Protestas y presencia mapuche en Chile

Variadas lecturas provocan las protestas en Chile. Me ocupo de dos aspectos enlazados: el modo en que han sido afectadas las plazas públicas y monumentos en todo el territorio chileno y la orientación y sustento político que estas intervenciones han tenido. En el contexto de estas decisiones, comentar después la presencia del pueblo y la cultura mapuche y su influencia y participación en sucesos de un profunda significación simbólica: el derribo de imágenes consideradas distintivos de la nacionalidad chilena. Mancillar figuras que han encarnado por siglos el dominio criollo o la victoria de los invasores sobre los pueblos originarios y su sustitución por imágenes de los vencidos no es un signo marginal de la evolución política de los ciudadanos, sino la expresión de un inédito proceso de desarrollo ideológico que nos hace vislumbrar la insurgencia de una propuesta alternativa de sociedad que no emerge esta vez exclusivamente en la lucha de clases sino en la contienda cultural. Se trata de un desacuerdo que desborda el reclamo sectorial y cuestiona las bases mismas de la dominación. Detrás de estos actos se observa el crecimiento de una idea de nación asentada en valores y principios que tienen su origen en tradiciones nacionales, germinadas a partir de los girones de una sociedad avasallada y vencida en la contienda bélica y victoriosa en la contienda cultural. Es Lautaro y Caupolicán imponiéndose sobre Pedro de Alvarado y Luis Emilio Recavarren.

El significado e importancia de las estatuas derribadas o afectadas equivalen en el Perú a deshonrar a Miguel Grau o Francisco Bolognesi como también a Francisco Pizarro, y reemplazarlas por imágenes de Manco Cápac, Pachacútec o Manco Inca. De ese calibre y profundidad son los eventos que aquí comentamos.

Se cuentan 329 monumentos públicos afectados por las manifestaciones en los meses de protestas. En ciudades principales de todo el territorio nacional, en especial Santiago y Valparaíso, fueron convertidos en murales de escuetos y radicales mensajes políticos, además de usar sus estructuras para sostener nuevos nombres, nuevos símbolos. Según el catastro del Consejo de Monumentos Nacionales, 24 se han perdido por completo y han sido retiradas o reemplazadas. El organismo estatal que administra los monumentos ha anunciado que la recuperación de estos espacios públicos exigirá una inversión de más de $3.600 millones en la reparación de 44 plazas del país.

Veamos un recuento breve de los monumentos afectados.

En la comuna de Santiago vandalizaron la estatua de Diego de Almagro.

Diego de Almagro

En Temuco fue derribada y arrastrada la figura del héroe de la Guerra del Pacifico Arturo Pratt Chacón. Acabó como elemento de contención en la barricada de ese día.

Arturo Pratt

En el extremo sur, Punta Arenas, se destruyó la figura de José Menéndez, ganadero español y fundador de la ciudad austral. Se le responsabiliza de ser el autor del aniquilamiento de la etnia Selknam. La inscripción que dejaron los responsables lo explicaba: Asesino, José Menéndez, genocida. Los restos fueron llevados a los pies de la estatua del Indio Patagón, figura de los indígenas que habitaban esa zona antes de la llegada de los invasores. 

José Menéndez

En La Serena, 450 kilómetros al norte de la capital, los manifestantes retiraron un monumento del español Francisco de Aguirre y en su lugar instalaron la escultura de Milanka, en homenaje a la mujer de la cultura indígena diaguita. La estatua fue fabricada por alumnos de una escuela del lugar en papel y cartón. Dato de la lucha cultural: la estatua fue quemada después por desconocidos. La comuna discute ahora los caminos a seguir.

Milanka. significa mujer en lengua diaguita.

Manifestantes encapuchados en el centro urbano de Temuco derribaron la estatua de Pedro de Valdivia. Celebrando el derrumbe había personas vestidas con el tradicional poncho y cintas para la cabeza del pueblo indígena mapuche. Al caer la estatua del conquistador español del siglo XVI, comenzaron a pisotearla y a golpearla con palos de madera. También en la ciudad de Concepción, fundada por Valdivia en 1550, una multitud derribó el busto del colonizador para empalarlo en una estaca y quemarlo a los pies de otra estatua, la del jefe mapuche Lautaro, su histórico rival.

En la cercana ciudad de Collipulli el busto de bronce del general Cornelio Saavedra, conocido por liderar la sangrienta «pacificación» de las tierras mapuches en el siglo XIX sufrió un destino similar. En la página  de facebook  Kizugûneutun Independencia, se podía leer lo siguiente:” Informamos que en un acto de justicia la estatua que hace homenaje a uno de los peores asesinos del pueblo mapuche, Cornelio Saavedra fue destruida en la plaza de Collipulli. Este sujeto es el autor intelectual y material del asesinato masivo de millones de mapuche durante la mal llamada “pacificación”,  familias enteras fueron masacradas bajo sus órdenes como jefe del ejército chileno en wallmapu, hasta el día de hoy el estado chileno le reconoce como méritos las atrocidades cometidas por este winka y lo homenajea con estatuas y nombres de pueblos”.

