Momento de las ideas

La pandemia del nuevo coronavirus originada en China ha desnudado las carencias de la civilización occidental y judeo cristiana y ha confirmado, una vez más, ser el origen de los profundos desequilibrios sociales, económicos y ecológicos en la Tierra. El individualismo, eje primordial de la estructura ideológica que la sostiene, y su objetivación de la naturaleza, se hallan en los fundamentos de esta formación social y económica que ahora vive su periodo final de dominio. La visible decadencia de esta forma de organización humana debe ser reemplazada, las formas de esa futura realidad están por definirse. Se vislumbran algunas alternativas regionales. Los andinos de Bolivia, Ecuador y Perú, tienen en sus manos una herencia de pensamiento de milenaria existencia que debe ser usada en este largo proceso. La recreación de antiguas ideas y pensamientos es una tarea fundamental en la hora actual. Las líneas siguientes se ocupan del análisis de estas preocupaciones.

 

 

Viejos y decadentes paradigmas

Las sociedades se organizan en torno a pensamientos totalizadores, ideas fuerza, mandamientos, que nos proporcionan orientación sobre los orígenes, sentido y destino de las sociedades. Lo que pasa desapercibido es que, detrás de las organizadas formas de entender nuestras vidas se encuentra filosofía; estructuras de pensamiento que además de construir y sostener civilizaciones, integran sociedades y penetran los espacios de interpretación de nosotros mismos y del sentido de nuestra existencia en espacios privados y colectivos.

¿Cómo accede el común de las personas a las ideas filosóficas si ellas no han estado nunca al alcance del común de los humanos? Resulta muy complicado que un feligrés promedio fatigue los textos de los grandes pensadores antes de poner un pie en la acera por las mañanas. Para mediar entre los altos pensamientos y el diario quehacer se encuentran la pléyade de divulgadores, administradores y comunicadores. Están extendidos por todos los confines sociales y son a veces invisibles y, con frecuencia, sutiles e imperceptibles.

capitalismo 1Se trata de núcleos familiares, sistemas educativos, medios de comunicación, líderes de cultos religiosos, textos, arte, literatura, etc. Son ellos proveedores de ideas, nosotros los consumidores. No son grandes eruditos ni tampoco dominan la totalidad del pensamiento fuente y sus relaciones con la gran variedad de corrientes filosóficas desarrolladas, pero se apoyan en la gran homogeneidad que poseen en su base los principios filosóficos que sostienen las civilizaciones. Cumplen con eficiencia la tarea de entregarnos la versión sencilla, digerida y eficaz de dogmas elaborados por remotos pensadores. El éxito y eficacia que consiguen se mide por el grado de profundidad e influencia que logran en moldurar la mente y la imaginación de las mayorías sin necesidad de entregarles el íntegro del pensamiento totalizador. Son eficaces en verdad, a juzgar por las pocas variaciones que se observa en la uniformidad gris que luce el pensamiento de millares de pupilos egresados de las maquinarias de educación e instrucción.

Los divulgadores son eficientes en la difusión de ideas como exitosos en la distancia que interponen entre los básicos principios y el pensamiento sencillo que dispersan. Donde Enmanuel Kant dice : El hombre no es un medio sino fin de todas nuestras acciones pero todo lo demás, en suma la naturaleza, es medio para la acción del hombre, el mediador señala: es un fin legítimo desecar las cabeceras de cuencas y destruir las lagunas de altura que sean necesarias para abrir minería de tajo abierto porque se trata del bienestar de las mayorías nacionales. Donde el mismo Kant señala: Dame la materia y voy a construir un mundo fuera de él, el administrador indica: la naturaleza es algo externo a nosotros los humanos, existe para explotarla como recurso inagotable y porque no es parte de nuestra humanidad, es un objeto distante y extraño a nuestro ser. Cuando la escuela enseña que la satisfacción de los apetitos personales superan los derechos colectivos es porque, antes, Martín Heidegger ha pontificado : Trascendencia constituye individualidad. Él mismo subraya esta idea mencionando: El cuerpo humano es algo esencialmente distinto a un organismo animal, y los medios de comunicación replican: es necesaria la depredación y extinción de las especies porque beneficia el desarrollo económico y facilita la ocupación de territorios propiedad de la especie humana. Cuando Karl Popper perorata: Hay que estar contra lo ya pensado, contra la tradición, de la que no se puede prescindir, pero en la que no se puede confiar, los trasmisores del conocimiento traducen: el objetivo es rechazar toda vinculación con experiencias del pasado y tradiciones; nuestro tiempo es infinito y lo que interesa no es lo ejecutado en el pasado, sino lo que haremos mañana. Sabemos el efecto de esta premisa en el descuido del pasado y presente de la naturaleza. En la civilización andina esta idea habría ido en contra de todo el ordenamiento social. No hay manera de cuidar la naturaleza sino es principalmente en el pasado.

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Marxismo y otros pensamientos

Contra lo que aún se considera, el pensamiento marxista no es antagónico con los fundamentos civilizatorios de los que procede, se inserta a plenitud en los tradicionales vectores instaurados por la civilización occidental y cristiana. Veamos lo que opina Carlos Marx cuando se refiere a un tema de humanidad y cultura. En carta a Pável Annenkov le señala: La esclavitud directa es un pivote de nuestro industrialismo actual, lo mismo que las máquinas, el crédito, etc. Sin la esclavitud, no habría algodón, y sin algodón, no habría industria moderna. Es la esclavitud lo que ha dado valor a las colonias, son las colonias lo que ha creado el comercio mundial, y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria mecanizada. Así, antes de la trata de negros, las colonias no daban al mundo viejo más que unos pocos productos y no cambiaron visiblemente la faz de la tierra. La esclavitud, es, por tanto, una categoría económica de la más alta importancia. Sin la esclavitud, Norteamérica, el país más desarrollado, se transformaría en país patriarcal. Si se borra a Norteamérica del mapa del mundo, tendremos la anarquía, la decadencia absoluta del comercio y de la civilización modernas. Pero hacer desaparecer la esclavitud equivaldría a borrar a Norteamérica del mapa del mundo. La esclavitud es una categoría económica y por eso se observa en cada nación desde que el mundo es mundo. Conceptos de este tipo están estrechamente vinculados al pensamiento instrumental y racional dominante. Como vemos en este puntual y expresivo ejemplo, tampoco en el campo materialista y dialéctico existe pausa en la explotación de la naturaleza y del recurso humano; se asimila el desarrollismo sin fin y a la elevación de las condiciones materiales sostenidas por el capitalismo. En nuestro medio, J. C. Mariátegui, bebió de esta fuente y calificó al indio como un problema por que no se situaba en la orbita cultural y productiva del pensamiento occidental. Profesó ideas semejantes en una serie de aspectos que han sido estudiados en otras páginas. (1)

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El marxismo no tiene diferencias con el capitalismo en su concepción básica del ser humano ni de la naturaleza. La doctrina, premunida de ficticia dictadura proletaria, se unió con bríos y determinación a los planes quinquenales, a las purgas y a zafras imposibles, en aras de llegar más pronto y mejor a ratios más altos del estajonivismo compitiendo con el taylorismo que hacia su trabajo en el otro ámbito. Ambas concepciones educadas en la vieja doctrina del pensador británico Francis Bacon que afirmaba: La naturaleza no era una madre sino una hembra a quien la agresiva inteligencia masculina debía de someter. Es una de las razones por las que el marxismo no ha logrado responder a los retos que la acuciante e insobornable realidad humana plantea. Lo que queda de esta corriente política en el Perú son pequeños reductos que abrevan de la agonía teórica que resta, carente de toda capacidad transformadora.

Tampoco las ideas que surgen de las religiones, que han logrado representación política organizada, poseen capacidad ni representatividad suficiente para erigirse como conductores hegemonizantes. En los reductos de la militancia ecológica tampoco se observa capacidad y suficiencia para diseñar imágenes sociales que sobrepasen el esfuerzo de impedir el cambio climático, la caza de ballenas y la defensa de bosques y especies en extinción. Detrás de esta elogiable plataforma permanece sin recusación el mismo capitalismo de siempre, remozado y contrito. El nihilismo radical no nos conduce a ningún lugar deseable, menos el culto anarquismo. Si observamos el panorama nacional, los partidos criollos, continuadores de las tradiciones invasoras y virreinales de amparo y defensa de castas y diseños excluyentes, corruptos y depredadores para los intereses de nuestra patria, después de doscientos años de conducción de nuestra sociedad, nada novedosos ni renovador pueden aportar. Está probada su esterilidad como constructores de la nación que requerimos, integrada y con un destino compartido por las mayorías. ¿Y quedan aún los salvadores personales de la patria? Sí, por supuesto, nunca están ausentes, en todos los espectros del escenario ideológico y político. Nunca dejan de haber redentores sociales, son recurrentes en nuestra historia. Se consideran predestinados para hacer y deshacer, ellos solos, criterios políticos organizados y orgánicos. Instalan dificultades en el trabajo de construcción colectivo y retrasan el esfuerzo comunal y compartido. Ponen escollos en la marcha, qué duda cabe, pero no impiden el desarrollo liberador en que están empeñados fuerzas que reciben el mandato popular.

Sociedad de consumo

¿De qué tipo de consumo se trata, solo de bienes materiales? No, consumimos salud, educación, entretenimiento, deportes, arte, etc. Siempre hay un agente o punto de expendio que nos vende salud en sustitución de un sistema de salubridad integrado a todas nuestras actividades y con un eficiente servicio especializado en el tramo final de la actividad; pagamos por diversión y recreación, consumimos deporte, no lo ejecutamos, y lo hacemos admirando a la distancia el éxito económico y piruetas de inaccesibles sujetos que nos muestra la ineptitud del sistema para facilitar escenarios y capacidad para hacer deporte por si mismos. Hay alguien que escribe fantasías literarias para nosotros que somos incapaces de elaborar ideas y escribirlas porque los programas educativos, y los propios docentes, no están orientados a potenciar las condiciones creativas en los alumnos y sí para difundir el paporreteo memorístico y leer uno que otro texto de autores consagrados. En los centros de consumo material nos reconocemos consumidores natos, aquí descubrimos con facilidad nuestra condición de compradores inacabables. En estos universales shoppings center es más sencillo percibir el compulsivo afán de comprar, mercar, lucrar, conseguir, lograr, obtener, alcanzar, agenciarse, procurarse, adueñarse, apropiarse, apoderarse, coger, atrapar, cazar, pescar; la añeja doctrina que concibe al humano como centro del universo, señor de la «creación» con autoridad, por lo tanto, para actuar bajo su libre albedrio y disponer a su antojo de todo y de todos. El ser occidental y cristiano, ahora neoliberal, fue antes saqueador de sociedades «incivilizadas», también pirómano de ideas laicas o contestarias. No hace más que recoger y poner en practica lo aprendido desde los albores civilizatorios. La labor restante la ejecutó la comunión de las ideas científicas con las religiosas, de considerar que toda transgresión a un orden moral y ético es superable con arrepentimiento o compra de perdón.

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La manzana que le entregan a Adán es, al final de cuentas, otorgarle contexto salvífico a la idea de que es posible consumir los frutos de la tierra sin cultivarlos, solo tomándolos. En estos intersticios filosóficos e ideológicos yacen los fundamentos de esta forma de vida, hoy en franca decadencia. Después, el capitalismo hace del trabajo una mercancía y la transforma en bien transable y promueve que la plusvalía permita al capitalista expandir el capital y el comercio a los confines del mundo. El propósito de tal «racionalidad» está encaminada a extraer hierro, carbón, petróleo y oro y diamantes, que permitan el ensanchamiento, agrandamiento, dilatación, difusión, crecimiento, desarrollo, propagación, dispersión, de la teoría desarrollista del crecimiento económico ilimitado, cuyo norte inamovible es la creación del confort y la riqueza de los menos.

El caudal de esta opulencia nunca se ha orientado al mejoramiento de las condiciones de vida de la humanidad en su conjunto e incluya a quienes no hallan lugar en la espiral de explotación ilimitada de la naturaleza y de la explotación de otros humanos. A los más les llega las excrecencias de la bonanza privada y de esta fiesta de extracción-producción-comercio-apropiación de trabajo-destrucción de la Tierra. El engaño feroz que posee esta doctrina, de milenario y cambiante rostro, es afirmar que cualquiera que se proponga puede oficiar de acopiador de plusvalía, que no hay barreras para el emprendimiento y que la pobreza es responsabilidad personal y que la naturaleza es un ser inerte que soporta sin límites su «explotación». Así resulta que llegamos a considerarla Recurso Natural y a nosotros Recursos Humanos. Detalle menor, pero expresivo: ha llegado a tal extremo esta deformación de la realidad que a la sabiduría y experiencia del pueblo se le llama ahora industrias culturales. Es al final, la infinita naturaleza asumida  y ofrecida por sus propietarios como botín de guerra y a los humanos como productores y consumidores. Sí, humanos que consumimos seres vivos en mercados que han desarrollado cargas mortales de Coronavirus en sus entrañas, producto de la perturbación extrema del equilibrio de todos los seres vivos, incluida la Naturaleza.

capitalismo 13Esta visión del Ser como un sujeto autorizado a erigirse como amo de otros seres y autorizado a observar a la Tierra como una entidad inerte y manipulable se halla en el centro de la constitución de la civilización occidental y judeo cristiana que ahora se observa en cuarentena mundial y en decadencia visible.

Las urgencias y realidades planteadas por la pandemia hace necesario profundizar en la crítica y recusación a un orden social injusto estructurado en torno a preceptos que han demostrado su incompetencia a la hora de dotarnos de formas de convivencia que estén a la altura de nuestra condición humana. No es posible continuar sosteniendo esta Formación Económica carcomida desde sus entrañas. Felizmente la propia realidad, antes que doctrinas y nuevas visiones, la han dañado a tal extremo que vivimos la liquidación de los fundamentos organizacionales, sociales, económicos y políticos de una civilización que ha reinado por milenios bajo distintos rostros: griegos, romanos, bizantinos, holandeses, españoles, británicos y norteamericanos. Lo podemos observar, está en medio de la etapa final de su prolongada existencia. Pero, cuidado, no está en agonía aún, le restan bríos y poderío.

Las inequidades del capitalismo

Desecha la ortodoxa planificación centralizada socialista, desmontado el capitalismo de Estado en la casi totalidad de países socialistas, se hace ostensible el dominio del pensamiento neoliberal y se instala en las mentes el criterio de la eficacia de las economías privadas. Se reduce el Estado a su mínima expresión y se derriban las fronteras arancelarias. Es la hora y el reino de la globalización. Se impone un solo mensaje ideológico: el progreso no tiene límites y el esfuerzo personal es la única garantía de desarrollo. Del interés individual se extrae el bienestar social. En todas las latitudes se hacen uso de bienes del más diverso origen y se impone el de menor costo. Las empresas fabrican elementos de un producto en Singapur y se terminan y empacan en la India; la disminución notable de los aranceles y los costes diferenciados del pago a la fuerza del trabajo facilitan el comercio internacional. Se acortan y se privatizan todos los servicios sociales: salud y educación, básicamente, y los habitantes del globo nos convertimos en francos consumidores. El coste de desarticular el tejido social, junto a la uniformización de hábitos y costumbres occidentales, golpean con dureza a sociedades que tienen en su base culturas milenarias: medio oriente, y sud américa, que han defendido por siglos la conservación de hábitos ancestrales en la configuración de sus sociedades. Se articulan entonces movimientos radicales orientados a proteger sus tradiciones y cultura. Las sociedades se fragmentan, pequeños círculos se vinculan por intereses económicos y étnicos, creando la ilusión de integración cuando estas pequeñas fracciones se encuentran en los centros comerciales cada vez más grandes. Junto a este escenario social emerge la destrucción, no ya depredación ni maltrato, del medio ambiente, que elimina los naturales espacios de separación entre vida animal y silvestre con la humana. Desarrollismo pleno, destrucción de la naturaleza, miseria y hambre para amplios sectores humanos y concentración de la riqueza en pocas manos de un modo impresionante. El que puede puede, y el que no, que mire de afuera.

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Las cifras son elocuentes para mostrar el mundo en el que vivimos y que muchos prefieren ignorar. Veamos: alrededor del 80% del dinero que se crea va al 1% más rico de la población global. Ocho individuos poseen tanta riqueza como la mitad más pobre del planeta. De acuerdo a estimaciones recientes, el 10% de la población mundial, alrededor de 700 millones de personas, viven con menos de USD 1,90 al día. ¿Puede argumentarse que esta realidad es natural, racional? Es insostenible afirmar que no es posible modificar esta realidad como si se tratará de realidades de origen divino cuando es obra de humanos.

Si observamos algunos índices de niveles de vida en el Perú tendremos que la pobreza nacional afecta al 23% de la población que equivale a siete millones de personas, aproximadamente. Alrededor del 22.7% de la población, poco más de 7 millones de habitantes, consume agua no potable. El 20% de los hogares del área rural no cuentan con energía eléctrica por red pública en el último trimestre de 2017. Los indicadores sanitarios muestran que el 14.4% de niños menores de 5 años soportan desnutrición crónica y el 43.5% de menores de 36 meses.

En datos para Sud América la brecha entre los más ricos y lo que menos tienen ribetes ficcionales: el 10% más pobre tiene niveles tan bajos de ingresos que alcanza a un escaso 1.3% del total regional, aproximadamente. Entre tanto, el 10% con ingresos más altos se queda con el 37% del total. Los datos se tornan aún más extremos cuando se revisa la riqueza y el patrimonio. En 2014, el 10% más rico de la región acumulaba el 71% de la riqueza y del patrimonio. La concentración era tan radical que en ese mismo año, el 70% de la población más pobre apenas logró acumular el 10% de la riqueza. Y esta tendencia no se reduce.

Del año 2002 al 2015, la fortuna de los millonarios de América Latina y el Caribe se incrementó al ritmo de un 21% promedio anual, un crecimiento seis veces superior al del PIB de la región completa -que fue de un 3.5% anual- y un 6% más alto que el crecimiento de la riqueza del resto del mundo. Es decir: una gran parte del crecimiento económico está siendo capturado por los más ricos, lo que ahonda dramáticamente las brechas de desigualdad.

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Según datos de la CEPAL, la evasión de impuestos sobre la renta personal, corporativa y del IVA le cuesta a América Latina y el Caribe más de 320.000 millones de dólares al año, es decir, 6,3% del PIB. Esto significa que los países latinoamericanos pierden más del 50% de sus ingresos por impuestos sobre la renta a individuos. Muchos de estos recursos van a paraísos fiscales, escondiendo grandes cantidades de capital que deberían invertirse en mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Pero hay más. Los multimillonarios latinocaribeños -personas con un patrimonio neto superior a 30 millones de dólares o más- suman 14,805 personas. Su riqueza es equivalente al dinero necesario para eliminar la pobreza monetaria extrema de Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Perú. En Bolivia la riqueza de las 245 personas multimillonarias es equivalente a 21 veces el gasto público en salud del país.

Los daños a la Tierra

La Tierra, hogar de todos, está en peligro. El propósito no es la defensa de causas de grupo o de países o naciones, estamos tratando de la supervivencia de la totalidad de los seres vivos, de todos, sin excepción. Esto ha convertido su defensa en una causa planetaria de preservación y continuidad de la vida que excede cualquier interés particular.

Los daños que le ocasiona a la Tierra, la forma de organización social y de su sistema productivo, es intolerable. En los últimos cinco siglos esta visión es responsabilidad del modo de producción capitalista, última expresión económica de la civilización occidental. De esta responsabilidad no se libran regímenes denominados socialistas. China y EEUU son los países que más toneladas de dióxido de carbono producen.

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Observemos algunos datos puntuales de esta destrucción ecológica.

La temperatura global ha aumentado en 1° C entre 1880 y 2015, con las lógicas consecuencias de extinción de especies por todos los confines de la Tierra. El cambio climático genera fenómenos meteorológicos extremos como huracanes y fuertes lluvias. En la ultima década, los desastres naturales causados por el clima dejaron aproximadamente 600 mil muertos. El 95% d ellos en países pobres junto a pérdidas de 520 mil millones de dólares.

El 40% de la población mundial ya tiene problemas de agua. Los cambios en los niveles de precipitación ponen en riesgo su disponibilidad en el mundo. . En los últimos 100 años el nivel del mar ha subido el doble de lo previsto, incrementándose en 10 a 20 cm. En el Ártico desde 1979 hasta 2014 el área cubierta por hielo se ha reducido en un 40%. Es así que un tercio de las especies marinas están en riesgo de desaparecer. La acidificación de los océanos disminuye el nivel de Ph del agua . Desde antes de la revolución industrial hasta los registros tomados en 2012 su valor pasó de 8.179 a 8.104. La causa son los gases invernadero puesto que el océano absorbe un 25 % de dióxido de carbono. Su disolución en el agua causa su acidificación.

 

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La desnutrición es el mayor impacto del cambio climático. Cada grado centígrado que aumente la temperatura se producirá una baja del 6% en el rendimiento de los cultivos de trigo del mundo y un 10% en los cultivos de arroz. Se considere que para el 2030 unos 7. 5 millones de niños presentarán problemas de crecimiento y 4 millones de ellos tendrán un retraso grave.

