazónico y la riqueza cultural de sus habitantes ancestrales; se lee el mensaje del Universo y se entiende el mensaje de la chakana ancestral y de los templos circulares y cuadrados. Desde lo campesino puede reinar Monsanto, el monocultivo, la depredación, la aceptación de una minería destructora.

Habrá un momento posterior en que las definiciones étnicas y culturales se den por valles y reductos geográficos: reverdecerán lo quechuas, aimaras, pokras, tallanes, huancas, shipibos, conibos, huanca willcas, paucartambos, chimús, nazcas, tarapacas, dieguitas, tiahuanacos, etc. Será otro tiempo, aun inalcanzable desde aquí, no aún desde nuestras debilidades. Antes, formemos asociaciones comunales, distritales, provinciales, federaciones nacionales. Bolivia y Ecuador, que no sufrieron los embates de los narradores homogenizadores, nos señalan el camino. Somos unidad con ellos.

Ser indígena ahora no equivale a calzar ojotas o ajustarse al cuerpo un poncho de lanas multicolores o masticar la hoja ancestral, no, también comprende ser honesto en el trato con nuestros semejantes, no mentir, no ser ocioso ni considerar el trabajo como una maldición divina. Es también entendernos como parte unitaria con la naturaleza, aceptar que no estamos en la cúspide de la creación sino ocupando un lugar igualitario con cualquier otro ser vivo. Consideramos que la materia evaluada inerte también es portadora de vida. Física cuántica, dixit. entendemos que todos los estamentos de la naturaleza tienen un lenguaje que es necesario comprender si deseamos vivir en armonía.

Ser indígena es aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones. Admitir los hechos naturales como parte de los procesos que la naturaleza impulsa para conservar la vida y la diversidad y comprender que un mundo que discurra solo por un camino va en el sentido de la extinción. La naturaleza toda es expresión de esa diversidad. Aprendamos de ella.

Ser indígena es apreciar la vida comunal como la básica unidad de multiplicación social. El individuo sin sociedad comunal es un eunuco múltiple. La satisfacción social, y no personal, es la base de una convivencia pacífica y duradera. El uno, el solo individuo, como eje de la vida social, está conduciendo a la civilización occidental a su extinción y, junto con ella, a la especie humana.

El indígena tiene por norma en su vida social, y también política, los siguientes siete preceptos: dirigir obedeciendo; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir; proponer y no imponer

Apreciaciones finales

El ultimo censo nacional nos proporciona cifras reveladoras y alentadoras: el 22% de la población nacional se declara quechua. Si lo unimos a los aimaras la cifra sube a 24.8%. Sumando a los Afrodescendientes y Otros, que incluyen a la población amazónica, la cifra es del 33.9%. Organizamos de este modo tres segmentos bien definidos: mestizo 60.2%; minorías étnicas 33.9%; Blancos 5.9%. Sin profundizar en demasía comprobamos que estos estamentos, por lo menos el tercio étnico carece de representación política autónoma. ¿Qué idea étnica explica lo Mestizo? ¿Podemos considerar que la notoria mayoría de ese estamento tiene raíces ancestrales? ¿Qué conceptos de sociedad cultivan? Considero que se encuentran más cerca de lo nativo que de lo occidental. En fin, podremos elaborar conclusiones más acabadas con indagaciones que seguramente harán investigadores nacionales; mientras tanto, no creo equivocar mi juicio si los considero aliados de las ideas y de las formulaciones que se originan en el campo andino, indígena. Es este el contingente humano que el país tiene después de más de cinco siglos de dominación y de exterminio y cercamiento. Podemos decir con suficiencia Kachkarinaqmi.

Autoidentificación étnica
AutoidentificaciónPorcentaje
Mestizo  60.2 %
Quechua  22.3 %
Blanco  5.9 %
Afrodescendiente  3.6 %
Aimara  2.4 %
Otro  5.6 %

¿Se puede ser indígena y también habitante urbano? Sí, existimos los indígenas urbanos.

¿Es posible usar terno y corbata y conservar la identidad indígena? No hay oposición, la identidad es un ropaje interior.

¿Hay incompatibilidad entre usar el castellano para comunicarnos y ser indígena? Ninguna, son los indígenas de habla castellana.

¿Se puede ser indígena y conducir adelantos tecnológicos occidentales? Sí, categóricamente. Nuestra riqueza cultural nos permite mantener nuestros principios y usar tecnología extranjera.

¿Ser indígena significa manifestarnos como enemigos de otras expresiones culturales? De ninguna manera. Procedemos de una civilización que se construyó en la diversidad. La nuestra ha sido, es, una civilización de culturas diversas integradas por un sentido compartido de civilización. Las pruebas quedan ante nuestros ojos; la diversidad de las culturas ancestrales desfilan ante nuestros ojos.

¿Los indígenas no deseamos el desarrollo, la modernización? No, es falsa tal afirmación. La deseamos adecuada a nuestra cultura y nuestros valores. No impuesta, aceptada desde los cimientos de nuestras costumbres y credos.

¿Se puede ser étnicamente Blanco y ser indígena? Cierto. José María Arguedas por su contextura física podía ser visto como un exponente de la cultura criolla y era indígena, chanka, por propia definición. Los Morochucos de Ayacucho son otra muestra. De apariencia blanca, indígenas en sus expresiones culturales. Los Yungas, afrobolivianos, son otra muestra impactante.

Es posible asumir la identidad indígena? Muy cierto, la identidad es una decisión. La mayoría de peruanos que se han declarado quechuas o aimaras en el último Censo, aproximadamente seis millones, seguramente han transitado el camino de asunción de su identidad. Facilita la herencia cultural o biológica para afiliarse a una identidad, pero no es requisito indispensable. Es un proceso lento y difícil. La carga ideológica es un escollo difícil de vencer, por eso paulatino, con marchas y contramarchas, pero luego de decidirlo encontramos resuelta la contradicción del Superyo artificial con el Ello de las pulsiones básicas, que recién se armonizan en un Yo auténtico, real. La identidad final tiene que ser contextualizada en un espacio geográfico más amplio: Enuncio la mía: habitante del Continente Pachamama, andino, peruano, de la etnia quechua de habla castellana. Distingo al andino boliviano y al andino ecuatoriano.

¿Deseamos la destrucción de toda forma civilizatoria distinta? No, postulamos una nueva civilización que deje atrás las deformidades que ha traído la civilización occidental a nuestro suelo. Hay valores universales que provienen de esa civilización que es necesario recuperar. Pero ella ha demostrado su incapacidad de conducir este territorio y sus habitantes hacia formas organizativas que nos permitan afirmar que compartimos una nación, integrada, diversa, unitaria.

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