Milanka y bandera andina.

En Temuco, 680 km al sur de Santiago, se dio un acto de gran significado político: la decapitación de la figura de Diego Portales, fundador de la ciudad. Su cabeza terminó colgada del brazo del guerrero mapuche Caupolicán, a cuya estatua también le añadieron la Wenufoye (bandera mapuche). Horas después, la cabeza del ex ministro y principal ideólogo de la Constitución de 1833 y personificación del ser nacional chileno, colgaba de la mano izquierda del toqui mapuche Caupolicán. Abajo rezaba la frase “Nueva Constitución o nada”. Aquí mismo, en Temuco, espacio de gran influencia cultural mapuche, se removió el busto de Pedro de Valdivia, fundador de Santiago y principal conquistador español que murió en manos de la población ancestral. La cabeza de la escultura fue colgada en la mano del guerrero Caupolicán, mitico representante de la resistencia indigena.

La cabeza de Pedro de Valdivia en manos de Caupolicán.

En Arica, en el extremo norte del país, se destruyó una escultura en piedra de 1910, del navegante italiano Cristóbal Colón, por mucho tiempo considerado como el «descubridor» de América.

Y aquí una acción ejecutada en el centro de Santiago el último día del año 2019. Ese día un grupo utilizó cuerdas y herramientas para intentar derribar el monumento del general Manuel Baquedano, mientras era observado en directo por miles de usuarios de las redes sociales. Su figura se conservaba en este lugar desde 1927. El mismo, después de la guerra vivió en las inmediaciones y se paseaba entre el aprecio de los vecinos. El héroe fue gestor decisivo en la victoria del ejercito chileno sobre las fuerzas peruanas y bolivianas en la denominada Guerra del Pacifico.

El general Baquedano, héroe de la Guerra del Pacifico.

Otro espacio público afectado fue la Fuente Alemana, homenaje de la importante colonia europea en 1910. Para muchos observadores la mejor escultura que existe en un espacio público chileno. Su ubicación: la misma zona del epicentro de las protestas en Santiago.

La mirada de la memoria. Detalle de la Plazuela Alemana

Como vemos, los monumentos más afectados han sido figuras de la invasión europea y militares chilenos. Pero, ahondando en el análisis, no es arbitrario mencionar que son actos que cuestionan el ordenamiento constitucional y poseen claro tinte antimilitarista y médula anticolonial y muestran un nivel de conciencia distinto al observado en manifestaciones anteriores del pueblo chileno. No se han tratado de protestas solamente gremiales sino del cuestionamiento político a la insensibilidad de una oligarquía que explota y oprime a capas medias y bajas de la población. Las masivas manifestaciones han demostrado el desarrollo de un nivel de conciencia mucho más agudo que las anteriores. Es la recusación a sectarios procesos de privatización y a acuerdos de libre comercio, que han desprotegido a la economía nacional y generado desigualdades económicas y sociales.

Antes de continuar, veamos la composición demográfica del pueblo mapuche. Según el censo de 2018 son 1.745.147 personas, equivalente al 9,9 por ciento del total de la población chilena. En la región Metropolitana se ubican  614.881 superando a la región de La Araucanía en casi 300 mil habitantes. ¿El resto?, en el exterior. Le siguen los aimaras con 156.754 personas. Los diaguitas, por su parte, ocupan el tercer lugar en esta categoría, con 88.474 personas. La supervivencia de pueblos de esta naturaleza solo se explica a través de la densa y milenaria cultura.

Aparece algo novedoso: la recusación contra una dupla que no había sido tocada antes en pareja: el autoritarismo oligárquico-militar. Aparece aquí la sombra del cuerpo mapuche. Aucán Huilcamán, líder de su pueblo, señala: Son el contexto general que hoy en día, el pueblo chileno y el pueblo mapuche no aceptan . Se trata de un perfil político inédito: interpelación al núcleo del poder político. El mismo Huilcamán definió las causas de las actuales tensiones y controversias que viven los chilenos y los pueblos indígenas: un modelo económico que genera desigualdad en las diferentes esferas de la sociedad; la celebración, a partir de la dictadura militar, de acuerdos de libre comercio; y un ordenamiento jurídico basado en una Constitución elaborada por el régimen de Augusto Pinochet

En lo más alto, bandera mapuche.

