Bea y Antonio. V parte. Epílogo.

¡Gabriel, llego pronto!, ¿tendrás un día libre para conversar? Era Bea que visitaba el Perú después de cortos meses. Quedamos en vernos el mismo día de su llegada. En el lugar de nuestra conversa anterior, ¿lo recuerdas? Sí, cómo no, quedamos, te llamo.  

Comento con Ana la visita. La había llenado de datos y detalles de la historia y la conocía bien, conversamos mucho sobre la decisión de Bea. Ya quiero conocerla, dice, invítala, nunca he hablado con alguien que abandone un amor de novela, y le diré también que es la primera vez que trataré con la protagonista de un cuento; seguro, será toda una experiencia. Añade que una de las cosas que más curiosidad le suscita es averiguar por qué la historia me había producido tal estado de intranquilidad. Ahora te veo  más sereno, pero has estado alteradísimo estos días de escritura; bueno, veremos en qué acaba todo este revuelo.

El cuento está avanzado, solo falta el contacto final, redactar el epílogo y dejarlo reposar un  tiempo. Estaba ansioso por dar  mis opiniones y conocer las suyas; lo más importante, hablar de su equivocada decisión. Se lo había comentado, pero necesitaba decírselo con puntos y comas, mirándole a los ojos: Bea, no se huye del amor, nunca, no interesa qué forma o contenido tenga. Esta bien, así lo haremos, responderé tus objeciones; además quiero entender tu vinculación con la trama de Huancavelica; sí, lo has explicado un poco, pero creo que guardas la razón principal. No, Bea, no hay secretos aquí, te lo dije, todos hemos luchado contra decisiones caprichosas, pero ese es otro cuento. Los datos que había recogido de Bea en los meses anteriores, me permitían decir que la conocía mejor que cualquier familiar cercano, pero continuaba sin conocer las razones de su alejamiento de Antonio; había allí cosas por explicar.

La observé mientras se acercaba, vestía un conjunto de saco marrón y pantalón beige; blusa floreada de tono amarillo dominante, con notorios marrones secundarios, una esmeralda brillaba al final de discreto collar áureo. La imagen de inseguridad y menuda fragilidad de los años universitarios había virado hacia una presencia serena, confiada en sus posibilidades para alcanzar lo que deseara. La delgada figura de estudiante se mantenía, también la delicadeza de su trato y la armoniosa combinación de formas y colores que la cubrían.

—Gabriel, ya deja de observarme por favor.

—Has cambiado poco, inclusive sigues usando zapatos de taco muy bajo. Te recuerdo siempre elegantosa en la universidad, y hoy solo puedo decirte que luces muy bien.

—¿Esperas que también te halague?

—Si puedes.

Rio con la seguridad que dan los años, que restan importancia a cualquier comentario  sobre ropa o personalidad. No interesan porque se sabe bien de las unidades que nos mensuran, ya hay cierta paz interior. La miraba e imaginaba su figura caminando por las calles serranas, trepando a la camioneta o durmiendo en las comunidades. Sí, era una mujer que había vivido más que yo y que había sufrido, quizá, más. ¿Dónde  se esconde Huancavelica en ese cuerpo, dónde duerme Antonio, dónde queda su sombra escuchando Llanto por llanto mientras la paloma se ahoga en la rama  que tiembla como quien dice ¡Ay! tú no sabes lo que es amar;  no quiero ser Antonio, no deseo ser abandonado ni quiero morir buscando la muerte, tampoco ser visitado por ninguna viuda secreta, no quiero lágrimas de Antonio sobre mis lágrimas. Me sentía descansado luego de los días de tensión escribiendo la historia que había hecho mía desde el inicio y el momento prometía ser un buen punto final para atenuar las inquietudes que todavía conservaba.

Parque Central. Miraflores.

Pedimos un par de daikiris de durazno en copa grande y Bea le agregó dos porciones de canapés de salmón ahumado. Estábamos listos para la batalla verbal.   

