I. Huamán Poma de Ayala, filósofo

Introducción

Las páginas que aquí se publican son parte de un libro que se halla en proceso de elaboración y en el que se propone un parecer sobre la filosofía andina.

Las reflexiones en torno a este tema tiene algún tiempo de desarrollo. Se inició con el texto Nación andina que, en una de sus partes, afirma que el alto pensamiento antiguo poseía forma y contenidos que abarcaban espacios mas lejanos que los permitidos a la restrictiva cosmovisión. Después, en una publicación cuya aparición el proceso viral ha retrasado, formulamos los iniciales elementos de un desarrollo filosófico basado en las tradiciones nuestras. Filosofía del Yawar Mayu  denominamos a esta reflexión. Sus páginas afirman que nuestra tradición filosófica se asienta en un largo desarrollo de milenios de antigüedad y se expresa en pensadores de la dimensión de Garcilaso de la Vega, Huamán Poma, Juan Santa Cruz Pachacuti y José María Arguedas.   

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Es evidente que se trata de una idea que elude los cánones convencionales que juzgan la filosofía como una actividad reservada para el pensamiento occidental y la conocida restricción de esta actividad para los pueblos que poseen escritura, conceptos y  leyes de la lógica racional para sus análisis y reflexiones.  Frente a esta limitada y obsoleta manera de instalar cartabones al pensamiento humano, se ha abierto en los últimos años un adverso y frondoso camino contestario a tal aserto. La filosofía, en cualquiera de sus formas y expresiones, es un patrimonio consustancial al ser humano que no soporta academias que nieguen la capacidad de los humanos de elaborar diferenciadas maneras de pensar el ser y sus circunstancias. Son actos de liberación que forman parte del largo camino de ruptura con el coloniaje mental que nos domina.

Es el ámbito que me permite afirmar con rotundidad y convencimiento pleno que una filosofía realmente nuestra tiene que desarrollarse a partir del pensamiento antiguo, de las profundas vetas que yacen escondidas, muy visibles otras, y que permitieron edificar una civilización cuya complejidad aun se estudia. ¿Dónde yace el élan vital que vertebró aquella colectividad? pues nada menos que en los pensadores que supervivieron a la tragedia invasora y anotaron sustantivos elementos de aquella savia integradora de toda sociedad: su alto pensamiento. ¿No reúnen los sacrosantos principios que debe contener el razonamiento filosófico? Bueno pues infausto destino el de las observaciones; con ese alto pensamiento se construyó nuestra grandeza pasada. Sirvió, fue útil. ¿Qué otra prueba es necesaria?

Las cuatro personalidades citadas se unen con la facilidad con que se integra la escuela jónica de filosofía, por sus razonamientos, intuiciones, mitos, sueños, discurre un río subterráneo que los integra, es un Yawar Mayu distinguible en sus añoranzas, en sus personalidades escindidas por el coloniaje, en sus dificultades para integrarse y pertinaz decisión de resistir. Ninguno es héroe cultural, todos son héroes de la resistencia, tributarios de sueños ocultos de renacimiento y recreación de pasados esplendores. Sí, son novelistas todos ellos, escritores, poetas, transcriptores; ese es el caudal principal que arrastran nuestros ríos. Es lo que somos, procuradores de una moral y una ética andina. No hay ninguna otra posibilidad cierta de hacernos de un pensamiento que nos refleje,  identifique y aborde nuestros abismos y altas elevaciones y nos proporcione orientaciones nacionales para nuestros desencuentros. Es necesario subrayar de nuevo que caminamos ahora sobre extensos  procesos de descolonización mental abierto por innumerables pensadores nacionales, que fueron abriendo rutas de comprensión de lo que fuimos y de lo que podemos ser. Todo tiempo tiene sus propios afanes y el nuestro es de imprescindible rescate de las vetas que nos ligan con un pasado esclerotizado y puesto en vitrinas de museo como reliquias de exposición de un pasado inservible. No es cierto ese camino, son vestigios que hablan, vertebran vida y nos señalan el camino de nuestra reedificación, del reencuentro con lo que somos.

Decimos: no es posible tener una filosofía nacional con el solo reconocimiento de su existencia en el pasado milenario, requerimos prolongar nuestra humanidad y abrazar ese pensamiento remontando letra muerta, útil para llenar bibliotecas pero inútil para responder las centenarias preguntas de un pueblo que reclama rutas, caminos que nos conduzcan a ver y acceder a un horizonte nuestro.

Esta parcial entrega es también asegurar un compromiso de cumplimiento de una labor que esperamos culminar pronto, superando dificultades que emanan de transitar materias que no formaron parte de ninguna especialidad universitaria. En este punto me apoyo en la obra y biografía de estos cuatro pensadores nacionales muy alejados de los formatos tradicionales a la hora de formular pensamiento y también distantes de las estrechas fronteras de una sociedad negada para los propósitos de largo plazo.

Acerco pues este primer tema, parte de un capítulo redactado con la emoción y compromiso que suscita sabernos de un país antiguo.

I. Huamán Poma de Ayala en la tradición filosófica del Perú 

¿Huaman Poma filósofo? Sí, lo es. Para sustentar esta afirmación acudimos a su obra que posee contenidos similares y propósitos que también impulsaron a pensadores de otras latitudes a sistematizar ideas y cuestionarse realidades conflictivas o intolerables con la determinación de interpretar sus orígenes y proponer trayectos de solución. La vida y obra de muchos pensadores estimados como filósofos han discurrido por similares horizontes biográficos a los del indio yaruvilca. Sin embargo, el uso de restringidos criterios coloniales para evaluar el sentido de la filosofía ha provocado que su obra sea comentada al margen de esta afirmación. Cronista lo reconoce la mayoría, utopista también y algunos lo señalan racista, desconociendo que reúne legítimas condiciones para residir en el dilatado ámbito de la filosofía.

Cuando escribe afirma que evita hacer mal ni daño, sino para el servicio de dios, buena justicia y enmienda de los malos cristianos, soberbios[1]. Su inicial exposición, claramente filosófica, no es fruto del azar, sobrepasa una solitaria pretensión por hacer história, ya tarea suficiente, ni tampoco pretende arracimar hechos sin adjuntar una opinión reflexiva que contiene implícita la pregunta: ¿cuál es el origen de este desorden, por qué ocurren estas cosas, cuáles son las soluciones? y que se revela en su impaciencia para entenderlas a cabalidad, y remediarlas, emitiendo su constante alegación: ¡no hay remedio! Semejante al ¿qué se yo? del francés Michel de Montaigne, por lo demás, viajero y habitante del mismo siglo que el cronista.