¿Hay otra esfera de análisis? Sí, la hay. Las declaraciones que se escuchan no se acercan aún a una escala más elevada: decidir que el punto nodal de la lucha política es cuestionar el modelo civilizatorio mismo, es decir, poner al mando de la sociedad chilena el pensamiento mapuche, el ideario, la ideología, la filosofía mapuche. Enarbolar esta plataforma nos extrae de la sombra que es ya Lo Mapuche y nos ubica en el cuerpo integro de su ser y su cultura; en sus ancestrales banderas de reivindicación, que privilegiaban la supervivencia de su cultura, y la encaminan a un liderazgo nacional que desplace el poder y los valores criollos, base de la organización social y política del chile actual. Es algo que tomará tiempo, porque transitar de lo gremial-étnico particular a sustentar un programa nacional requiere condiciones que ahora los mapuches no poseen todavía. Hay cierta distancia aún. Es un trayecto que no solo deben hacerlo individualidades mapuches, sino el pueblo todo. Reconozcamos sin embargo, que la plataforma política del ancestral pueblo ha ingresado a ser parte del imaginario popular chileno. La centenaria resistencia del pueblo mapuche está viviendo de cerca el inicio de un gran nuevo horizonte cultural que les exige ponerse a la cabeza de la sociedad y conducirla a un gran proceso de transformación que no pase por la fundación de ninguna segunda o tercera república ni por la redacción de una nueva constitución, sino por la sustitución del modelo civilizatorio mismo. Pero todo a su tiempo.

Son hechos que nos conmueven y nos conducen a pensar el atraso que tiene el pueblo ancestral peruano. La periferia del gran mapa indígena avanza mientras el núcleo antiguo se rezaga. Es clara la razón: nosotros si aceptamos la desindigenización. Nosotros fuimos ganados por la vergüenza. Hay que revertirla e instalar nuestras plataformas reivindicativas a la par de lo alcanzado por Lo Mapuche. Es la gran tarea.

Los mapuches, 500 años después. Aquí están, vivos, creando.

Nunca vencidos por los Incas ni por españoles, los mapuches hoy están imponiendo políticamente su visión del mundo ante la multitud de la ciudadanía chilena, criolla por antonomasia, y logrando que ella repare en las reivindicaciones de su pueblo ancestral y reconozca que su reclamo yace en el fondo de sus propias reivindicaciones y que luchar junto a Caupolicán es hacerlo por todos los chilenos. Seguramente que para muchos esta intromisión de los marginales mapuches en el escenario por siglos propiedad de los criollos chilenos es preocupante. Es un temor infundado porque se trata de hacer cotidiano el respeto a la pluralidad cultural y a la naturaleza; reconocer que el trabajo no es una maldición y que la riqueza natural de la geografía chilena es para todos y que hay una forma distinta de vivir y producir, de ser humanos, distante de los preceptos civilizatorios occidentales. Dejemos la preocupación en manos de la oligarquía chilena y su alianza con los mandos más altos de las fuerzas armadas.

Elevada concepción de sí mismos. Sobrepasaron lo indígena, son Mapuches.

La larga marcha tiene largamente más de 500 años. No hay prisa para seguir en la lucha y aguardar la construcción de una sólida estructura política, de un programa nacional; el ideario lo tienen por siglos. Se tratará de una plataforma que integre a la sociedad chilena en un solo gran proyecto nacional, plurilingüe y plurinacional. Una realidad que reconcilie pueblos hermanos de otras nacionalidades y se reparen daños sociales provocadas por guerras ajenas. Será el momento de las indigeneidades del gran continente Pachamama.

Dos pueblos-etnia dan orientación política a los demás hermanos del continente. Los mayas zapatistas de México-Yucatán y los Mapuches al sur del continente. Constituyen el núcleo más avanzado políticamente, han logrado integrar cultura y política, etnia y propósitos integrales en la conformación de una sociedad alternativa a la inviable sociedad criolla. Hay que estar atentos para observar el camino que transiten.

Andinos y Mapuches, un solo pueblo.
Andinos y Mapuches, un solo pueblo.

Nota: En algunos pasajes se ha copiado información periodística internacional. Los testimonios gráficos tienen la misma procedencia. La letra cursiva señala citas textuales.

Qué es ser indígena hoy

Contexto

Largo e inagotado debate sobre la palabra indígena. Ha sido distintivo de vergüenza, arrojadiza arma de agresión y de separación, modo ejemplar de objetivar el Ellos y Nosotros; junto estas controversias cada día va recuperando espacio de orgullo, cada vez más es expresión de solidaridad y de reencuentro.

