I. ¿Socialismo andino?

Un poco de memoria

El horizonte teórico del socialismo se ha restringido, la palabra no convoca multitudes ni construye en las mentes las generosas utopías del siglo pasado; la juventud e intelectualidad se han distanciado del influjo que los postulados socialistas generaban décadas atrás. No obstante la persistencia  y agravamiento de los males humanos que se proponía erradicar, muy  pocos creen ahora en sus postulados teóricos como guía de sociedades superiores.

La dispersa y aislada comunidad intelectual socialista hace su trabajo por superar el franco estancamiento que afecta su universo teórico. El socialismo del siglo XXI formulado por Heinz Dieterich Steffan a fines del siglo pasado ha devenido en una farsa en manos de  los criollos venezolanos. En el Perú, sin partido político ni organizaciones sociales que actúen bajo su influencia y con militantes vergonzosos esparcidos en las variadas siglas de izquierda que han abandonando los proyectos de cambio radical que enarbolaban antes, han terminado demoliendo instituciones dejando en el olvido la crítica y las acciones contra el sistema, aspiran ahora, modestamente,  a un seguro social más eficiente y menos corrupto.

En medio de esta declinación de los paradigmas, entre otros, hay un pequeño círculo que pretende reanimar su antigua influencia añadiéndole el marbete de andino al nombre original. Al denominarse socialismo andino pretenden unir con simulada eficacia dos especies distintas señalados para crear vástagos estériles. Claro que la unión confunde y genera réditos a la doctrina desprestigiada y poco o ningún beneficio le genera al universo andino. En el intento de parecer novedosos olvidan una realidad importante: el maridaje imposible tiene casi cien años de existencia. Apareció en la segunda década del siglo pasado cuando se empezó a usar el sustantivo inka como acólito del socialismo. Así lo expresa, por ejemplo, J. C. Mariátegui en sus 7 ensayos cuando señalaba: al comunismo inkaico, – que no puede ser negado ni disminuido por haberse desenvuelto bajo el régimen autocrático de los Inkas – se le designa por esto como comunismo agrario.[1] Sus ideas han calado hondo en la historia política de nuestro país; el errado diagnóstico ha provocado la equivocada visión que el socialismo del gran pensador era la bandera de los indígenas de entonces y de hoy. El error[2], más allá de teorizaciones siempre recusables, es palpable cuando no verificamos presencia orgánica socialista en ninguna representación campesina de antes y de ahora. El PC, continuando la larga tradición, negó su apoyo a la rebelión campesina de Hugo Blanco y, por esos días, los indígenas de selva y sierra le dieron la espalda a las rebeliones socialistas de los sesenta en el Perú. En Bolivia el PC también se negó a acompañar al Ché Guevara en su heroica aventura rural y los indígenas no lo siguieron y terminaron delatando su ubicación al ejército. Y lo más reciente y grave, detrás de la masacre de Lucanamarca está la huella, deformada es cierto, de su luminoso pensamiento, visible en la concepción del indígena, del campesino, como apéndice del poder teórico dominante, nunca dirigente, siempre forzado a desindigenizarse y obligado a devenir en clase social.

La historia se repite

Si nunca ha sido posible concordar esta unión ¿por qué tendría ahora,[3]época de retorno de las etnicidades,[4]ser eficaz esta aleación? Hay una sola respuesta: la población ancestral peruana, los andinos de ahora, tenemos nuestros propios métodos de liberación; nuestra antigüedad nos inmuniza contra cualquier intromisión exótica en el proceso.