Como suelen ser la mayoría de los pensadores, no es activista social, tampoco conductor de rebeldías; se asigna el rol de áspero observador, insobornable censor y, como genuino intelectual, evita tomar acciones prácticas sobre un mundo que se revela sorprendente en sus íntimas partes constitutivas. Al igual que el florentino Nicolás Maquiavelo, elige dirigirse a la cumbre del poder, fuente que engendra la anarquía y promueve el desorden; su práctica cultural le ha enseñado que el ordenamiento social se origina en una fuente sacra que tiene a un soberano como representante, intérprete y ejecutor del mandato divino en el orbe. Su sistematizada concepción del mundo no concibe un orden sin vertebración unificada ni conjunto universal que, en su consideración,  emana de la autoridad máxima y conserva el vértice de comunicación con la energía que mora en el universo y que Huamán Poma ha aprendido a denominar Dios.  Sacra católica majestad, le dice al monarca, mande que venga por sus testimonios cada cacique principal y segunda o los mandones para que yo les dé testimonio de lo que merece cada uno, porque sé todo, cómo y de qué manera, cómo segunda persona del inca y vuestra. Los testimonios tengo que darlos yo y mis descendientes según ley, firmados de mi nombre para perpetuidad. Así ninguno se hará por fuerza curaca ni se llamará ‘don’ ni ‘doña’, ni se pondrá hábito de español y será probado fiel, cristiano brioso para servir a dios y a vuestra majestad, favorecerá a los pobres indios y así le dará vuestra majestad título en todo este reino.[2] Se yergue como fielato y heredero del pensamiento que proviene de las panacas reales que integraban antes el registro de hechos cotidianos y de la historia.  Los testimonios tengo que darlos yo y mis descendientes según ley, firmados de mi nombre para perpetuidad, afirma con una rotundidad que ampara a los pensadores protegidos por el poder máximo que, para él, proviene del esplendor que tuvo su antigua sociedad; la soltura y confianza que usa para dirigirse a la sacra autoridad es propia de los consejeros intelectuales que le hablan al poder liberados del protocolo que protege a los consejeros de Estado que se acercan al soberano premunidos de su ineptitud para amagar posiciones de poder político. Porque sé todo manifiesta, arrogándose el don de quienes poseen visión totalizadora de la realidad. Reclama por él y los suyos, prójimos cercanos que sufren la usurpación, y cuando se dirige a la autoridad usa la voz que proviene de ese pueblo sin merma del orgullo por sus orígenes; no reprime su identidad a cambio de merecer prebendas que reciben los sometidos; mantiene con el soberano un diálogo de cultura a cultura sin disminuir su prosapia real y condición india. Le hace ver que el origen de su riqueza y poder emana de sus súbditos marginados: Digo a vuestra majestad,  que de los indios tiene renta vuestra majestad. Yo soy príncipe, soy por ellos, si se acaban quedará la tierra yerma y solitaria.[3] No es lenguaje historicista, tampoco de cronista enfrascado en dar cuenta irreflexiva y sumaria de hechos sociales, lo suyo es exponer, razonar y elaborar teorías de Estado.

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Huaman Poma, en autorretrato, viajando con su hijo Francisco, su caballo Guiado y sus dos mascotas: Amigo y Lautaro.

Como es frecuente entre los pensadores sociales o filósofos políticos tiene una visión clara y metódica de la sociedad. Defiende los fueros indios por encima del mestizaje biológico que va proliferando ante su escéptica mirada.  Sacra católica real majestad, menciona, es muy gran servicio de dios nuestro señor y de vuestra majestad y aumento de los indios que no esté ningún español, mestizo, cholo, mulato, zambaigo, casta de ellos, sino fuere casta de indio, que a todos los echen,  a chicos, grandes, casados, llevando sus mujeres los echen a las ciudades, villas. Exige que a todos los nombrados no se les mantengan un solo día en tambos y se les envíe a las costas con alguaciles en ruta a otras ciudades o que sean desterrados a Chile y dejen vivir y multiplicar a los indios libremente. Porque no se sirve vuestra majestad de los mestizos sino ruidos y pleitos, mentiras, hurtos enemigo de sus tíos y mucho más de los mestizos sacerdotes, que no sean doctrinantes ni criollo, ni los consienta vuestra majestad. Es el modo, menciona, que aumentarán los indios, se servirá de ellos vuestra majestad y aumentarán y engrandecerán la corona de vuestra majestad y todos Castilla y cristiandad, Roma.[4]  Se trata de una monumental concepción de sociedad que no ha sido observada en su capacidad regenerativa y tampoco con la seriedad que requiere por el hecho de ser proclamada por un indio derrotado y portador de un sueño juzgado irrealizable por la aparente irreversibilidad de la invasión colonial.

Y, a tono con su afirmación anterior, solicita se envíe Cardenal a las costas peruanas, y lo señala con la seguridad que ostenta el poseedor del diagnóstico y solución acertada de temas que no pueden estar fuera del alcance de quienes, como él,  poseen la capacidad y  profundidad de juicio para conocer todos los aspectos de una realidad multiforme. Señala imperativo: Si no le pareciere a vuestra majestad, comunique con su santidad que nos envíe su segunda cardenal.[5], haciéndonos imaginar que expresa estas sentencias dando pasos  confiados y seguros en las proximidades del trono real. Y añade, invadiendo colinas teológicas y predios solo permitidos para salmantinos distinguidos: digo a vuestra majestad, quien defiende a los pobres de Jesucristo sirve a dios, que es palabra de dios en su evangelio y defendiendo a los indios de vuestra majestad sirve a vuestra corona real, porque les han valido a los abuelos y padres de vuestra majestad, que allá están todos en el cielo.[6] Su atrevida inferencia interpreta la doctrina con acierto y sin divagaciones, con la sencilla claridad que acostumbra: servir a los pobres es servir a Dios, lo dice el evangelio, subraya, y sin fingimientos le recalca que la defensa de los pobres indios seguirá el camino engrandecido de sus antepasados, siempre amparados y sostenidos por los pobres del universo.