Es vocablo acuñado por los invasores españoles que dispusieron del término por la influencia del pensamiento griego que lo usó para señalar al extranjero, forastero inferior. Está en sus clásicos, desde los albores de la civilización occidental. Pasó al latín sin sustanciales variaciones etimológicas para señalar a alguien que es de allí y, por extensión, primitivo habitante de un lugar, nativo. Es un sonido que connota orígenes, nacimiento, como lo señala la raíz indoeuropea gen: parir, dar a luz, contenidas en palabras como engendrar, gen, genealogía.

Su uso en español data del siglo XVI. La emplea el sacerdote Juan Ginés de Sepúlveda en cartas fechadas en 1532. Este decisivo y poco conocido personaje de nuestra historia fue el teórico que le otorgó inicial justificación ética y moral al genocidio y despotismo de la invasión. Hizo parecer legítima una acción ilícita e ilegal. Es el poder de la palabra, de la retórica, que puede construir universos sobre fantasías y falsas verdades. Con modificaciones sofisticadas, sobre sus páginas se edifica la hegemonía ideológica imperante; su crudo pensamiento sigue ocupando lugar en el reino de la exclusión y pureza étnica de fantasía. Entre sus argumentos usó uno que ejemplifica bien sus básicos postulados, le sirvió para relacionar a indígenas con monos: Bien puedes comprender – menciona en una de sus cartas – si es que conoces las costumbres y naturaleza de una y otra parte, que con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres.

Su opositor Bartolomé de las Casas, adversario superior en muchos aspectos, tampoco fue clementisimo con los indígenas. Sostenía que eran bárbaros porque no tienen literatura y porque inculpablemente son infieles. Subrayemos: fuimos clasificados de bárbaros por carecer de literatura y de religión cristiana. Comprendamos su ignorancia, desconoció la literatura indígena y la escritura pictográfica y otras formas de comunicación, además de las avanzadas formas de espiritualidad. Reitero, sobre estas páginas y textos se asienta la literatura y narración que justifican la dominación. Extensísima, inacabable, tanto como vacía de contenido cierto; utilísima para legitimar cárceles y la barbarie, también el exterminio y la exclusión. La contemporánea definición de peruanos de primera y de segunda calidad proviene de esa cantera. Es la razón que explica la indiferencia ante los miles de indígenas asesinados en los años de violencia. El setenta por ciento de los miles de muertos provienen del espacio indígena.

Dominio ideológico

Imposible ignorar tan densa y pesada estructura conceptual. Contribuyó a lograr que la población dominada interiorizaran como autoimagen la imagen que los colonizadores tenían de ellos y, al mismo tiempo, que interiorizaran como imagen de los colonizadores la que estos tenían de sí mismos. La destrucción de la orgánica e íntima estructura del ser andino señala el dominio político y cultural de Occidente; la transitoria derrota ideológica. Una vez que los textos se expresaron la soldadesca y los jurisconsultos hicieron el trabajo de dominación restante. Publicada la narración, que disparen los cañones y se redacten leyes. Fue, y es, tan poderosa esta fabulación, que desvalorizó de manera tal la calidad humana de la gen constructora de Chan Chan, sol resplandeciente en quingnam, de Kuelap, Kalasasaya, Sacsayhuamán, que pocos, muy pocos, aceptaron ser indígenas en términos extremos e integrales. Se mantuvo, claro, una disminuida reserva homogénea que sostuvo su identidad usando medios extremos y variados: el silencio colmado de paciencia y también odio, cerrazón de lo íntimo a la mirada extraña, violencia activa y pasiva, elaboración de apariencias, procesos judiciales, identidad aparente con los dominadores. El suicidio personal y masivo fue también una eficaz medio para librarse de la opresión. Para la mayoría de la población la vergüenza de ser indígena fue tan inmensa que los políticos con poder para hacer y deshacer leyes, en primerísimo lugar Bolívar y en destacada ubicación Velasco Alvarado, promovieron leyes que facilitaron el doloroso tránsito de indígena a campesino. El mestizaje a un paso de ser conseguido; adiós universo denostado, adiós idioma, vestido, comunidad, música, espiritualidad: ingreso al vacío, a un nuevo mundo por construir. Destruido, inútil como fuerza social creativa, deformado para las ciencias, marginal, desfigurada imitación de la imitación, eunuco ideológico. Es el paso bajo el gran pórtico de la moderna inclusión social. Con distintas denominaciones se ha tratado este proceso. Es el centenario camino andado desde el genocidio de Cajamarca a la desarticulación de los ayllus; de las reducciones indígenas a los poblachos; de la comunidad indígena a la campesina; de campesino a la sociedad mestiza. Se facilitó de tal modo la supresión de lo indígena y la transferencia ulterior que el solo acto de despojarse de la vestimenta tradicional y usar el traje occidental resultó la acreditación suficiente para devenir en mestizo. El mestizaje es creación contemporánea; denostado por Waman Puma, y elogiado por Garcilaso, fue, en general, desconocido por siglos como medio de integración social; se impuso sin apelaciones la república de indios y la republica de españoles. Tuvieron que pasar algunos siglos de rebeliones e insurrecciones que avizoraban desbordes incontrolables de lo indígena, para revisarla y ser utilizada como ejemplo de perfecto constructo y convertirse en el invento ideológico, social y político más exitoso de los pensadores de la dominación. Es idea acabada, perfecta, instrumento de salvación para superar la vergüenza y la exclusión extrema; carece de aristas indeseables. ¿Quién puede oponerse a las mezclas que prometen vida nueva y esperanza de resurrección? Aun cuando uno entregue lo telúrico, la geografía y biología y el otro la cultura, el idioma, ideas y dioses. Lo dice V. A. Belaunde, clarísimo. Es razón para que en el proceso de inclusión se deba dejar fuera de la integración todo aquello que perturbe la estabilidad de la desigualdad ofrecida: idioma, dioses, vestido, lenguaje, música, las relaciones comunitarias entre humanas y animales, la distinta relación con la naturaleza, hábitos y costumbres. Hay elaboraciones teóricas de éxito semejante en el mundo: América para los americanos, destino manifiesto, pureza racial, pueblo elegido, dictadura del proletariado, utopía arcaica, etc. Con el tiempo se han ido multiplicando los puentes para conectar el pantanoso y desprestigiado territorio de la indigeneidad y el edulcorado escenario del mestizaje. Pasado el cribaje inicial pocos arribaron al lugar central de la elaboración teórica; millones aguardaron, y aguardan, en los extramuros de la pequeña ciudadela procesando su integral proceso de decoloración; la aprobación de pulcro blanqueamiento es complicado, siglos de biología aclimatada a la geografía es difícil de ocultar.