Se estima que un 20% de las emisiones de gases invernadero a nivel mundial provienen de la pérdida de bosques. El ritmo de deforestación avanza a un ritmo de 13 millones de hectáreas cada año, disminuyendo su capacidad de almacenar toneladas de dióxido de carbono.

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza revela que si la temperatura de la tierra aumentara en 4.5 grados Celsius con respecto a la era preindstrial que provocará que un 48% de las especies animales podrían desaparecer.

Pensamiento alternativo, pensamiento comunitario

Frente a esta debacle civilizatoria de Occidente, ¿qué concepciones alternativas tenemos en el espacio nacional y mundial?

Es verificable sin dificultades que hay ausencia de desarrollo teórico que sustente un proyecto de vida comunal, que potencie las asociaciones de humanos por encima del Ser individual. Gran influencia ha tenido la derrota sufrida por las doctrinas socialistas y el desprestigio de los  socialismos reales y sociedades que se fundaron bajo sus preceptos teóricos. En el Perú, en particular, no puede ignorarse el efecto de la violencia vesánica de las hordas senderistas. La derrota ha sido teórica y, en muchas ocasiones,  también militar.

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En medio de estas dificultades, nosotros los andinos poseemos una alternativa. Entre los peruanos,  ecuatorianos y bolivianos, habita vivo el pensamiento ancestral. No es idea exótica en este espacio. Lo es para extraños a nuestros territorios y tradiciones, no para los herederos de una cultura que ha construido el tejido social de estos países. A diferencia de otras civilizaciones aquí se hizo realidad la premisa que el hombre desarrolla su naturaleza verdadera en la sociedad y su fuerza se mide por la fuerza de la sociedad. La alianza forjada con nuestra naturaleza no es equiparable en logros sociales y materiales a ninguna otra civilización. Aquí el humano construyó sociedad sobre un territorio feraz que condicionaba sus frutos a un pacto de convivencia de respeto y asociación; el compromiso emanaba del mandato de la naturaleza de organizarse en relaciones colectivas e integrales y de natural consenso y aceptación de todos sus miembros. ¿Fue un paraíso terrenal?, no, de ninguna manera lo fue, pero las diferencias no comprometían la existencia de cientos de lenguas y particulares tradiciones que aún ahora se pueden apreciar. Constituyó una feliz conjunción de tiempo y espacio. El balance esta allí, a la vista de nuestros ojos, como fruto construido a través de miles de años de ensayos y errores. Sería hasta necio no aceptar que en esa experiencia milenaria se edificó una realidad que debemos aprovecharla y utilizarla. 

¿Se trata de imitar, copiar, establecer coercitivos paraísos imaginarios vivos sólo en las páginas de textos quiméricos o dogmáticos? No, de ningún modo. Se trata de un cuerpo de pensamiento que se va construyendo con el concurso de muchos y que se aleja del dogmatismo y el infantilismo. Se trata de una nueva narración acerca de nosotros, de nuestro pasado y futuro, que seguirá difundiéndose con premura a lo largo y ancho del territorio andino. 

Puntualicemos. ¿Cuáles son, en esta coyuntura de desorientación, desesperanza, los planteamientos que son necesarios profundizar en esta lucha contra una forma de concebir la sociedad que se hace imprescindible detener y desterrar como paradigmas de vida?

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Primero, reconocer que la pandemia que nos agobia es un brutal respuesta de la naturaleza a su impune e incontrolada manipulación y explotación.

Segundo, reconocer que esta forma de explotar la naturaleza está íntimamente asociada a una forma de organización social, económica y política centrada en el ser humano y en sus apetencias individuales sin límites.

Tercero, reconocer que las formas de vida, instauradas por la civilización occidental y judeo cristiana, individuales y autárquicas, no son capaces de garantizar con eficacia la supervivencia de la especie humana, cuando se trata de enfrentar colectivamente las amenazas que asedian las sociedades. 

Cuarto, que una de las reservas más importantes de ideas, y de formas humanas de organizar la sociedad, se encuentra en el pensamiento ancestral, que hace de la naturaleza un ente con vida y propietario de intereses y derechos que deben ser reconocidos y respetados.

Quinto, que no hay manera de edificar una hogar para todos sino construimos un pensamiento renovado que, asentado en la milenaria sabiduría ancestral, construya nuevos paradigmas asociativos en donde la vida comunal sea el eje a partir del cual se organice la sociedad.

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Sexto, no es posible ignorar que somos parte de un todo integrado en que cada partícula de materia es parte de una totalidad orgánica con diversas manifestaciones de vida. Desconocer su funcionamiento, no nos otorga el derecho de ignorarlo.

Séptimo, las formas asociativas de organización social tienen que derivarse de esta realidad. La naturaleza, que es vida asociada, nos obliga también a asociarnos en comunidad y vincularnos con otras formas superiores de vida.

Octavo, quien denomina socialista a esta estructura societal está profundamente equivocado. El socialismo equivale a producción asociada que convive junto a privada vida social. Se concibe la fabrica como el foco de socialización, desligada de la sociedad comunal. Se trata de multiplicar humanidad con plena vida comunal no solo en la usina sino en todo espacio y tiempo humano. No se postula una sociedad de beneficencia y de ayuda mutua. Se trata también de usar lo actuado por la humanidad y virar la conducción política y social sin desaprovechar ninguno de los avances logrados hasta aquí por otras sociedades.

Noveno, no se trata de conseguir objetivos en base a voluntades personales y de la acción de desorganizados seres, se trata de una tarea política y de usar todos los resortes que este compromiso demanda. Organización política, filosofía, ideología, programa, estrategia y tácticas.

Décimo, se trata de construir poder y no de tomarlo; se trata de crear teoría y práctica nuevas. Se trata de concebir un instrumento político capaz de conducir estas luchas sociales, económicas y políticas.

Onceavo, la oposición a estas ideas no solo parten de quienes detentan el poder y controlan la imaginación sino también de seudos redentores que no faltan en toda época y que ofrecen transformaciones sin partido político y que actúan a sola firma. Algunos lucen charreteras, otros saco y corbata, pero siempre comparten un verbo desbordado,  populista, altivo y engañoso, al punto de ofrecer cambios idílicos e instantáneos que luego se desmoronan como un castillo de naipes cuando se agotan sus cuatro sencillas ideas políticas y organizativas.

Doceavo, decimos no a la anarquía del mercado globalizado e instalamos en su lugar el desarrollo local con rendimientos de pequeña y mediana escala. Orientarnos a satisfacer la demanda local, antes que la exterior. 

Treceavo, fortalecer el Estado para construir autosuficiencia alimentaria y dotar de servicios óptimos en salud y educación. Se trata de edificar un Estado nacional, pluricultural y pluriétnico, que resulte la fuerza mas poderosa para orientar acciones económicas a gran escala.

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Catorceavo, nuevo ordenamiento regional y urbano. Como paso primero instalar la capital de la republica en el interior del territorio, en su centro geografico y andino. Planificar las ciudades, en su concepción y desarrollo, respetando una relación armónica con la naturaleza. Todo este conjunto de propósitos se vinculan a un nuevo tratamiento a la naturaleza y al sistema de propiedad que la ha convertido en mercancía.  

(1) El eurocentrismo de Mariátegui. Calco y copia. Ediciones Iipcial. Lima, 2019.

I. José María Arguedas y Juan Rulfo, una amistad entrañable.

Los ríos profundos y Pedro Páramo son novelas que admiro. Citar un texto antes que el otro no me hace preferir la novela peruana, son relatos inigualables. Ambos pueden verse en un espejo y reconocerse semejantes sin dilatar la decisión; y me sentí pleno, contentísimo, de que habláramos los dos como iguales, menciona Arguedas para describir su primer encuentro. Sus vidas y obras participan de un paralelismo notable. No es casualidad que compartieran particular amistad. Ambos provienen de sociedades donde las culturas ancestrales superviven después de haber sido vapuleadas malamente por la invasión hispánica; los dos lucen orfandades familiares muy tempranas. Son creadores que vivieron y escribieron entropados con sus pueblos y en cada página de sus narraciones observamos esa insondable señal que deja la ausencia temprana de la tibieza familiar.

La primera mención que hace Arguedas de Rulfo se halla en una carta escrita para el antropólogo ucraniano-rumano John Murra el 10 de abril de 1960 que contiene agradecimientos por los materiales literarios recibidos desde México y que le suscitan emotiva reacción: […] descubrí un novelista maravilloso mexicano: Juan Rulfo, del que he leído sus cuentos y su novela Pedro Páramo. No escribe entonces una reseña de las obras porque convalece de un peligroso accidente de automóvil que le dejó tres costillas rotas. José María, tan distante de hacer comentarios literarios, apenas aguarda un mes para escribir la reseña que aparece en el diario El Comercio con el título: Reflexiones peruanas sobre un narrador mexicano. Se trata de una pretensión justificada: el Perú hablando de México. Y no le faltaba razón, son voces que explican sus sociedades, dos biografías gestadas desde la simiente quechua y azteca que ofrecen una visión totalizadora de las realidades nacionales. Arguedas, siempre tan cercano a la muerte, se impresiona que Rulfo levante con sus poderosas manos la luz de la muerte y el germen inagotable que hay en el hombre aun cuando éste parece haberse convertido aparentemente en carroña. Pienso que la profunda rotura de tiempos y espacios, sustrato de la novela, los sintió propios José María que provenía de una cultura donde el pasado, presente y futuro se unifican en un solo haz.

La publicación también le sirve para recordar su primer encuentro con México, en 1940, durante el I Congreso Indigenista de Pátzcuaro, y rememorar la sensación que le invadió abandonarlo por el puerto de Manzanillo: sentí como un desgarramiento. Es posible que ningún país sea capaz de meterse a la médula del extranjero como éste, y quisiera afirmar nuevamente , que la presencia de la muerte juega algún papel en esa hazaña. La intensidad de sus recuerdos me hace pensar en la veracidad de la información que afirma que Arguedas ejecutó su primer intento de suicidio en aquellos días del Congreso. Añade: […] todo sobrecoge, porque la facilidad con que se espera y se provoca la muerte en todas partes, está siempre presente. Se huele a la muerte. Por otro lado, se detiene en observar la presencia del indio en los textos del mexicano, señalando: Los relatos de Rulfo nos lo muestran mejor que ninguna otra pintura que hayamos visto. […] el indio aparece una sola vez como individuo absolutamente marginal. Casi no figura. Entre nosotros es la materia envolvente; ocupa el primer plano. Pero reconoce después que es siempre un campesino quien habla. Considera que el hálito de la historia antigua mexicana, aparentemente, inspira más o tiene más fuerza en la vida presente, en su misterio, que los formas y contenidos llegados de España. El mestizo se hizo mucho más rápido y vastamante en México que en el Perú. Nuestro mestizo se formó lentamente, es escaso y estuvo hasta hace muy poco por entero entregado a la servidumbre de los señores. Es la época en que Arguedas está fuertemente influido por las nociones de mestizaje concebidos en el México del presidente Lázaro Cárdenas, Manuel Gamio y de Aguirre Beltrán, conceptos extendidos por el continente después del congreso de Pátzcuaro.

La primera mención que encuentro de Rulfo en Arguedas se halla en una carta escrita para el antropólogo John Murra el 10 de abril de 1960.

Continuemos con el artículo. Aprecia la transformación lograda por Rulfo del castellano mexicano para hacer que los protagonistas de sus escritos se hagan de un modo de expresión nuevo. Rulfo, señala, emplea términos del castellano viejo conservados por el campesino y fundidos con palabras que ha deformado a su modo, fundidos en una sintaxis que requiere del genio para hacer de ella un medio de expresión tan poderoso o más que el castellano culto que tiene siglos al servicio de la invención humana. Sabía de lo que hablaba José María. En Agua y Yawar Fiesta había ejecutado un trabajo semejante al transformar el español peruano y convertirlo en un medio de expresión que refleje el arduo proceso de los quechua hablantes para comunicarse en un castellano transformado por la sintaxis quechua.

La proclividad de Arguedas para mostrar en sus publicaciones claves ocultas de su biografía, es posible rastrearla en el artículo y bien puede corresponder a la honda y mexicana discusión que tuvo con la muerte aquel año. Veamos. Cuando transcribe párrafos de la novela, los recorta de tres fuentes y luego los integra, dotándoles de una apariencia de unidad. Elige un pasaje del fragmento 49* sustrayendo unas líneas antes de su conclusión. Se trata de un diálogo de Susana San Juan, el gran amor de Pedro Páramo, con su padre, Bartolomé, quien, por codicia, la obliga a bajar a la profundidad de una tumba para buscar monedas de oro al mismo tiempo que pide recoja los restos óseos que se deshacen entre las manos de Susana. Días después ella reconoce que la tumba pertenece al propio Bartolomé San Juan. Une Arguedas esta transcripción a líneas cortas del fragmento 42, que describe el diálogo, en la tumba, de Juan Preciado y Dorotea acerca del amor que le tenía Pedro Páramo a Susana San Juan. Lo particular es que Arguedas reproduce unas líneas aisladas que dicen: «El cielo es grande, Dios estuvo conmigo esa noche. De no ser así quién sabe lo que hubiera pasado. Porque fue ya de noche cuando reviví…» Enseguida recoge una pequeña porción del fragmento 11 que narra la conversación de Eduviges Dyada con Juan Preciado, acerca de Colorado, el caballo de Miguel Páramo, que sigue vagando en busca de su amo después de tirarlo de su silla y provocar su muerte. La líneas transcritas expresan el cariño que se tenían jinete y corcel. La elección de un pasaje u otro no resulta aleatorio, menos para un escritor; Arguedas los eligió porque sintetizaban bien los sentimientos que le produjeron la lectura del texto y expresan la cuidadosa búsqueda de líneas situadas en páginas muy distantes entre sí y que adquieren sentido al ser anudados con ojo avizor. Fueron pasajes que lo remitieron a aspectos de su propia y cercana experiencia.

La proclividad de Arguedas a mostrar claves ocultas de su biografía, pueden rastrearse en el artículo y bien pueden corresponder a la honda y mexicana discusión que tuvo con la muerte aquel año.

Los cuentos de Rulfo, reunidos bajo el título de El llano en llamas, fueron publicados en 1953 y la novela Pedro Páramo en 1955. Las adelantadas opiniones del artículo de Arguedas no concuerdan con muchas otras aparecidas en México, donde la crítica se encontró dividida en sus apreciaciones sobre el innovador relato. Las opiniones adversas son numerosas, y partieron, inclusive, de literatos que estuvieron cerca de la edición de la novela como el poeta, ensayista y editor Alí Chumacero, que opina en 1955: Primordialmente, Pedro Páramo intenta ser una obra fantástica, pero la fantasía empieza donde lo real aún no termina. Desde el comienzo, ya el personaje que nos lleva a la relación se topa con un arriero que no existe y que le habla de personas que murieron hace mucho tiempo”. Archibaldo Burns, escritor y cineasta expresa que: Pedro Páramo es un conjunto de fragmentos alucinados. Para haber sido una obra maestra, han fallado el planteamiento y el desenvolvimiento propios de la trama, pero están en juego todo el tiempo la Unción y la Gallina, realidad y fantasía, en esa narración apasionante y más viva que el agua. Sin embargo, en 1957 le conceden a la novela el premio Javier Villaurrutia recién creado, que le otorga un reconocimiento importante. En 1958 Pedro Páramo es traducido al alemán, hecho que ayudó a forjar su prestigio en el exterior. Hoy es la novela mexicana con el mayor numero de traducciones, incluido el náhuatl, y posee un reconocimiento universal.

Observamos que el comentario de Arguedas contiene apreciaciones adelantadas para su época. El extenso universo rulfiano, en especial la Fundación que lleva su nombre, recuerda este hecho con singular aprecio. Alberto Vital, le otorga lugar en la biografía oficial del escritor y reconoce la importancia que tuvo la elogiosa nota escrita por el peruano.

Dos años después de esta aproximación inicial ambos escritores coinciden en el Primer Coloquio de Escritores Iberoamericanos y Alemanes desarrollado en Berlín entre el 16 y el 23 de septiembre de 1962. Fue un encuentro entre wayquis y seguramente de aproximación sencilla y entrañable. Ambos provenían de similares geografías sociales y familiares. Rulfo perdió a su padre cuando tenía 6 años. Fue un asesinato cobarde y traicionero ejecutado por un iracundo vecino y enemigo personal de Juan Nepomuceno Pérez Rulfo; era el año de 1923 y Juan tenía 6 años. Poco después, en 1927, muere, con apenas 32 años, María Vizcaíno Arias, su madre. Juancito, después de vivir un tiempo con su abuela materna acabó en el orfelinato Luis Silva de ciudad de Guadalajara donde termina de construir su silenciosa y solitaria personalidad. Arguedas, vive desde su nacimiento en una comunidad de indios, alternando estas vivencias con estadías periódicas junto a su padre. Su idioma materno es el quechua y aprende a dominar el castellano en su adolescencia.

En el encuentro de Berlín, Arguedas tiene 51 años y Rulfo 45. El peruano posee ya un lugar en las letras americanas y venía de haber residido largos meses en España realizando una investigación en comunidades hispánicas que culmina en el texto: Comunidades de España y del Perú y seguramente tenía avances de su novela Todas las sangres y escribe poesía en su idioma materno. Rulfo era ya un escritor conocido y admirado y que, en la práctica, había dejado de escribir y luchaba, precisamente en ese año, para abandonar su dependencia del alcohol que había sido su sombra y agonía y también su impulso para escribir. José María había dejado atrás un periodo prolongado de silencio literario y trataba en esos años de hallar su resurrección en viajes frecuentes a Santiago de Chile. Se entendieron sin barreras ni diferencias. Provenían de la misma tierra, de espacios y tiempos similares, poseían agonías compartidas. Arguedas lo recuerda en sus Diarios. Está en Santiago de Chile y es el 11 de mayo de 1968, y dice. Me acordé de la primera vez que te conocí en Berlín, de como te llevé del brazo al ómnibus, con cuanta felicidad, como cuando, ya profesional, volví a encontrar a don Felipe Maywa, en San juan de Lucanas y ¡de repente! me sentí igual a ese gran indio al que había mirado en la infancia como a un sabio, como a una montaña condescendiente. […] Por eso me trató de igual a igual, como tú Juan, en Berlín y en Guadalajara y en Lima, también en ese pueblo de Guanajato, fregado hasta no más, como el Cuzco. Tú fumabas y hablabas, yo te oía. Y me sentí pleno, contentísimo, de que habláramos los dos como iguales. En cambio a don Alejo Carpentier lo veía como a muy «superior», algo así como esos poblanos a mí que me doctoreaban. […] ¡Es bien distinto a nosotros! Su inteligencia penetra las cosas de afuera adentro, como un rayo; es un cerebro que recibe, lúcido y regocijado, la materia de las cosas, y él las domina. Tú también, Juan, pero tú de adentro, muy de adentro, desde el germen mismo; la inteligencia está; trabajó antes y después. Arguedas libera aquí otra clave para desentrañar: su mención al Cuzco no se entiende fuera del contexto de sus insalvables desencuentros. ¿Qué ocurre con esta ciudad que es señalada aquí junto a Rulfo y fregado hasta no más? No hay manera de preguntárselo, pero se debe, seguramente, a recuerdos asociados a íntimos pasajes de su vida relacionados con la antigua ciudad.

Es probable que hayan coincidido en otras oportunidades no documentadas, por ejemplo cuando Arguedas visita México en 1964 invitado para recorrer tres museos estatales. A su retorno redacta un artículo sobre el Museo de Antropología, por ser el más vasto y complejo. En medio de elogios por lo visto recuerda su estadía de 1940 y menciona: Hoy, en 1964, la nación parece mas integrada; el culto y el menosprecio a la muerte lo he visto realmente convertido en fuego que alienta la energía humana con, para nosotros, no comparable temple e impaciencia para la obra. Un año antes Rulfo había empezado a ocupar un puesto como responsable de las ediciones del Instituto Nacional Indigenista. Quizá se hallen en el futuro apuntes de esa aproximación, mientras tanto recordemos el encuentro en Guadalajara y Guanajato. Ocurre en marzo de 1967 en ocasión del Segundo Congreso de la Comunidad Latinoamericana de Escritores. Los organizadores los ubican en la misma habitación del hotel. Así lo recuerda Arguedas en sus Diarios: ¿Quién ha cargado a la palabra como tú, Juan, de todo el peso de padeceres, de conciencias, de santa lujuria, de hombría, de todo lo que en la criatura humana hay de ceniza, de piedra, de agua, de pudridez violenta para parir y cantar, cómo tú? En ese hotel, más muerto que vivo, el Guadalajara Hilton, nos alojaron juntos, ¿de pura casualidad? Me contaste algo de cómo fue tu vida. Te despidieron y volvieron a nombrar algo así como veinte veces en los Ministerios de la Revolución Mexicana. Trabajaste en una fábrica de llantas. Dejaste el puesto porque te quisieron enviar a las oficinas de otro país. Mientras hablabas en tu cama, fumabas mucho. Me hablaste muy mal de Juárez. No debí sorprenderme de la heterodoxia con que ordenabas las causas y efectos de la historia mexicana, de cómo parecía que conocías a fondo, tanto o mejor que tu propia vida, esa historia. Y me hiciste reír describiendo al viejo Juárez como a un sujeto algo nefasto y con facha de mamarracho.

Publicada en 1955, tuvo discutida recepcion entre los criticos mexicanos.

