Protestas y presencia mapuche en Chile

Variadas lecturas provocan las protestas en Chile. Me ocupo de dos aspectos enlazados: el modo en que han sido afectadas las plazas públicas y monumentos en todo el territorio chileno y la orientación y sustento político que estas intervenciones han tenido. En el contexto de estas decisiones, comentar después la presencia del pueblo y la cultura mapuche y su influencia y participación en sucesos de un profunda significación simbólica: el derribo de imágenes consideradas distintivos de la nacionalidad chilena. Mancillar figuras que han encarnado por siglos el dominio criollo o la victoria de los invasores sobre los pueblos originarios y su sustitución por imágenes de los vencidos no es un signo marginal de la evolución política de los ciudadanos, sino la expresión de un inédito proceso de desarrollo ideológico que nos hace vislumbrar la insurgencia de una propuesta alternativa de sociedad que no emerge esta vez exclusivamente en la lucha de clases sino en la contienda cultural. Se trata de un desacuerdo que desborda el reclamo sectorial y cuestiona las bases mismas de la dominación. Detrás de estos actos se observa el crecimiento de una idea de nación asentada en valores y principios que tienen su origen en tradiciones nacionales, germinadas a partir de los girones de una sociedad avasallada y vencida en la contienda bélica y victoriosa en la contienda cultural. Es Lautaro y Caupolicán imponiéndose sobre Pedro de Alvarado y Luis Emilio Recavarren.

El significado e importancia de las estatuas derribadas o afectadas equivalen en el Perú a deshonrar a Miguel Grau o Francisco Bolognesi como también a Francisco Pizarro, y reemplazarlas por imágenes de Manco Cápac, Pachacútec o Manco Inca. De ese calibre y profundidad son los eventos que aquí comentamos.

Se cuentan 329 monumentos públicos afectados por las manifestaciones en los meses de protestas. En ciudades principales de todo el territorio nacional, en especial Santiago y Valparaíso, fueron convertidos en murales de escuetos y radicales mensajes políticos, además de usar sus estructuras para sostener nuevos nombres, nuevos símbolos. Según el catastro del Consejo de Monumentos Nacionales, 24 se han perdido por completo y han sido retiradas o reemplazadas. El organismo estatal que administra los monumentos ha anunciado que la recuperación de estos espacios públicos exigirá una inversión de más de $3.600 millones en la reparación de 44 plazas del país.

Veamos un recuento breve de los monumentos afectados.

En la comuna de Santiago vandalizaron la estatua de Diego de Almagro.

Diego de Almagro

En Temuco fue derribada y arrastrada la figura del héroe de la Guerra del Pacifico Arturo Pratt Chacón. Acabó como elemento de contención en la barricada de ese día.

Arturo Pratt

En el extremo sur, Punta Arenas, se destruyó la figura de José Menéndez, ganadero español y fundador de la ciudad austral. Se le responsabiliza de ser el autor del aniquilamiento de la etnia Selknam. La inscripción que dejaron los responsables lo explicaba: Asesino, José Menéndez, genocida. Los restos fueron llevados a los pies de la estatua del Indio Patagón, figura de los indígenas que habitaban esa zona antes de la llegada de los invasores. 

José Menéndez

En La Serena, 450 kilómetros al norte de la capital, los manifestantes retiraron un monumento del español Francisco de Aguirre y en su lugar instalaron la escultura de Milanka, en homenaje a la mujer de la cultura indígena diaguita. La estatua fue fabricada por alumnos de una escuela del lugar en papel y cartón. Dato de la lucha cultural: la estatua fue quemada después por desconocidos. La comuna discute ahora los caminos a seguir.

Milanka. significa mujer en lengua diaguita.

Manifestantes encapuchados en el centro urbano de Temuco derribaron la estatua de Pedro de Valdivia. Celebrando el derrumbe había personas vestidas con el tradicional poncho y cintas para la cabeza del pueblo indígena mapuche. Al caer la estatua del conquistador español del siglo XVI, comenzaron a pisotearla y a golpearla con palos de madera. También en la ciudad de Concepción, fundada por Valdivia en 1550, una multitud derribó el busto del colonizador para empalarlo en una estaca y quemarlo a los pies de otra estatua, la del jefe mapuche Lautaro, su histórico rival.