Fue, es, tan vasto el dominio ideológico que construyeron los intelectuales de la dominación, la Generación del 900 con José de la Riva Agüero en la brillante dirección, que lograron infectar los predios del principal pensador marxista nuestro que, al tiempo que elaboraba cuestionamientos al orden establecido también producía fórmulas de inclusión social del estamento indígena a la civilización occidental bajo un título en apariencia inocuo e inofensivo: El problema indígena. Aún ahora, modernos pensadores de esa corriente, siguen usando la añeja formulación y desarrollando teorías de colonialidad cuyos efectos negativos deberán ser subrogados nada menos que por los miembros de la misma colectividad social y política responsables del engendro; claro que no, la descolonialidad no puede ser manejado por las victimas visibles de esa colonialidad teorizada: no por los campesinos, menos por los indígenas, no faltaba más. Pequeño garlito que hace inviable todo el proceso. Añadamos algo a la moderna teoría: pretende hacernos ignorar que el indígena Waman Puma fue el primero en denunciar y dar forma teórica a la injusta colonialidad. Muy temprano denunció la invasión y el mestizaje y alegó en favor de la devolución de las tierras a los indígenas y abogó por la generación de un Estado autónomo dirigido por ellos mismos. Allí está para verla, original teoría de la descolonialiadad.

Ocurre que en estos tiempos las tradicionales formulaciones criollas se enfrentan a un inconveniente: hay teóricos y teoria del otro lado, de la otra orilla; hay saber acumulado, suficiente para decir: Nunca fuimos un problema y somos la solución o parte de la solución; no aceptamos ninguna forma de inclusión social que no sea mutuamente incluyente; no hacemos nuestra ninguna forma impuesta de modernidad occidental; exigimos autonomía económica, social y política; exigimos un Estado plurinacional y pluricultural. Estamos en aptitud de concluir una etapa de construcción de la Nación, de conducir el Estado, uno de todas las sangres y dirigida por la sangre ancestral. Tal es ahora nuestro nivel de desarrollo teórico, tal el estado de nuestra narrativa.