¿Qué le confió Arguedas a Rulfo en esos largos momentos de plática y confidencias. José María era proclive a hacer confesiones cuando el interlocutor despertaba su confianza. Lo había hecho con Luis E. Valcárcel a quien le entregó información acerca de su verdadero origen. Es probable que Juan Rulfo haya recibido aspectos desconocidos de su biografía. Me contaste algo de cómo fue tu vida, le dice al amigo y la reciprocidad andina de José María tiene que haber descubierto algo de su propia vida. Podía confiar en el mexicano, hombre hermético e infranqueable. Especular en estas revelaciones tienen fundamento cuando sabemos que Rulfo se preocupó de gestionar un trabajo en México para Arguedas, orientado a conseguir un tratamiento especializado para sus males neurológicos y espirituales y que preocupaban a Juan. Lo recuerda John Murra mencionando que Rulfo, […] había organizado con la ayuda de don Gonzalo Aguirre Beltrán, un puesto, en México. Porque Aguirre Beltrán dirigía el Instituto Indigenista Interamericano y tenía otros empleados fantasmas que había heredado de otros regímenes, y se le ocurrió que el también podía tener tal empleado. La idea era hacer venir a Arguedas a México y buscarle otro psicoanalista de otra escuela que no fuera la de doña Lola de Santiago, a ver si le podían salvar. Vemos que las dolencias de José María eran compartidas por Rulfo en dimensiones muy íntimas. Sabemos que José María no aceptó el ofrecimiento, eligió permanecer en el Perú y continuar su vida entre la Universidad Agraria, Chaclacayo y los Zorros de arriba y de abajo.

Para ir acabando, haré mención a algunas de las numerosas notas que se pueden hallar en textos mexicanos sobre esta entrañable amistad. En el libro Noticias sobre Juan Rulfo, Alberto Vital menciona que 1960 es el año en que debe fecharse la primera nota escrita de otro par de Rulfo, esto es, por un narrador a su altura. Se trata de las ya citadas «Reflexiones peruanas sobre un narrador mexicano», de José María Arguedas. En Juan Rulfo y su obra. Una guía critica, Victoria Saramago señala: El tono personal con el que Arguedas considera la obra de Rulfo se manifiesta también en otros momentos, en los cuales persona, amigo y autor son figuras casi indistinguibles. Acotación final. Repasemos la respuesta de Rulfo cuando el periodista Ernesto Parra le pregunta en 1979 sobre los escritores de habla castellana que prefiere. El escritor responde: En primer lugar, a Juan Carlos Onetti. Para mí es un autor fundamental. Después, José María Arguedas, de Perú, que desgraciadamente se suicidó. Cuando el periodista pretende disminuir la importancia de Arguedas, Rulfo retruca: Tiene otra novela excelente, Los ríos profundos. Un gran escritor José María Arguedas, mejor que Vargas Llosa.

Seguiremos más adelante hablando de Rulfo. De su vinculación con la fotografía, de las cartas para su amor Clara Aparicio, las razones de su silencio literario, de Pedro Páramo. Inagotable, Rulfo.

* Los especialistas, no Juan Rulfo, han dividido Pedro Páramo en fragmentos. Se cuentan oficialmente 69. Es muy útil para entender su no siempre fácil lectura. La numeración de los fragmentos hay que ejecutarlos de modo personal. No conozco edición que lo contenga.

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Errores de análisis. Elecciones parlamentarias, Perú 26/20

Hay errores de análisis en todos los espacios y sectores, pero son ejemplares los provenientes de líderes de las clases y culturas dominantes o de sus funcionales observadores a quienes reconocemos como portavoces de colectividades. Un factor que lo explica se halla en el aislamiento que los separa de las vicisitudes diarias, deseos o planes del pueblo llano. La aparente solidez de la estructura social edificada, es otra de las inexactas percepciones que explican las equivocadas evaluaciones. Las ineptas decisiones que parten de estos análisis hacen evidente la miopía que los apolilla y facilitan la labor de los opositores al sistema imperante.

Antes de citar los errados análisis de opinólogos sobre las recientes elecciones parlamentarias, veamos esta incapacidad en dos lideres de Estado en vísperas de ver fenecidas con rudeza sus épocas de dominio. El 14 de julio de 1789, día de la Toma de la Bastilla, suceso inicial de la revolución que liquidó el feudalismo en Francia, Luis XVI apuntó en su diario: Nada, en alusión al pobre resultado de la cacería de las horas previas. Tres años después fue guillotinado por el nuevo poder imperante. Otra muestra de similar incompetencia: el 26 de febrero de 1917 en la soledad de su habitación el Zar Nicolás escribió en su diario: Anoche jugué dominó. Afuera de ese recinto, se amotinaban los soldados de la Guardia Imperial y en las calles se extendía la huelga fabril que paralizó la capital rusa. Eran momentos previos a la llegada al poder de los bolcheviques. Días después el desinformado zar es obligado a firmar su abdicación en la modesta estación de Dno. El tren de la historia tomaba ruta distinta. Los bolcheviques, ignorados y extraños a sus ojos, dirigían su pluma. Dudo que supiera el significado de su acto de renuncia para la historia de la humanidad, murió ignorante de las causas que desarraigaron un régimen de cuatrocientos años de historia.

Dos cegueras ejemplares devienen ahora en sucesos síntesis de los giros imprevistos en la historia universal. Podemos hallar ejemplos similares detrás de todo evento político transformador que descompone y remueve décadas o siglos de humanidad.

Respetando contextos y significados, observamos en nuestra patria un clima semejante cuando leemos análisis y editoriales periodísticos, sesudas opiniones de prestigiosas plumas nacionales al analizar los resultados de las elecciones parlamentarias del 26 de enero reciente. Expresan un grave desconocimiento del país y la sociedad que analizan y no es aventurado asegurar que seguirán invariablemente despistados hasta que el régimen político, constante en su esencia desde San Martín y Bolívar, se termine descomponiendo para ser reemplazado por un régimen distinto y que constituya un hito mas en la construcción de un nuevo horizonte cultural.

Recomendamos visitar el rosario de desaciertos en los enlaces siguientes: https://larepublica.pe/politica/2020/02/03/maruja-barrig-nostalgias-izquierdosas/; https://larepublica.pe/politica/2020/02/02/salto-disruptivo-pero-suelo-parejo-juan-carlos-tafur-pie-derecho/; https://larepublica.pe/politica/2020/02/04/nelson-manrique-miedos-e-incertidumbres/; https://larepublica.pe/politica/2020/02/02/la-fractalizacion-del-mapa-politico-marco-sifuentes-calumnia-dominical/; https://larepublica.pe/politica/2020/02/06/tesis-sobre-el-26-de-enero-sinesio-lopez-el-zorro-de-abajo/; https://larepublica.pe/politica/2020/02/06/el-indulto-editorial/.

Los articulistas son personas conocidas por ser parte de la progresía intelectual, muchos de ellos han construido su formación en las canteras del materialismo histórico o dialéctico, por tanto usuarios del estanco de herramientas científicas. En lenguaje más comprensible: son los caviares convertidos ahora en la materia gris y funcionales a la formación social que el poder defiende. De diversas formas son herederos de J.C. Mariátegui, pero no de su aventura rupturista, menos de su elan transformador y sí de sus desaciertos teóricos, causa importante de la desestructuración y atraso ideológico y organizativo de los herederos de la gran civilización que alimenta el Perú invertebrado de hoy. Precisamente, de esa savia nutricia se componen los resultados electorales que comentamos. Una propicia digresión: Hugo Neira, quizá el pensador más heterodoxo del espacio criollo, menciona que: En el Perú a la larga todo se convierte en rito religioso, funerario. Mariátegui como Arguedas, como Riva-Agüero, no tienen discípulos o sociedades de estudio. Lo que tienen son panacas […] ¿Pensamiento crítico? Es más fácil contradecir en nuestras universidades  a Kant o Hegel que contradecir  una de esas mortajas vivientes (1).

No se citan otras fuentes de análisis porque provienen de la misma simiente que llamó cuatreros y abigeos a los insurgentes de Chaupimayu . No han variado su interpretación del país. Discurren sobre los mismos tópicos que los anteriores comentaristas pero con mayor impudicia e ignorancia. Me refiero a los sectores que heredaron la visión de los Riva Agüero, Víctor Andrés Belaunde o Francisco García Calderón; sin el brillo ni agudeza de estos. Un ejemplo es suficiente: https://peru21.pe/opinion/anarquia-dios-y-el-papa-francisco-noticia/

Si se han tomado el trabajo de leer los artículos citados, verán que ninguno de ellos, ninguno es un adjetivo correcto para este caso, es capaz de observar el rostro que habita detrás de las cifras; menos se fijan en el tono de su piel, en el habla que utilizan o en las tradiciones culturales que conservan. Lo que ocurre es que el discurso homogeneizador y monocultural de Occidente es muy poderoso. ha contagiado de sus principios excluyentes a todos los tributarios de la cultura dominante y también a sus oponentes cómplices. Uno de los argumentos más usados y sentidos es que los expropiados, los vencidos, indios ignorantes e incivilizados, jamás tendrán el derecho de poseer representación política y menos ideas de sociedad o nación. Por siglos considerados sujetos de segunda o tercera clase, útiles como mano de obra barata o como carne de cañón de los ejércitos siempre vencidos; en esta óptica no hay razón alguna para que ahora se les reconozca ubicación distinta en el escenario social y político. Con estos cartabones analizan las cifras y la representación congresal obtenida por UPP y el FREPAP.

Análisis cuantitativo

Esta perspectiva de análisis desconoce que el Perú es territorio de vida de Garcilaso Chimpu Occllo, de Waman Puma, de Juan Santa Cruz Pachacuti, de José María Arguedas, Gamaliel Churata y de Ezequiel Urviola, y otros. Para ellos, el Perú es un país desconocido.

Una manera de conocerlo es acercarse a indicadores demográficos. Si antes de emitir opinión hubieran interpretado los resultados del Censo de población de 1917 les hubiera ido mejor. No distinto, pero sí mejor.

Veamos las cifras generales de aquel proceso censal:

Auto identificación étnicaPorcentaje
Mestizo  60.2 %
Quechua  22.3 %
Blanco  5.9 %
Afrodescendiente  3.6 %
Aimara  2.4 %
Otro  5.6 

Inferir ideas de estas cifras fundamenta opinión. Una pregunta previa es pertinente: ¿puede calificarse a la auto identificación étnica como ejercicio diletante, resultado de emociones pasajeras, o se trata de una definición de identidad que compromete el pasado presente y futuro del declarante? Nadie se identifica quechua o aimara o ashaninka en el Perú ignorando la carga peyorativa que este vocablo tiene. Se trata de la más elevada forma de entender el contenido cultural de nuestra humanidad. Es el reconocimiento de la vertiente cultural y étnica de nuestros padres y ancestros y, junto a este juicio, proyectar el destino que deseamos para nuestra identidad. Bueno pues, cerca de siete millones y medio de peruanos se han declarado herederos directos de las culturas quechua y aimara que, en el Perú oficial, existe solo en el pasado, y no en los intersticios profundos que algunos despistados llaman peruanidad.

Pregunta siguiente: ¿quién o quiénes representan políticamente a este voluminoso sector de población?, ¿aquél que no está dispuesto a compartir un chicharrón callejero con el pueblo o la señora de los tapers y los turbios enredos económicos o quizá el personaje que conjuga propiedad de universidades y representación política? Preguntamos también si esa representación debe estar en manos de los herederos de una antigua e izquierdista radicalidad que ha llevado a valiosas generaciones de peruanos a luchar por Marx, Lenin o Mariátegui por encima de los intereses y realidades que emergen de nuestra milenaria antigüedad. Hay que subrayarlo: forman parte de una colectividad que en cien años no han edificado nada permanente y que ahora continúan despreciando y ninguneando toda creación que emerge de las entrañas de ese país antiguo, monitoreados como están del colonialismo mental que los recubre y los hace parte de los beneficios del sistema de dominación que dicen combatir. Quebrar la colonialidad del poder esgrimen, repitiendo lo dicho por aquél que denigró a José María Arguedas actuando como agente de la colonialidad. Son estos dirigentes y sus precarios partidos políticos, que no han sido capaces de articular a ninguna columna indígena en sus aventuras militares y que ahora siguen reclutando a sus cuadros dirigenciales en urbes miraflorinas; son los más diligentes en desconocer el significado de la insurgencia de nuevos estamentos en la política nacional.

Estos nuevos estamentos no han buscado liderazgos en espacios ajenos, esta vez han asumido su propia representación. No hablan por otros, sí por ellos mismos. Razón que seguramente explica las broncas definiciones que escuchamos de ellos y también las discrepancias entre sus voces. Son muestras de la diversidad que constituye nuestra realidad cultural y socioeconómica. Múltiples voces, variadas opiniones.

Si continuamos con el análisis de las cifras veremos que si sumamos a quechuas, aimaras, afrodescendientes y otros (niseis, indígenas de la selva) la cifra suma 33.9% que equivalen a una población de diez millones de habitantes. El caso del estamento definido como criollo merece una evaluación en varios niveles. Si esos dieciocho millones de peruanos constituyen la columna vertebral de una patria mestiza, por definición teórica sector estabilizador e integrador, entonces ¿por qué tanto desorden social, tanta intranquilidad política, por qué la debilidad de la convivencia social? Otro rubro de análisis: ¿cuántos de esos mestizos reconocen su ancestro nacional como elemento vertebrador de su ser social y cuántos se anclan en la cultura blanca occidental? Aventurado emitir conclusiones, pero si podemos especular con razón que una gran mayoría de ellos afirma su identidad hermanada con la realidad nativa. Si alguien afirma que constituyen la solida formación que fundamenta una nacionalidad mestiza entonces respondemos ¿por qué sus opciones políticas no pasan por las agrupaciones que dicen representar al país mestizo? El centenario y tradicional partido, que no ha instalado en el Congreso a ningún representante, debería haber sido receptor de la opinión política de este gran conglomerado poblacional.

Primera vez

Estas elecciones señalan una frontera inédita que es necesario recalcar. Es la primera vez que contingentes andinos ingresan al Congreso sin usar intermediarios. Sí, desde Tupac Amaru nunca se ha tenido en el Perú organización política que emerja desde las entrañas del pueblo sometido, ninguneado. Veamos sus biografías y sus perfiles sociales y étnicos tanto como las plataformas políticas que ostentan y veremos que son expresión de esa realidad: cierto que exóticos para la opinión publica y los opinólogos pero no advenedizos. No, en absoluto, provienen de la noche de los tiempos. Están entroncados con los Incas de Vilcabamba, con las rebeliones del Taky Oncoy, la insurgencia de Tupac Amaru y de Juan San Santos Atahualpa, Atusparia, Bustamante, Rumi Maqui. Se expresaron en Locumba y Andahuaylas. Ese es el calibre de esta presencia. El FREPAP se inscribe en este análisis, con variables particulares. Se trata de la primera iglesia nacional con una composición étnica y cultural aún más exclusiva que la existente en UPP. Tienen, sin embargo su propio programa y particulares limitaciones. Merece un analisis independiente.

¿Qué hacer en los próximos meses? Primer tema: mirarnos en el espejo de otras experiencias. En Bolivia se priorizó la conquista del poder y no su construcción. Vemos los resultados a la vista. También se priorizó la alianza con los sectores criollos radicales personificados en la figura del marxista García Lineras. Es necesario evitar estos dos caminos. Observemos también el desarrollo político de los Zapatistas en México. Es el primer proceso de construcción y restructuración de una sociedad ancestral que no enarbola en su agenda la mítica toma del poder. Están allí, fuertes e integrados, desde 1994. Sería conveniente ver desde sus bases esta experiencia. Ellos han desarrollado una extraordinaria forma de entender el ejercicio de la representatividad política que emana de una tradición milenaria de ejercicio del poder en el continente Pachamama y que se sintetizan en los puntos siguientes: Obedecer y no mandar, el pueblo revoca al mandatario que no cumpla con su función a cabalidad. El que manda, obedece la voluntad del pueblo. Tiene otra forma de expresarse: mandar obedeciendo. Representar y no suplantar, los representantes son elegidos de forma rotativa, aun cuando no persigan el cargo no es visto como una imposición, sino como un servicio a la comunidad. Bajar y no subir, el poder proviene del pueblo, hay que ir a buscarlo en la base de la pirámide social, cualquier trabajo es igual de importante que un cargo público. Servir y no servirse, cualquier actividad requiere de una acción solidaria y desinteresada. Servir a la comunidad no es un trámite burocrático ni un trabajo remunerado, se trata de un compromiso con sus semejantes. Convencer y no vencer, principio fundamental para la creación de un nuevo mundo, la nueva política se hace a través del convencimiento, no de la decisión de unos cuantos. La construcción de un mundo nuevo no tiene cartilla de instrucciones. Construir y no destruir, conservar los avances logrados por las luchas que nos precedieron. Proponer y no imponer, la imposición es de efectos siempre transitorios, lo perenne es la asunción consciente de ideas y acciones.

Recuperarse de una derrota política requiere a veces décadas. No desperdiciemos el momento.

(1) Hugo Neira. El mundo mesoamericano y el mundo andino. Universidad Ricardo Palma. Lima, 2016. Pág. 103.

Protestas y presencia mapuche en Chile

Variadas lecturas provocan las protestas en Chile. Me ocupo de dos aspectos enlazados: el modo en que han sido afectadas las plazas públicas y monumentos en todo el territorio chileno y la orientación y sustento político que estas intervenciones han tenido. En el contexto de estas decisiones, comentar después la presencia del pueblo y la cultura mapuche y su influencia y participación en sucesos de un profunda significación simbólica: el derribo de imágenes consideradas distintivos de la nacionalidad chilena. Mancillar figuras que han encarnado por siglos el dominio criollo o la victoria de los invasores sobre los pueblos originarios y su sustitución por imágenes de los vencidos no es un signo marginal de la evolución política de los ciudadanos, sino la expresión de un inédito proceso de desarrollo ideológico que nos hace vislumbrar la insurgencia de una propuesta alternativa de sociedad que no emerge esta vez exclusivamente en la lucha de clases sino en la contienda cultural. Se trata de un desacuerdo que desborda el reclamo sectorial y cuestiona las bases mismas de la dominación. Detrás de estos actos se observa el crecimiento de una idea de nación asentada en valores y principios que tienen su origen en tradiciones nacionales, germinadas a partir de los girones de una sociedad avasallada y vencida en la contienda bélica y victoriosa en la contienda cultural. Es Lautaro y Caupolicán imponiéndose sobre Pedro de Alvarado y Luis Emilio Recavarren.

El significado e importancia de las estatuas derribadas o afectadas equivalen en el Perú a deshonrar a Miguel Grau o Francisco Bolognesi como también a Francisco Pizarro, y reemplazarlas por imágenes de Manco Cápac, Pachacútec o Manco Inca. De ese calibre y profundidad son los eventos que aquí comentamos.

Se cuentan 329 monumentos públicos afectados por las manifestaciones en los meses de protestas. En ciudades principales de todo el territorio nacional, en especial Santiago y Valparaíso, fueron convertidos en murales de escuetos y radicales mensajes políticos, además de usar sus estructuras para sostener nuevos nombres, nuevos símbolos. Según el catastro del Consejo de Monumentos Nacionales, 24 se han perdido por completo y han sido retiradas o reemplazadas. El organismo estatal que administra los monumentos ha anunciado que la recuperación de estos espacios públicos exigirá una inversión de más de $3.600 millones en la reparación de 44 plazas del país.

Veamos un recuento breve de los monumentos afectados.

En la comuna de Santiago vandalizaron la estatua de Diego de Almagro.

Diego de Almagro

En Temuco fue derribada y arrastrada la figura del héroe de la Guerra del Pacifico Arturo Pratt Chacón. Acabó como elemento de contención en la barricada de ese día.

Arturo Pratt

En el extremo sur, Punta Arenas, se destruyó la figura de José Menéndez, ganadero español y fundador de la ciudad austral. Se le responsabiliza de ser el autor del aniquilamiento de la etnia Selknam. La inscripción que dejaron los responsables lo explicaba: Asesino, José Menéndez, genocida. Los restos fueron llevados a los pies de la estatua del Indio Patagón, figura de los indígenas que habitaban esa zona antes de la llegada de los invasores. 

José Menéndez

En La Serena, 450 kilómetros al norte de la capital, los manifestantes retiraron un monumento del español Francisco de Aguirre y en su lugar instalaron la escultura de Milanka, en homenaje a la mujer de la cultura indígena diaguita. La estatua fue fabricada por alumnos de una escuela del lugar en papel y cartón. Dato de la lucha cultural: la estatua fue quemada después por desconocidos. La comuna discute ahora los caminos a seguir.

Milanka. significa mujer en lengua diaguita.

Manifestantes encapuchados en el centro urbano de Temuco derribaron la estatua de Pedro de Valdivia. Celebrando el derrumbe había personas vestidas con el tradicional poncho y cintas para la cabeza del pueblo indígena mapuche. Al caer la estatua del conquistador español del siglo XVI, comenzaron a pisotearla y a golpearla con palos de madera. También en la ciudad de Concepción, fundada por Valdivia en 1550, una multitud derribó el busto del colonizador para empalarlo en una estaca y quemarlo a los pies de otra estatua, la del jefe mapuche Lautaro, su histórico rival.