Otro personaje que acompaña a Mariátegui en este inaugural momento es el francés Louis Baudin cuyo libro El imperio socialista de los Incas, 1928,  causa gran repercusión en los  medios intelectuales nacionales de la época. El intelectual francés no era socialista pero alcanzó gran decoro en su explicación de la sociedad incaica si exceptuamos su errada decisión de llamarla socialista. Entre todas sus afirmaciones tuvo una que amerita recomendar la lectura del texto: el socialismo inca no es tanto consecuencia de una trayectoria social como una necesidad de supervivencia. Lo manifestó sin el propósito de enaltecer ni ser benévolo con lo inca, y sí coherente con la atmósfera de la época orientada a señalar sucesivas e ineluctables etapas en el devenir humano. Para Boudin lo que no era europeo no era civilizado y tampoco lo era el incumplimiento de esta premisa en el desarrollo de la sociedad inca. La frase, desafectada ahora de su intención inicial, sintetiza con propiedad la forma en que los antiguos peruanos edificaron su formación social, hurgando en la tierra su propio camino al desarrollo. Lo aprendieron en milenios, enfrentando caniculares costas y escarpadas e inaccesibles serranías. Afrontaron con éxito el enorme desafío de trabajar una naturaleza de perfiles épicos e inalcanzable en su faz productiva si era abordada por individuos y no sociedades. Los arenales no se hacían sustentables sin grandes trasvases de agua y acueductos; sin andenes no domeñaban las pendientes y no evitaban los waicos destructivos; sin respeto por los pisos altitudinales elevados no criaban agua y se prohibían la ganadería de altura; sin camellones no se domeñaba la helada nocturna; sin disciplina social no se hubiera podido construir la civilización que aún nos articula y nos hace sociedad viable.

No se distingue en las colectividades etapas previas que antecedan con claridad a la comunidad andina. El tránsito del ayllu al imperio es lineal, notoriamente lineal. La articulación social y productiva que conocemos carece de su momento de esclavitud o feudalidad; la cooperación aparece desde los albores del sedentarismo.[5] Cinco mil años antes, en Caral, observamos la ya madura comunidad andina provista de los fundamentos civilizatorios que después se insertan en los desarrollos regionales y confederados posteriores y terminan en el periodo quechua-inca.[6]Veamos una cita de Baudin sobre el socialismo andino: Así, transpuesto a América, el socialismo de Estado toma una forma mucho más acusada que en nuestros países de propiedad individual, ya que reposa sobre un fundamento de sociedad colectiva; por otra parte, esta ha podido facilitar en cierta medida el establecimiento de un socialismo de Estado, porque el anonadamiento del individuo en el interior de  grupo restringido lo ha preparado para dejarse absorber por el Estado.[7] Como vemos, no es una mirada condescendiente como sí lo es la mariateguista; ambos con un error de origen. Sin embargo, reconoce la existencia de un fundamento de sociedad colectiva. Esto se denomina: fundamentos comunales.

Así, el denominado socialismo andino, de apariencia novedosa no es más que una improductiva y manida realidad, largamente trajinada. Lo llamativo y particular de nuestra época es el descubrimiento que hacen los sobrevivientes marxistas-mariateguistas de virtudes de la antigua sociedad andina que antaño eran ignoradas o evaluadas desde una atalaya de superioridad cultural e intelectual inalcanzables. A la tardía revelación se añade también ahora una fraseología andinista, inkasica, revestida de chamánica sabiduría ancestral. Nos ocuparemos de ambas realidades. Mostremos dos opiniones reveladoras de esta manera de mirar el mundo andino, la primera proviene del ortodoxo César Lévano cuando se ocupa de José María Arguedas: No es que seamos demasiado exigentes con los artistas ‒esos seres especiales, que decía Marx. Pero el hecho es que se juzga a un hombre que también actuó, aunque en forma esporádica y zigzagueante, en política. Después lo califica de demasiado “indio” para aceptar del todo las palabras que Carlos Marx colocó en el Manifiesto Comunista: “La producción intelectual de cada nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan cada día más imposibles; de las numerosas literaturas se forma una literatura universal. [8] Marx lo piensa, Marx lo dice y señala, Marx lo ordena.  El escritor Miguel  Gutiérrez[9] reitera similar visión  cuando juzga la actuación del indio Wilka en la novela Todas las sangres y menciona: La ideología de Rendón Wilka no es la ideología populista, pues ésta (por lo menos su ala democrática) postula, según Lenin, la liquidación de la feudalidad aunque negando la alianza y la hegemonía del proletariado. Su actitud frente a los obreros y el comunismo no es de independencia ideológica y política, sino de una contenida hostilidad, expresión de un sentimiento antiproletario. Su ideología es objetivamente reaccionaria, antihistórica, cerrada a un futuro real y concreto. Rendón Wilka, sin embargo, no tiene conciencia de su fundamental antirrevolucionarismo y esta falsa conciencia sobre el sentido real de su acción le permite asumir su autosacrificio heroicamente. Orientadora y leninista ala democrática, ¿donde encontramos ahora al ala democrática?