Pero sigamos con el pensamiento de la dominación. La hegemonía ideológica penetró tan profundo en las mentalidades de todo cariz que miles de peruanos seguimos luchando por encauzar nuestras herencias culturales y étnicas por caminos identitarios más acordes con la diversidad y la equidad social. La preminencia impuso en el sentido común considerar que la única alternativa para el desarrollo y la construcción de una sociedad modélica pasaba, pasa, por la extinción del hirsuto primitivismo y por exterminar la rémora tribal que tiene su fuente inalterable en la población ancestral. Es postura que considera natural imponer la homogenización de la sociedad bajo el absoluto y único manto occidental, al punto de llevar a nuestra sociedad a un blanqueamiento total y a la implantación de un solo idioma, de una sola concepción espiritual y, por qué no, también una sola forma de vestir y crear música. Una sola tribu: la occidental y cristiana. Los reclamos han sido prácticos, violentos, de pocas letras. La ausencia de respuesta teórica, orgánica integral, no fue debida a nuestra cercanía a los monos carentes de alma, sino porque nuestros universos narrativos no se pueden expresar en el idioma de la dominación. Lo nuestro es pictográfico, de nudos y símbolos y tokapus. Difícil alcanzar la destreza que nos exigen para expresarnos en castellano u otro idioma occidental cuando nuestros pies y alma viven en territorio ancestral. No es lo nuestro. Garcilaso lo pudo lograr porque sus orígenes lo vincularon temprano a la cultura dominante hasta convertirse en un prosista cuya riqueza idiomática y tersura y melodía de su lenguaje lo hacen acabado modelo para literatos de cualquier latitud. El lenguaje de Waman Puma es, en cambio, ríspido y bronco como le corresponde al habitante de un territorio diglósico. No obstante, sus expresiones gráficas superan con creces sus dificultades en el habla escrita; en él tenemos la expresión más avanzada de comunicación pictórica asentada en nuestras tradiciones. Otro personaje, Juan de Santa Cruz Pachacuti, indio en el umbral de lo quechua y aimara, sin rostro ni perfiles personales, aún desconocido o infravalorado y también con dificultades en el empleo del castellano, nos ha legado los vestigios más importantes de la religiosidad andina. Sus dibujos sobre la espiritualidad antigua son más expresivos que su prosa desarrollada entre dos lenguas. Son dibujos de complicado entendimiento; de cortas señales religiosas, es cierto, pero suficientes para atisbar que, en el silencio, yace oculta aún la alta religiosidad andina; superior a la pedestre, burda e ignorante y colonizada manera de observar y comprender los paradigmas de la espiritualidad antigua. No olvido a José María Arguedas, de linaje indio; produjo textos que son expresión de la continuidad de nuestra milenaria cultura. Esta vez destaco su traducción de los textos religiosos de la etnia asentada en el valle de Yauyos. Dioses y hombres de Huarochirí es el hermoso nombre que reúne aquellas antigüedades. Dos mil quinientos años de historia espiritual reunida en sus páginas. Una especie de libro sagrado para los andinos. Su contenido nos acerca a una altísima espiritualidad y a un reino mítico-mágico-real donde dioses y humanos convivían en armonía. Hay luz, lumbre muy antigua en este camino.

Hay también una forma sencilla de entender la clara equiparidad de alto contenido espiritual entre los dogmas cristianos y andinos. Sus contenidos milenarios hicieron más fácil la comprensión de los principios importados y, sobre todo, sus liturgias seguramente de gran similitud con las coreografías usadas en nuestras antiguas manifestaciones religiosas, presentes no solo en ceremonias especiales sino en la acción cotidiana y sencilla, porque para los andinos-indígenas el rito es parte de las relaciones humanas más elementales.

Lo indígena

Cuál es el camino en torno a lo indígena?, ¿la campesinización es un hecho irreversible? No obstante las críticas al término considero que es una tarea ineludible recuperarlo para nosotros. Hacerlo reversible y dotarle de significados distintos, reivindicarlo, expropiarlo para el uso diario, con altivez y orgullo genuino. Dejar al adversario con el propósito deslegitimador, con el esqueleto del término, en incapacidad de usarlo como arma ofensiva. Sobre esta denominación se levantan los restos de una civilización que hay que retomar desde sus cimientos y escombros más remotos, también desde sus logros y vitalidad contemporánea, desde sus transformaciones. Cualquiera puede ser campesino, basta poseer un espacio de terreno agrícola, pero no todos pueden ser indígenas. Él lee en las estrellas, entiende el lenguaje de la naturaleza, vive en hermandad con ella, en comunidad con sus semejantes. Desde su territorio se hace agricultura de la diversidad, crecen hatos de camélidos con distintas coloraciones y que se reflejan en la Vía Láctea; se defiende el bosque amazónico y la riqueza cultural de sus habitantes ancestrales; se lee el mensaje del Universo y se entiende el mensaje de la chakana ancestral y de los templos circulares y cuadrados. Desde lo campesino puede reinar Monsanto, el monocultivo, la depredación, la aceptación de una minería destructora.

Habrá un momento posterior en que las definiciones étnicas y culturales se den por valles y reductos geográficos: reverdecerán lo quechuas, aimaras, pokras, tallanes, huancas, shipibos, conibos, huanca willcas, paucartambos, chimús, nazcas, tarapacas, dieguitas, tiahuanacos, etc. Será otro tiempo, aun inalcanzable desde aquí, no aún desde nuestras debilidades. Antes, formemos asociaciones comunales, distritales, provinciales, federaciones nacionales. Bolivia y Ecuador, que no sufrieron los embates de los narradores homogenizadores, nos señalan el camino. Somos unidad con ellos.

