Tres poetas tres

Comentar un libro de poemas sin la guía de los principios teóricos usados por los críticos de oficio, nos excusa de ser académicos y certeros. No obstante, es una realidad que no nos exime de averiguar sobre el sentido de los versos, sus sonidos y lenguaje creativo. Repetimos el trayecto del especialista sin sus instrumentos y llevando el oído alerta y la piel descubierta. No hacemos uso de los planos gráficos o fónicos ni elaboramos apreciaciones sobre métrica y versificación. Se trata de un viaje de altura media, orientado a encontrar armonías y eufonías en las palabras y versos, pero también interpretación en la creación personal de las alegrías y dolores de los humanos que deseamos encontrar representados en la producción poética. Consideramos que la creación distanciada del latido social, universal, no alcanza a ser arte.

Es absolutamente legitimo elegir un lugar de enunciación personal, íntimo, sin conexiones con sentimientos ajenos o colectivos. Bien si se detiene en la expresión lírica por excelencia. Una alternativa distinta es hacer que los versos sean exposición de sentimientos colectivos. Es potestad de la creadora o creador situarse en una vertiente u otra; sin embargo no dejemos de observar la trascendencia que alcanzan las voces que expresan también las vicisitudes del otro, de los otros. Pienso en Vallejo, Neruda.

Juliane Angeles Hernández

Lima, 1986

Un animal en mí

El bosque de palabras de Juliana Angeles nos depara satisfacción suficiente como para declararnos habitante de sus parajes. Su poesía nos alcanza con claridad su sensibilidad y malestares. ¿Cómo hacer arte, poesía, sin desasosiegos? Posible, pero inútil para trascender y comulgar con un lector también afectado por los embates del mundo y sin capacidad de expresarlo en versos.

Angeles nos habla de sus desencuentros de esta manera:

Se crece entre depredadores.

Y yo crezco como la cebolla de mi cocina

Larga, solitaria y hacia arriba.

también reclama que:

Hinco el papel hasta clavar una cabeza que no es la mía.

¿Cómo has de saber que hinco el papel en tu nombre, que ya no escribo?

Son alegaciones personales, es cierto, pero extienden sus demandas hasta una multitud que también comparte sus vicisitudes, escucha sus desencuentros como propios. ¿Puede la poesía abandonar el eco social? No, si desea perdurar.

Angeles es mujer en el centro de las dificultades femeninas, por eso vertebralmente humanas.

Vivo únicamente a través del pensamiento. Solo sé hacer preguntas.

Esta es la manera de no hacer volar mis pájaros, me repito.

Cómo fui a parar a este cuerpo, un cuerpo que no responde a su cabeza,

Un cuerpo que prefiere estar tendido, un cuerpo del siglo XXI.

Su poema: Vivo en dar explicaciones resume su estro poético. Aquí se expresan los dolores y angustias que asedian a su voz. Los miedos milenarios pugnan por salir, señala, nadie respeta mis decisiones, ni mis poemas, ni mis orgasmos. Es La hija extravagante y loca que hay que  rescatar.  Aquí se une a la voz de María Emilia Cornejo, su mejor antecedente, y reclama:

Dirán que soy la otra,

la muchacha buena de la historia,

la que fantaseaba con ser la mala

la que escribió soy la mujer que lo castró con infinitos gestos de ternura

y gemidos falsos en la cama.

Porque la castrada siempre fui yo,

nosotras,

las inconformes,

las de la culpa,

las reprimidas.

La suya es una voz personal, sí, pero de resonancias sociales y colectivas que aparecen como debe aparecer lo colectivo en la creación, sin pancartas ni propaganda, sí como dolor propio y ajeno, como voz social que se expresa solitaria en un poemario.

Bella edición, hay que agregar; con tapas de  intenso rojo sangre, a las que se ha adosado una sobrecubierta que se asemeja a una pashmina cubriendo una homogénea desnudez.

Maggie Velarde

Cusco, 1993

El Apu descalzo

Joven poeta nacida en la ciudad del Cusco, nombra su primer poemario usando una palabra de hondo contenido para la cultura andina: Apu. Deidad natural, presencia única y salvífica. Sí, salvífica en cuanto medio para acentuar espiritualidad, conducto para humanizar a la naturaleza y naturalizar a la humanidad. El significado del adjetivo descalzo puede ser múltiple. Se puede entender como medio para acentuar su desnudez, su ausencia de pretensiones materiales, libre de ropaje para abrazar a quienes lo abrazan. Bueno, son las atribuciones de la poesía: crear imágenes que sean interpretadas según el interés, experiencia o sensibilidad de cada lector.  