Mirándole a los ojos, le pregunto:

—¿Crees que hiciste bien?

—No, Gabriel, no hice bien las cosas, ahora las resolvería de otra manera. Debí proponerle viajar  juntos, creo que él lo habría pensado, y no perder el contacto, fue irresponsable abandonar un amor de ese modo. Resolver mi viaje en secreto fue otra equivocación; era necesario llegar a acuerdos y conseguir paz para ambos; nos amábamos, eso hacía posible todo. Gabriel, si amas, se sigue al amor, no interesa la forma, los tiempos que esa realidad dure; puede ser cruel la distancia, pero todo se arregla, acomoda.

—Cumpliste tus objetivos.

—¿De qué sirvió tanto desafío?, nunca pude desprenderme de su memoria, de mi amor; lo que hice después, y lo recalco, todo lo que hice después, ha estado atado a la errada decisión huanca, así la llamó, para no llamarle burrada decisión. Sigo buscándolo, y siempre con amores transitorios; es por él, como si lo siguiera esperando, es mi letra escarlata.

—Me da paz escucharte, tú sabes, fui del partido de Antonio desde el primer momento. Pensé que venía a discutir tu decisión, a desmenuzarla y hacerte sentir culpable, me alegran las coincidencias. Estoy de acuerdo, no se puede dejar el amor a un costado cuando decides tu destino, no se repite, aparecen otros con distintas temperaturas, pero ese cariño especial, no, nunca más.

—Se aprende con los golpes, de joven crees que será sencillo repetir experiencias, mejorarlas, mi abuela decía que el tren del amor pasa de madrugada, si no estás despierto, ya fue.

Brindamos por los meses transcurridos, la amistad sin fronteras, por los libros que comentamos, brindamos por haberme permitido vivir esos años a su lado, haciendo de Antonio, sintiendo el parecido que  tienen las historias de amor.

—Bea, cuando empezamos a hablar, creo que  pensabas distinto.

—No tanto, he aclarado puntos oscuros, evaluado con más serenidad mi actuación. Hablar contigo me ha servido, has puesto cada cosa en un lugar más adecuado, me ha provocado reflexionar sobre los motivos que tuve para actuar de ese modo.

—Pero, dime, que punto es central en tu decisión.

—Fue mi terror al hogar, a no cumplir con mis responsabilidades, a los hijos, al compromiso con Antonio,  pensé que sería un fracaso, entonces él ya no estaría. Nunca tuve hogar, recuerda, no aprendí en esa escuela. Tenía mucho miedo al abandono, pensaba que no merecía ningún amor, que todos me dejarían en algún momento. Decidí ser yo la que supere ese peligro; castigar lo que más quería, usarlo como objeto de  venganza por todo lo que había sufrido antes.

—Fuerte lo que dices; te diré que a ambos nos ha servido, Bea, a mí para hallar un poco de paz en medio de un desorden que no acabo de superar.

—¿Esa chica estará en el cuento?

—Está casi terminado, recalco, mi cuento, mío, no tuyo. Solté una carcajada que entendió bien, sí, claro que es tu cuento, nuestro, mejor.

Tornando la carcajada en sonrisa, le dije que Bea y Antonio vivían ya con nosotros. Abrí mis brazos y, haciendo figuras con mis dos manos, apunté la mitad de su cuerpo. Ella hizo gestos de dolor  y se tocó el corazón. Ay, Gabriel, Gabriel, ¿dónde estuviste? La miré por un largo rato, sin poder responder; quizá porque nunca supe dónde estaba. El río que parecía ser Antonio el día que ingresó en su vida, pasaba sus aguas entre nosotros, trayendo nuevas vestiduras. Bea, finalmente, todos somos ciudadanos de una sola patria, de errores, amores, desamores, engaños, venganzas, pero todos, también, humanos luchando por la misma causa: querer y ser querido.   

—Estás ignorando la otra parte de la pregunta, la chica esa, ¿estará en la historia?