Ser indígena ahora no equivale a calzar ojotas o ajustarse al cuerpo un poncho de lanas multicolores o masticar la hoja ancestral, no, también comprende ser honesto en el trato con nuestros semejantes, no mentir, no ser ocioso ni considerar el trabajo como una maldición divina. Es también entendernos como parte unitaria con la naturaleza, aceptar que no estamos en la cúspide de la creación sino ocupando un lugar igualitario con cualquier otro ser vivo. Consideramos que la materia evaluada inerte también es portadora de vida. Física cuántica, dixit. entendemos que todos los estamentos de la naturaleza tienen un lenguaje que es necesario comprender si deseamos vivir en armonía.

Ser indígena es aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones. Admitir los hechos naturales como parte de los procesos que la naturaleza impulsa para conservar la vida y la diversidad y comprender que un mundo que discurra solo por un camino va en el sentido de la extinción. La naturaleza toda es expresión de esa diversidad. Aprendamos de ella.

Ser indígena es apreciar la vida comunal como la básica unidad de multiplicación social. El individuo sin sociedad comunal es un eunuco múltiple. La satisfacción social, y no personal, es la base de una convivencia pacífica y duradera. El uno, el solo individuo, como eje de la vida social, está conduciendo a la civilización occidental a su extinción y, junto con ella, a la especie humana.

El indígena tiene por norma en su vida social, y también política, los siguientes siete preceptos: dirigir obedeciendo; representar y no suplantar; bajar y no subir; servir y no servirse; convencer y no vencer; construir y no destruir; proponer y no imponer

Apreciaciones finales

El ultimo censo nacional nos proporciona cifras reveladoras y alentadoras: el 22% de la población nacional se declara quechua. Si lo unimos a los aimaras la cifra sube a 24.8%. Sumando a los Afrodescendientes y Otros, que incluyen a la población amazónica, la cifra es del 33.9%. Organizamos de este modo tres segmentos bien definidos: mestizo 60.2%; minorías étnicas 33.9%; Blancos 5.9%. Sin profundizar en demasía comprobamos que estos estamentos, por lo menos el tercio étnico carece de representación política autónoma. ¿Qué idea étnica explica lo Mestizo? ¿Podemos considerar que la notoria mayoría de ese estamento tiene raíces ancestrales? ¿Qué conceptos de sociedad cultivan? Considero que se encuentran más cerca de lo nativo que de lo occidental. En fin, podremos elaborar conclusiones más acabadas con indagaciones que seguramente harán investigadores nacionales; mientras tanto, no creo equivocar mi juicio si los considero aliados de las ideas y de las formulaciones que se originan en el campo andino, indígena. Es este el contingente humano que el país tiene después de más de cinco siglos de dominación y de exterminio y cercamiento. Podemos decir con suficiencia Kachkarinaqmi.

Autoidentificación étnica
AutoidentificaciónPorcentaje
Mestizo  60.2 %
Quechua  22.3 %
Blanco  5.9 %
Afrodescendiente  3.6 %
Aimara  2.4 %
Otro  5.6 %

¿Se puede ser indígena y también habitante urbano? Sí, existimos los indígenas urbanos.

¿Es posible usar terno y corbata y conservar la identidad indígena? No hay oposición, la identidad es un ropaje interior.

¿Hay incompatibilidad entre usar el castellano para comunicarnos y ser indígena? Ninguna, son los indígenas de habla castellana.

¿Se puede ser indígena y conducir adelantos tecnológicos occidentales? Sí, categóricamente. Nuestra riqueza cultural nos permite mantener nuestros principios y usar tecnología extranjera.

¿Ser indígena significa manifestarnos como enemigos de otras expresiones culturales? De ninguna manera. Procedemos de una civilización que se construyó en la diversidad. La nuestra ha sido, es, una civilización de culturas diversas integradas por un sentido compartido de civilización. Las pruebas quedan ante nuestros ojos; la diversidad de las culturas ancestrales desfilan ante nuestros ojos.

¿Los indígenas no deseamos el desarrollo, la modernización? No, es falsa tal afirmación. La deseamos adecuada a nuestra cultura y nuestros valores. No impuesta, aceptada desde los cimientos de nuestras costumbres y credos.

¿Se puede ser étnicamente Blanco y ser indígena? Cierto. José María Arguedas por su contextura física podía ser visto como un exponente de la cultura criolla y era indígena, chanka, por propia definición. Los Morochucos de Ayacucho son otra muestra. De apariencia blanca, indígenas en sus expresiones culturales. Los Yungas, afrobolivianos, son otra muestra impactante.