En la cercana ciudad de Collipulli el busto de bronce del general Cornelio Saavedra, conocido por liderar la sangrienta «pacificación» de las tierras mapuches en el siglo XIX sufrió un destino similar. En la página  de facebook  Kizugûneutun Independencia, se podía leer lo siguiente:” Informamos que en un acto de justicia la estatua que hace homenaje a uno de los peores asesinos del pueblo mapuche, Cornelio Saavedra fue destruida en la plaza de Collipulli. Este sujeto es el autor intelectual y material del asesinato masivo de millones de mapuche durante la mal llamada “pacificación”,  familias enteras fueron masacradas bajo sus órdenes como jefe del ejército chileno en wallmapu, hasta el día de hoy el estado chileno le reconoce como méritos las atrocidades cometidas por este winka y lo homenajea con estatuas y nombres de pueblos”.

Milanka y bandera andina.

En Temuco, 680 km al sur de Santiago, se dio un acto de gran significado político: la decapitación de la figura de Diego Portales, fundador de la ciudad. Su cabeza terminó colgada del brazo del guerrero mapuche Caupolicán, a cuya estatua también le añadieron la Wenufoye (bandera mapuche). Horas después, la cabeza del ex ministro y principal ideólogo de la Constitución de 1833 y personificación del ser nacional chileno, colgaba de la mano izquierda del toqui mapuche Caupolicán. Abajo rezaba la frase “Nueva Constitución o nada”. Aquí mismo, en Temuco, espacio de gran influencia cultural mapuche, se removió el busto de Pedro de Valdivia, fundador de Santiago y principal conquistador español que murió en manos de la población ancestral. La cabeza de la escultura fue colgada en la mano del guerrero Caupolicán, mitico representante de la resistencia indigena.

La cabeza de Pedro de Valdivia en manos de Caupolicán.

En Arica, en el extremo norte del país, se destruyó una escultura en piedra de 1910, del navegante italiano Cristóbal Colón, por mucho tiempo considerado como el «descubridor» de América.

Y aquí una acción ejecutada en el centro de Santiago el último día del año 2019. Ese día un grupo utilizó cuerdas y herramientas para intentar derribar el monumento del general Manuel Baquedano, mientras era observado en directo por miles de usuarios de las redes sociales. Su figura se conservaba en este lugar desde 1927. El mismo, después de la guerra vivió en las inmediaciones y se paseaba entre el aprecio de los vecinos. El héroe fue gestor decisivo en la victoria del ejercito chileno sobre las fuerzas peruanas y bolivianas en la denominada Guerra del Pacifico.

El general Baquedano, héroe de la Guerra del Pacifico.

Otro espacio público afectado fue la Fuente Alemana, homenaje de la importante colonia europea en 1910. Para muchos observadores la mejor escultura que existe en un espacio público chileno. Su ubicación: la misma zona del epicentro de las protestas en Santiago.

La mirada de la memoria. Detalle de la Plazuela Alemana

Como vemos, los monumentos más afectados han sido figuras de la invasión europea y militares chilenos. Pero, ahondando en el análisis, no es arbitrario mencionar que son actos que cuestionan el ordenamiento constitucional y poseen claro tinte antimilitarista y médula anticolonial y muestran un nivel de conciencia distinto al observado en manifestaciones anteriores del pueblo chileno. No se han tratado de protestas solamente gremiales sino del cuestionamiento político a la insensibilidad de una oligarquía que explota y oprime a capas medias y bajas de la población. Las masivas manifestaciones han demostrado el desarrollo de un nivel de conciencia mucho más agudo que las anteriores. Es la recusación a sectarios procesos de privatización y a acuerdos de libre comercio, que han desprotegido a la economía nacional y generado desigualdades económicas y sociales.

Antes de continuar, veamos la composición demográfica del pueblo mapuche. Según el censo de 2018 son 1.745.147 personas, equivalente al 9,9 por ciento del total de la población chilena. En la región Metropolitana se ubican  614.881 superando a la región de La Araucanía en casi 300 mil habitantes. ¿El resto?, en el exterior. Le siguen los aimaras con 156.754 personas. Los diaguitas, por su parte, ocupan el tercer lugar en esta categoría, con 88.474 personas. La supervivencia de pueblos de esta naturaleza solo se explica a través de la densa y milenaria cultura.

Aparece algo novedoso: la recusación contra una dupla que no había sido tocada antes en pareja: el autoritarismo oligárquico-militar. Aparece aquí la sombra del cuerpo mapuche. Aucán Huilcamán, líder de su pueblo, señala: Son el contexto general que hoy en día, el pueblo chileno y el pueblo mapuche no aceptan . Se trata de un perfil político inédito: interpelación al núcleo del poder político. El mismo Huilcamán definió las causas de las actuales tensiones y controversias que viven los chilenos y los pueblos indígenas: un modelo económico que genera desigualdad en las diferentes esferas de la sociedad; la celebración, a partir de la dictadura militar, de acuerdos de libre comercio; y un ordenamiento jurídico basado en una Constitución elaborada por el régimen de Augusto Pinochet

En lo más alto, bandera mapuche.

