La Chacana

Se han vertido numerosas teorías y especulaciones en torno al origen y significado de este símbolo ancestral; verificamos laboriosas interpretaciones como irracionales enfoques esotéricos y pintorescas teorías de perfiles interplanetarios. Se trata de una figura que no ha agotado su entendimiento no obstante la extensa bibliografía que ha ensayado interpretarla. La densidad de su contenido permite innumerables formas de abordarlo; la potencia simbólica que abarca no admite encasillarla en un ámbito restringido. La ausencia de suficientes referencias acerca de su antiguo significado es una razón que explica la proliferación de opiniones; sus contornos nos interrogan desde distintos espacios y tiempos. Los cronistas no se han detenido en describirla a diferencia de la profusa aparición en iconografías, textiles, cerámica y restos pétreos. No poseemos trazas suficientes que orienten una interpretación que fomente consensos; las disímiles interpretaciones son la mejor muestra de su vivificante presencia. Habita el privilegiado ámbito de los símbolos de comprensión inagotable, y esta quizá sea su mayor virtud y la razón de su existencia.

Un ejemplo de la ausencia de información antigua sobre la naturaleza de la cruz andina la tenemos en el testimonio del Inca Garcilaso de la Vega que indica desconocer los orígenes y contenidos de una cruz cuadrada guardada en la Catedral cusqueña que observó poco antes de viajar a España. Menciona que era de mármol fino, de color blanco y encarnado; los informantes, señala, no saben decir desde qué tiempo la tenían. Apunta que la observó en la sacristía y se hallaba suspendida de un clavo asida con un cordel que entraba por un agujero que tenía hecho en lo alto de la cabeza.[1] Abunda en detallar las características del objeto sacro ubicado en la que fuera el espacio del Quiswarcancha y morada del Inca Viracocha. ¿Por qué el nieto de Huallpa Tupac Inca Yupanqui, cuarto hijo del soberano Inca Tupac Inca Yupanqui, [2] además sobrino de Huayna Cápac, desconocía los orígenes de un símbolo de primera magnitud del universo sagrado de su cultura? Es probable que el acceso a la ordenada y fundamentada sacralidad  era restringido, el grupo creador de alto pensamiento era reducido y circunscrito a los sectores dirigentes que fueron objeto de temprano exterminio generando que, la ideas fundantes fueron segadas en la década posterior a la invasión. En 1539, año del nacimiento de Garcilaso, lo que restaba del íntegro cuerpo del pensamiento eran apenas muñones desconectados, materia informe y desarticulada. Otra referencia de este desconocimiento la encontramos en la respuesta de Alonso, nieto de Huayna Cápac e hijo de Paullu Inca, cuando es requerido por Bernabé Cobo, para explicar las razones de la división del Cusco en hanan y urin Qosqo, responde: No hallo memoria entre los indios por qué causa los reyes que se siguen cuentan por de la parcialidad de Hanan-Cuzco y los cuatro antecedentes por dela otra  de Hurin-Cuzco […] lo que tienen por cierto es que los seis últimos reyes fueron de la parcialidad e Hanan Cuzco. [3] Temprana estrechez en la información, pobreza de datos, orfandad intelectual, dramática expropiación de mentes y espíritus; eficaz alienación, temprano triunfo de la colonialidad.  

Chacana y tiempo circular-helicoide

Informaciones desaprovechadas e interpretaciones parciales y erradas dominan las crónicas. Pedro Cieza de León expresa sus limitaciones para comprender y asimilar lo que observa y escucha: […] Y con tanto contaré lo que entendí del origen de los Yngas. [4] […] Y tratadas estas cosas entre ellos y otras que no entendemos por entero […]. [5] Junto a la escasa capacidad interpretativa se observa la negativa de la población para facilitar información, como aparece en la opinión que recoge Ana María Gálvez del sacerdote Acosta: Cuando los vemos tan dados a su religión de los ingas, o a las supersticiones de sus guacas, que por ocultar sus ídolos o tesoros escondidos mueren muchas veces con gusto y prefieren dar su vida y fortuna antes de manifestar los arcanos. ¿Quién ignora que los indios castigados con azotes o quemados en fuego no declaran en el tormento ni una sola palabra? [6]

Hallamos opiniones desvinculadas de algún cuerpo celeste en particular y la señalan de orígenes no precisados como también es asociada a la constelación de la Cruz del Sur. No pocos se distancian de ambos puntos de vista creando interpretaciones esotéricas. Emergiendo al margen de estas controversias la Chacana ha sido una realidad incontrovertible en la estructuración de la prehispánica sociedad andina y asume hoy lugar importante en el imaginario colectivo y popular como símbolo que acumula pasado y porvenir, forma singular de presentir un futuro que nos es esquivo e inhallable pero que todos presagiamos como un lugar distinto al deshumanizado espacio que habitamos.