Utopía andina y tradiciones occidentales

Cuando en fechas recientes vemos que se vuelve sobre el tema, comprobamos que los bastimentos teóricos frecen pocas novedades. Comentemos el texto de Miguel Rincón Rincón: Socialismo andino. Balance y propuestas que, no obstante dotarle de muy escaso fondo al título, revela orientaciones que permiten avizorar la ruta que seguirá el segundo tomo, aún sin aparecer. Esperamos que el anunciado texto contenga desarrollos más amplios del tema, pero con lo publicado tenemos suficiente para darnos cuenta por donde vienen las argumentaciones y hacia dónde se dirigen. Llama la atención la preocupación de este líder marxista-mariateguista, que purga condena en cárcel, por ingresar a un espacio nunca observado por su sector político. Algunas páginas rectifican el olvido como lo hace cuando menciona que el socialismo, desde la época de Stalin, dio la espalda a la cosmovisión y cultura de los pueblos y pretendió establecer un solo socialismo a nivel mundial inspirado en la cultura rusa.[10] El enunciado señala desprendimiento de viejos dogmas, sin duda, pero que no lo libra de seguir observando la realidad y planteando soluciones desde el mismo centro ideológico del que proviene. No son las únicas concesiones que le hace a nuestra sociedad ancestral, le confiere bases filosóficas a su estructura social, aprecia la reciprocidad y reconoce la existencia de escritura, reconoce  la cosmovisión andina y menciona al Kamaqen como energía vital. Siendo novedoso y positivo lo mencionado, no lo lleva a procurar el uso de estos conceptos para formular una perspectiva política-social que siga la huella de esos descubrimientos, los desarrolle y recree; en cambio retoma el dogma,  la ruta antigua y persevera en apreciaciones erradas que lo llevan a considerar que la crisis del socialismo real obedece a la acumulación de errores y deformaciones que lo apartan de la esencia socialista; y por el congelamiento o estancamiento de la ideas y acciones desde su fase inicial.  Considera que fue un error de fondo imponer […] un solo modelo de socialismo a escala universal, sin contemplar la idea que no existe un modelo predeterminado de socialismo que sirva indistintamente a cualquier sociedad. ¿A qué esencia socialista se refiere, qué es estancamiento de fase inicial? Quizá a ¿las tres leyes de la dialéctica mal entendidas y mal aplicadas, a la ineludible y sucesiva ascensión de las formaciones sociales y económicas desde el comunismo primitivo al comunismo científico, a la mala ejecución de la teoría de la dictadura del proletariado? Si se está ocupando, como creo, de cualquiera de esas elaboraciones teóricas no podemos sino lamentar que el fracasado  socialismo científico no tiene salvación en las nuevas teorizaciones. Por otro lado, se entiende con claridad que el socialismo modelo peruano predeterminado tendrá esta vez el sello particular de andino, de modo tal que sí sabremos evitar el estancamiento y congelación que hizo fracasar el socialismo real. Así, fácil, transformación de la realidad por encanto, palabra y obra unidos por el invicto materialismo dialectico. Y continúa, ingresando al centro de su pensamiento,  al insistir con poca memoria: como todos los sistemas, el socialismo se sostiene en principios, tendencias y leyes comunes…[11] mostrando que continúa tratando al marxismo como ciencia que posee leyes aplicables a cualquier sociedad; leyes socialistas por supuesto, con exactitud similar a los principios que rigen la gravitación universal. Y contradicción inocultable: si el fracaso se debe a la aplicación de modelos universales, entonces por qué seguir afirmando que el socialismo se sostiene en principios y leyes comunes. Qué fácil, apliquemos la que corresponde al Perú y zas, suficiente para que haga su aparición el socialismo andino; no faltaba más. La práctica como único criterio de verdad no sirve esta vez

Estamos en condiciones de afirmar entonces que el ayuntamiento de socialismo y cosmovisión andina será aplicar algunos de los principios y leyes comunes para hacer posible que procreen la unión del maíz y el trigo, el parto de los montes, unir leyes de ribetes matemáticos con creaciones que provienen de la geografía, de la realidad cambiante, de ensayos y errores que tomaron milenios, de necesidades de  supervivencia. ¿Es que se requiere reflexiones más rebuscadas y extensas para entender que este maridaje no funciona?