¿Hay otra esfera de análisis? Sí, la hay. Las declaraciones que se escuchan no se acercan aún a una escala más elevada: decidir que el punto nodal de la lucha política es cuestionar el modelo civilizatorio mismo, es decir, poner al mando de la sociedad chilena el pensamiento mapuche, el ideario, la ideología, la filosofía mapuche. Enarbolar esta plataforma nos extrae de la sombra que es ya Lo Mapuche y nos ubica en el cuerpo integro de su ser y su cultura; en sus ancestrales banderas de reivindicación, que privilegiaban la supervivencia de su cultura, y la encaminan a un liderazgo nacional que desplace el poder y los valores criollos, base de la organización social y política del chile actual. Es algo que tomará tiempo, porque transitar de lo gremial-étnico particular a sustentar un programa nacional requiere condiciones que ahora los mapuches no poseen todavía. Hay cierta distancia aún. Es un trayecto que no solo deben hacerlo individualidades mapuches, sino el pueblo todo. Reconozcamos sin embargo, que la plataforma política del ancestral pueblo ha ingresado a ser parte del imaginario popular chileno. La centenaria resistencia del pueblo mapuche está viviendo de cerca el inicio de un gran nuevo horizonte cultural que les exige ponerse a la cabeza de la sociedad y conducirla a un gran proceso de transformación que no pase por la fundación de ninguna segunda o tercera república ni por la redacción de una nueva constitución, sino por la sustitución del modelo civilizatorio mismo. Pero todo a su tiempo.

Son hechos que nos conmueven y nos conducen a pensar el atraso que tiene el pueblo ancestral peruano. La periferia del gran mapa indígena avanza mientras el núcleo antiguo se rezaga. Es clara la razón: nosotros si aceptamos la desindigenización. Nosotros fuimos ganados por la vergüenza. Hay que revertirla e instalar nuestras plataformas reivindicativas a la par de lo alcanzado por Lo Mapuche. Es la gran tarea.

Los mapuches, 500 años después. Aquí están, vivos, creando.

Nunca vencidos por los Incas ni por españoles, los mapuches hoy están imponiendo políticamente su visión del mundo ante la multitud de la ciudadanía chilena, criolla por antonomasia, y logrando que ella repare en las reivindicaciones de su pueblo ancestral y reconozca que su reclamo yace en el fondo de sus propias reivindicaciones y que luchar junto a Caupolicán es hacerlo por todos los chilenos. Seguramente que para muchos esta intromisión de los marginales mapuches en el escenario por siglos propiedad de los criollos chilenos es preocupante. Es un temor infundado porque se trata de hacer cotidiano el respeto a la pluralidad cultural y a la naturaleza; reconocer que el trabajo no es una maldición y que la riqueza natural de la geografía chilena es para todos y que hay una forma distinta de vivir y producir, de ser humanos, distante de los preceptos civilizatorios occidentales. Dejemos la preocupación en manos de la oligarquía chilena y su alianza con los mandos más altos de las fuerzas armadas.

Elevada concepción de sí mismos. Sobrepasaron lo indígena, son Mapuches.

La larga marcha tiene largamente más de 500 años. No hay prisa para seguir en la lucha y aguardar la construcción de una sólida estructura política, de un programa nacional; el ideario lo tienen por siglos. Se tratará de una plataforma que integre a la sociedad chilena en un solo gran proyecto nacional, plurilingüe y plurinacional. Una realidad que reconcilie pueblos hermanos de otras nacionalidades y se reparen daños sociales provocadas por guerras ajenas. Será el momento de las indigeneidades del gran continente Pachamama.

Dos pueblos-etnia dan orientación política a los demás hermanos del continente. Los mayas zapatistas de México-Yucatán y los Mapuches al sur del continente. Constituyen el núcleo más avanzado políticamente, han logrado integrar cultura y política, etnia y propósitos integrales en la conformación de una sociedad alternativa a la inviable sociedad criolla. Hay que estar atentos para observar el camino que transiten.

Andinos y Mapuches, un solo pueblo.
Andinos y Mapuches, un solo pueblo.

Nota: En algunos pasajes se ha copiado información periodística internacional. Los testimonios gráficos tienen la misma procedencia. La letra cursiva señala citas textuales.

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