En la cercana ciudad de Collipulli el busto de bronce del general Cornelio Saavedra, conocido por liderar la sangrienta «pacificación» de las tierras mapuches en el siglo XIX sufrió un destino similar. En la página  de facebook  Kizugûneutun Independencia, se podía leer lo siguiente:” Informamos que en un acto de justicia la estatua que hace homenaje a uno de los peores asesinos del pueblo mapuche, Cornelio Saavedra fue destruida en la plaza de Collipulli. Este sujeto es el autor intelectual y material del asesinato masivo de millones de mapuche durante la mal llamada “pacificación”,  familias enteras fueron masacradas bajo sus órdenes como jefe del ejército chileno en wallmapu, hasta el día de hoy el estado chileno le reconoce como méritos las atrocidades cometidas por este winka y lo homenajea con estatuas y nombres de pueblos”.

Milanka y bandera andina.

En Temuco, 680 km al sur de Santiago, se dio un acto de gran significado político: la decapitación de la figura de Diego Portales, fundador de la ciudad. Su cabeza terminó colgada del brazo del guerrero mapuche Caupolicán, a cuya estatua también le añadieron la Wenufoye (bandera mapuche). Horas después, la cabeza del ex ministro y principal ideólogo de la Constitución de 1833 y personificación del ser nacional chileno, colgaba de la mano izquierda del toqui mapuche Caupolicán. Abajo rezaba la frase “Nueva Constitución o nada”. Aquí mismo, en Temuco, espacio de gran influencia cultural mapuche, se removió el busto de Pedro de Valdivia, fundador de Santiago y principal conquistador español que murió en manos de la población ancestral. La cabeza de la escultura fue colgada en la mano del guerrero Caupolicán, mitico representante de la resistencia indigena.

La cabeza de Pedro de Valdivia en manos de Caupolicán.

En Arica, en el extremo norte del país, se destruyó una escultura en piedra de 1910, del navegante italiano Cristóbal Colón, por mucho tiempo considerado como el «descubridor» de América.

Y aquí una acción ejecutada en el centro de Santiago el último día del año 2019. Ese día un grupo utilizó cuerdas y herramientas para intentar derribar el monumento del general Manuel Baquedano, mientras era observado en directo por miles de usuarios de las redes sociales. Su figura se conservaba en este lugar desde 1927. El mismo, después de la guerra vivió en las inmediaciones y se paseaba entre el aprecio de los vecinos. El héroe fue gestor decisivo en la victoria del ejercito chileno sobre las fuerzas peruanas y bolivianas en la denominada Guerra del Pacifico.

El general Baquedano, héroe de la Guerra del Pacifico.

Otro espacio público afectado fue la Fuente Alemana, homenaje de la importante colonia europea en 1910. Para muchos observadores la mejor escultura que existe en un espacio público chileno. Su ubicación: la misma zona del epicentro de las protestas en Santiago.

La mirada de la memoria. Detalle de la Plazuela Alemana

Como vemos, los monumentos más afectados han sido figuras de la invasión europea y militares chilenos. Pero, ahondando en el análisis, no es arbitrario mencionar que son actos que cuestionan el ordenamiento constitucional y poseen claro tinte antimilitarista y médula anticolonial y muestran un nivel de conciencia distinto al observado en manifestaciones anteriores del pueblo chileno. No se han tratado de protestas solamente gremiales sino del cuestionamiento político a la insensibilidad de una oligarquía que explota y oprime a capas medias y bajas de la población. Las masivas manifestaciones han demostrado el desarrollo de un nivel de conciencia mucho más agudo que las anteriores. Es la recusación a sectarios procesos de privatización y a acuerdos de libre comercio, que han desprotegido a la economía nacional y generado desigualdades económicas y sociales.

Antes de continuar, veamos la composición demográfica del pueblo mapuche. Según el censo de 2018 son 1.745.147 personas, equivalente al 9,9 por ciento del total de la población chilena. En la región Metropolitana se ubican  614.881 superando a la región de La Araucanía en casi 300 mil habitantes. ¿El resto?, en el exterior. Le siguen los aimaras con 156.754 personas. Los diaguitas, por su parte, ocupan el tercer lugar en esta categoría, con 88.474 personas. La supervivencia de pueblos de esta naturaleza solo se explica a través de la densa y milenaria cultura.

Aparece algo novedoso: la recusación contra una dupla que no había sido tocada antes en pareja: el autoritarismo oligárquico-militar. Aparece aquí la sombra del cuerpo mapuche. Aucán Huilcamán, líder de su pueblo, señala: Son el contexto general que hoy en día, el pueblo chileno y el pueblo mapuche no aceptan . Se trata de un perfil político inédito: interpelación al núcleo del poder político. El mismo Huilcamán definió las causas de las actuales tensiones y controversias que viven los chilenos y los pueblos indígenas: un modelo económico que genera desigualdad en las diferentes esferas de la sociedad; la celebración, a partir de la dictadura militar, de acuerdos de libre comercio; y un ordenamiento jurídico basado en una Constitución elaborada por el régimen de Augusto Pinochet

En lo más alto, bandera mapuche.

¿Hay otra esfera de análisis? Sí, la hay. Las declaraciones que se escuchan no se acercan aún a una escala más elevada: decidir que el punto nodal de la lucha política es cuestionar el modelo civilizatorio mismo, es decir, poner al mando de la sociedad chilena el pensamiento mapuche, el ideario, la ideología, la filosofía mapuche. Enarbolar esta plataforma nos extrae de la sombra que es ya Lo Mapuche y nos ubica en el cuerpo integro de su ser y su cultura; en sus ancestrales banderas de reivindicación, que privilegiaban la supervivencia de su cultura, y la encaminan a un liderazgo nacional que desplace el poder y los valores criollos, base de la organización social y política del chile actual. Es algo que tomará tiempo, porque transitar de lo gremial-étnico particular a sustentar un programa nacional requiere condiciones que ahora los mapuches no poseen todavía. Hay cierta distancia aún. Es un trayecto que no solo deben hacerlo individualidades mapuches, sino el pueblo todo. Reconozcamos sin embargo, que la plataforma política del ancestral pueblo ha ingresado a ser parte del imaginario popular chileno. La centenaria resistencia del pueblo mapuche está viviendo de cerca el inicio de un gran nuevo horizonte cultural que les exige ponerse a la cabeza de la sociedad y conducirla a un gran proceso de transformación que no pase por la fundación de ninguna segunda o tercera república ni por la redacción de una nueva constitución, sino por la sustitución del modelo civilizatorio mismo. Pero todo a su tiempo.

Son hechos que nos conmueven y nos conducen a pensar el atraso que tiene el pueblo ancestral peruano. La periferia del gran mapa indígena avanza mientras el núcleo antiguo se rezaga. Es clara la razón: nosotros si aceptamos la desindigenización. Nosotros fuimos ganados por la vergüenza. Hay que revertirla e instalar nuestras plataformas reivindicativas a la par de lo alcanzado por Lo Mapuche. Es la gran tarea.

Los mapuches, 500 años después. Aquí están, vivos, creando.

Nunca vencidos por los Incas ni por españoles, los mapuches hoy están imponiendo políticamente su visión del mundo ante la multitud de la ciudadanía chilena, criolla por antonomasia, y logrando que ella repare en las reivindicaciones de su pueblo ancestral y reconozca que su reclamo yace en el fondo de sus propias reivindicaciones y que luchar junto a Caupolicán es hacerlo por todos los chilenos. Seguramente que para muchos esta intromisión de los marginales mapuches en el escenario por siglos propiedad de los criollos chilenos es preocupante. Es un temor infundado porque se trata de hacer cotidiano el respeto a la pluralidad cultural y a la naturaleza; reconocer que el trabajo no es una maldición y que la riqueza natural de la geografía chilena es para todos y que hay una forma distinta de vivir y producir, de ser humanos, distante de los preceptos civilizatorios occidentales. Dejemos la preocupación en manos de la oligarquía chilena y su alianza con los mandos más altos de las fuerzas armadas.

Elevada concepción de sí mismos. Sobrepasaron lo indígena, son Mapuches.

La larga marcha tiene largamente más de 500 años. No hay prisa para seguir en la lucha y aguardar la construcción de una sólida estructura política, de un programa nacional; el ideario lo tienen por siglos. Se tratará de una plataforma que integre a la sociedad chilena en un solo gran proyecto nacional, plurilingüe y plurinacional. Una realidad que reconcilie pueblos hermanos de otras nacionalidades y se reparen daños sociales provocadas por guerras ajenas. Será el momento de las indigeneidades del gran continente Pachamama.

Dos pueblos-etnia dan orientación política a los demás hermanos del continente. Los mayas zapatistas de México-Yucatán y los Mapuches al sur del continente. Constituyen el núcleo más avanzado políticamente, han logrado integrar cultura y política, etnia y propósitos integrales en la conformación de una sociedad alternativa a la inviable sociedad criolla. Hay que estar atentos para observar el camino que transiten.

Andinos y Mapuches, un solo pueblo.
Andinos y Mapuches, un solo pueblo.

Nota: En algunos pasajes se ha copiado información periodística internacional. Los testimonios gráficos tienen la misma procedencia. La letra cursiva señala citas textuales.

Qué es ser indígena hoy

Contexto

Largo e inagotado debate sobre la palabra indígena. Ha sido distintivo de vergüenza, arrojadiza arma de agresión y de separación, modo ejemplar de objetivar el Ellos y Nosotros; junto estas controversias cada día va recuperando espacio de orgullo, cada vez más es expresión de solidaridad y de reencuentro.

Es vocablo acuñado por los invasores españoles que dispusieron del término por la influencia del pensamiento griego que lo usó para señalar al extranjero, forastero inferior. Está en sus clásicos, desde los albores de la civilización occidental. Pasó al latín sin sustanciales variaciones etimológicas para señalar a alguien que es de allí y, por extensión, primitivo habitante de un lugar, nativo. Es un sonido que connota orígenes, nacimiento, como lo señala la raíz indoeuropea gen: parir, dar a luz, contenidas en palabras como engendrar, gen, genealogía.

Su uso en español data del siglo XVI. La emplea el sacerdote Juan Ginés de Sepúlveda en cartas fechadas en 1532. Este decisivo y poco conocido personaje de nuestra historia fue el teórico que le otorgó inicial justificación ética y moral al genocidio y despotismo de la invasión. Hizo parecer legítima una acción ilícita e ilegal. Es el poder de la palabra, de la retórica, que puede construir universos sobre fantasías y falsas verdades. Con modificaciones sofisticadas, sobre sus páginas se edifica la hegemonía ideológica imperante; su crudo pensamiento sigue ocupando lugar en el reino de la exclusión y pureza étnica de fantasía. Entre sus argumentos usó uno que ejemplifica bien sus básicos postulados, le sirvió para relacionar a indígenas con monos: Bien puedes comprender – menciona en una de sus cartas – si es que conoces las costumbres y naturaleza de una y otra parte, que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres.

Su opositor Bartolomé de las Casas, adversario superior en muchos aspectos, tampoco fue clementisimo con los indígenas. Sostenía que eran bárbaros porque no tienen literatura y porque inculpablemente son infieles. Subrayemos: fuimos clasificados de bárbaros por carecer de literatura y de religión cristiana. Comprendamos su ignorancia, desconoció la literatura indígena y la escritura pictográfica y otras formas de comunicación, además de las avanzadas formas de espiritualidad. Reitero, sobre estas páginas y textos se asienta la literatura y narración que justifican la dominación. Extensísima, inacabable, tanto como vacía de contenido cierto; utilísima para legitimar cárceles y la barbarie, también el exterminio y la exclusión. La contemporánea definición de peruanos de primera y de segunda calidad proviene de esa cantera. Es la razón que explica la indiferencia ante los miles de indígenas asesinados en los años de violencia. El setenta por ciento de los miles de muertos provienen del espacio indígena.

Dominio ideológico

Imposible ignorar tan densa y pesada estructura conceptual. Contribuyó a lograr que la población dominada interiorizaran como autoimagen la imagen que los colonizadores tenían de ellos y, al mismo tiempo, que interiorizaran como imagen de los colonizadores la que estos tenían de sí mismos. La destrucción de la orgánica e íntima estructura del ser andino señala el dominio político y cultural de Occidente; la transitoria derrota ideológica. Una vez que los textos se expresaron la soldadesca y los jurisconsultos hicieron el trabajo de dominación restante. Publicada la narración, que disparen los cañones y se redacten leyes. Fue, y es, tan poderosa esta fabulación, que desvalorizó de manera tal la calidad humana de la gen constructora de Chan Chan, sol resplandeciente en quingnam, de Kuelap, Kalasasaya, Sacsayhuamán, que pocos, muy pocos, aceptaron ser indígenas en términos extremos e integrales. Se mantuvo, claro, una disminuida reserva homogénea que sostuvo su identidad usando medios extremos y variados: el silencio colmado de paciencia y también odio, cerrazón de lo íntimo a la mirada extraña, violencia activa y pasiva, elaboración de apariencias, procesos judiciales, identidad aparente con los dominadores. El suicidio personal y masivo fue también una eficaz medio para librarse de la opresión. Para la mayoría de la población la vergüenza de ser indígena fue tan inmensa que los políticos con poder para hacer y deshacer leyes, en primerísimo lugar Bolívar y en destacada ubicación Velasco Alvarado, promovieron leyes que facilitaron el doloroso tránsito de indígena a campesino. El mestizaje a un paso de ser conseguido; adiós universo denostado, adiós idioma, vestido, comunidad, música, espiritualidad: ingreso al vacío, a un nuevo mundo por construir. Destruido, inútil como fuerza social creativa, deformado para las ciencias, marginal, desfigurada imitación de la imitación, eunuco ideológico. Es el paso bajo el gran pórtico de la moderna inclusión social. Con distintas denominaciones se ha tratado este proceso. Es el centenario camino andado desde el genocidio de Cajamarca a la desarticulación de los ayllus; de las reducciones indígenas a los poblachos; de la comunidad indígena a la campesina; de campesino a la sociedad mestiza. Se facilitó de tal modo la supresión de lo indígena y la transferencia ulterior que el solo acto de despojarse de la vestimenta tradicional y usar el traje occidental resultó la acreditación suficiente para devenir en mestizo. El mestizaje es creación contemporánea; denostado por Waman Puma, y elogiado por Garcilaso, fue, en general, desconocido por siglos como medio de integración social; se impuso sin apelaciones la república de indios y la republica de españoles. Tuvieron que pasar algunos siglos de rebeliones e insurrecciones que avizoraban desbordes incontrolables de lo indígena, para revisarla y ser utilizada como ejemplo de perfecto constructo y convertirse en el invento ideológico, social y político más exitoso de los pensadores de la dominación. Es idea acabada, perfecta, instrumento de salvación para superar la vergüenza y la exclusión extrema; carece de aristas indeseables. ¿Quién puede oponerse a las mezclas que prometen vida nueva y esperanza de resurrección? Aun cuando uno entregue lo telúrico, la geografía y biología y el otro la cultura, el idioma, ideas y dioses. Lo dice V. A. Belaunde, clarísimo. Es razón para que en el proceso de inclusión se deba dejar fuera de la integración todo aquello que perturbe la estabilidad de la desigualdad ofrecida: idioma, dioses, vestido, lenguaje, música, las relaciones comunitarias entre humanas y animales, la distinta relación con la naturaleza, hábitos y costumbres. Hay elaboraciones teóricas de éxito semejante en el mundo: América para los americanos, destino manifiesto, pureza racial, pueblo elegido, dictadura del proletariado, utopía arcaica, etc. Con el tiempo se han ido multiplicando los puentes para conectar el pantanoso y desprestigiado territorio de la indigeneidad y el edulcorado escenario del mestizaje. Pasado el cribaje inicial pocos arribaron al lugar central de la elaboración teórica; millones aguardaron, y aguardan, en los extramuros de la pequeña ciudadela procesando su integral proceso de decoloración; la aprobación de pulcro blanqueamiento es complicado, siglos de biología aclimatada a la geografía es difícil de ocultar.

Fue, es, tan vasto el dominio ideológico que construyeron los intelectuales de la dominación, la Generación del 900 con José de la Riva Agüero en la brillante dirección, que lograron infectar los predios del principal pensador marxista nuestro que, al tiempo que elaboraba cuestionamientos al orden establecido también producía fórmulas de inclusión social del estamento indígena a la civilización occidental bajo un título en apariencia inocuo e inofensivo: El problema indígena. Aún ahora, modernos pensadores de esa corriente, siguen usando la añeja formulación y desarrollando teorías de colonialidad cuyos efectos negativos deberán ser subrogados nada menos que por los miembros de la misma colectividad social y política responsables del engendro; claro que no, la descolonialidad no puede ser manejado por las victimas visibles de esa colonialidad teorizada: no por los campesinos, menos por los indígenas, no faltaba más. Pequeño garlito que hace inviable todo el proceso. Añadamos algo a la moderna teoría: pretende hacernos ignorar que el indígena Waman Puma fue el primero en denunciar y dar forma teórica a la injusta colonialidad. Muy temprano denunció la invasión y el mestizaje y alegó en favor de la devolución de las tierras a los indígenas y abogó por la generación de un Estado autónomo dirigido por ellos mismos. Allí está para verla, original teoría de la descolonialiadad.

Ocurre que en estos tiempos las tradicionales formulaciones criollas se enfrentan a un inconveniente: hay teóricos y teoria del otro lado, de la otra orilla; hay saber acumulado, suficiente para decir: Nunca fuimos un problema y somos la solución o parte de la solución; no aceptamos ninguna forma de inclusión social que no sea mutuamente incluyente; no hacemos nuestra ninguna forma impuesta de modernidad occidental; exigimos autonomía económica, social y política; exigimos un Estado plurinacional y pluricultural. Estamos en aptitud de concluir una etapa de construcción de la Nación, de conducir el Estado, uno de todas las sangres y dirigida por la sangre ancestral. Tal es ahora nuestro nivel de desarrollo teórico, tal el estado de nuestra narrativa.

Pero sigamos con el pensamiento de la dominación. La hegemonía ideológica penetró tan profundo en las mentalidades de todo cariz que miles de peruanos seguimos luchando por encauzar nuestras herencias culturales y étnicas por caminos identitarios más acordes con la diversidad y la equidad social. La preminencia impuso en el sentido común considerar que la única alternativa para el desarrollo y la construcción de una sociedad modélica pasaba, pasa, por la extinción del hirsuto primitivismo y por exterminar la rémora tribal que tiene su fuente inalterable en la población ancestral. Es postura que considera natural imponer la homogenización de la sociedad bajo el absoluto y único manto occidental, al punto de llevar a nuestra sociedad a un blanqueamiento total y a la implantación de un solo idioma, de una sola concepción espiritual y, por qué no, también una sola forma de vestir y crear música. Una sola tribu: la occidental y cristiana. Los reclamos han sido prácticos, violentos, de pocas letras. La ausencia de respuesta teórica, orgánica integral, no fue debida a nuestra cercanía a los monos carentes de alma, sino porque nuestros universos narrativos no se pueden expresar en el idioma de la dominación. Lo nuestro es pictográfico, de nudos y símbolos y tokapus. Difícil alcanzar la destreza que nos exigen para expresarnos en castellano u otro idioma occidental cuando nuestros pies y alma viven en territorio ancestral. No es lo nuestro. Garcilaso lo pudo lograr porque sus orígenes lo vincularon temprano a la cultura dominante hasta convertirse en un prosista cuya riqueza idiomática y tersura y melodía de su lenguaje lo hacen acabado modelo para literatos de cualquier latitud. El lenguaje de Waman Puma es, en cambio, ríspido y bronco como le corresponde al habitante de un territorio diglósico. No obstante, sus expresiones gráficas superan con creces sus dificultades en el habla escrita; en él tenemos la expresión más avanzada de comunicación pictórica asentada en nuestras tradiciones. Otro personaje, Juan de Santa Cruz Pachacuti, indio en el umbral de lo quechua y aimara, sin rostro ni perfiles personales, aún desconocido o infravalorado y también con dificultades en el empleo del castellano, nos ha legado los vestigios más importantes de la religiosidad andina. Sus dibujos sobre la espiritualidad antigua son más expresivos que su prosa desarrollada entre dos lenguas. Son dibujos de complicado entendimiento; de cortas señales religiosas, es cierto, pero suficientes para atisbar que, en el silencio, yace oculta aún la alta religiosidad andina; superior a la pedestre, burda e ignorante y colonizada manera de observar y comprender los paradigmas de la espiritualidad antigua. No olvido a José María Arguedas, de linaje indio; produjo textos que son expresión de la continuidad de nuestra milenaria cultura. Esta vez destaco su traducción de los textos religiosos de la etnia asentada en el valle de Yauyos. Dioses y hombres de Huarochirí es el hermoso nombre que reúne aquellas antigüedades. Dos mil quinientos años de historia espiritual reunida en sus páginas. Una especie de libro sagrado para los andinos. Su contenido nos acerca a una altísima espiritualidad y a un reino mítico-mágico-real donde dioses y humanos convivían en armonía. Hay luz, lumbre muy antigua en este camino.

Hay también una forma sencilla de entender la clara equiparidad de alto contenido espiritual entre los dogmas cristianos y andinos. Sus contenidos milenarios hicieron más fácil la comprensión de los principios importados y, sobre todo, sus liturgias seguramente de gran similitud con las coreografías usadas en nuestras antiguas manifestaciones religiosas, presentes no solo en ceremonias especiales sino en la acción cotidiana y sencilla, porque para los andinos-indígenas el rito es parte de las relaciones humanas más elementales.