Después de muchos siglos, en la precisa vecindad que habitó temprano el filósofo lucaneño, teologías liberadoras contemporáneas han desarrollado similares razonamientos. Sí, puede cuestionarse la originalidad de la reflexión y señalar parentesco con el pensamiento lascasiano, pero ocurre que, en Felipe Huamán deja de ser el abrazo de solidaridad humana desde la esfera de la caridad y filantropía para devenir en el reclamo del que vive en el sufrimiento; su discurso adquiere diversidad y resonancias originales porque es emitido  desde el ser mismo que encarna los estragos de la violencia colonial y asume el adelantado reclamo por una sociedad descolonizada e igualitaria, de convivencia interétnica respetuosa. Huamán Poma le otorga contexto y antecedentes históricos a la obra de Olaudah Equiano, Césaire Aimé y después Frantz Fanon quienes, desde distintos escenarios sociales, postulan pensamientos que el lucaneño expresó primero en el siglo XVI.

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Con sus requerimientos el cronista orienta su mirada sobre aspectos fundamentales del quehacer filosófico universal: discierne en torno a la vinculación humana con la divinidad y analiza las relaciones humanas, pilares que sostienen las teorizaciones filosóficas de todas las épocas. La relación con la naturaleza, otro aspecto universal de las reflexiones, es abordado por él en numerosos espacios de su crónica. Juzgando la soltura y seguridad que exhibe al ocuparse de estos conceptos afirmamos que sus pares precedentes no eran ajenos a estas especulaciones; propósitos similares ocuparon la meditación de los amautas filósofos. Huamán Poma no puede ser expresión inesperada que surge de una casualidad enigmática, sino consecuencia de un apretado y particular humanismo andino que ya se observa en la Instrucción del Inca Tito Cusi Yupanqui y después en Garcilaso de la Vega y después en Juan Santa Cruz Pachacuti y termina de acumularse en José María Arguedas.

Se muestra sorprendido y extrañado cuando interpreta los patrones de conducta que lucen los invasores para tratar a la población sometida y también los patrones que adoptan las relaciones entre ellos mismos; su  desconcierto se expresa en su frase yerma: ¡no hay remedio! Exacta e ilustrativa de su perplejidad e incapacidad para comprenderlas. Los asuntos divinos y sociales, y la vinculación con la naturaleza, no son temas que surgen de la reciente realidad de marginación y opresión que soportan sus hermanos y cultura. La seguridad reiterada, ácida agudez e ingenio y luego tonante condena, que usa para evaluar las hondas distancias culturales, sin que halle esfuerzo en los hispanos para ser distintos, provienen del aprendizaje que le procuró la todavía intacta cultura sometida, fecunda en planificar el bien común privilegiando entendimientos duraderos entre cientos de culturas con lenguas y características diferenciadas y que, al margen de sus conflictos e intereses particulares, supieron construir juntos una civilización autónoma e inimitable.

El cronista indio también reúne características propias de los estudiosos trashumantes, carentes de academia, que adquieren conocimientos en la observación diaria y metódica del entorno social, y luego se preocupan por sistematizarlo y difundirlo – en este punto no dejo de pensar en el maestro Confucio y sus postulados sociales. Es método que lo da a conocer mencionando: el cristiano lector estará maravillado y espantado de leer este libro […] y dirá que quién me enseñó, que cómo pudo saber tanto, para señalar luego que aprender le ha costado 30 años de trabajo […] y pobreza, dejando mis casas e hijos y haciendas. He trabajado, entrándome en medio de los pobres, sirviendo a dios y a su majestad, aprendiendo las lenguas y leer y escribir, sirviendo a los doctores y a los que no saben y a los que saben. Señala que sus conocimientos, como corresponde a su tradición cultural, ajena a los textos escritos en papel, los ha adquirido en múltiples espacios: en palacio, en casa del buen gobierno y en la Audiencia, he servido a los señores virreyes, oidores, presidentes y alcaldes de corte y a los muy ilustres in Cristo señoría obispos y a los ilustres comisarios. He tratado a los padres, corregidores, encomenderos, visitadores, sirviendo de lengua y conversando, preguntando a los españoles pobres y a indios pobres y a negros pobres.[7] Adquiere pues Huamán Poma la tesitura suficiente para emprender una obra que va más allá de la elemental recopilación de información y aborda reflexión y crítica de los sucesos observados ingresando con toda justicia al territorio de la reflexión sistemática.

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Observa a numerosas naciones que viven la descomposición de sus antiguas formas de vida y le impelen a describir un mundo que alcanzó a conocer en sus rastros de antiguo esplendor y que contrasta con la inaceptable sociedad que va emergiendo de los escombros. En el recuento de su fatigosa biografía dice haber visto visitador de la santa iglesia y visitador general de indios tributarios y revisitas y de composición de tierras y, como pobre, con ellos trato y así me descubren sus pobrezas y los padres sus soberbias.[8] Explica que reúne información tamizada, solo lo principal, porque si escribiera lo que me ha pasado en los pueblos, tanto trabajo de la soberbia de los padres, corregidos, encomendero, de caciques principales, los que persiguen a los pobres de Jesucristo, a veces es de llorar, a veces es de reír y tener lástima. Y he visto a vista de ojos, para el remedio de los pobres y servicio de dios y de su majestad. ¡Cómo he visto tantas cosas, que es de espantar! Luego diréis vosotros que soy contra el padre y el corregidos y el encomendero.[9] Abunda en detalles sobre la naturaleza de su trabajo y el propósito que tiene, como filósofo que es, de contribuir a la salvación de las almas: los buenos se rían del libro, los malos se enojarán y les pesará de él y desearán matarme. Pues dígoos, cristianos lectores, que no habéis tenido hermano que haya querido tanto la salvación de vuestra ánima y conciencia y que en el mundo os ha librado de trabajos, pesadumbres y pecados y os ha honrado. [Por] tanto tomaréis este libro y lo leeréis de en verbo en verbo y asentaréis y lloraréis con vuestra ánima. Veréis lo que es malo y lo que no es malo y, quitado de ellos, hablaréis con vuestro señor y prelado libremente y seréis honrado y cabréis en el mundo con los chicos y grandes. Y trataréis con el papa y rey y os tendrán en los ojos y en el ánima. Pagadme, ahora, vuestras oraciones. [10]

Podemos continuar revisando sus contenidos y seguir interpretando su denso pensamiento, pero lo hasta aquí citado ¿no es acaso el itinerario propio de un filósofo político como es Nicolás Maquiavelo en el espacio europeo, personaje con quien compartió en el mismo siglo preocupaciones acerca de la administración de la sociedad y el Estado; el florentino elaborando ideas para perfeccionar el sistema de dominación y Huamán Poma criticándolo. Es una vida de observación y reflexión la que une a los pensadores, los diferencia las culturas que los forman y sus experiencias de vida, pero los une la preocupación que manifiestan por las sociedades que habitan. Sus testimonios adquieren multiforme cariz: tratados, diálogos, ensayos, narraciones, poemas; la forma en que compendian información y la transfieren no tiene que seguir preceptos previos ni matriz repetible; las sociedades influyen en la forma que usan para transcribir sus discernimientos y, en ese contexto de normas, hábitos, familia, escuela, el pensador elige el modo de expresarse. Los ámbitos de Huaman Poma son la filosofía de la política y de la cultura, también de la historia; en todos los espacios apela a su herencia social; tradiciones cultivadas en milenios lo distingue como filósofo de la ética y la moral, siguiendo un formato usado por los amautas andinos, vigilantes ascéticos y abstinentes, severos guías espirituales.