Herencia socialista

¿Qué rescatamos del pensamiento socialista? Mucho sin duda. Desvistió al capitalismo de su falso ropaje de emprendedora y equitativa forma de organizar el desarrollo y lo ubicó  desnudo al lado del significado de la plusvalía. Aprecio su extraordinaria capacidad de organizar a los desposeídos en partidos que los hacen conscientes de abandonar su estatus de clase en y devenir en el vendaval transformador que puede adquirir un ser cuando se asume parte de una clase para sí. Saber que el ser social determina la conciencia y su batalla por descubrir el verdadero sentido de la religión, son algunos de las victorias sociales que son parte ya de cualquier humano que se sienta indignado por las inequidades e injusticias sobre las cuales se asienta de modo natural el capitalismo. Y hay vidas socialistas que invitan a la heroicidad. La travesía de Rosa Luxemburgo es un claro ejemplo de la lucha por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres; tanto como la ejemplar vida de Antonio Gramsci y su teoría de la construcción del poder que nos ayuda a pensar que: La conquista del poder cultural es previa a la del poder político… y a construir la hegemonía del pensamiento nuevo y la edificación del  poder y no su captura. Este filósofo y político italiano supo alejarse del determinismo  leninista para elaborar el concepto de hegemonía para interpretar y organizar la acción política. Gramsci instala en primerísimo lugar la ideología y dirección política cultural. Para nosotros los andinos es una apreciable ayuda para pensar nuestro futuro.

Rosa Luxemburgo
Antonio Gramsci

Pero nada de esto suprime los errores de los socialistas andinos, que se ve íntegro cuando sostienen que el concepto socialismo se originó en nuestras latitudes con el comunismo incaico, que la vida organizada en torno al bien común proviene de nuestros andes y fue llevado a Europa por los primeros invasores. Confunden inspiración con modelo, inducción a un sueño con la realidad. Pero veamos por partes: es probable que la influencia haya existido y que el fraile dominico Tommaso Campanella escribió Ciudad del Sol bajo el influjo de la antigua realidad societal americana. Hay elementos que vinculan la  ciudad sol creada en el texto con las características generales de las antiguas sociedades andinas. El trabajo colectivo y el uso de bienes comunes tanto como las ceremonias que se realizan en el cultivo de la tierra, la religión solar y el nombre mismo de su Estado, señalan parentescos comunes con la realidad que conocemos en el antiguo orden andino. El libro, publicado en 1608, es contemporáneo, 1617, de los Comentarios Reales de Garcilaso y se afirma que Campanella recibió importante información de sacerdotes españoles que conocían el Perú y se dirigían a Roma[12]. Y hay otro actor en todo esto: Pedro Cieza de León publicó su obra en 1555 y es muy probable que Campanella haya obtenido información de esas páginas. Hay un antecedente previo que es necesario comentar: Tomás Moro y su obra Utopía, publicada en 1516, también es muy probable que fuera escrita influenciada por la realidad americana; las ideas de Platón completaron la influencia. Hay pues razones para pensar que, efectivamente, los inicios de la utopía socialista estuvo afectada por las imágenes de reinos idílicos del continente recién descubierto.

Pero, ¿son razones suficientes para afirmar que el socialismo es andino? De ser así entonces podríamos también reclamar para nosotros el sustento de la filosofía de Baruch Spinoza o que la interculturalidad es de exclusiva autoría nuestra. El socialismo es al pensamiento comunal andino como se parece el dios único occidental a la multiforme variedad sacra andina; como se parece el pensamiento paritario andino, los dos juntos, a la dialéctica materialista, tú o yo; como la socialización en la particular usina  y la socialización en la vida comunal integral; como el desarrollismo estajonivista despiadada con la naturaleza y el buen vivir andino; como la priorización del reordenamiento de la vida material occidental y el reordenamiento de la vida integral andina.