Nuestra perspectiva no se aparta de los fundamentos de la complementariedad y de la asociación naturaleza y sociedad, cosmos y vida terrenal y privilegia los referentes espacio-tiempo por la invariable importancia de esta paridad indisoluble. Son razones que nos hacen creer improcedente desvincular los orígenes de la Chacana de la geografía cósmica. No hay criterio distinto y útil si deseamos obtener las razones últimas de cualquier evento social prehispánico, mucho más si se trata de un desarrollo espiritual y sacro.

Tenemos evidencia de que ha formado parte de la comunidad andina desde tiempos milenarios. Se ha señalado una antigüedad de cinco mil quinientos años para una cruz cuadrada en los petroglifos de Queneto, en La Libertad; es, se afirma, la figura más antigua hasta el momento [7] Encontramos una Chacana en el Complejo Arqueológico de Ventarrón, distrito de Pomalca, Lambayeque, del Arcaico Tardío de cuatro a cinco mil años de antigüedad. Se la observa también en los asentamientos urbanos de Caral, zona de Chupacigarro, con un pasado cercano a cinco mil años. [8] La hallamos en Chavín, Wari, Tiahuanaco, y en los desarrollos regionales intermedios. Su ámbito es continental, se ven chacanas en las sociedades mesoamericanas y norteamericanas y en activa presencia en el sur de nuestro continente. A fines del siglo XVI e inicios del XVII, las ilustraciones de Juan Santa Cruz Pachacuti [9] nos permiten reconocerla con evidente suficiencia. En el conocido Retablo del Qoricancha hallamos señales muy claras de su gravitación. Su referencia a Chacana en general, junto a trazos estelares claramente vinculados a la constelación de la Cruz del Sur, permiten establecer esta asociación. El sacerdote jesuita Joseph de Acosta hace una breve mención a la Chacana, refiriendo: Y generalmente  de todos los animales y aves que hay en la tierra, creyeron que hubiese un semejante en el cielo, a cuyo cargo estaba su procreación y aumento, y así tenían cuenta con diversas estrellas como la que llaman Chacana y Topatorca y Mamana, y Mirco y Miquiquiray, y así otras, que en alguna manera parece que tiraban al dogma de las ideas de Platón. [10] La importancia de la cita nos provee de una información muy didáctica sobre el principio de paridad, usadas con profusión en estas páginas. Nos induce a pensar en la realidad terrenal que es par de la Chacana. Martín de Murúa hace una breve mención a la Chacana cuando explica que nuestros antepasados tuvieron creído que todos los animales y aves de la tierra tenían en el cielo otro semejante suyo, a cuyo cargo estaba su generación y aumento, y así adoraban a diversas estrellas, como a la chacana, topa-torca, mamanay , mirco y miqui-quiray y otras así. [11] 

Chacana y tiempo circular-helicoide

El aporte de María Scholten fue importante por el giro que les proporcionó a los estudios de la civilización andina al descorrer su dimensión geométrica y matemática al mismo tiempo que sacra y espiritual. [12] Luego, Carlos Milla Villena aportó un impulso singular a los estudios sobre el tema con el hallazgo de geoglifos de una antigüedad superior a los cuatro milenios en el valle de Chao, departamento de La Libertad, que reproducen el alineamiento estelar de la Cruz del Sur y que le permitieron desplegar razonamientos teóricos y métodos de análisis geométricos para percibir en los restos arqueológicos de Chao dimensiones y proporciones que fundamentan un patrón de medidas de uso prehispánico. Son estudios que resultan fuente de imprescindible utilidad y que no han sido continuados no obstante su importancia, más allá de las controversias que puedan suscitar sus puntos de vista y métodos cuantitativos de análisis. En general, sus razonamientos han contribuido a mostrar la alta capacidad tecnológica de nuestros antepasados y evidenciar la organización y  acondicionamiento del territorio andino como resultado de homogéneas concepciones cosmológicas y sacras. Es necesario la recuperación de líneas de interpretación semejantes que, criticando o afirmando sus puntos de vista, recobren para nosotros una realidad olvidada y mediatizada por un colonialismo mental que constriñe razonamientos con cartabones que la ciencia occidental ha implantado en nuestro territorio.  