Diligente observador y analista, repite experiencias similares de individuos que en la sociedad andina tuvieron la tarea de crear valores para legitimar y desarrollar el complejo entramado cultural civilizatorio. Recoge tradiciones y destrezas y las utiliza para cuestionar los valores que el nuevo horizonte de sentido empezaba a organizar. Su práctica trashumante repite la experiencia de numerosos creadores que gatillaron sus ideas por la pérdida de tradiciones culturales y las vivencias del desarraigo.

El indio yaruvilca vive el dilema de habitar dos culturas, es un ser escindido entre la admiración por el antiguo orden andino en proceso de desarticulación y su difícil acomodo a las sorprendentes nuevas normas morales y éticas hispanas que no emanan de la práctica social concreta sino de textos y dogmas que yacen en páginas solo para ser leídas, pero nunca para ser cumplidas. Se distancia de la antigua religiosidad andina y conserva intacta la severa actitud de sus pensadores, sacros rectores de la moral, austeros y preceptores, autónomos del poder fáctico. Hay un  universo que Felipe Huamán permite le expropien: la sacralidad antigua; parece acomodado a la nueva racionalidad religiosa, se ha impuesto sobre él la vesánica extirpación de idolatrías, la reciedumbre de los que portan la cruz y la espada, que no escatiman usar el pulpito y las doctrinas y la tortura y ejecución para conseguir sus fines: erradicar la extraña sacralidad que hacía hermanos a los seres y, a la sociedad toda, cooperantes y prójimos con la naturaleza. No obstante su temprana conversión, permanecen en él restos suficientes de la antiguas visiones que le hacen explicar con indisimulado orgullo y emoción detalles del firmamento religioso antiguo y de su organización social; deja observar visible añoranza de un orden que se asentaba en vinculaciones invadidas de sacralidad; las reprueba con teorizaciones aprendidas en un catecismo impráctico sobre la cual se impone la densa cultura que porta y la grandeza social de sus antepasados que aparecen superiores frente a las  miserias morales y éticas que observa en la avanzada invasora que ha impuesto pisoteando una extraña forma de convivencia civilizada.

II. Filósofo de la ética y la moral

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Veamos sus precisiones acerca de la moral y de la ética andinas. A un importante soberano inca lo describe administrando su poderío y enumerando una serie de decisiones de Estado que la mayoría ve como reliquias inútiles e irrepetibles. Menciona: […] Pachacuti inca Yupanqui […] hizo comenzar templos de dioses, ídolos huacas, edificó casas de vírgenes acllacunas, así de las mujeres como de los hombres y fundó pontífices (huallahuisa, condehuisa), hechiceros (laicacunas), sacerdotes y confesores y compuso fiestas y meses y pascuas y danzas. Mandó matar a los hechiceros falsos, a los salteadores y a las adulteras, castigaba de pecados públicos mucho e hizo mucha hacienda de templos, ídolos.[11] Cuando Huamán Poma admite que hubo hechiceros falsos hace evidente su aceptación benévola de hechiceros auténticos y, por ello, estancia de un orbe legitimado desde su orilla critica. La suya no es fría y aséptica descripción de la sociedad perdida, ni siquiera cuando se refiere a lugares de antiguos cultos religiosos. El hieratismo de los maestros ancestrales es observable en los tópicos que elige como adversarios y la forma en que afronta la pérdida de sus derechos sobre propiedades y mercedes; se desplaza hermético y marginal, construyendo juicios severos de una realidad que sabe irreparable; se traslada sin despilfarros ni comodidades: cayado, ropa ligera, mascotas y caballo fiel, son suficientes para acometer su tarea de recopilador y observador participante de años en que se consolidaba el poder dominante y se va extinguiendo el esplendor andino. Desde los márgenes de la sociedad dominante configura su obra como único modo posible de protestar sin incurrir en rebeldía penada con presidio.

Es posible afirmar sin error que la Nueva crónica y buen gobierno es, en su integridad, un tratado de política, de ética y también de moral. Es así que el escritor señala, con clara determinación, escribir en beneficio de buen vivir de los cristianos. [12] que sabemos es una frase construida con raíces profundas en los cimientos mismos de la civilización antigua, fundamento de sociedad que comparte armonía en el trato entre semejantes, sacralidad en sus apartados intersticios, asociación igualitaria con la naturaleza, trabajo como medio de realización humana acompañadas de festividades periódicas para celebrar la convivencia y la vida, dioses que acompañan la cotidianeidad sin esperar de ellos recompensas intemporales y, sobre todo, necesidades materiales satisfechas. Señala que su Crónica es muy útil y provechosa. Es buena para enmienda de vida para los cristianos e infieles, para confesarse los indios y enmienda de sus vidas, erronía e idolatrías, para saber confesar a los indios los sacerdotes y para la enmienda de los encomenderos de indios, corregidores, padres y curas de las doctrinas, mineros, caciques principales, indios mandoncillos e indios comunes y otros españoles y personas. Es buena para las residencias y visitas generales de los indios tributarios y la visita general de la santa madre iglesia. [13]  Lo múltiples propósitos que tiene el autor los presenta del modo en que sus antepasados filósofos y educadores antiguos exponían sus enseñanzas ante el pueblo llano: sentencias breves y mandatorias unidas a austera y ejemplar vida. Su preocupación por enseñar antiguas normas de vida está condicionada por el avasallamiento perpetrado por intrusos que carecen de merecimientos para vivir en comunidad con los indios. Sus alegatos ante el monarca español se sustentan en este principal aspecto: restituir la antigua sociedad andina y establecer relaciones de igualdad con las otras comunidades mundiales: españoles en Castilla, negros en Guinea e indios en las Indias a los que añade el Gran Turco. La interrelación que establece entre reinos se sustenta en la organización de los cuatro suyos, con un soberano mayor que prima sobre los demás. Los señores de los suyos conservan sus prerrogativas en sus territorios y son extranjeros en los otros suyos. En este ámbito, nos recuerda que el soberano inca: ordenó y mandó que en esta ciudad hay Consejo real, dos incas Hanan Cuzco y lurin Cuzco, cuatro grandes de Chinchaisuyo, dos de Andesuyo, cuatro de Collasuyo y dos de Condesuyo. (A estos les llamaron tahuantinsuyo camachiconchic).[14]

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Diseño de la hoja a la manera de las figuras que adornaban la ropa de deidades y soberanos.