Lo indígena

Cuál es el camino en torno a lo indígena?, ¿la campesinización es un hecho irreversible? No obstante las críticas al término considero que es una tarea ineludible recuperarlo para nosotros. Hacerlo reversible y dotarle de significados distintos, reivindicarlo, expropiarlo para el uso diario, con altivez y orgullo genuino. Dejar al adversario con el propósito deslegitimador, con el esqueleto del término, en incapacidad de usarlo como arma ofensiva. Sobre esta denominación se levantan los restos de una civilización que hay que retomar desde sus cimientos y escombros más remotos, también desde sus logros y vitalidad contemporánea, desde sus transformaciones. Cualquiera puede ser campesino, basta poseer un espacio de terreno agrícola, pero no todos pueden ser indígenas. Él lee en las estrellas, entiende el lenguaje de la naturaleza, vive en hermandad con ella, en comunidad con sus semejantes. Desde su territorio se hace agricultura de la diversidad, crecen hatos de camélidos con distintas coloraciones y que se reflejan en la Vía Láctea; se defiende el bosque amazónico y la riqueza cultural de sus habitantes ancestrales; se lee el mensaje del Universo y se entiende el mensaje de la chakana ancestral y de los templos circulares y cuadrados. Desde lo campesino puede reinar Monsanto, el monocultivo, la depredación, la aceptación de una minería destructora.

Habrá un momento posterior en que las definiciones étnicas y culturales se den por valles y reductos geográficos: reverdecerán lo quechuas, aimaras, pokras, tallanes, huancas, shipibos, conibos, huanca willcas, paucartambos, chimús, nazcas, tarapacas, dieguitas, tiahuanacos, etc. Será otro tiempo, aun inalcanzable desde aquí, no aún desde nuestras debilidades. Antes, formemos asociaciones comunales, distritales, provinciales, federaciones nacionales. Bolivia y Ecuador, que no sufrieron los embates de los narradores homogenizadores, nos señalan el camino. Somos unidad con ellos.

Ser indígena ahora no equivale a calzar ojotas o ajustarse al cuerpo un poncho de lanas multicolores o masticar la hoja ancestral, no, también comprende ser honesto en el trato con nuestros semejantes, no mentir, no ser ocioso ni considerar el trabajo como una maldición divina. Es también entendernos como parte unitaria con la naturaleza, aceptar que no estamos en la cúspide de la creación sino ocupando un lugar igualitario con cualquier otro ser vivo. Consideramos que la materia evaluada inerte también es portadora de vida. Física cuántica, dixit. entendemos que todos los estamentos de la naturaleza tienen un lenguaje que es necesario comprender si deseamos vivir en armonía.

Ser indígena es aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones. Admitir los hechos naturales como parte de los procesos que la naturaleza impulsa para conservar la vida y la diversidad y comprender que un mundo que discurra solo por un camino va en el sentido de la extinción. La naturaleza toda es expresión de esa diversidad. Aprendamos de ella.

Ser indígena es apreciar la vida comunal como la básica unidad de multiplicación social. El individuo sin sociedad comunal es un eunuco múltiple. La satisfacción social, y no personal, es la base de una convivencia pacífica y duradera. El uno, el solo individuo, como eje de la vida social, está conduciendo a la civilización occidental a su extinción y, junto con ella, a la especie humana.

El indígena tiene por norma en su vida social, y también política, los siguientes siete preceptos: dirigir obedeciendo; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir; proponer y no imponer

Apreciaciones finales

El ultimo censo nacional nos proporciona cifras reveladoras y alentadoras: el 22% de la población nacional se declara quechua. Si lo unimos a los aimaras la cifra sube a 24.8%. Sumando a los Afrodescendientes y Otros, que incluyen a la población amazónica, la cifra es del 33.9%. Organizamos de este modo tres segmentos bien definidos: mestizo 60.2%; minorías étnicas 33.9%; Blancos 5.9%. Sin profundizar en demasía comprobamos que estos estamentos, por lo menos el tercio étnico carece de representación política autónoma. ¿Qué idea étnica explica lo Mestizo? ¿Podemos considerar que la notoria mayoría de ese estamento tiene raíces ancestrales? ¿Qué conceptos de sociedad cultivan? Considero que se encuentran más cerca de lo nativo que de lo occidental. En fin, podremos elaborar conclusiones más acabadas con indagaciones que seguramente harán investigadores nacionales; mientras tanto, no creo equivocar mi juicio si los considero aliados de las ideas y de las formulaciones que se originan en el campo andino, indígena. Es este el contingente humano que el país tiene después de más de cinco siglos de dominación y de exterminio y cercamiento. Podemos decir con suficiencia Kachkarinaqmi.

Autoidentificación étnica
AutoidentificaciónPorcentaje
Mestizo  60.2 %
Quechua  22.3 %
Blanco  5.9 %
Afrodescendiente  3.6 %
Aimara  2.4 %
Otro  5.6 %

¿Se puede ser indígena y también habitante urbano? Sí, existimos los indígenas urbanos.

¿Es posible usar terno y corbata y conservar la identidad indígena? No hay oposición, la identidad es un ropaje interior.

¿Hay incompatibilidad entre usar el castellano para comunicarnos y ser indígena? Ninguna, son los indígenas de habla castellana.

¿Se puede ser indígena y conducir adelantos tecnológicos occidentales? Sí, categóricamente. Nuestra riqueza cultural nos permite mantener nuestros principios y usar tecnología extranjera.

¿Ser indígena significa manifestarnos como enemigos de otras expresiones culturales? De ninguna manera. Procedemos de una civilización que se construyó en la diversidad. La nuestra ha sido, es, una civilización de culturas diversas integradas por un sentido compartido de civilización. Las pruebas quedan ante nuestros ojos; la diversidad de las culturas ancestrales desfilan ante nuestros ojos.

¿Los indígenas no deseamos el desarrollo, la modernización? No, es falsa tal afirmación. La deseamos adecuada a nuestra cultura y nuestros valores. No impuesta, aceptada desde los cimientos de nuestras costumbres y credos.

¿Se puede ser étnicamente Blanco y ser indígena? Cierto. José María Arguedas por su contextura física podía ser visto como un exponente de la cultura criolla y era indígena, chanka, por propia definición. Los Morochucos de Ayacucho son otra muestra. De apariencia blanca, indígenas en sus expresiones culturales. Los Yungas, afrobolivianos, son otra muestra impactante.

Es posible asumir la identidad indígena? Muy cierto, la identidad es una decisión. La mayoría de peruanos que se han declarado quechuas o aimaras en el último Censo, aproximadamente seis millones, seguramente han transitado el camino de asunción de su identidad. Facilita la herencia cultural o biológica para afiliarse a una identidad, pero no es requisito indispensable. Es un proceso lento y difícil. La carga ideológica es un escollo difícil de vencer, por eso paulatino, con marchas y contramarchas, pero luego de decidirlo encontramos resuelta la contradicción del Superyo artificial con el Ello de las pulsiones básicas, que recién se armonizan en un Yo auténtico, real. La identidad final tiene que ser contextualizada en un espacio geográfico más amplio: Enuncio la mía: habitante del Continente Pachamama, andino, peruano, de la etnia quechua de habla castellana. Distingo al andino boliviano y al andino ecuatoriano.

¿Deseamos la destrucción de toda forma civilizatoria distinta? No, postulamos una nueva civilización que deje atrás las deformidades que ha traído la civilización occidental a nuestro suelo. Hay valores universales que provienen de esa civilización que es necesario recuperar. Pero ella ha demostrado su incapacidad de conducir este territorio y sus habitantes hacia formas organizativas que nos permitan afirmar que compartimos una nación, integrada, diversa, unitaria.

Arguedas: medio siglo de su desaparición

Se oye mencionar, con desacierto, que es débil el ejemplo personal y exiguo el mensaje social que recibimos de los suicidas; argumentan que se trata de un acto de cobardía que abdica frente a la dificultades que todos tienen la obligación de enfrentar y superar con hombría y valentía. Condenan el acto y esterilizan los efectos positivos de una existencia que tuvo el propósito de transformar las incongruencias o inequidades del mundo. Hay también exceso de contenidos religiosos en el juicio adverso. Donde se acepta que hay omnisciente presencia creadora nadie tiene el derecho, se arguye, de truncar el destino predeterminado que el fundador de vida tenía señalado para el suicida. Sabemos que se trata de un juicio sesgado por lo inaprensible, que juzga una vida claveteada de objetiva y superior humanidad.

Hermano.

Todas son, considero, opiniones miopes y cegadas por el instante transgresor; el trágico momento trastoca y distorsiona el universo que contiene la biografía del ser humano que extinguió su vida por mano propia luego de haber internado su existencia en las profundidades de conflictos y preocupaciones que trascendían largamente emociones personales y que nunca estuvieron enajenados del propósito de crear y organizar vida, nunca apartado de conflictos sociales y personales que emergían de la ríspida e inhumana comunidad que los cobijó.

Kachkaniraqmi.

Hay siempre coherencia entre el pasado del suicida y el acto que explica, de modo limpio e inapelable, que han abandonado su disposición a seguir trajinando un territorio exento de valores congruentes con nuestra escala humana y que será mejor por el acto de inmolación y de rebeldía extrema que consuman. La insumisa decisión transforma una llamarada de vida y la hace portadora de un resplandor que iluminará para siempre caminos y conciencias. Es un suceso tan particular y único que la palabra que la describe no posee sinónimo que la reemplace con similar eficiencia. Sui, de sí, a sí y Cidium, acto de matar, carece de equivalencia que la iguale en significado; tal es su magnitud como acto irremplazable. Episodio único e irrepetible que señala un derrotero inapelable, generador, por eso, de silencioso respeto, de ambigua comprensión, también de callada reverencia que hace tornar nuestra insegura mirada hacia los profundos pliegues de nuestros propios desencuentros en busca de neutralizar ocultos gatilladores que acechan la pervivencia de nuestros principios de vida, siempre en conflicto con las incongruencias de la existencia.

Los suicidas sociales comparten biografías, por eso hallamos derroteros semejantes entre José María y los actos finales de Salvador Allende o del mismo Sócrates, de Cesare Pavese y de Luis Emilio Recabarren. El suicidio reciente de un líder aprista es un inmejorable ejemplo para diferenciar el significado social y político de una autoeliminación destinada a suprimir un pasado vergonzoso de otro orientado a desbrozar el camino a multitudes.

Entropado con su pueblo.

La biografía de Arguedas y su muerte forman unidad inalterable, que duda cabe. Similar integridad dialéctica sostiene la historia del Perú y su diaria y permanente vocación por el suicidio. Contradicción que une aquello que la ficción imagina que es, pero que la realidad corrige siempre hacia lo que debe ser. En pensamiento andino se trata de dos realidades complementarias y que deben ser integradas en el espacio que resuelve la hermandad de los distintos. En José María se hace visible el paso extraviado que busca la liberación factible y aún irrealizada. Cobijó el desafío de dos rostros que observan horizontes distintos; uno de ellos arrastra un cuerpo que le inculca vida y que, sin embargo, es ignorado y malamente subordinado. Cómo evitar que en ese paisaje dominen tanatos triunfantes que esterilizan eros, potentes, creadores, ánimo vital, supervivencia. Arguedas es expresión de esa centenaria y desgarrada contienda por hallar una explicación y resolución a esa pugna que debemos resolver para instaurar el dominio del principio de vida en nuestra humanidad.

Nuestro escritor instaló todos sus bastimentos personales y familiares en el escenario de erizados parapetos y también de luminosidades vivificadoras. De este espacio de hirsutas oscuridades y luminosas referencias se extraen sus dolencias sociales y agonías personales. Sus limitaciones para ubicar la calidez de un hogar estable y permanente, su incómoda militancia política en células castrenses que recitaban racionalidad incomprensible y fecundas de arribismo, negadas para dar cobijo a su alma preñada de mitos y mundos encantados, ferozmente adversos a la consigna sectaria y ventajista. En ese mundo de dogmas y uniformidades la diversidad que lo constituía no tenía lugar.

No aceptó asumir papel alguno en el escenario partidarizado del mito revolucionario porque, como lo dijo, poseía un mundo mágico transformador que lo acompañó desde su nacimiento. El era apenas un humano situado en el clivaje de dos culturas y apto para acurrucarse junto a un tierno nionena y acariciarlo mientras hacia ya antesala para vivir la eternidad. Su fortaleza se reconoce cuando observamos su temprana y empecinada lucha por vencer la sombría atracción por la muerte y su capacidad para transformarla en energía creadora, en lucha pertinaz contra los obstáculos que aprisionaban su espíritu y la de sus hermanos de sangre. Le fue difícil reordenar el anárquico mundo que le fue entregado, con acechantes Pablos Pachecos, con madrastras y partidas de nacimiento que nunca pudo corregir para enarbolarlas como un claro mandato de reconocimiento de identidad indígena que hubiera servido para que otros hermanos tuvieran la fuerza y voluntad para declararse, sin vergüenza, supervivientes de un legado ancestral inextinguible. Prefirió el silencio, la conciliación con el adversario feroz que lo acallaba y avergonzaba. Es esta tragedia también parte de su legado, intangible, íntegro, como testimonio de un pasado que tenemos la obligación de superar a riesgo de extinguirnos como proyecto social y político. Requerimos agotar la defensa de un territorio y volver al principio para reinterpretar a sus pobladores ancestrales, entroparnos con ellos para acompañarnos en la tarea magna de supervivir y multiplicarnos.

Arguedas en familia. Con Sybila Arredondo, Sebastián y Carolina Teillier.

José María no es un solitario representante del mundo que muchos consideraron en extinción desde el incidente de Cajamarca y que, sin embargo, está vivo y otorgándole sentido y contenido a este proyecto deformado de sociedad que tenemos. José María vive y respira junto a Garcilaso el Inca, es compañía del indio transgresor Waman Puma y del misterioso indio que fue Juan Santa Cruz Pachacútec. Cada uno de ellos aporta letras y palabras al gran texto que contiene la historia andina, ancestral, indígena, de nuestro país. Claro que también posee la compañía de voces rebeldes y políticas de los Incas de Vilcabamba, de Juan Santos Atahuallpa, de Tupac Amaru y Micaela Bastidas y otros y otras. Forman nuestra reserva inextinguible y vital con aliento suficiente para pronto hablar a través de sus espíritus y legado.

En Yauyos, poco antes de noviembre de 1969, con su amigo de juventud y dirigente magisterial Alejandro Cervantes.

Mientras permitimos y gestionamos que ocurra es bueno mencionar por qué estos cuatro precursores eran indios y por qué quedamos miles de peruanos bajo esa denominación. Todos ellos fueron indígenas, cada uno a su modo pero compartiendo señales de unidad permanente. Hacer un recuento de los denominadores comunes que los unen, observar la permanencia y diferencia de sus obras y biografías es tarea pendiente.

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Unidad de naturaleza y humanidad.

Hasta aquí esta crónica de homenaje a José María Arguedas luego de cincuenta años de su desaparición. El Estado peruano, las universidades que lo cobijaron, permanecen en silencio en hora tan importante. El país oficial está sumido en sus pequeñeces, siempre en la coyuntura, nunca en el largo plazo. Hay olvido e indiferencia, mucho de soberbia exclusión y también de ignorancia. Son realidades que cambiarán, estamos seguros, por nuestra mediación y también porque hay realidades que son indetenibles para expresarse y decidir destinos nacionales.

La experiencia del gobierno de Evo Morales

 

Tres elementos ocupan decisiva importancia en el análisis de la experiencia de Evo Morales como jefe de Estado: el contexto histórico, el factor étnico y la responsabilidad del propio gobernante.

El primer aspecto nos remite a comprobar que lo ocurrido en días recientes en Bolivia no es una realidad inédita o sorpresiva. El país hermano posee una violenta y agitada historia social y política cuya constante se repite con regularidad. Cuatro presidentes fueron muertos en el ejercicio de sus funciones: Pedro Blanco, Manuel Belzu, Agustín Morales y Gualberto Villarroel. Se discute si el presidente German Busch fue asesinado o cometió suicidio; me inclino por la primera alternativa. Pero hay más: seis ex presidentes, incluido José Antonio Sucre, fueron asesinados después de sus periodos de gobierno: Mariano Melgarejo, Hilarión Daza, Jorge Córdoba, José Manuel Pando y Juan José Torres.

No resulta descabellado suponer que en este algoritmo político la vida de Morales ha sido preservada por su renuncia y su posterior retiro a una zona de resguardo segura. Entre todos los sucesos violentos se encuentra mucha semejanza entre las biografías de Villaroel y Morales. Son notorias las coincidencias en especial en torno a las circunstancias de sus renuncias. En los días finales del mandato del primero, varias unidades del ejército en La Paz se declararon a favor de los insurrectos dejándolo desguarnecido en Palacio de Gobierno mientras turbas enardecidas lo asaltaban y ejecutaban. Echaron su cuerpo por un balcón del segundo piso para ser vejado por los enardecidos pobladores y ser colgado de un poste de la Plaza Murillo junto a cercanos colaboradores. La furibunda multitud ignoraba que su renuncia había sido firmada en horas previas. Poco antes de su linchamiento se había negado a ser conducido a la base de El Alto por una delegación de oficiales de la fuerza aérea que se acercaron hasta su despacho en Palacio Quemado para protegerlo. Un detalle que suma en el análisis: el nombre de la sede de gobierno se origina en el incendio que consumió sus instalaciones hacia fines del siglo XIX en medio de disputas por el poder. Otra coincidencia: en la asunción de su segundo periodo Morales utilizó en su discurso una frase que Villarroel hizo popular: no soy enemigo de los ricos pero soy mas amigo de los pobres.

Reconociendo las diferencias y propósitos de gobierno, Villarroel hizo una gestión reformista que favoreció a los obreros e indígenas. Impulsó el Primer Congreso Nacional Indigenista, el primero en Latinoamérica; abolió los servicios de pongueaje y la mita y suprimió antiguas costumbres con ribetes de esclavitud; creó numerosas escuelas campesinas e impulsó campañas de alfabetización; organizó granjas experimentales de carácter civil y militar y estabilizó la economía. Su gobierno también fue hostilizado por EEUU y por los poderes fácticos coloniales. Enfrentó con violencia a la oposición llegando a ser acusado de ser el promotor del asesinato de varios estudiantes en Oruro. Fue su punto de inflexión; los ministros del izquierdista MNR, recientemente fundado, que lo apoyaban abandonaron el gobierno y precipitaron la rebelión ciudadana. Hoy su legado ha sido reivindicado y su nombre es usado para nombrar geografías e identificar a la principal refinería de petróleo, nacionalizada por Morales. Avenidas e instituciones del Estado llevan su nombre y monumentos a su figura se observan por todo el territorio. Hay unión de propósitos y transformaciones entre ambos reformadores y, por escazas variaciones y circunstancias, casi comparten destinos finales.

Es violenta la historia boliviana, no por ello distinta a la ecuatoriana y peruana, herederos de una historia y destino común. No es casual que Tomás y Tupac Katari y Bartolina Sisa, líderes aimaras que acompañaron a Túpac Amaru, continuaron su rebeldía más allá de los plazos y objetivos del cusqueño. El accionar final de estos líderes impidió que el movimiento indígena tuviera la radical derrota que sufrió en nuestra patria. La fortaleza del boliviano movimiento indígena contemporáneo se halla unido a los resultados de aquellas gestas. Ocurre que tampoco Bolivia cobijó a un ideólogo que considerara a los indígenas un problema a resolver y tampoco se aprecia un líder político-militar que determinara su desindigenización y su conversión en camarada campesino. Aquí son indígenas y punto.

La insalvable brecha, hasta hoy, que separa a indios y criollos blancos es un factor decisivo en la interpretación de los acontecimientos en Bolivia. Soslayar esta realidad, privilegiando la lucha de clases, es un error manifiesto. No es Bolivia el único país con esta lacra colonial pero sí luce particulares características; hablamos de una sociedad en que la población de raíces ancestrales significa el 60% del total, por tanto se trata de una mayoría cuantitativa que carece de poder y representatividad política en la misma medida en que lo exige su objetiva presencia. La desigualdad sembrada con la invasión hispánica está en la base de esta inequidad y constituye el principal problema social a resolver en Bolivia y en los países del área andina. No es la inequitativa distribución de los medios de producción y de bienes materiales el principal escollo a resolver, tampoco el propósito de fijar nuevas relaciones de producción o inaugurar novatas formaciones económicas, sino combatir y destruir esta realidad saturada de racismo y exclusiones. No hay posibilidad alguna de acceder al desarrollo que lucen los países del primer mundo si no modificamos esta realidad. Es inviable una sociedad cuya realidad oficial niega representatividad política a la población de raíz ancestral. No hay ni habrá armonía ni comunidad mientras esta sublevante realidad se mantenga. Superar el nosotros y ellos es una necesidad ineludible si deseamos construir un destino común como sociedad. Una comunidad no puede adquirir cohesión y destino compartido si considera enemigos internos a un porcentaje mayoritario de la población. No superar esta lacra retrasa el desarrollo de la estructura productiva; hace imposible concebir integrados sistemas educativos y de salud; diseñar doctrina para las fuerzas armadas; idear un sistema judicial eficaz y compaginado con nuestra realidad; ocupar el territorio cabalidad. Las posibilidades de imaginar una sociedad integrada asentada en paz social deviene en una entelequia. Las otras realidades socio económicas hay que tratarlas, qué duda cabe, pero dentro del orden que establece la prioridad de las contradicciones principales.