—Eres muñeca brava, no sueltas tu presa. Mira, te respondo, la chica desapareció, sin dejar huella, eligió la seguridad de lo poco o mucho que tenía. Nada pude hacer.  Y punto, no diré una palabra más, al menos no por ahora. Ah, y no, no estará en el cuento, no merece.

Me reí de la afirmación, era falsa, parcialmente falsa. Seguí hablando.

—¿Cómo es no?, es impresionante la manera en que situaciones de este tipo moldean tu existencia. Pero, oye, mañana estarás en mi casa, conocerás a Ana, mi familia, allí seguiremos hablando; es hora de cerrar la noche. Te acompaño a tu depa, vamos. Quizá allí me anime a completar mi respuesta.

—¿Tú crees?, ¿podrás ver en mí a la mujer que nombras tanto?

Pasa, es pequeño, pero no le falta nada. ¿Amor quizá?, no, eso es lo que más abunda entre estas paredes. Te sirvo un trago, ¿te parece?

4 Comentarios

  1. Beatriz santana dice:

    Este final o epílogo del cuento me encanta por que da una cierta tranquilidad después de tanta tormenta, esperanzador al menos para ella, Bea, que después de caer al precipicio se recupera , aprende de sus errores y sigue adelante, aunque sigue siendo fuerte y profundo en las conclusiones, y todo esto lo hemos podido vivir gracias al talentoso don de la escritura de Hugo Chacón, para un gran pensador, contador de historias y un gran escritor, que pienso tiene mucho que dar, mil felicitaciones para el escritor y amigo Hugo .

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    1. sawasiray dice:

      Gracias Beatriz por tu apreciación. Has seguido las publicaciones con interés y eso me llena de gratitud. Creo que las amistades se consolidan compartiendo intereses. En esta ocasión, Bea y Antonio nos han unido en torno a su intensa biografía. Creo que ambos nos representan en muchos aspectos: en la búsqueda de sueños, del amor, de la facilidad en la que caemos en el error, en la fortaleza que sacamos para seguir adelante no obstante las dificultades que nos instala la vida. Aquí vamos, Beatriz, siempre en la ruta, siempre en búsqueda. Un abrazo.

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  2. Flor de Maria dice:

    Antes que nada le doy gracias al escritor Hugo Chacón por esta novela. Compuesta de cinco partes y cada una revela un drama diferente que es la característica aunque cada parte muestra su único tema que es relevante a cada una de las otras. No podría decir cual es la mejor porque desde el comienzo del relato de estas experiencias hasta el final te mantienen con excitations de querer saber mas y esperar que Bea y Antonio se reúnan al final. Yo creo que así deben terminar todo romance pero tristemente no fue así. La narración de esta historia de amor es fabulosa, llena de emoción y credibilidad. El autor ha usado un lenguaje rico y florido enfatizando los momentos de tristezas, alegrias, rabias, indiferencias, y demás sentimientos expresados por los personajes de esta novela. La descripción de los lugares e imágenes reales de los los mismos en que estos dramas sucedieron es perfecto. El drama es desarrollada de una manera clara, emocionante y consistente con el tema o los temas creando una historia de amor bellisima.

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  3. sawasiray dice:

    Gracias Flor de María por leer la historia y comentarla. Para el escritor no hay otro premio mejor que ser leído. Alienta a continuar en la tarea de propiciar acercamiento entre todos. Bea y Antonio no pudieron terminar juntos. Es muy penosa esa realidad, la vida de las parejas que se aman no siempre tiene un final feliz. Por otro lado, considero que finales así, ayudan, sobre todo a los lectores jóvenes, a hacerles pensar que un amor hay que conservarlo de todas las acechanzas y peligros, que no es suficiente la pasión, también es necesaria la razón, creer que los amores se reemplazan y se consiguen transitando desprevenidos. No es así, hay amores que son únicos, a esos hay que cuidarlos, cultivarlos, conservarlos. Gracias de nuevo.

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