Es el orden que conoce bien y lo usa para proyectar a un nuevo orden mundial.

La figura de Martín de Ayala, siervo de dios y  hermano de madre de Huaman Poma, cumple rol importante en la aceptación de la doctrina cristiana. Le imparte las primeras instrucciones teologales y se muestra como modelo de comportamiento cristiano. Observa su entrega a la causa religiosa con virtudes que ha reparado entre pobladores comunes y antiguos amautas que aún subsisten. Lo describe como cura y beneficiado del hospital y pobres indios de Jesucristo, enfermos de la santa casa del hospital de la ciudad de Guamanga. Este padre Martín de Ayala fue mestizo, hijo de un caballero principal y nieto de Tupac inca Yupangui, señor y rey de este reino. Fue muy santo hombre, sentenció a los mestizos y criollos con su humildad y caridad, amor de Dios y penitencia y limosna y santa obra, servicio de dios y de su majestad. Desde edad de siete años entró a servir a dios en el hospital de la ciudad del Cuzco, recibió hábito de ermitaño, se hizo sacerdote de misa. Y, sirviendo a Dios, murió en él de edad de 40 años. Hizo muchos milagros y sentenció para memoria que fuese sentenciado por el papa de Roma y por su majestad en los capítulos.[15] Similares son las extensas referencias que hace el cronista sobre las prohibiciones que se imponían los amautas, y también los pobladores comunes, cuando se desarrollaban diversas festividades. Menciona: Mandamos que en tiempo de pestilencia o de sacrificio ni tempestades ni tiempo de hambre y sed o muerte del inca o de algún señor capac apu o levantamiento, no hagan fiesta ni bailen ni canten ni dancen ni se toque tambor ni flauta ni toquen a mujer los hombres, ni en tiempo de ayuno y penitencia. Ni han de comer sal ni ají ni carne ni fruta ni beban chicha ni coman ninguna comida, sino sólo maíz blanco y crudo en esta penitencia.[16] En pasaje próximo precisa que la población hacia Ayunos y penitencias […]. Cuaresma en el mes de la penitencia, enero, camay quilla.[17] Se trataban entonces de prácticas religiosas de factura similar a la cristiana y que explica el rápido progreso de la religión importada en el pueblo llano. Human Poma asimila con presteza el novedoso panorama teológico y lo hace suyo conservando elementos básicos de las costumbres, tradiciones y la antigua manera de ver el mundo. Su herencia cultural se halla íntimamente vinculada a la esfera de la contemplación, rituales y doctrina. Sus constantes alusiones a los hechos fantásticos de la Biblia exponen la sustantiva carga espiritual antigua que porta y que le facilita construir un encuentro intercultural con los invasores, un tinkuy situado en la banda de contacto societal; el encuentro armónico de hispanos y andinos no se hace realidad, los elementos primarios del mestizaje como son la construcción de un espacio universal para ambas culturas no se concreta. A diferencia de Garcilaso el Inca, Huamán no traspone el umbral que lo acerque a adoptar el rostro de dos culturas; permanece sin titubeos en territorio indio. Vive en una suerte de diglosia cultural donde procura hallar un espacio liminar entre las dos culturas para desarrollar su biografía; su sede íntima, el hogar de su mundo interior, permanece en el espacio andino pero se mueve con soltura en el espacio de Castilla. No asimila aún la idea de una presencia irreversible de la dominación ibérica. Su universo hanan sigue siendo andino y para darle sentido a la necesaria necesidad de paridad se construye un hurin, español.

Sus postulados éticos y morales, elemento basal de la civilización andina, son profusos e integran de manera primordial el horizonte de sentido de la crónica. Son visibles la exposición de los preceptos morales que rigieron la sociedad andina, porta una constante preocupación por evitar se pierdan las reglas que hicieron posible la edificación de su antigua sociedad. Señala que, en aquel tiempo, no se mataba ni se robaba, ni se echaban maldiciones ni había adulteras ni ofensas en servicio de dios, ni había lujuria envidia, avaricia, gula, soberbia, ira, acidia, pereza. No había deudas ni mentiras sino todo verdad y con ello una sombrilla del conocimiento de dios. Había mandamiento de dios y la buena obra de dios y caridad temor de dios. Limosna se hacía entre ellos y tenían buena justicia y grave, temerosos de dios porque juraban en aquel tiempo diciendo: Runacamac uanochihuachun, cay allpa millpuhuachon. Hacedor de la gente me mate y me trague esta tierra[18].

Señala que el décimo inca Tupac Yupanqui era Enemigo de mentirosos, que por una  mentira los mandaba matar. El que comenzó a mandar que aderezasen todos los caminos reales y puentes, puso correones (hatun chasque, churu chasque) y mesones y mandó que hubiese corregidores tocricoc, alguaciles hauatacamayoc, oidores, presidente, Consejo de estos reinos Tahuantinsuyo camachic. Tuvo asesor incap rantin rimac, procurador y protector runayanapac, secretario incap quipocnin, escribano Tahuantinsuyo quipoc, contador hucha quipoc. Y puso otros oficios[19]. Estamos frente a un verdadero tratado de política y administración estatal. Combina sus reflexiones con párrafos que no disimulan su admiración por las decisiones de los antiguos gobernantes y que le hace decir: Estos incas y demás señores y principales e indios particulares, antigua gente, hicieron y acrecentaron su salud y vida. Resaltando la austeridad cotidiana de aquellos siglos señala que  se purgaban cada mes con tres pares de huilcatauri y otro tanto que pesase de maca, tomaban por la boca la mitad y la mitad se echaban medicina. Con  esto aumentaron salud y vida. Hasta 30 años no tenían mujer ni marido ni cargo y así tenían mucha fuerza[20].