Es notoria la restringida amplitud que le otorgan los diccionarios antiguos a la palabra Chacana. Las escasas definiciones del término no son atribuibles a olvidos circunstanciales; los cronistas y lexicógrafos supieron separar significados indeseables y disminuir sus significados espirituales o idolátricos. Es notorio que eligieron ignorar  palabras y discernimientos reñidos con las concepciones religiosas occidentales o que  colaboraban con la preservación del alto pensamiento andino. Lo sabemos por el contenido y sentido de las preguntas que elaboraban los extirpadores de idolatrías que denotan conocimiento más extenso del mostrado en los diccionarios. [13] Son razones que explican la pobreza de términos y conceptos para describir a la mítica Chacana. La tarea civilizadora generó relaciones de violencia textual […] que se observan en los elementos culturales que la cultura civilizadora le asigna al otro y los que seleccionan como válidos o descarta como carentes de valor. [14] Lo que tenemos superviviente es de muy poca dimensión para tamaño símbolo; indican que se trata de una escalera o serie de travesaños escalonados para subir o bajar; poner dos cosas cruzadas, atravesar algún espacio para impedir un flujo, tapar el paso. Puente o cruce, aparece en la intersección o puntos de transición de líneas trazadas de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha o viceversa. Desentrañar su significado por esta vía es improductivo y muy poco útil. Se requiere desarrollar pensamiento uniendo los residuos semánticos y la extensa representación gráfica.

Cruz de Nopiloa-México.

El ya citado cronista Santa Cruz Pachacuti, en el Retablo del Coricancha, nos reitera la importancia que tuvo el símbolo cuando en lo alto de una composición, lugar para primordiales elementos de sacralidad andina, dibuja un signo que nos conduce a la imagen de una cruz compuesta con las estrellas de la Cruz del Sur. Vuelve a recrear la composición en un espacio inmediatamente inferior al denominado Óvalo cósmico, subrayando con esta ubicación su rol integrador y relacionador. Esta vez nos sugiere la imagen de dos travesaños entrecruzados, un real Chacatani que equivale a  cruzar o poner dos cosas cruzadas o al través como los brazos de la cruz,  a decir de González Holguín. En esta ocasión le adjunta un nombre: Chacana en general que sugiere la existencia de distintas formas de Chacanas y relega la idea de una interpretación singular, de una sola forma de ubicar e interpretar el símbolo. Si hacemos un ejercicio de suprimir alguno de los símbolos del Retablo en virtud de su relativa importancia, veremos que ninguno es desperdicio o residuo, pero sí es posible señalar que, sin las figuras de las cruces, chacanas, el Retablo carecería de su elemento integrador. Está en la cumbre de la composición y como elemento unificador de lo prensible e inaprensible, del mundo celeste y terrenal; vínculo entre representaciones sacras y  humanos. La palabra chakarára la describe bien: nexo entre el tronco y la pierna. [15] Vínculo del todo con sus partes.

Por lo mencionado y por su densa y nutrida presencia en todos los espacios y formatos del territorio andino, la Chacana es el principal símbolo civilizatorio de la sociedad ancestral. El proceso de su creación y significación, el origen de sus formas, está aún sujeta a investigación y es fuente de controversias. Desligarla de la contextura de la constelación de la Cruz del Sur dejaría más interrogantes que certezas; sus orígenes parecen estar vinculados a ella como también en los desplazamiento del Hatun Mayu y el desenvolvimiento de la constelación de la Qollqa. Resta conocer el proceso de evolución que parte de un cosmos de inacabada euritmia y que asciende a la composición escalonada rítmica y equilibrada que compone su acabada armonía y plenitud. Cualquiera que sea la explicación final de tal composición no podrá estar exenta de dimensiones que contengan desarrollada geometría y matemática. La propuesta constructiva de C. Milla Villena espera continuadores o impugnadores de su magnitud y talla intelectual. Es necesario subrayar lo laborioso que resulta trazar con suficiencia y armonía una chacana, se requieren destrezas técnicas que solo pueden provenir de un alto y prolongado desarrollo geométrico. Por otro lado, asociar la figura con patrones de medida y esquemas constructivos modeladores del universo andino no es desatinado. La ruta abierta debe ser continuada.