Este básico factor, hemos visto, ha movido fuerzas invisibles y también verificables, en el propósito de derrocar al gobierno. Resulta inadmisible para muchos de la sociedad dominante aceptar que un indígena dirija la sociedad. El líder cívico que impulsó los días finales del levantamiento, es la expresión cabal, no la excepción, de miles de bolivianos que no están dispuestos a tolerar un gobierno de cuño indígena y que ingresarían a una guerra de castas para impedirlo. Gonzalo Pizarro no se ha ido de Bolivia.

¿Cuáles son las responsabilidades de Evo Morales? Muchas, sobre sus hombros recaen las principales razones de su contundente derrota. No podemos seguir usando argumentos que atribuyen a terceros los errores que emanan del propio accionar del líder y de sus estamentos de dirección. Señalo los siguientes puntos:

Primero: Ausencia de un proyecto político integral. Si lo hubo no se hizo notar en los momentos de declive del poder. Para ser breve y directo en este punto: Morales proviene de las canteras marxistas y es el producto de un largo caminar entre organizaciones socialistas. Revisar el historial del MAS nos exime extendernos en este punto. Su encuentro con el pensamiento andino es posterior y no fue precisamente adoptado con propósitos de convertirlo en el eje central del ejercicio del poder. Su accionar estuvo mediatizado por los cartabones que esta doctrina impone sobre sus adeptos, castrando la ductilidad que conserva el pensamiento andino. Pensamiento, y hay que decirlo, que todavía no reconoce que encierra en sí mismo una epistemología, o teoría del conocimiento, absolutamente distinta a la occidental. La alienación y el sometimiento ideológico ha provocado la permanente adecuación de este pensamiento a los cánones establecidos por la dominación. Aun no se concibe, ni en las elites pensantes y menos en términos hegemónicos, que es posible construir colectividades distintas premunidos de este pensamiento. Los antiguos lo hicieron. Es el fardo funerario establecido en la mente de los dominados. Es una idea que va acompañada del criterio que lo indígena es ojotas, coca y desarrollo marginal cuando se es indígena en momentos en que no mentimos en nuestro diario quehacer y trabajamos con ahínco y limpieza y somos aseados en nuestros hábitos; cuando no se roba aun en arcas abiertas. También lo somos cuando exigimos que nuestros dirigentes, o cualquier otro miembro de la comunidad, nos conduzcan obedeciendo; cuando pedimos que nos representen y no nos suplanten; cuando solicitamos bajen y no suban, porque abajo estamos todos; cuando sirvan a la comunidad y no se sirvan de ella; cuando convenzan sin vencer; cuando construyan y no destruyan; cuando propongan y no impongan. Priorizando la conservación de la naturaleza, casa de la humanidad, estamos siendo indígenas porque esta actitud, esta decisión, tiene su hogar primigenio en todas las culturas ancestrales antes que la codicia y el beneficio personal, por encima del bien común, se impusiera.

Segundo: Conquistó el gobierno pero no construyó poder. Esta realidad explica el silencio en el que dejó atrás Palacio Quemado. Abandonado por las fuerzas sociales que se beneficiaron directamente del proceso reformador y que debieron defender el proyecto y no propiciar una derrota de largo plazo. Sus partidarios no sabían qué defender, saturados como están del mensaje y la formación recibida por la educación occidental. No se construyó una poderosa confederación indígena, ni tampoco se hizo trabajo político entre los obreros cuya Central le dio la espalda en horas decisivas; no se hicieron escuelas políticas masivas, no se edificó las bases de un proyecto civilizatorio alternativo; no se trabajo en la educación. ¿El ejército, la marina y la aviación, tuvieron egresados provenientes de los sectores indígenas? ¿El comandante general del ejército no es acaso la expresión ideológica acabada de la mentalidad colonial? No es suficiente una escuela de post grado antiimperialista para las elites militares para socavar las bases ideológicas de la dominación, se requiere un trabajo extenuante de magisterio y discusión y difusión. Esta insuficiencia explica el funcionamiento de la policía en medio de la crisis. Fueron catorce años de gobierno, tiempo suficiente para llevar adelante medidas de esta naturaleza. ¿Por qué no se hizo? Acciones y decisiones que atañen a este rubro serán siempre criticadas por los sectores dominantes, no cabe duda al respecto, pero es exactamente lo que hacen ellos mismos con las fuerzas armadas, las adoctrinan con esmero. Hasta hace muy poco tiempo promociones íntegras de oficiales jóvenes eran enviados a la Escuela de las Américas en Panamá. De esa cantera provienen Leopoldo Galtieri, Manuel Antonio Noriega, Manuel Contreras y Vladimiro Montesinos.

Tercero: Diseñó, y subordinó en gran medida, las líneas maestras de su gobierno en alianza con sectores criollos, cierto que avanzados ideológicamente pero carentes de condiciones culturales que hicieran compatibles los proyectos indígena y criollo. Es fácil observar el desenvolvimiento del Vicepresidente García Linera en el material gráfico que circula en la red y también en los textos que ha escrito este político. Recomiendo en especial su libro Forma valor y forma comunidad. ¿Es inadecuado bajo cualquier circunstancia establecer alianzas con sectores criollos? No, la respuesta es un no rotundo. Hay que hacerlo conservando la dirección, imponiendo el proyecto indígena. Se trata de una alianza táctica, no estratégica. Es exactamente la modalidad que ahora usa el dominante campo criollo con la realidad indígena o campesina. ¿Usan ellos nuestras reivindicaciones o nuestros programas para gobernar? No, evidentemente; nos utilizan de acuerdo a su lógica e intereses, así surge el pensamiento: Nuestros indios; El problema del indio; El porvenir de las razas en el Perú; «el indio vive sin interés alguno, bajo el imperio exclusivo de las necesidades materiales que satisface como las bestias». El proyecto de una Nación Andina no está diseñada para los indígenas solamente, es un proyecto plurinacional, pluricultural, que haga posible una casa para todos. Construir lo que la republica criolla no ha realizado ni lo podrá hacer, una nación con coincidencias universales y diferencias particulares. Una patria de todas las sangres pero dirigida por la sangre que hará posible el proyecto, llevarlo hasta el final.

 

Cuarto: No es posible maquillar el proyecto civilizador criollo impuesto por la invasión y asegurado por la continuidad en la dominación administrada por sus descendientes. No es posible fundar o crear segundas repúblicas cuando estas no han logrado ser ni primeras ni repúblicas. Tampoco es suficiente redactar una o más Constituciones que reformen el seguro social o modifiquen el procedimiento de las AFPs o le otorguen nuevas atribuciones al BCR o señalen al país regímenes parlamentarios o presidenciales. Es esta una realidad de falsas ilusiones y realizaciones. Transitorias y efímeras conquistas. No, no es el camino, se requiere transitar uno más largo y penoso, menos glamoroso: requerimos un nuevo proyecto civilizatorio. ¿Suena utópico, risible, inalcanzable? ¿Y porque no tuvo esta connotación para otros fundadores de civilizaciones, qué fue lo que hicieron los ignaros invasores en nuestro territorio? ¿Se acabó la historia? Conseguirlo no es, evidentemente, tarea común y accesible con facilidad, requiere visiones de muy largo plazo, de aquellas que tuvieron nuestros ancestros que fundaron proyectos sociales que hasta hoy superviven y nos alumbran el camino. No nos dejemos seducir por elecciones fraudulentas en su esencia y por emprender tareas destinadas a remendar fracasos sociales insalvables e inviables. Veamos sino la forma en que se encaran la confección de las listas parlamentarias para las elecciones del próximo año, aún en organizaciones que se llaman renovadoras y antisistema. Flaqueza moral, negociaciones ilícitas de espaldas a la militancia, negociadores encargados a dedo para actuar como simples amanuenses dispuestos a todo por recibir a cambio una miserable cuota de espurio y vergonzoso poder. Pero qué aleccionador verlo, nos permite vislumbrar lo que sería un gobierno de estos grupitos de amiguitos e incondicionales, de estos equipos políticos; criollitos disfrazados. No es suficiente acaudillar, es innecesario en un país harto de jefecillos con licenciaturas y/o charreteras; incapaces de fundar organizaciones vertebradas y de vida autónoma, sembrar pensamiento, ser ejemplo de vida. Desechemos la chatura de liderazgos personales mediocres inficionados de criollismo y de sus taras centenarias. Aquí es necesario percibir que tenemos un proyecto societal fallido, incapaz de conducirnos a desarrollos compatibles con nuestra estatura humana, similares, por lo menos, a los que gozan ciudadanos del primer mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. No empezamos desde los cimientos, tenemos fundación, calzaduras, se trata de desarrollarlas, reencauzarlas, poner al día nuestro pasado.

Desaprobemos en este propósito conducciones predestinadas, mesiánicas, insustituibles, que se consideran a sí mismas infalibles pero que, ante su fracaso, solo responden ante sí mismos. Se trata de construir escuela de pensamiento, formar militancia, crear ejemplos y escuela. No hay aquí otra ruta que el camino de la colectividad, no hay otra pauta que dirigentes que hagan su magisterio obedeciendo el mandato comunal cuyos ejes de funcionamiento tiene milenios de experiencia. ¿Creación de partido o frentes? Si, por supuesto, pero no solo uno, muchos, cientos. De ese conglomerado surgirá el partido directriz, el frente reconocido, necesario, quizá imprescindible. Precisiones: no se trata de ausentarse y de no participar en todos los medios que sean permitidos. Hay que hacerlo, hay que batallar por cambios en las formas, en las Constituciones, pero manteniendo siempre la mirada en el objetivo de largo plazo: un nuevo proyecto civilizatorio.

Quinto: Morales careció de la capacidad que pocos líderes poseen: formar sustitutos, perfilar promociones de políticos prestos para continuar el magisterio y seguir conduciendo el proyecto. Saturado de desconfianzas y mediocridad, no permitió que nadie le haga sombra o mediatice su liderazgo. Los resultados de esta práctica están a la vista. Solo Presidente y Vicepresidente, un general de división y otro de brigada y más abajo nada más que soldados rasos, ningún comandante, menos capitanes. Ausencia de estamentos de dirección. Una digresión que no quita lo valiente: el único dirigente político peruano con esa capacidad fue Haya de la Torre que nunca desconfió de sus capacidades para sentirse opacado por políticos de la talla de Manuel Seoane, Antenor Orrego, Villanueva del Campo, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Luis Heysen, Andrés Townsend, etc. Cualquiera de ellos con atributos suficientes como para conducir el partido. El magisterio de Haya, es necesario reconocerlo, explica en mucho la larga existencia de esta organización; lamentablemente propietaria de todas las taras juntas del criollismo nacional.

Esta ausencia de capacidad para formar, hacer magisterio, le pasó la factura a Morales y a su régimen. Ante la ausencia de recambios en la dirección del proyecto, y jugando con las reglas de la democracia que le permitió participar y ganar, usó las triquiñuelas tan caras en la política criolla: el reacomodo de las reglas, la trampita, la extensión, la interpretación auténtica, la rerereelección. ¿Por qué aceptó jugar con las reglas que la vieja democracia criolla le impuso? Tenía otros caminos si creía que su mesianismo era imprescindible. Debió jugarlos si se sentía predestinado. El pueblo que lo apoyaba también sintió que estaba siendo utilizado en provecho de un proyecto personal.

La figura de Morales tendrá el lugar preponderante que le corresponde como el primer gobernante indígena de Bolivia, gestor de cambios sustantivos en la realidad de ese país. Sus logros son variados y, pasados los momentos de coyuntura, serán valorados en su dimensión exacta. Destaco la reivindicación de la cultura indígena, quechua y aimara, plasmada en una Constitución sin precedentes en ningún país de este continente. Las cuotas de parlamentarios indígenas, las precisiones en torno al autogobierno y la propiedad de los recursos naturales y la reivindicación de la religiosidad andina, son elementos de gran significación. Su figura y trascendencia pueden ser equiparadas a la que proyecta en la historia boliviana Andrés de Santa Cruz, otro gobernante de origen indígena que ubicó a Bolivia en un lugar expectante en el concierto de naciones sudamericanas.

Veamos cómo se logran preservar sus acciones positivas y el modo en que el vasto pueblo quechua y aimara, vuelve a recuperar protagonismo en la historia de Bolivia y del área andina. Esperamos que pronto.

Hay muchísima enseñanza en los sucesos de los últimos días y meses ocurridos en el Continente. Ecuador, Bolivia y Chile nos dejan lecciones imposibles de soslayar. Hay que sistematizarlas y devolverlas a sus actores. Tarea de todos.

Nota final. Resulta vergonzante la actitud del gobierno peruano de no permitir el paso del avión de Evo Morales por cielo nuestro en camino a su exilio mexicano. acción de esta naturaleza solo es explicable por el servilismo de nuestra política exterior hacia la potencia hegemónica imperial. Una vergüenza.

El frente político

Proyecto de transformación

Nunca un claro proyecto de transformación,  que denomino de liberación nacional, ha tenido tantos factores a su favor. Las condiciones sociales, políticas y culturales del país en las dos últimas décadas, agudizadas en los recientes cuatro o cinco últimos años, son de tal nivel de excepción que no parece posible se repitan en mucho tiempo. La profundización de las contradicciones se favorecen por un escenario mundial y regional que contribuyen al afianzamiento de esta realidad.

Se trata de una coyuntura que reúne las siguientes características:

En el ámbito internacional.

  • Declinación ostensible del dominio ideológico de Occidente.
  • Potencias emergentes desafían el poderío económico y militar del tradicional gendarme del proyecto civilizatorio dominante.
  • Reducción de la exclusividad de mercados para Occidente en beneficio de economías emergentes.
  • Declinación de la influencia de la iglesia católica en las  mentes de grandes sectores y proliferación de confesiones que minan su poder.
  • Creciente recuperación de identidades regionales étnicas y culturales que promueven movimientos de clara identidad autónoma en numerosas regiones mundiales.
  • Notorio desarrollo en el primer mundo de contradicciones que han sido propias de países subdesarrollados: luchas interétnicas y conflictos culturales, disminución de las condiciones de vida, lumpen proletarización. Son realidades inéditas en los centros urbanos de las potencias mundiales: Europa occidental y Estados Unidos, en particular.

En el ámbito continental

  • Desprestigio de las clases y castas dominantes cuyos orígenes se  remontan a la invasión europea.
  • Reactivación de identidades étnicas que dejan atrás reivindicaciones  gremiales y muestran clara determinación política.

En el país

  • Encontramos en años recientes la presencia, por primera vez en el contexto de la dominación, de desarrollo teórico que pone en cuestión la legitimidad del dominio de clase y étnico blanco. La impugnación se desarrolla desde nuestra dominante realidad cultural y étnica. La teorizaciones comprenden reivindicaciones culturales de restringidos criterios cósmicos que no cuestionan el poder establecido y se enfocan en proteger un reducido y manoseado espacio vital para desarrollar vivencias y estilos de vida infestado por las peores excrecencias de la ideología occidental, como también plataformas tahuantinsuyanas de exclusiones repetidas y que pretenden revivir el “imperio inca” sin desarrollo ideológico ni programático que lo justifique. Entre estos espacios hallamos teorizaciones que se basan en la milenaria lucha del pueblo andino y que recoge también desarrollo teórico forastero, pero se asienta firmemente en una contemporánea realidad nacional y busca sentar las bases ideológicas que sustenten un proceso de desarrollo nacional de largo aliento.
  • Este desarrollo teórico, no obstante basar sus fundamentos en la población indígena y sus distintas formas de descendencia, no tiene aun asiento en ninguna organización política y se reparte en segmentos desligados de su matriz cultural; se trata de andinos descastados y de criollos marginales.
  • La desindigenización de la población india en nuestro país ha sido vasta y profunda; su concepción y ejecución se la debemos a los encomenderos en sus inicios y en el ámbito contemporáneo al  marxismo en todas sus variantes.
  • La conversión de etnia en clase ha sido nefasto para nuestra historia. De este modo se desmembraron organizaciones étnicas naturales y las convirtieron en organizaciones campesinas de defensa de intereses de clase que ha actuado desde entonces como furgón de cola de criollos materialistas y dialécticos. Con manuales bajo el brazo, sus dirigentes y activistas, han asolado nuestros campos y han mutilado nuestra fundamental herramienta étnica. El quechua cuando lee las estrellas también cultiva y crea arte y sociedad mientras el campesino es un desorientado monocultivador cercano a Monsanto. Esta dramática y dolorosa como también inadvertida transformación ha extraviado o inutilizado la poderosa herramienta de desarrollo que acompaña a una identidad étnica que reivindica cultura, tradiciones, vida comunitaria, etnia.
  • La obra marxista fue completada por el criollo gobierno de Velasco Alvarado que, con algunos méritos en su gestión, completó esta desindigenización de manera expeditiva e ignara. Se terminó de despojar al indio del elemento central de su estructura humana: su etnia, identidad, su cultura.
  • Este proceso ha afectado profundamente la estima del peruano por su identidad, aquella que procede de las raíces hondas que lo identifican con un territorio y una cultura.
  • Todos los nombrados han actuado, consciente o inconscientemente, como la mano aleve y depredadora del pensamiento occidental que considera que la uniformización de nuestras mentes y vidas, con el arma de la razón y la racionalidad, es el único camino para el desarrollo.
  • Observamos el absoluto descredito de la clase y etnia criolla, embarrada en sus latrocinios de siempre, pero esta vez expuestos a la mirada publica sin barreras de protección. La pudrición es tan profunda que el único sostén que los mantiene en el poder son las fuerzas armadas y el escaso nivel de desarrollo político de la población tras cinco siglos de alienación.

La realidad descrita permite instalar en la lucha política una plataforma programática que rebase los límites de la simple trasformación de la constitución y se proponga un cambio en la estructura de dominación en el país, que tenga como fin y meta ineludible la sustitución del paradigma civilizatorio y cultural. Es decir, que seamos capaces de sembrar los primeros campos con una nueva forma de entender la naturaleza y un nuevo modo  de relacionarnos entre humanos; renovados parámetros para el trato de la fauna y flora y los recursos naturales; sustituta manera de distribuir los excedentes productivos; nuevas formas de asentamientos urbanos y rurales; inéditos caminos de tratar el desarrollo desde las cuencas y las microcuencas; creativas maneras de construir las fuerzas armadas, nuestras leyes y también distintas formas de religiosidad. Es decir, reencontrarnos con nuestra historia milenaria y recrearla, no repetirla, no pensar que podemos inventar un nuevo Tahuantinsuyo ni tampoco fabricar la reedición de Willac Umu y ñustas.

Los caminos por recorrer son vastos, muchos han andado parte de esta ruta sin articular una propuesta global; requerimos recoger esas experiencia y el conocimiento de siglos.

Frente político

No puede un solo partido político impulsar y articular la transformación. Se requiere de un Frente Político. La extensa y compleja realidad del espacio oprimido exige variadas representaciones. Es ineludible un frente que aglutine a todos los sectores comprometidos con un proceso de transformación profundo.

Dentro de este frente la hegemonía debe ser construida por el sector andino. Pero ¿qué requiere hacer este pueblo para ganar el poder político y la legitimidad de organizar el Estado? Mucho, sin duda. Esbozo aquí algunas ideas al respecto.

Primero, demostrar capacidad y seriedad política y organizativa.

Segundo, exponer una propuesta de nación que recoja la realidad y haga posible su vigencia en el tiempo.

Tercero, un programa de gobierno que se derive de nuestras tradiciones milenarias y se inserte en la  modernidad que la propia historia ha demostrado que fue baluarte del Estado precolonial.

Cuarto, reconocer que esta obra no es posible llevarla adelante con la voluntad de un solo partido político. La organización partidaria dirigente requiere de alianzas políticas con todas las fuerzas que se orienten en el sentido de la historia y de la creación de un Estado andino.

¿Qué principios programáticos debería recoger este Frente? Ensayo aquí los postulados que estas fuerzas deberían suscribir. Podría llamarse programa mínimo.

Primero, el compromiso de caminar hacia el rediseño de las relaciones de poder político y económico.

Segundo, el compromiso de rediseñar la estructura productiva nacional y promueva un nuevo ordenamiento territorial.

Tercero, el compromiso de una nueva estructura educativa y de salud y de justicia.

Cuarto, darle carta de ciudadanía a una sociedad que ya late en las interioridades de nuestra realidad y que recoge nuestras tradiciones ancestrales y las recree de acuerdo a los avances de la realidad contemporánea.

Quinto, el respeto a todas las formas étnicas y culturales que promuevan nuevos paradigmas en las interrelaciones sociales.

Sexto, el compromiso de rediseñar el sentido y la orientación de nuestra fuerza armada.

Sétimo, compromiso de rediseñar las prioridades en nuestra política internacional, dándole prioridad a la integración de las naciones andinas.

Octavo, compromiso de procesar y castigar con las máximas penas a todos aquellos que han incurrido en delitos financieros y económicos contra el Estado peruano.