Crítica adicional

Algo más de crítica para terminar. Esta vez con el denominado Pensamiento Qhapaq desarrollado en un folleto impreso por el llamado Movimiento al socialismo andino-amazónico. Contiene el documento una serie de apreciaciones sobre la realidad andina que sus páginas conocen bien. El problema surge al afirmar que hay en nuestra realidad andina un socialismo originario sin que exista prueba objetiva que lo avale. Confundir asociación comunal o modo de producción comunera con socialismo es un abuso del lenguaje[13]  más cuando se afirma que la sociedad futura será articulada con el auxilio de viejos términos como creación heroica que anulará plagios y caricaturas de modelos anteriores.[14] Imposible cumplir con lo ofrecido si se empieza por copiar el socialismo europeo. Pretenden también refundar la República[15] cuando sabemos que hacerlo equivale a conservar mucho de los males que precisamente esta República ha generado. ¿Refundar lo que nunca se fundó, la promesa para siempre inconclusa, parchar y ondear de nuevo el pendón sanmartiniano en la plaza principal; refundar qué? Aquí necesitamos fundaciones. Si quieren insistir entonces refunden la civilización andina, no esta pobre asociación de corrompidos intereses privados que se inicia en el Cuarto del rescate. Un cambio, desde el punto de vista que el folleto defiende, solo es posible en términos civilizatorios, es decir migrar de la civilización occidental y cristiana  a la recreada, no refundada, civilización andina. ¿Puede un movimiento que propone la transformación de la realidad, que desea instalar una formación económica distinta, equivalente a una  “gran final” del “Tinkuy” o contienda entra las dos formas civilizatorias pretender que este propósito es un etapa de transición de socialismo andino-amazónico?[16]Luego de la gran final, ¿hallaremos otra adicional que supere la etapa previa de transición? De finales inacabables estará plagada nuestra realidad futura, sin duda. Además tinkuy es encuentro, confluencia, no contienda. Si la etapa de transición recupera nuestro Modo Recíproco de Producción, entonces ¿dónde encaja el modo de producción socialista, habrá lugar?, más aún si se afirma que “la democracia” occidental, sea esta capitalista o socialista-occidental, como sistema de gobierno, no es propia de nuestros pueblos y civilización y depende de su particular y especifica división social del trabajo.[17] Si es así como se interpreta la realidad,  entonces que hacemos contratando el exótico socialismo para gobernarnos? Todo estos planteamientos ¿cómo se materializan y  se hacen realidad?, fácil para el folleto, a través de un novísimo contrato social: la hegemonía real de nuestra civilización y el orden andino, deberá legitimarse a través de un nuevo pacto o contrato social plural e incluyente que ponga fin a las constituciones criollas, excluyentes y racistas en el Perú, Ecuador y Bolivia.[18] ¿Qué ingresa en este nuevo pacto de buena voluntad?, pues la resuelta contienda civilizatoria, nada menos, también los cambios en los  modelos de producción – solución contradictoria con la teoría socialista que señala que el poder burgués establecido no entrega su dominio a nadie a través de  ningún pacto de buena voluntad. Recomendable volver a Marx y a Lenin, y al mismo Mariátegui.

Proyecto autónomo.

Vayamos terminando con las notorias incongruencias. No entendemos cómo resultaría viable la final lucha Tinkuy con la civilización occidental si después se afirma que occidente aún tiene auto redención, pero, además, lo más grave, afirma que compartimos con ellos elementos de identidad, lo que llevaría a las dos vertientes integrar como hermanos (sic) una sociedad de Socialismo Andino Amazónico.[19] Y, ¿qué aportaría Occidente a esta hermandad imposible de materializarse desde hace quinientos años? Pues nada menos que el antiimperialismo consecuente, sí, leen bien, el aprismo consecuente; el latinoamericanismo de la de-colonialidad , ¿equivaldrá al pensamiento caviar miraflorino?; y el republicanismo anticolonialista,  ¿los herederos de Pardo y Aliaga?[20]Perfecto, el milagro de San Martin de Porres por obra y gracia de un folleto partidario. Nada menos.