Chacana en antiguo códice mexicano

Para acercarnos al significado de la Chacana debemos usar el principio de  complementariedad y relacionalidad andina, también de los criterios de paridad y correspondencia y avanzar en el sustrato social básico de la sociedad antigua, fina red que vincula todos los elementos que componen la realidad:  cosmos, geografía, seres vivos, en la amplia definición que incluye lo animado e inanimado y que P. Descola ha descrito como ontología analógica [16] que es un todo abrigado con los criterios y fundamentos del espacio-tiempo nativos.

La Chacana reúne en sí misma el espacio y el tiempo. Su primera representación se expresa en la tangible presencia de la constelación que Santa Cruz Pachacuti señala; precisemos que la Chacana no está en la figura de la Cruz, emana de ella y adquiere autonomía, como el espacio tiempo dimana del Hatun Mayu, como de este, el río Wilcamayo o el Qhapaq Ñan del Sol. La Chacana está en el firmamento en la misma medida en que la cruz cósmica está en la chacana terrenal. Posee la condición de tinkuy universal y puede ocupar la dimensión del espacio o el tiempo, o de ambas. Se materializa dibujada en andas guerreras de un soberano Inca o señala el momento de inicio de una actividad productiva, o aparecer perennizada en piedra o sobre el territorio. La Chacana relaciona, une el cosmos y el espacio andino, contiene peldaños para ascender e integrar el pacha-espacio y el pacha-tiempo. Sus tres escalones, repetidos en su periferia, expresan los tres verbos del tiempo distribuidos en el presente extenso que cobija un dilatado pasado y reducido futuro; se puede caminar la Chacana en cualquier sentido sin alcanzar en particular a ninguna expresión del tiempo, se trata de una demarcación donde el tiempo carece de linderos y que, además, puede ser recorrido en el sentido que se elija sin mengua de extraviar el camino. Es una representación abstracta del tiempo cíclico helicoidal, dibujada con escalones para acentuar la estabilidad en los tiempos en que el caminante decida; se la comprende en tres dimensiones, con el tiempo inscrito en ella. Si el Hatun Mayu tiene su encarnación terrena en el sagrado Willcamayu y el Sol en el Qhapaq Ñan, el cosmos se traduce en la Chacana, significando la paridad del espacio-tiempo y la complementariedad material y espiritual. Objetiva la correspondencia de dos esferas del firmamento sacro andino: lo inaprensible del cosmos y lo inteligible terrenal. No es admisible encasillar la interpretación de este símbolo; sin embargo, tampoco debería ser desvinculada de las dos magnitudes complementarias de espacio y tiempo sin correr el riesgo de ocultar su dimensión más importante.

Chacana en México

Los afanes de transformar la figura y sus peldaños como escalones para el reptar de serpientes y pasos como base de vuelo de cóndores y superficies para el rugir de pumas o imaginar gradas de ascenso al bienestar personal no tienen ninguna relación con el significado de este símbolo. Su significado es comunal, social; utilizarla para fines personales no puede ignorar su dimensión colectiva y su papel de vinculo de espacios y tiempos. Es el cosmos incognoscible y la reversibilidad del espacio-tiempo; la comunión del todo con sus partes, es la comunidad integrada y de miles de rostros y formatos colectivos; no es la unidad, es la unión; no es el individuo, es la comunidad, con el Ser procreado y desarrollado en ella. Es todos los espacios del tiempo y todos los tiempos del espacio, es izquierda, derecha, arriba y abajo, adelante y atrás, lo cognoscible e  invisible, es señal de bienestar, de lo infinito de la vida, medida de lo diminuto y magnitud de lo infinito. Es copia de los elementos fundantes de la vida y de  la infinitud del cosmos. Es, en suma, el Allin Kausay universal, la armonía del ser colectivo con la naturaleza, equilibrio entre los verbos del tiempo, comunidad  integrada, diferenciada y unitaria. La Chacana es el símbolo andino de la relacionalidad del todo.


[1]Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Libro Segundo. Capítulo III. Universidad Garcilaso de la Vega. Lima, 2007.  Pág. 97.

[2] Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas. Libro Octavo. Capítulo VIII. Universidad Garcilaso de la Vega. Lima, 2007.  Pág. 701.

[3] Ernesto Vargas P. Kusi Kancha: morada de las momias reales de los inkas.  Instituto Nacional de Cultura. Cusco, 2007. Pág. 26.

[4] Pedro Cieza de León. Crónica del Perú. Segunda Parte. Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 1985. Pág. 12.