Podemos resumir sus preocupaciones de orientador social haciendo una extensa y transcripción del acápite denominado Ordenanzas de los incas. Aquí señala que las Leyes y Ordenanzas de estos reinos de este Piru, son como sigue. Primeramente la primera ley -aunque añadieron los incas con sus idolatrías-, guardar fiestas y pascuas en el año y meses ayunar y huarachicos, rutuchicos, pacaricos, huacachicos, sacrificios de escoger vírgenes, depósitos y otras cosas de ceremonias de los demonios guardaron los incas. Y continua señalando: Ordenamos y mandamos en estos reinos y señoríos que se guarden y que se cumplan so pena de muerte los que no las guardaren, ellos y sus hijos y descendientes, porque serán castigados y serán muertos y condenados a muerte, se acabará toda su generación, consumirán sus pueblos, se sembrará sal en ellos y vivirán animales luicho, poma, atoc, usco, cóndor y huamán (Estas penas tenían puestas, mandadas, ejecutadas perpetua en todo este reino y así no había pleito jamás. Con esta sentencia estaban fijas la ley y la justicia)

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Ordeno y mando en esta gran ciudad cabeza de estos reinos haya un pontífice hechicero mayor (llamado huallahuisa, condehuisa) y otros de chinchaisuyo, de andesuyo y de Collasuyo (A estos les llamaban huisa, laica, camascacuna. Estos tenían en el templo del sol y otros muchos tenían en otros templos y huacas, como en Pariacaca, Carhuancho Huallullo, Sahuaciray, Pitusiray, Coropuna, Suri orco, Titicaca. En otros templos tenían sacerdotes como obispos y canónigos y sacristanes, los que le servían y confesaban, enterraban. Estos fueron laicacunas, huasicunas, camascacunas. Estos estaban en los templos y dioses del todo el reino y tenían muy entablada esta ley de la idolatría y ceremonia de los demonios).

Item mando que haya asesor incap rantin rimaric Cápac apu (El asesor fue hombre principal)

Item mando que haya virrey (que fue segunda persona. No consentía que fuese gente baja su virrey, sino Cápac apu Huaman Chahua. A este señor enviaba con andas chicchi rampa. Llevaban como inca a las provincias y le llamaban incap rantin, en lugar de inca).

Item mandamos que haya en cada provincia para la buena justicia un corregidor (que llamaron tocricoc. Este era de los incas de oreja quebrada, hanan Cuzco, lurin Cuzco).

Huaman 12

Item mandamos en este nuestro reino que ninguna persona blasfeme al sol mi padre y a la luna mi madre, a las estrellas y al lucero chasca cuillor, huacahuilcacunas y a los dioses huacas y que no blasfeme a mí mismo inca y a la coya (Decían asi: nacaconquicho intiman quillaman chuqui ylla uaca uilcaconaman noca yncayquitapas coyatauanpas. Unanochiquimanmi, tucochiquimanmi).

Item mandamos que no blasfeme a ninguna persona y al Consejo y principales ni a indios pobres.

Item mandamos que haya otro Cuzco en Quito, otro en Tumi y otro en Huánuco y la cabeza que fuese el Cuzco y que se junten de las provincias a las cabezas al Consejo y fuese ley.

Item mandamos que en este reino ningún árbol frutal o madera o monte o paja fuese quemado ni lo cortasen sin licencia, so pena de la muerte y castigos.

Item mandamos que los mozos y niños fuesen muy obedientes a sus padres y madres, a los demás viejos ancianos, señores grandes y a los mayorazgos de todo este reino. No cumpliendo por la primera vez fuesen azotados por la segunda fuesen /189/ desterrados a las minas de plata o de oro.

Item mandamos que no haya ladrones en este reino ni que haya salteadores (sua pomaranra. Y que por la primera vez fuesen castigados 500 azotes y por a segunda apedreados y muertos. Y que no se enterrasen su cuerpo, que lo comiesen las zorras y cóndores.

Ytem mandamos que los que hallasen que lo restituyesen lo hallado y lo pagasen el hallazgo (Por donde no, había de ser castigado por ladrón. Y así ha de aparecer luego.”

Yten mandamos que ninguno, después de haber muerto, no le pida deuda ni pague la mujer ni el marido ni el padre por el hijo ni el hijo por el padre, ni por alguna, sino que lo pida en día de su vida y no se pague por ser sospecha y mentira. Y se dejare en el testamento, que lo pague de su hacienda y se fuere el difunto pobre, que lo pierda.”

Ytem mandamos que a los indios, indias desterrados y depositados les hagan mucho trabajar porque reciban pena y castigo, ejemplo y enmienda de su culpa.”

Ytem mandamos que en este reino no tengan veneno ni ponzoña ni hechicería alguna para matar a persona ni lo maten. Al que matare le condenamos a muerte despeñado y descuartizado. Y se fuere contra el inga o de los señores grandes rebeldes y traidores, que fuesen hecho tambor de persona, de los huesos, flauta, de los dientes y muelas, gargantilla, y de la cabeza, mate de beber chicha. (Es la pena del traidor y ha de alzarse públicamente. Y se dice iscaisonco auca [traidor].”

“Ytem mandamos que cualquiera persona que matare, que muera como mató. Si  fuere con piedra o con palos, lleve la pena y se ejecute y sentencie.

Ytem mandamos que la mujer estando con su regla no entre en el templo ni al sacrificio de los dioses huacahuilca y si entrare, sean castigados.”

Huaman 13

Ytem mandamos que la mujer que moviese [abortase] a su hijo muriese. Y si es hija, que le castigasen doscientos azotes y desterrasen a ellas.”

Ytem mandamos que la mujer corrompida o que consentía que la corrompiesen o fuese puta, que fuese colgada de los cabellos o de las manos en una peña viva en Antacaca y que le dejen allí morir. El desvirgador, quinientos azotes y que pase por el tormento de hihuaya 1 [piedra muy pesada] a que le suelte de alto de una vara al lomo del hombre. (Con esta pena se muere, algunos quedan vivos). Y al forzador le sentencie la muerte de la mujer. Y si consintieron las dos, mueran colgados, iguales penas.

Ytem mandamos que la mujer viuda no se casase otra vez ni que fuesen amancebada después de haber muerto su marido. Teniendo hijo, sea heredero de toda su hacienda y casas y chacras [sementera], y si tuviere hija, sea heredera de la mitad de la hacienda y de la mitad sea heredero su padre o su madre o sus hermanos.”