Aspectos finales. El folleto sostiene que el socialismo andino-amazónico requiere de un Estado que ponga en práctica la disciplina del Sumak Kawsay que use la filosofía del Qhapaq Ñan o “Camino de los justos”.  Se trata de un Estado con legitima hegemonía comunera que nos lleve a la recuperación del Modo Reciproco Productivo Reproductivo, dice. Si esto es así, lo reiteramos, entonces resulta inútil  instalar el modo de producción socialista andino. Por otro lado una filosofía que se extrae de un camino de justicia podrá ser una ruta de peregrinación y purificación  material y espiritual pero nunca filosofía. Es necesario no confundir filosofía con empirismo espiritual. Ambas transcurren por espacios separados, uno es cuerpo integrado de interpretación del ser humano, de su relación con la naturaleza y con otros humanos y de la vinculación con la sacralidad, y otra realidad es pensar en temas trascendentes mientras observamos la belleza de un camino. Que se trate del extraordinario paisaje que nos ofrece el Qhapaq Ñan no lo hace diferente.

Seguimos con el significado de la comunidad andina…


[1] José Carlos Mariátegui. 7 ensayo de interpretación de la realidad peruana. Editorial Minerva. Lima, 1975, pág. 54.

[2] Hugo Chacón Málaga. El eurocentrismo de Mariátegui. Calco y copia. IIPCIAL. Lima, 2019.

[3] Frances Stewart, editora. Conflictos y desigualdades horizontales. La violencia de grupos en sociedades multiétnicas. Fondo Editorial de la Universidad Católica. Lima, 2014.

[4] Valerie Robin Azevedo, Carmen Salazar-Soler (Editoras). El regreso de lo indígena. Retos, problemas, perspectivas. Centro de Estudio Regionales Andinos Bartolomé de las Casas. Cusco, 2009.

[5] Se puede seguir este itinerario en la investigación de Brian S. Bauer en: Cuzco antiguo, tierra natal de los incas. Centro de Estudio Regionales Andinos Bartolomé de las Casas. Cusco, 2008

[6] Ruth Sahdy y otros. Centros Urbanos de la Civilización Caral: 21 años recuperando la historia sobre el Sistema Social. Ministerio de Cultura. Lima, 2015.

[7] Louis Baudin. El imperio socialista de los Incas. Empresa editora Zig Zag S.A. Santiago de Chile, 1978. Pág. 236.

[8] Cesar Lévano. Arguedas. Un sentimiento trágico de la vida. Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Lima, 2011. Pág. 25

[9] Miguel Gutiérrez. Estructura e ideología en Todas las sangres. Fondo editorial del Pedagógico San Marcos. Lima, 2007, pág. 180.

[10] Miguel Rincón Rincón. Socialismo andino. Balance y propuestas. Juan Gutemberg Editores Impresores. Lima 2018. Pág. 479

[11] Miguel Rincón Rincón. Socialismo andino. Balance y propuestas. Juan Gutemberg Editores Impresores. Lima 2018. Pág. 31.

[12] Luis E. Valcárcel: del indigenismo cusqueño a la antropología peruana. Tomo I. Pág. 410.

[13] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 7.

[14] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 10.

[15] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 7

[16] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 10.

[17] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 21.

[18] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 21, 22.

[19] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 11.

[20] El pensamiento Qhapaq. Movimiento al socialismo andino-amazónico. Lima, s/f. Pág. 12.

3 Comentarios

  1. Muy justa crítica al improvisado socialismo andino. Merece una publicación aparte.

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    1. sawasiray dice:

      Sabemos de la importancia de intervenir en el debate sobre asuntos nacionales. Son pequeñas contribuciones que quizá en el futuro adquieran notoriedad. Así es la historia, llena de imprevistos. De las opiniones emerge la verdad. Recibe mis saludos, Gustavo.

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  2. Gustavo Flores Quelopana dice:

    Felicitaciones por tan filosa y acerada crítica. Hay muchos escritos valiosos en tu blog que merecen ser recopilados en un libro aparte. Blog del Autor: http://www.gusfilosofar.blogspot.comEnlace: librosperuanos.com

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