[5] Pedro Cieza de León. Crónica del Perú. Segunda Parte. Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 1985. Pág. 27.

[6] Ana María Gálvez. Chuqui Chinchay, deidad del agua. Animal de Poder en la Cosmovisión Andina. Asociación Pro Cultura Clorinda Matto de Turner. Lima, 2020. Pág. 106.

[7] Carlos Milla Vidal Villena. Génesis de la cultura andina. Edición del autor. Lima, 2011. Pág. 191.

[8] Ruth Shady, Marco Machacuay,y otros. Centros Urbanos de la Civilización Caral: 21 años recuperando la historia sobre el Sistema Social. Ministerio de Cultura. Lima, 2015. Pág. 66.

[9] Juan de Santa Cruz Pachacuti. Relación de antigüedades de este Reino del Perú. Edición, índice analítico y glosario de Carlos Araníbar. Fondo de Cultura Económica. Perú, 1995.

[10] Joseph de Acosta. Historia natural y moral de las indias. Fondo de cultura económica. México, 2006. Pág. 248.

[11] Fray Martin de Murúa. Historia general del Perú. Libro segundo. Cap. XXVIII. Dastin, S.L. Madrid, 2001. Pág. 412.

[12] Maria Scholten de D’ebneth. Geometría y Geografía Humana en Sudamérica. Revista del Museo Nacional. Tomo XXIII. Lima, 1954.

[13] Lydia Fossa. Bajo el cielo de Chuqikirau. Editorial Horizonte. Lima, 2018. Pág. 287.

[14] Lydia Fossa. Narrativas problemáticas Los inkas bajo la lupa española.PUCP e IEP. Lima, 2006. Pág. 57.

[15] Jorge A. Lira/Mario Mejía Huamán. Diccionario quechua-castellano, castellano-quechua. Editorial Universitaria. Lima, 2008. Pág. 84.

[16] Philippe Descola. Más allá de naturaleza y cultura. Amorrortu editores. Argentina, 2012. Págs. 317, 318.


[1] Carlos Milla Vidal Villena. Génesis de la cultura andina. Edición del autor. Lima, 2011. Pág. 191.

[2] Ruth Shady, Marco Machacuay,y otros. Centros Urbanos de la Civilización Caral: 21 años recuperando la historia sobre el Sistema Social. Ministerio de Cultura. Lima, 2015. Pág. 66.

[3] Juan de Santa Cruz Pachacuti. Relación de antigüedades de este Reino del Perú. Edición, índice analítico y glosario de Carlos Araníbar. Fondo de Cultura Económica. Perú, 1995.

[4] Joseph de Acosta. Historia natural y moral de las indias. Fondo de cultura económica. México, 2006. Pág. 248.

[5] Fray Martin de Murúa. Historia general del Perú. Libro segundo. Cap. XXVIII. Dastin, S.L. Madrid, 2001. Pág. 412.

[6] Maria Scholten de D’ebneth. Geometría y Geografía Humana en Sudamérica. Revista del Museo Nacional. Tomo XXIII. Lima, 1954.

[7] Lydia Fossa. Bajo el cielo de Chuqikirau. Editorial Horizonte. Lima, 2018. Pág. 287.

[8] Lydia Fossa. Narrativas problemáticas Los inkas bajo la lupa española.PUCP e IEP. Lima, 2006. Pág. 57.

[9] Jorge A. Lira/Mario Mejía Huamán. Diccionario quechua-castellano, castellano-quechua. Editorial Universitaria. Lima, 2008. Pág. 84.

[10] Philippe Descola. Más allá de naturaleza y cultura. Amorrortu editores. Argentina, 2012. Págs. 317, 318.

[11] Carlos Milla Villena. Génesis de la cultura andina. Edición del autor. Lima, 2011. Pág. 74.

2 Comentarios

  1. Avatar de Isabel María Álvarez Isabel María Álvarez dice:

    Extraordinario aporte para recordar y comprender la relevancia del símbolo más importante de nuestra cultura andina. Inmensa gratitud con la esperanza de que se retome el camino que nos señaló el Hamawt’a Carlos Milla Villena.

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    1. Avatar de sawasiray sawasiray dice:

      Isabel María, gracias por sus opiniones. Más me congratula saber que considera a la cultura andina como «nuestra». Espero que en algún momento de la larga historia sea entendida y acogida del mismo modo por todo el continente. Su influjo tiene esas dimensiones.

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