Noveno, compromiso de plasmar todo este compendio de  transformaciones en una nueva Constitución y en un Estado que responda a las necesidades nacionales.

Contradicciones que el Perú debe resolver

Acción práctica y teórica van unidas, ni una antes y otra después, ambas realidades se complementan. Son la mejor expresión de la paridad andina, cada una posee un universo distinto que se complementa con el otro para ensamblar un punto de encuentro, un Tinkuy, que alberga a las dos espacios.

Señalar las contradicciones que soporta la sociedad peruana exige generalizaciones que lesionan la exactitud. Es el riesgo que se asume cuando se pretende sintetizar las complejidades de una sociedad en cinco temas. La distinción de esta propuesta es su origen y sus condicionamientos: Su visión cultural y la impugnación que contiene de la civilización occidental y cristiana proviene de la vertiente andina del pensamiento. Se ejecuta recaudando las reflexiones y demandas de Garcilaso, Waman Puma y Santa Cruz Pachacuti, pero también hay fermento vallejiano y voces de Churata y Urviola.

Señalo que, con algunos añadidos para esta publicación, el tema fue tratado originalmente en el texto Nación Andina.

CONTRADICCIONES

Primera contradicción. Enfrentamiento de los intereses andinos y criollos

Es la contradicción principal y muestra la aún insuficiente capacidad de lo andino para alcanzar y ejercer el poder  y las limitaciones del criollismo para gobernar. El resultado es un permanente escenario de conflicto político y social que, con intermitencias, sume al país en la violencia y desconcierto con variantes de alta y baja intensidad. el proposito de resolver esta contradiccion se observa en la resistencia de los Incas de Vilcabamba y en las rebeliones de Juan Santos Atahualpa, Tupac Amaru II, Juan Bustamante Dueñas, Atusparia, Teodomiro Gutiérrez, Hugo Blanco, Locumba y el Andahuaylazo. Hay expresiones contemporáneas de

menor magnitud pero unidas por la constancia del conflicto y la contradicción: Bagua, Tía María, Espinar, Las Bambas, Conga y un largo y prolongado etcetera.

Es notoria la miopía de los criollos para juzgar los hechos señalados, ignorar que se trata de una permanente inconformidad con el orden imperante y también la vitalidad de una cultura que se ha negado al sometimiento y la inclusión.  Si observamos los hechos de nuestra época veremos que el simple uso de una mesa de negociaciones requiere de intérpretes para acomodar lo imposible: la visión incompatible de nuestros destinos, las dos formas de entender la vida y la naturaleza, de entender el país.

Subrayemos, detrás de los conflictos incesantes se halla el desencuentro de dos expresiones culturales que nunca hallaron medios para armonizar su convivencia. El resultado es una sociedad peruana que se asemeja a un ser humano con prolongados síntomas de trastornos de la personalidad y sociopatías que nunca fueron atendidas de manera conveniente. Una mayoría de peruanos no se siente representada en la sociedad oficial siendo una particularidad notoria de esta insatisfacción el desconocimiento del origen de su malestar. Ignoran los principios de esta persistente

disfunción social y lo sitúan en un nivel individual, personal, cuando abarca la totalidad de la sociedad peruana. La experiencia se asemeja a quienes se hallan en búsqueda de sus orígenes y del sentido de su existencia. Es el gran e irresuelto drama nacional.

En esta perspectiva de análisis precisemos que la principal contradicción se originó en el instante de la invasión occidental y fue desarrollada y ampliada a lo largo de los siglos. Su contenido posee complejas relaciones étnicas y culturales, de clase y económicas. En su estrato más profundo se nutre de diferenciadas fuentes filosóficas, contrarias visiones del país y de criterios antagónicos en la construcción de la nación. El antagonismo es de tal magnitud que genera contradicciones adicionales y dependientes. Su progreso ha sido y es la principal y permanente fuente de conflictos nacionales; ha trabado el diálogo y desarrollo y tornado estéril cualquier esfuerzo de construir nación; ha impedido edificar la comunidad imaginada que se conduzca a la integración social y, lo que es más importante, nos ha privado a los andinos de un hogar nacional.

La irresuelta y contradicción descrita crea un permanente vacío político y social que, con intermitencias, sume al país en la violencia y desconcierto. La miopía del Estado y la sociedad criolla es tan notoria que les impide observar que detrás de los conflictos incesantes se halla el desencuentro de dos expresiones culturales que nunca hallaron medios para convivir en armonía.

Segunda contradicción. Oposición entre la estructura productiva y las condiciones objetivas de nuestra naturaleza

La actual y fallida estructura productiva ha sido edificada en oposición al mandato de la geología y geografía nacionales y es producto de particulares intereses económicos y culturales ciegos e insensibles a las singulares características de una agreste y feraz naturaleza que exige ser abordada orientados por principios probadamente eficaces: identificación de la vocación natural del suelo y la geografía, complementariedad productiva y ocupación horizontal de todos los pisos altitudinales y ecológicos, en especial los situados por encima de los tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar.

La mentalidad occidental y colonial ha explotado la naturaleza con paradigmas inadecuados, con criterios útiles para otras geografías y con moldes extractivos y depredadores. La consecuencia ha sido la desestructuración de una economía labrada en milenios concordante con las necesidades objetivas de la naturaleza y las sociales. Los encomenderos y sus descendientes destruyeron lo que hallaron y no han sido capaces de construir un modelo alternativo eficaz; el suyo no ha construido

desarrollo, ha  afectado negativamente el ecosistema natural además de carecer de conexión con su entorno y ser fundamentalmente primaria exportadora.

La formación económica constituida posee un conjunto de deformaciones derivadas del uso equivocado de las fuerzas productivas. Lo que deja a su paso son conflictivas y distorsionadas relaciones sociales; enfoques exóticos en la definición de las grandes líneas de producción; falencias en las relaciones personales al interior de los centros de transformación que no responden a ancestrales formas de interrelación social; caótico y desordenado acondicionamiento del territorio e invertebrada ocupación del espacio y ausencia de cadenas de producción complementarias. Las bases productivas tienen su correlato visible en una irracional superestructura que contribuye a reproducir y a alimentar las deformaciones.

Tercera contradicción. Antagonismo entre el monocultural Estado criollo con la población andina-amazónica

El Estado homogéneo y monocultural no reconoce la existencia política de la comunidad andina que reúne básicas consideraciones para obtener su propio Estado, propietaria además, de particular acervo cultural y de particulares espacios territoriales y con un proyecto histórico social y

político compartido y eenraizado en nuestra historia. Esta comunidad mayoritaria carece de Estado.

Esta contradicción adjunta también a marginales estamentos criollos a quienes el Estado tampoco los representa ni sirve con eficacia. Se trata de una minoría que también carece de representación estatal; estamento social denso y absolutamente identificable.

La superación de esta contradicción no comporta atender solicitudes de inclusión o de admitir cualquier forma de absorción. Está en cuestión resolver el antagonismo entre el Estado monocultural y la sociedad pluricultural. Es el gris estatal en oposición al variopinto colorido de la sociedad mayoritaria. No es posible continuar en la aceptación de relaciones absolutamente asimétricas que prodiga un organismo que imparte salud, educación, justicia, seguridad, recreación, etc. provisto de lenguaje único y con criterios que solo sirven para privilegiar aún más a los grupos dominantes.

Cuarta contradicción: Diferencias entre lo que somos y lo que deseamos ser

Su origen se ubica en el estado deformado de nuestras mentalidades, construidas por un eficaz sistema que se inicia en el hogar y atraviesa todo el sistema educativo formal apoyado por los medios de comunicación. Los alienantes formatos del diseño han alterado el desarrollo de la

personalidad creando diferencias profundas entre las condiciones objetivas de nuestra identidad y las imaginarias implantadas por el colonialismo. Pretendemos ser occidentales sin poseer ninguna cualidad que lo sustente, ni geográfica, cultural y tampoco política ni económica.

La imposición de una estructura mental distinta no le confiere la categoría de cualidad natural, permanece en el nivel de imposición arbitraria. La realidad impuesta no hace posible armonizar realidad y fantasía, desintegra nuestro ser natural. La consecuencia es la formación de una extensa colectividad de ciudadanos  descastados y desclasados que son un serio obstáculo para la edificación de una sociedad superior. La occidentalización de nuestra sociedad ha sido un esfuerzo permanente y fallido y que posee drama y bélicas tragedias sociales, rostros que personifican el rechazo a la imposición. Desde Felipillo, pasando por el ayuntamiento de Inés Huaylas con Francisco Pizarro hasta las políticas de inclusión social contemporáneas, la sociedad andina permanece allí, presente, transformada es cierto, pero viva, acechante, indomable. Todas las políticas ejecutadas para lidiar con esta realidad han mantenido la situación invariable en su esencia.

Es una inadvertida realidad que ha creado entre nosotros un desarrollo psíquico contradictorio y desnaturalizante de la condición humana: un Superyó regido por las imposiciones de Occidente y un Ello andino reprimido en los sótanos de la personalidad; al medio, el principio de la realidad los hace desarrollar un Yo anómalo que nos acomoda a vivir una realidad contradictoria y ficticia. Es una situación perfectamente asociable a formas de esquizofrenia: uso de dos rostros y dos personalidades, la oficial y visible, criolla occidental, articulando al Perú irreal con premisas básicas e innegociables como señalar a la “raza” blanca como el rostro representativo nacional, seguida de una gradación muy controlada y aceptable que continúa en el mestizo, oriental, negro, indio e indígena amazónico. Es la identidad de los actos oficiales, ceremonias,  formalidades. La identidad real, velada y soterrada es de uso cuando el escenario permite informalidad para hacer visible el Ello profundo. Es el disfraz para festividades pasajeras, la actividad comunal, de efemérides, de expansión y de reencuentro con tradiciones que sabemos solo pueden aparecer como catarsis, como limpieza de culpas soterradas,

Ezequiel Urviola

como expresión momentánea de lo que quisiéramos ser siempre y nos prohibimos. Es también utilizada para ser identificados ante lo extranjero; sin reparar en los incomunicados compartimientos en que está dividida su personalidad, con orgullo, muchas veces genuino, nos señalamos originarios del país de los incas; si esta descripción no es suficiente apelamos entonces al nombre de algún famoso resto arqueológico que termina por flanquearnos el acceso a una identidad invertebrada, postiza.  Es la realidad que hemos observado recientemente en el espectáculo mostrado en la inauguración y clausura de los juegos Panamericanos en Lima en donde se hace uso.

Toda está irracional estructura política, económica y social es apoyada y sostenida desde el exterior por Estados que comparten las bases civilizatorias hegemonizantes y homogeneizadoras que se advierte como el modelo a imitar. No obstante su visible declinación es el sostén del modelo que se enarbola insustituible en el Perú. Como hemos visto, todas las colectividades políticas la consideran cimiento básico de elementos que se congregan en torno a la propuesta de sociedad que cada una luce y proyecta hacia nuestra sociedad. Es una contienda desigual pero es de vital supervivencia como sociedad neutralizar anular las influencias negativas de esta relación.

La lucha por lograrlo se expresa en la contradicción última que es necesario enfrentar:

Quinta contradicción: Contradicción que opone a las culturas originarias de nuestro país con la civilización occidental y cristiana y su Estado líder y Estados satélites.

Son, en última instancia, la oposición de los intereses nacionales con los intereses coloniales de las potencias imperiales que tuvieron y tienen al Perú como su zona de influencia y que, al interior de nuestra sociedad, comparte objetivos con la patria criolla. El rostro imperial en esta desigual relación ha ido mutando de perfil: fue España primero, luego Inglaterra y ahora Estados Unidos. Existen sectores de la sociedad criolla a quienes esta contradicción los incluye de modo perjudicial. Son colectividades con quienes será necesario llegar a niveles de entendimiento y cooperación.  

Resolver esta última contradicción es probablemente el escollo más difícil de vencer por las sólidas bases de dominación civilizatoria ejercida sobre nuestra sociedad, por el grado de legitimidad alcanzado y por las fuerzas aliadas que poseen en el territorio nacional y continental.

Las contradicciones señaladas serán resueltas mediante la sustitución de la clase y etnia dominante de las posiciones de poder y de conducción del país, reemplazando la casta criolla que conduce el Estado desde siempre por una nueva colectividad cultural: la andina.

Espiritualidad andina

En ocasión del III Hatun Tinkuy, no pude concluir mi exposición por un exceso de tiempo consumido en los preámbulos del tema que fue el motivo de mi presencia en tal especial evento: Espiritualidad andina y filosofía del Yawar Mayu. Adelanto aquí la primera parte de la ponencia no desarrollada. Es un conjunto de reflexiones que no tienen otro propósito que contribuir a la reconstrucción de un pasado vivo y la generación de praxis y teoría contemporánea.

El material conserva la estructura y el contenido original.

Introducción

Me encuentro aquí con mis hermanos del Hatun Ayllu en razón de mi identidad quechua, andina, para exponer ideas con la lógica de las asambleas comunales, que examinan todas las ideas para luego tomar un camino elegido por todos.  

Nos reunimos aquí runas, que representan culturas que ocupan territorio, construyen nacionalidades, son nación pero carecen de Estado. Somos nacionalidades sin Estado. Considero que uno de los aspectos que nos une a todos aquí es procurar hacer realidad que el Estado nos represente.  

No es casualidad que eventos como este se den en el mundo andino al mismo tiempo que cuatro de las cinco personalidades contemporáneas más importantes de este espacio haya profesado la religión cristiana. La biografía y obra de figuras representativas pautan los eventos que ocurren en la sociedad. En efecto, José María Arguedas, no fue católico militante como si lo fueron Tupac Amaru, Garcilaso Inca de la Vega, Waman Puma y  Santa Cruz Pachacuti. Esta realidad, poco observada quizá contribuya a explicar el impulso inusitado que se ha dado en los últimos años a la lucha de los pueblos ancestrales en nuestra patria, y también en el continente. Arguedas, a quien considero el primer intelectual indígena contemporáneo, es fundamento de la gran travesía que significa nuestro proceso de  liberación.

En un país que todavía sigue siendo un territorio de hijos de la violencia y de la invasión, de hijos sin identidad, y no todavía hermanos, la espiritualidad ancestral juega un rol decisivo para comprender y comprendernos. Me refiero a la espiritualidad,  a la religiosidad como disciplina del Yo, empoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia que nos lleva a comprender el valor trascendente de cada ser humano y del otro y de los otros; espiritualidad también como vehículo para el reconocimiento de nuestros derechos y deberes.

Religiosidad, inclusión, mitos

Hago notar, que es nuestra religiosidad la responsable de la gran capacidad de inclusión que siempre tuvieron y tienen las culturas andinas. El origen de la condescendiente recepción a los invasores es muy probable se encuentre en la evaluación que los consideró una etnia más a incluir en el inmenso mosaico cultural que era la civilización andina. No obstante su extraña apariencia, no fueron catalogados como una amenaza, podrían entenderse, pensaron, como se habían entendido cientos de etnias diferenciadas a través de milenios. Nuestra espiritualidad, que observa a todo humano como hermano es, quizá, una de las razones por la que descuidamos las defensas frente a la invasión de los hispanos. Nuestros antepasados, que habían desarrollado una sociedad altamente asociativa, estimaron que se hallaban frente a un proceso más de inclusión de nuevos extraños.  Los andinos asimilaron a los viajeros provenientes del Japón actual llegados a  Valdivia, en Ecuador, punto central de irradiación de la alfarería en nuestro continente. Nuestras culturas también incluyeron a viajeros que arribaron a las costas lambayecanas con el mítico Naylamp. Los puquinas asimilaron a viajeros -probablemente sumerios- que llegaron a esas regiones a través de la selva brasileña y peruana. La prueba de este encuentro se halla en la denominada Fuente Magna, reliquia que se puede hallar en el “Museo de Oro” de la calle Jaén, en La Paz, Bolivia. Es claro que los andinos se equivocaron en el diagnóstico; los hispanos no vinieron a incluirse y sí a apropiarse de territorio y riquezas, destruir culturas, idioma, religión, ciudades. El error tuvo atroces resultados.  

También subrayo que la destrucción u olvido y desprecio del acervo cultural y tecnológico debió estar signado por las conclusiones que hicieron “los racionalistas” europeos al observar que nuestros antepasados revestían todas sus actividades de sacralidad, religiosidad. La siembra, el riego, la cosecha, el pastoreo, la construcción de ciudades, caminos, y el simple discurrir por el territorio eran actividades religiosas. ¿Cómo podían los invasores, que reservan la religiosidad al rito de iglesia y a los textos, conservar o imitar estas visibles expresiones demoniacas? Ellos venían de entender al hombre como lobo del hombre. En el proceso de acabar con todo vestigio de paganismo fueron descubriendo que la tarea implicaba destruir la civilización en su integridad. Los invasores, junto a su temor, no pudieron conservar o reproducir semejante sociedad, saturada de símbolos, magia y mitos.  Fue tarea imposible destruirla. Los antiguos peruanos clausuraron entonces al exterior todas sus formas religiosas, resistieron, y fueron, con el tiempo, abriendo de nuevo su cultura, mitos, religiosidad.

La sociedad occidental también posee mitos y los crea a diario. El Pato Donald habla y tiene familia, el Hombre Araña adquiere poderes de arácnido, los tiburones se enamoran y los dinosaurios tienen lenguaje humano. Situación extraña: sus animales hablan sin tener alma; así lo aseguran sus textos teológicos. Vemos entonces que sus mitos no son los nuestros y tampoco somos, en este punto, una etapa previa y primitiva de su moderno y racional pensamiento. Lo que nos diferencia es que ese mítico mundo no forma parte de su realidad cotidiana; terminada la proyección de los mitos en sus pantallas, proceden en la realidad a ocupar territorio mundial y a exterminar al rey león y a todas las especies que adornan su imaginario. Para nosotros los animales posee un idioma distinto y procuramos entenderlo desde sus propias fuentes. Tampoco los exterminamos, son nuestros hermanos. Para nosotros, los vegetales y los minerales tienen vida, hablan, se comunican, tienen su propio lenguaje, por eso el runa simi es el lenguaje de los runas. El mito es parte constitutiva de nuestra existencia, nosotros hemos sido por siempre Huamanes, Pumas, Kunturs; no desde el disfraz ni el maquillaje, desde nuestra entraña identitaria. Aquí radica la esencia de nuestra existencia, la esencia de nuestra religiosidad. Para ellos el mito es una creación artificial, desahogo pasajero a sus maltratadas existencias, dañadas por la polución, guerras, desigualdades, racismo, explotación; para nosotros el mito es parte consustancial de nuestra humanidad.  

Quizá pasa inadvertido que existe una cosmogonía norteamericana, existe espiritualidad norteamericana, italiana, francesa u otra rumana; pero, el etnocentrismo nos señala como los únicos poseedores de cosmogonía y ellos teología; de ese modo, con oportuna ventaja y rapidez, hacen sus convenientes clasificaciones sobre qué es religiosidad o qué es behetría, religión y paganismo. Se apropian de la ciencia y de la sabiduría, aquella construida con un logos particular y privado. Existe también una etnia blanca, también quizá criolla, alemana o suiza; pero, somos nosotros parte de un exclusivo grupo que nos hemos ganado tal caracterización: etnia quechua, aymara, shipiba. Esta rebeldía contra estas acomodadas formas de organizar el mundo es, considero, una de las motivaciones que hacen posible reuniones como esta. 

Conflicto civilizatorio

Es acertada la explicación que hace el Hatun Ayllu en sus páginas de internet, al señalar que su acción se inscribe en un trabajo por rescatar los valores de una civilización andina que fue sometida y asimilada, trastocándose y deformándose en su esencia y virtudes. Habla de civilización y habla de cultura. En un nivel de tal magnitud se encuentra la resolución de nuestras tareas, en un horizonte de disputa civilizatoria. Si no se entiende que nuestro trabajo tiene esas características, será muy difícil alcanzar nuestras metas.  Defendemos una civilización viva que se ha recreado a diario en estos cinco y más siglos de resistencia permanente. Sin embargo, tenemos acuerdos en la resistencia, aun no alcanzamos acuerdos en el proyecto. Lo conseguiremos, estoy seguro. El reto es caminar con el legado espiritual, con sus herencias primigenias, básicas, pero usando nuestra realidad contemporánea, nuestros propios recursos. La reserva cultural que es nuestra está conservada de manera semejante al modo en que un átomo de materia guarda energía potencial para liberarla como poder nuclear. De esa urdimbre estamos construidos. Imaginemos qué potencia tendrá, liberada de sus trabas y adormecimientos; esta quieta e inadvertida fuerza, oculta a la vista, provocará la remoción de toda forma previa de religiosidad y de poder. 

Uno de las mayores virtudes de otras formas de espiritualidad, de religiosidad, es hacernos creer que el mundo es inmutable y que los cambios son imposibles. Esta poderosa pero al mismo tiempo, sutil imposición, hace pensar que nos reunimos para lamentar un pasado ya extinto, honrar a muertos irrecuperables y para deplorar que el futuro no exista para nosotros. Gran error; la espiritualidad, la nuestra, la que aquí se profesa, consciente o inconscientemente, nos dice que somos una realidad objetiva y concreta, que no estamos en un camposanto plagado de recuerdos mutilados e imposibilitados de volver a caminar y a florecer. Kachkaniraqmi, es la palabra indicada para definir este momento. Quienes estamos aquí sabemos que nos rodea una espiritualidad que nuestra sociedad tiene el derecho de conocerla y de vivirla como nosotros la recibimos y como nosotros tratamos de vivirla. Hay un gran reto frente a esta realidad: Cómo hacer posible que el mensaje trascienda estas paredes, cómo hacer conocer a otros hermanos lo que son y lo que somos. Cómo hacer realidad un mundo nuevo, renovado, enriquecido por espiritualidad y conocimientos y entendimientos del universo que hicieron posible, en algún momento de nuestra historia, una sociedad superior, una civilización distinta.  