Ytem mandamos que el quien tuviere un hijo fuese honrado, (yupaychasca), y el de dos hijos, fuese hecho merced y al de tres hijos, le diesen sementeras y pastos y tierras,los de cuatro hijos, fuesen reservados, los de cinco hijos, mando que fuesen mandoncillos de sus hijos (pichca camachicoc) [el que manda 5 unidades domésticas], los de diez hijos, que fuesen señor de merced y los de 30, 40 o 50 hijos, que se poblasen donde pidiesen en pueblo y tierra baldía y fuese señor en ellos.

Ytem mandamos que a los perezosos y sucios puercos les penaba que la suciedad de la chacara o de la casa o de los platos con que comen o de la cabeza y de las manos o pies les lavaban y se las daban a beber de fuerza en un mate, por pena y castigo (En todo el reino estaba ejecutada esta pena).

Ytem mandamos que sean desterrados todos los que enterraren sus defuntos en sus casas con ellos.

Ytem mandamos que los caciques y principales tengan 50 mujeres para sus servicio y aumento de gente en el reino, huno curaca [señor de miríadas de unidades domésticas], 30 mujeres, huamanin apu [capitán] tenga 20 mujeres, huaranca curaca [de 1000 unidades domésticas] tenga 15 mujeres, pichca pachaca [de 500] tuviese 12 mujeres, pachaca camachicoc [de 100] tuviese 8 mujeres, pichca chunca camachicoc [de 50] tuviese 7 mujeres, chunca camachicoc [de 10] tuviese 5o mujeres, pichca camachicoc [de 5] tuviese 3 mujeres, y un indio pobre tuviese 2 mujeres (y los otros que tenía puesto por mitimais [que reside permanentemente fuera de su pueblo] tenía 2 mujeres y los soldados de guerra conforme de la victoria le daban mujer para el aumento.

Ytem mandamos que ninguno se cazase con hermana ni con su madre ni con su prima hermana ni tía ni sobrina ni parienta ni con su comadre, so pena que serán castigados, les sacarán los dos ojos y le harán cuartos y le pondrán en los cerros para memoria y castigo, porque sólo el inga ha de ser casado con su hermana carnal por la ley.

Ytem mandamos que los capitanes sean de buena sangre y casta y fiel y los soldados que fuesen fieles y no traidores de edad de 30 años y de 40 y 50 y que sean indios recios y fuertes, suficientes y ricos para la guerra y batalla.

Ytem mandamos que ninguna persona que no derrame el maíz ni otras comidas ni papas ni lo monden la cáscara, porque si tuviese entendimiento, llorarían cuando le monda y así no lo monden, so pena que [serán] castigados.

Ytem mandamos que, en tiempo de pestilencia o de sacrificio, ni tempestades ni tiempo de hambre y sed o muerte del inca o de algún señor capac apu o levantamiento, no hagan fiesta ni bailen ni canten ni dancen ni se toque tambor ni flauta ni toque a mujer los hombres, ni en tiempo de ayuno y penitencia. Ni han de comer sal ni ají ni carne ni fruta ni beban chicha ni coman ninguna comida, sino sólo maíz blanco y crudo en esta penitencia.

Ytem mandamos que, en tiempo de hielo o de granizo o de tiempo que se seca el maíz, que no viene agua del cielo, pidan todos a dios runacamac [creador del hombre] agua, todo cubierto de luto, embijadas las caras de negro con nununya [ciruelas amargas] y qhichimcha (hollín). Han de andar por los cerros llorando y pidiendo agua a dios pachacamac [creador del universo] todos los indios grandes, como mujeres y muchachos, dando voces con esta dotrina: Ayaoya uacaylli. Ayaoya puypuylli. Lluto puchac uamrayqui. Lluto puchac uacchayque acalla callamosumquim Unoc sayquita Yacuc sayquita Cachallamouay Uacchayqui, runayqui Llacta runa camascayquiman. [Te imploramos llorando Tu agua Tu agua Mándala hacia nosotros Hacia tus pobres, tu gente Hacia los pobladores que tú criaste]

Han de tener esta orden en este reino.

Ytem ordenamos y mandamos que todos los oficiales que no sean ociosos ni perezosos, así los dichos que tuvieren cargo de beneficios, gobernadores, pontífices y sacerdotes y señores grandes que manda la tierra, y de artificios, pintores, que pintan en paredes y en quiro [vaso de madera] y en mate que le llaman cuscoc [pintor de paredes], llompec [decorador en lacre], amautacona [sabios] oficiales; llacllac, quirocamayoc, carpinteros; rumita chicoc, canteros; mancallutac, olleros; tacac, plateros; cumbecamayoc, bordadores y sederos; pachaca, labradores; pastor, michic, pastor, ahuacamayoc, tejedores; xirac, sastre, aunque no había costurera; panadera, sara tanta rurac; cocinera, micuy rurac; suyoyoc , mayordomo; collcacamayocf, común y sapcicamayoc, administrador; quilca camayoc , escribano de quipo [cordel con nudos], cordel; cantores y músicos, taquic [cantor, danzante], cochochic; pincullocamayoc, flauteros; aucacamayoc, guerreros. Que no falten estos dichos oficiales en este reino, porque serán castigados por perezoso y ladrón.

Ytem mandamos en todo el reino haya abundancia de comida y que se siembre muy mucho más y papas y ocas [Oxalis tuberosa] y que hagan cahui, caya, chuño, tamos [conservas de diversos tubérculos], chochoca [maíz seco y quinua [semilla de altura, olluco, masua [tubérculos] k, todas las comidas hasta las yerbas yuyos [acuáticas] lo sequen para que tengan qué comer todo el año y se siembre de comunidad y sapci de maíz, papas, ají, magno [verdura seca], algodón y cojan flor de pahuau, quehuencha y otras hojas para teñir colores para el cumbe [tejido fino] y ahuasca [corriente] y queman llipta [pasta de ceniza] de marco y de quinua. De cada año den cuenta; no lo haciendo los dichos corregidor tocricoc, lo castigue cruelmente en este reino.

Ytem mandamos que todas las casas y vestidos y ollas y lo que han trabajado y criado conejos y cada chacara [sementera] se les visite dos meses en el año. Y no lo haciendo, de cada cosa le castigue cien azotes. Y pida cuenta de estiércol de las dichas sementeras y chacaras, y tengan en sus casas abundancia de leña, paja y […]patos y tengan barriles, cullona, chulchi y piruas de papas para ellos y para servir al inca y a los capac apocunas [señores poderosos] y capitanes y para tener en los tambos [mesón] y chasques [postillón]. En los caminos reales, limpiarlos, aderezar puentes y para fiestas. Dejamos y mandamos esta ley y ordenanzas en estos reinos.