El poemario no contiene poesía de compromiso social:

una piedra lleva mi nombre

y cual protodestino

tropiezo conmigo

Claro, lo personal es social, es inevitable que lo sea, pero requiere la decisión, la voluntad de ser voz colectiva para notarlo con claridad. Mientras esta asunción demore, o no llegue, los versos se detendrán en el lugar individual de las insatisfacciones personales.

Hay espacios en donde se asoma esta integración de lo humano personal y lo humano social:

Astro repetitivo

déjame ser

de otro sueño humanidad

del verde plano

del temor ingénito

Hemistiquio este o este otro

Un mnemónico que dice “ser humano”

La edición es pulcra, vertebra imágenes, formas, con versos muchas veces presentados dibujando líneas que componen figuras que las palabras siguen o que las figuras encierran. Es el resultado de resabios vanguardistas que ya se observaron en 5 metros de poemas, poemario de Carlos Oquendo de Amat.

Esperamos próximas composiciones para observar los nuevos horizontes de una joven poeta que seguramente alcanzará a expresar a plenitud sus universos poéticos.

Karuraqmi Purininay

Huancayo, 1991

Layqa nativa de la oscuridad

Escribe cuando existe, dicen sus versos:

Entonces es cuando existo,

escribo y existo

me sucedo amparada por la piel de la palabra. 

¿De qué escribe Karuraqmi Puririnay?

De la mujer con alma cariada, de lo que era, es y será. En el poema que se anota a continuación observamos sus mejores atributos poéticos. En seis estrofas que abarca el pasado y presente nos muestra los perfiles de una voz integrada en su soledad, quebrada en su vínculo con el entorno y que se ha construido un espacio propio en el que su vida transcurre palpando las heridas que ha recogido a su paso por el tiempo. Puede distinguirse, con error, que se trata de una voz solitaria, individual, que parece expresar un  mensaje personal; una observación más atenta nos conduce a reconocer en sus palabras la doliente humanidad de multitud de mujeres que nunca fueron ni serán.

Era, soy y seré

Yo era una mujer sensata.

Ahora soy melancolía y nostalgia,

como una casa en el campo de un antiguo pueblo:

solitaria y abandonada.

Silenciosa, como el esperma de las velas.

Dispersa, como el humo de la leña.

Recuerdo haber nacido en un lugar aislado,

en una mesa,

sobre las hojas de un libro de Sábato

agujereado por sabios gusanos,

entre candelabros y humo de cigarro.

No tuve alegre infancia,

tampoco distingo si hoy tengo

once

veinte

o cuarenta años,

ochenta quizás.

Crecí entre la viruta,

jugando a tallar rostros que nunca vi,

entre ellos, el rostro de mi padre.

Crecí a la orilla de un río,

intentando comprender por qué nunca regresa.

Yo era una mujer sensata,

ahora soy todo lo contrario,

me quedo mirando un reloj que marca las horas al revés

me quedo de rodillas,

mirando el cielo y la tierra;

celeste húmeda.

Percibo el olor mojado de la hierba,

el ruido que hacen las hojas con el viento;

y cuando la noche cae en los ojos,

de vez en cuando,

con un viejo violín

me toco estériles serenatas.

Yo era,

Ya no soy,

Yo seré.

Un lugar personal de enunciación con sólidos tensores sociales es la característica principal en la poesía de Karuraqmi Puririnay. Su espacio de enunciación es su lugar,  sus árboles y riachuelos, andes de hielo y asperezas; desde ese espacio se integra a un torrente colectivo que seguramente aguzara en sus próximas publicaciones. Hay aquí ya un atisbo de esa futura producción.

Exilio

Nosotros

Que no tenemos nada que comer

ni donde dormir

ni a quien amar

en silencio

nos quebramos.

Los otros

que son como bestias sombrías

nos desfloran las palabras,

hacen flotar nuestros cuerpos

tan insignificante,

nos embarran las vísceras del miedo,

y de tanto espanto que no mata

hacen golpear el corazón,

como si quisieran abandonar el cuerpo

de quienes no tenemos nada qué comer

ni donde dormir

ni a quien amar.

Potente voz la de Karuraqmi Puririnay. Desde las entrañas de la tierra, de los desfiladeros y riachuelos altoandinos se yergue una voz que, sin duda, será imprescindible cuando se haga en el futuro la historia de la poesía nacional.

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