Templos y basílicas

Hablar de espiritualidad es hablar de templos y basílicas. Entonces, nos preguntamos ¿dónde están los templos del Perú antiguo usados por la población para orar, dónde ubicamos los altares de culto, en qué lugar hallamos las iglesias en Caral?, ¿dónde las ubicamos en Tiawanaku y en Huánuco Pampa, los hay en Macchu Picchu? Observamos que no existen la manera modulada por las religiones de origen occidental. Cuando los estudiosos analizan un recinto sagrado, el Qorikancha por ejemplo, lo explican usando referentes católicos; nacen entonces interpretaciones que la racionalidad importada cree cierta. Desarrollan una explicación tan distante como aquella que separa una Waca de una iglesia occidental. Nuestros templos están diseminados en todos los espacios del Tawantinsuyo, al paso de cualquier caminante que elija otorgarle un saludo respetuoso o unos minutos de su tiempo para orar o dejar una ofrenda. El criterio de acudir a una iglesia y ejecutar un ritual preconcebido, no han sido parte de las tradiciones espirituales nuestras. Para nosotros la Naturaleza es el templo general, la casa de la divinidad.

Las Wacas son manifestaciones únicas, singulares; en algunos casos, probablemente, acondicionadas por la mano humana para descubrir o subrayar las interioridades que el mensaje de la naturaleza trasmitía. Desde un guijarro diminuto hasta formas naturales complejas, todas las expresiones naturales, incluido el humano, son portadores de sacralidad. Las viviendas y las ciudades poseían tal contenido, orientadas para el diálogo permanente del runa con el universo. La estructura urbana, en su integridad, era una gran hornacina cuyas avenidas, plazas y edificaciones estaban conectadas con el cosmos, en una suerte de espiritualidad objetivada, expresión material, realidad sacra. Constituían epifanías, manifestaciones numinosas. Las ciudades eran templos en sí mismos,

Esta materialización del diálogo entre naturaleza y cosmos, cotidianeidad y espiritualidad, llevó a nuestros padres a diseñar el trazado básico de las ciudades usando las formas de algún ser viviente; era la forma de conjugar reconocimiento de dones, consustanciación con el espíritu de seres con características singulares que los runas estaban muy lejos de poseer. Lo vemos en Pisac, Paramonga, Cusco, Quito, Pumapunku, Macchu Picchu. Esta concepción de la vida los condujo al extremo de acondicionar la integridad del territorio como parte de la organización del cosmos. Los cuatro suyos son la imitación de los cuatro lugares que crea la Vía Láctea en el espacio cuando transcurren las estaciones. También las conexiones espaciales de Ceques y Wacas lo atestiguan. Los caminos eran rutas integradora de esta realidad: el Qapaq Ñan lo demuestra, por las características que guarda su trazo y la interpretación que se hace de él como camino de aprendizaje y sabiduría. Quienes han realizado la caminata hacia Macchu Picchu saben lo que significa trajinar una senda de purificación. El gran camino inca era una ruta compartida por humanos y divinidades. Allí han dejado sus huellas Con, Wiracocha, el Tunupa y el Wiracochan, junto a auquénidos, chasquis y gente común. Humanos y dioses caminando a diario en armonía y conjunción cotidiana, espiritualidad extremada hasta el punto de hacer de cada vida una biografía espiritual. Para quienes discurrían entre Apus tutelares, ríos que nos hablaban del destino, pampas que alojaban Wacas que nos vinculaban con el universo, líneas espirituales que había que conocer y respetar para discurrir por el territorio, árboles, insectos y animales sagrados, era una obligación vivir la espiritualidad en cada segundo de sus pachas. Y esta realidad se practicaba sin sacerdotes, de manera laica, considero; sin el auxilio de clero ni de libros sagrados. La iglesia era el mundo; el universo, el templo mayor.

Espiritualidad y sociedad

Entonces, si las Wacas, ciudades y caminos, es decir el continente, expresaban formas de entender la divinidad, no podemos ignorar que el contenido también poseía el mismo sentido, es decir: las tareas de producción, las relaciones personales, la organización social en su conjunto se estructuraban sobre claras formas de espiritualidad. Si un ser insignificante de la naturaleza podía ser expresión de la divinidad, si un zumbayllu, un trompo, puede hasta ahora, ser mensajero espiritual, entonces todo ser humano era la encarnación de sacralidad y espiritualidad y veía en los otros expresiones de lo sobrenatural. Había casos que extremaban estas consideraciones: por ejemplo los sobrevivientes de un encuentro con el rayo eran respetados como seres especiales, de igual modo los mellizos o aquellos que tenían algo distinto y particular en su configuración física; labio leporino, deformaciones óseas; frutos especiales como las mazorcas de maíz distintas, las papas sin par, tenían un lugar preferencial y especial en la sociedad. Los lenguajes andinos son muestra de esa realidad, es la razón de la proliferación de onomatopeyas reproduciendo los sonidos de la naturaleza; por eso la fácil alteridad, la otredad, la comprensión del otro, la integración de lo diverso. Recordemos que a la llegada del invasor se hablaban aquí cientos de lenguas: tallan, mochica, bagua, chacha, den, cat, culle, muchic, quingnam, quechua, aru, arahuaco, pano, puquina, uruquilla, lengua pescadora,etc. solo para nombrar algunas principales. Había conflictos, sí, los había, no era este un idílico modelo de sociedad exento de dificultades y violencia, pero ninguna diferencia se resolvía con el exterminio del otro. El propósito de la etnia dominante era extender su cultura respetando las particularidades e inclusive sus propias divinidades. ¿Por qué entonces la diversidad de lenguas y vestidos y costumbres? ¿Por qué la extendida difusión del culto a Pachacamac, divinidad costeña, junto a otras regionales; o la de Wiracocha, deidad serrana, probablemente Tiawanaco, recibiendo consideraciones en la costa y viajando hasta Tumpis para perderse luego en el mar?

Equivocadas apreciaciones de lo diverso

Afirmar que faltó tiempo para uniformizar la sociedad bajo un solo patrón cultural es una afirmación equivocada. No es razonable esta aseveración, hay que desmentirla; responde al  uso de equivocados criterios occidentales que todo lo uniformiza y todo lo somete a normas monoculturales, donde lo diverso es lo inacabado, inconcluso, no homogenizado, y que considera que las variaciones son derrota y objetivo a exterminar o transformar en unidad. La civilización andina fue multicultural por naturaleza propia, por la necesidad y mandato de la variada geografía, por el incremento de sinergias que lo favorecían. Los pisos ecológicos de trabajo agrícola y pecuario eran el reflejo de la diversidad cultural que habitaba el territorio y que funcionaban como elementos dispares de un todo integrado. Fue, es, una civilización construida con el precepto de la pluriculturalidad como base universal. Su estructura es copia, imitación de la  naturaleza, reproducción entre humanos de su diversidad. Pregunto, ¿hay diferencias sustanciales entre los restos culturales y físicos de Caral, Chavín, Wari, Tiawanaco, Inca. ¿Se observa en ellos el antagonismo que existe entre el arco español y el dintel andino, o la contradicción insalvable entre la inapelable cuadricula urbana frente al devoto seguimiento que hacen las calles y avenidas a la topografía natural; acaso se ve entre estas culturas el antagonismo que sí encontramos entre el universo alillanchu con el hola individual y episódico? ¿No hay acaso continuidad y permanencia entre los paredones-barro de Chan Chan con los paredones-piedra de Ollantaytambo? En los cimientos del torreón Muyuqmarka en Saqsa Uma, no Saqsaywaman, hay cultura Kilke; los arquitectos de este templo fueron conocidos collaguas: Apu Huallpa Rimachi, Inca Maricanchi, Acahauna Inca y Callacunchuy. En el trabajo lítico en el Cusco supervive la piedra Tiawuanaco; en Chan Chan se conserva el rostro Caral. Los tres torreones que coronaban el santuario de Saqsay Uma: Muyuqmarka, Paukarmarka, Sayakmarka, eran la expresión máxima de la arquitectura ceremonial, espiritual. Una era circular y las dos restantes cuadradas, revelaciones de la dualidad y la complementariedad. Expresión de lo diverso, de la inscripción del cuadrado en el círculo, chakanas ancestrales. Entonces, los runas practicaban la espiritualidad en cada momento, en la integral actividad humana, en sus relaciones personales y en toda interacción con la naturaleza viva e inerte. No lo olvidemos, esta es la herencia que conservamos y tenemos viva aún.

Admiración, reconocimiento, no adoración

En la religiosidad andina verificamos orientaciones espirituales que encaminan comportamientos sociales, ética, moral, conjunción con fuerzas naturales. Integración con las diversas formas de vida natural. Admiración ante expresiones de vida animal y vegetal que tuvieran superioridad sobre las condiciones humanas. Es el origen de rituales de admiración, no de adoración; se trata de prójimos a quienes se honra por los dones recibidos. Respetamos al cóndor por su dominio de las cumbres deshabitadas del Hanan Pacha; apreciamos al puma que acecha a sus presas, silencioso y elástico, mientras discurre entre los dominios superiores e inferiores del Kay Pacha. Los rituales son también para expresar asombro y propósitos de consustanciarse con virtudes inaccesibles de los amarus que discurren sin solución de continuidad entre el Kay y el Uku Pacha. A esta realidad se le ha denominado de manera ígnara e inexacta: religiosidad pagana, y, de manera despectiva, panteísta. El panteísmo tiene dos expresiones: una, que reduce todo a una divinidad que promueve o provoca toda la realidad, una teofanía. La otra, concibe el mundo, el universo, como emanación de Dios, que así se convierte en una especie de principio orgánico de la naturaleza. A esta visión bien puede llamársele panteísmo ateo. Considero que el panteísmo nuestro está más cerca de este último concepto. Dios es naturaleza, la naturaleza es Dios. La divinidad está en la naturaleza.

Por lo dicho, resulta risible pensar y aceptar que los antiguos adoraban sapos y culebras. ¿Puede pensarse seriamente que los constructores de Caral, del Lanzón de Chavin,  Kalasasaya o Macchu Picchu, conocedores matemáticos profundos del comportamiento de la Vía Láctea y de sus astros, no advirtieran que tales seres no eran divinidades como sostiene el criterio occidental? Creo que es un error inadmisible a estas alturas del conocimiento de nuestro pasado y de nosotros mismos aceptar idea contraria. ¿Alguien ha visto postrarse a un runa como esclavo subordinado  o como feligrés dominado por el dogma ante la Pachamama? ¿Acaso no vemos en ese acto el respetuoso saludo a un igual a quien le debemos reconocimiento por lo que nos da? Los brazos abiertos con osadía de los comuneros y runas ante las nieves en el Qoyllur Ritti es una muestra de esa igualdad en el trato entre semejantes. Lo que ofrecemos es respeto ante la magnificente divinidad natural, similar al recogimiento espiritual que describe Arguedas cuando Ernesto ve zumbar y desplazarse a un trompo, un zumbayllu. Si los Apus son nuestros padres y la Pachamama nuestra madre, entonces los cóndores, pumas y amarus son nuestros hermanos, hijos de una sola simiente.

Espiritualidad contemporánea

¿Cómo enfrentar la espiritualidad ahora, cómo desarrollarla, entenderla? ¿Inventamos una iglesia donde no la hubo, fabricamos sacerdocio, símbolos, trajes, seminarios de formación y estudio? ¿Concebimos liturgias, paraliturgias, órdenes religiosas, ritos, redactamos libros sagrados, instalamos concilios y elegimos Willac Umu? No parece ser el camino. Lo nuestro es seguir la huella de las tradiciones y desarrollarlas, recrearlas; en algunos casos copiarlas; las más de las veces, crearlas. Nuestra religiosidad y espiritualidad nace del centro mismo de nuestra humanidad, insertada en un variado universo que consideramos vivo, incluida la roca menos conspicua o el animal solitario que repta en medio de su universo individual. Nuestra espiritualidad no puede estar desligada de una práctica de vida respetuosa del otro, de la otra, del distinto; es adversaria de las desigualdades y de la vida individual desligada del ser social, amigo de la vida comunal, enemigo de la calumnia y la mentira, del hurto y de la ganancia tramposa que pisotea la moral pública y la ética comunal. Nuestra religiosidad es ejemplo de vida que debemos extender como un manto purificador sobre los demás, sin discursos ni liturgias, solo con el poderoso ejemplo de vida y de respeto al semejante, al distinto. Así se extenderá nuestra religiosidad como urdimbre totalizadora de espiritualidad. Espiritualidad que se reconozca asimismo en el otro y que ese otro se haga unidad con uno mismo; espiritualidad que observe en el extraño una expresión acabada de creación natural, por eso superior e igual. En ese proceso la oración se desarrolla con sencillez, se expresa el rezo laico, la visita temporal a la Waca que se asome en nuestro camino; que la ruta espiritual de los ceques, líneas de ética y  moral superior, sea siempre visible. En esos recintos sagrados que son la expresión de la naturaleza, dejaremos un tiempo de reflexión y diálogo con nosotros mismos y con la divinidad que ella representa y seguiremos el camino que nos traza la vida comunal y nuestro desarrollo personal. Recuperemos por eso los principios éticos y morales que son expresión práctica de oraciones permanentes, la ayuda mutua, el ayni con el cosmos, entre nosotros mismos, con el distinto.

Dirigentes espirituales

La espiritualidad o la religiosidad antigua, no es solo Inca, Andina; era dirigida por el soberano máximo, conjugaba en su investidura la dimensión temporal e intemporal del poder. El Inca, jefe espiritual, no era depositario de saberes inmateriales que requerían interpretación teológica; era ante todo ejemplo de vida. El soberano era un Apu en sí mismo, guardián del conocimiento que el universo guarda, del movimiento de los astros, del comportamiento de la Vía Láctea. Su poder emanaba de un acervo cultural cultivado por milenios. Sin embargo, la sistematización precisa, la organización matemática y geométrica de esa sabiduría les correspondía a los líderes espirituales, a los Amautas. Era una realidad que les otorgaba gran poder. La buena marcha del  Tawantinsuyo dependía de la correcta interpretación de las manifestaciones que el universo mostraba en sus distintas expresiones. Lo que conocemos de las reuniones que se suscitaban entre el soberano y el principal sabio-sacerdote en la torre Muyuqmarka nos proporciona la información para entender esta conjunción de poder político contingente y poder espiritual. Los líderes espirituales eran elegido por sus características personales, en algunos casos por su vinculación biológica con el soberano. Establecían su residencia en los principales lugares de culto, el Qoricancha, Saqsay Uma, Pchacamac, Titikaka, y tenían personas a su disposición para organizar la diaria atención de rituales y la observación de los astros y del futuro No constituían una iglesia, no regentaban una liturgia canónica, en cambio sí rituales varios, sí patrones básicos para reverenciar y agradecer a la naturaleza. Era la parte mágica del proceso que se iniciaba en el símbolo, el mito. El mito, era la palabra y la magia, el ritual, el acercamiento concreto, la interpretación de la divinidad.

No estamos entonces frente a una iglesia constituida con clero, parroquias, templos y catedrales. Tampoco observamos la existencia de quellcas, tocapus, quipus, que sirvan de orientación para rituales o pensamientos espirituales. Si enumeramos centros de conservación de figuras divinas o espacios donde se concentraban los rituales religiosos, hallamos los cuatro lugares citados antes. Son la excepción; existieron por la natural necesidad de acumular y conservar tradiciones espirituales, constituían núcleos de cohesión social y política; espacios de visualización del futuro, de interpretación del lenguaje matemático de la naturaleza. No era lugares de masivas peregrinaciones ni tampoco exclusivas escuelas religiosas.

Considero que las particularidades que posee esta concepción hacen que a nuestra fe podamos llamarla panteísmo andino; desligadas de connotaciones paganas, desvirtuado su contenido perverso. Es un panteísmo que reconoce que la espiritualidad está en las actividades cotidianas, en el trabajo, en la producción, en el desarrollo de la familia, en la educación, en el amor. Y, aspecto importante, debe estar en el servicio comunal, la política y en cualquiera de las extensiones que de ella parta.

No iglesias

Entonces, las características de esta religiosidad, de esta espiritualidad, no requiere iglesias, clero, seminarios, vestimentas, códigos, premios y castigos. Nos situamos ante una religiosidad laica, de altísimo contenido ético y moral; praxis de vida, ejemplo de desarrollo humano. Por este camino, entonces, ¿cada ser humano debe ser o puede ser un sacerdote, una sacerdotisa? Sí, cada mujer y cada hombre; laico, desnudos de compromisos exigidos por esa incierta paz celestial que nos depara la eternidad. ¿Cada uno ser orientador espiritual? Sí, guía de vida, ejemplo de moral y ética vital. Desde esta perspectiva, las personalidades elegidas para conducir rituales o dirigir pagos o actividades de reciprocidad o agradecimiento a la naturaleza, no tendrían actividad vitalicia. Tendrían que ser señaladas temporalmente para ejercer estas posiciones, del mismo modo que se señala a los mejores para dirigir nuestras comunidades o poblaciones más extensas. En este punto, debemos de reconocer que es necesario caminar sobre experiencias que se desarrollen en el diario revitalizamiento de nuestras prácticas ancestrales, en la medida en que se expresen praxis contemporánea y concreta.  

Liturgia y muerte

Requerimos, considero, criterios básicos de liturgia, muy generales; después de ellas, cada runa debe determinar su particular camino, dependiendo de su privada relación con la naturaleza y la sociedad, de su íntima concepción de la vida comunal. Lo comunal no mutila la personalidad individual. Cuando nos referimos a los rituales básicos y compartidos, hablamos, por ejemplo, de rituales para la cosecha, siembra, del agua, del inicio y término de las estaciones y de la construcción de edificaciones; rituales de vida familiar y de la unión para formar núcleo familiar. Las concepciones de la vida más allá de la muerte se deben entender como la unidad cíclica que promueve la vida; la muerte como continuidad natural y necesaria del ciclo consustancial a la existencia, por tanto, partícipe del ciclo natural de reproducción del mundo y el universo. Formas de energía que es necesario encauzar y aceptar. Aquella energía que es absoluta, inextinguible y que solo se transforma. Energía que nunca nos abandona y que es necesario reconocerla como parte del diario quehacer.

¿Cómo desarrollar este pensamiento, como difundir estos criterios?

Nos respondemos con otra pregunta. ¿Los cultivadores de espiritualidad deseamos un mundo distinto, anhelamos una sociedad diferente?, ¿Tendrá nuestra espiritualidad alguna influencia en el diseño de esa sociedad futura? Consideremos respuesta afirmativa en todos sus términos. Entonces ¿cuál es el modo en que esta espiritualidad puede influir? Solo hay una. Ejemplo, difusión, activismo, motivación en otros, actitudes para la acción; ser centros de irradiación de pensamiento, de compromiso con la reactualización de nuestras ideas y espiritualidad.

¿Cómo armoniza una organización naciente, naturales y diversos criterios de sus miembros? Apelando a principios ancestrales: paridad, complementariedad, relación, correspondencia, la unión de lo divergente. Que nuestro pensamiento, que se basa en el respeto a la diversidad, permita cobijar distintos puntos de vista y ejercer cada uno de ellos la acción que más se acomode a su temperamento y motivaciones personales. Unos, acentuarán su actividad social, comunal, otros la espiritual. Consideramos no solo útil sino necesario lograr consenso en torno a este principio básico de la convivencia andina, lograr que las opiniones discrepantes concuerden en que es la única manera de crecer y permanecer. Podría hacerse realidad siguiendo los principios de conducción andina compartida, una dirección colegiada: Hurin  y Hanan; que unos hagan el papel de los antiguos Amautas y otros el rol que jugaron los soberanos. Tomemos al  mando un básico principio de vida nuestra: la complementariedad, no solo legitima sino necesaria.

Todo lo que durante siglos ha sido protegido, conservado, ocultado, nuestros hábitos y costumbres que durante siglos han cobijado hombres y mujeres; el mantenimiento de la fortaleza de nuestra cultura, ¿tenemos el derecho de solo compartirlo entre nosotros, entre nuestras familias y allegados, dentro del pequeño círculo que sabe y entiende nuestro lenguaje? ¿O lo extendemos hacia el conjunto de la sociedad que camina desorientada, sin rumbo, sumida en valores que no han contribuido nunca a hacer de nuestro espacio, de nuestro suelo, un lugar digno para vivir? ¿Acaso no es un mandato de nuestras conciencias, de nuestro deber con nuestros hermanos, que conozcan lo que aún somos, que sepan que nuestro suelo entero conserva, muchas veces sin saberlo, mucho de lo que nosotros somos y pensamos? Se trata de una reflexión que se orienta a abrir nuestras puertas y ventanas a la sociedad que no nos conoce y que, sin embargo, es el reflejo de lo que nosotros somos.

III Hatun Tinkuy. Cusco, agosto de 2019.