Ytem mandamos que los barberos y cirujanos, hampicamayoc, circac, quichicahuan [sangrador] y curan con yerbas.” A estos dichos les llamaban hanpicamayoc y a las dichas parteras beatas comadres llamaban huahua huachachic [partera], huicsa allichac hanpi camayoc [la curandera que arregla estómagos].

Ytem mandamos que las amas de huérfanos, huaccha rurocha nunochic , sean reservadas de todo y les den otra niña grande para que le ayude a criar. Éstos se llamaba mamacona [señoras].

Ytem mandamos que ningún indio en este reino no mude su hábito y traje de cada parcialidad y aillu, so pena de 100 azotes.”

Ytem mandamos en este reino en los pueblos han de comer en la plaza pública caciques principales, indios chicos y grandes para que se alleguen todos los pobres y huérfanos, viudas, enfermos, viejos, ciegos y tullidos, pelegrinos, caminantes: Todos coman por la caridad y de ser uso y costumbre desde primer gente y ley y buena obra y misericordia de Dios en este reino.”

Ytem mandamos que en estos reinos tengan vírgenes de templos, huayrur aglla [escogida principal], chaupi aclla [intermedia], pampa aclla [sencilla]. Estas monjas murieron con sus virginidades sin corromperse.

Fueron puestas estas dichas ordenanzas generales de este reino por Topa inca Yupanqui y por su consejo real.

Y vistas estas dichas ordenanzas el señor don Francisco de Toledo, virrey de estos reinos, se informó esta ley y ordenanzas antiguas, sacando de ellas las mejores. Ordenó y confirmó nuestro señor católico rey don Felipe II y mandó que todos comiesen en la plaza pública y que hiciesen fiesta en ella.

Que de todo ello creo en un solo Dios de la Santísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, y su bendita madre, Santa María, y en todos los santos y santas ángeles del cielo y de todo lo que creo y tiene la santa madre iglesia de Roma con la fe verdadera que tengo. Y creo que de todo escribo para que con lo bueno sea servido Dios y de lo malo se enmiende los cristianos y se arrepienten de sus pecados los cristianos que la leyere estas dichas ordenanzas antiguas de los indios[21].

Huaman 8
Autorretrato que, seguramente, no nos proporciona su verdadera imagen.

Pueden discutirse la pertinencia de muchas de las disposiciones desde la realidad nacional contemporánea pero no podemos disminuir la importancia de tales reglas de convivencia como vertebrador de la moral andina de aquella época, que vio discurrir entre los suyos a personalidades comprometidas con el quehacer astronómico y seguramente también con la reflexión axiológica. Veamos, como último elemento de esta realidad, el modo en que Huaman Poma se refería a los filósofos qué conoció en su dilatada existencia. Señala que los filósofos antiguos (que ellos llamaban camasca amautaruna) entendían por las estrellas y cometas, eclipse del sol y de la luna, tempestades, aires y animales y pájaros. Veían estas señales y decían que había de suceder mortanza de grande reyes de Castilla y de otras naciones del mundo, alzamiento, hambre, sed, muertes de gente de pestilencia, guerra o buen año o mal año. Así supieron que había Castilla y llamaron a los antiguos indios huiracocha porque tenían noticia de que salieron y descendieron de huiracocha, de la primera gente, de su padre Adán y del multiplico de Noé, del diluvio. Y así los filósofos Pompeyo, Julio César, Marcos Flavio, Clavio, Aristóteles, Tulio y los griegos, flamencos y gallegos, como los poetas declararon y escribieron tiempos y años para saber sembrar, esta gente si supieran leer y escribieran su curiosidad, ingenio y habilidad, lo supieron por quipus cordeles y señas, habilidad de indio[22]. No solamente veían las estrellas, también augurios, presagiaban mortandades, hambre, alzamientos, sed, decesos, pusieron nombre a los españoles, declaraciones que corresponden a quienes se encargan de orientar sociedades. Huamán Poma, en su afán de no dejar dudas acerca de la naturaleza de estos personajes, cita a Aristóteles, Julio César para compararlos con personalidades andinas que tuvieron similares funciones en la sociedad. Tal es nuestro cronista.


[1] Ferrater Mora, en su conocido diccionario filosófico, señala que “cada sistema filosófico puede valer como una  respuesta a la pregunta acerca de lo que es la filosofía y también acerca de lo que la actividad filosófica representa para la vida humana”. En Diccionario de filosofía. Tomo II. Editorial Ariel, Barcelona, 2004. Pág. 1272. El libro que comentamos se ordena con el criterio que sostiene Ferrater y es útil para sostener que la filosofía andina tuvo sus propios tópicos de reflexión. 

[2] Felipe Human Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Tomo II. Biblioteca del Perú. Lima, 2017. Pág. 438.

[3] Felipe Human Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Tomo II. Biblioteca del Perú. Lima, 2017. Pág. 440.

[4] Felipe Human Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Tomo II. Biblioteca del Perú. Lima, 2017. Pág. 440.

[5] Felipe Human Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Tomo II. Biblioteca del Perú. Lima, 2017. Pág. 442.

[6] Felipe Human Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Tomo II. Biblioteca del Perú. Lima, 2017. Pág. 442.

[7] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 290.

[8] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 290-291.

[9] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 291.

[10] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 291.

[11] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 47.

[12] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 13.

[13] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 7.

[14] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 67.

[15] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 313.

[16] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2017. Pág. 12.

[17] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2015. Pág. 33. 

[18] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2015. Pág. 33. 

[19] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo I. Lima, 2015. Pág. 48.

[20]Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2015. Pág. 52.

[21] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2015. Pág. 66, 73.

[22] Felipe Huamán Poma de Ayala. Nueva crónica y buen gobierno. Biblioteca del Perú. Colección Bicentenario. Tomo II. Lima, 2015. Pág. 33. 

2 Comentarios

  1. Gustavo Flores Quelopana dice:

    Execelente ensayo, felicitaciones Blog del Autor: http://www.gusfilosofar.blogspot.comEnlace: librosperuanos.com

    Le gusta a 1 persona

    1. sawasiray dice:

      Saludos Gustavo, tú siempre tan generoso con todo esfuerzo intelectual. Por aquí vamos, caminando entre brechas que tú tanto contribuiste a abrir. Un abrazo.

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