Es posible asumir la identidad indígena? Muy cierto, la identidad es una decisión. La mayoría de peruanos que se han declarado quechuas o aimaras en el último Censo, aproximadamente seis millones, seguramente han transitado el camino de asunción de su identidad. Facilita la herencia cultural o biológica para afiliarse a una identidad, pero no es requisito indispensable. Es un proceso lento y difícil. La carga ideológica es un escollo difícil de vencer, por eso paulatino, con marchas y contramarchas, pero luego de decidirlo encontramos resuelta la contradicción del Superyo artificial con el Ello de las pulsiones básicas, que recién se armonizan en un Yo auténtico, real. La identidad final tiene que ser contextualizada en un espacio geográfico más amplio: Enuncio la mía: habitante del Continente Pachamama, andino, peruano, de la etnia quechua de habla castellana. Distingo al andino boliviano y al andino ecuatoriano.

¿Deseamos la destrucción de toda forma civilizatoria distinta? No, postulamos una nueva civilización que deje atrás las deformidades que ha traído la civilización occidental a nuestro suelo. Hay valores universales que provienen de esa civilización que es necesario recuperar. Pero ella ha demostrado su incapacidad de conducir este territorio y sus habitantes hacia formas organizativas que nos permitan afirmar que compartimos una nación, integrada, diversa, unitaria.

Arguedas: medio siglo de su desaparición

Se oye mencionar, con desacierto, que es débil el ejemplo personal y exiguo el mensaje social que recibimos de los suicidas; argumentan que se trata de un acto de cobardía que abdica frente a la dificultades que todos tienen la obligación de enfrentar y superar con hombría y valentía. Condenan el acto y esterilizan los efectos positivos de una existencia que tuvo el propósito de transformar las incongruencias o inequidades del mundo. Hay también exceso de contenidos religiosos en el juicio adverso. Donde se acepta que hay omnisciente presencia creadora nadie tiene el derecho, se arguye, de truncar el destino predeterminado que el fundador de vida tenía señalado para el suicida. Sabemos que se trata de un juicio sesgado por lo inaprensible, que juzga una vida claveteada de objetiva y superior humanidad.

Hermano.

Todas son, considero, opiniones miopes y cegadas por el instante transgresor; el trágico momento trastoca y distorsiona el universo que contiene la biografía del ser humano que extinguió su vida por mano propia luego de haber internado su existencia en las profundidades de conflictos y preocupaciones que trascendían largamente emociones personales y que nunca estuvieron enajenados del propósito de crear y organizar vida, nunca apartado de conflictos sociales y personales que emergían de la ríspida e inhumana comunidad que los cobijó.

Kachkaniraqmi.

Hay siempre coherencia entre el pasado del suicida y el acto que explica, de modo limpio e inapelable, que han abandonado su disposición a seguir trajinando un territorio exento de valores congruentes con nuestra escala humana y que será mejor por el acto de inmolación y de rebeldía extrema que consuman. La insumisa decisión transforma una llamarada de vida y la hace portadora de un resplandor que iluminará para siempre caminos y conciencias. Es un suceso tan particular y único que la palabra que la describe no posee sinónimo que la reemplace con similar eficiencia. Sui, de sí, a sí y Cidium, acto de matar, carece de equivalencia que la iguale en significado; tal es su magnitud como acto irremplazable. Episodio único e irrepetible que señala un derrotero inapelable, generador, por eso, de silencioso respeto, de ambigua comprensión, también de callada reverencia que hace tornar nuestra insegura mirada hacia los profundos pliegues de nuestros propios desencuentros en busca de neutralizar ocultos gatilladores que acechan la pervivencia de nuestros principios de vida, siempre en conflicto con las incongruencias de la existencia.

Los suicidas sociales comparten biografías, por eso hallamos derroteros semejantes entre José María y los actos finales de Salvador Allende o del mismo Sócrates, de Cesare Pavese y de Luis Emilio Recabarren. El suicidio reciente de un líder aprista es un inmejorable ejemplo para diferenciar el significado social y político de una autoeliminación destinada a suprimir un pasado vergonzoso de otro orientado a desbrozar el camino a multitudes.

Entropado con su pueblo.

La biografía de Arguedas y su muerte forman unidad inalterable, que duda cabe. Similar integridad dialéctica sostiene la historia del Perú y su diaria y permanente vocación por el suicidio. Contradicción que une aquello que la ficción imagina que es, pero que la realidad corrige siempre hacia lo que debe ser. En pensamiento andino se trata de dos realidades complementarias y que deben ser integradas en el espacio que resuelve la hermandad de los distintos. En José María se hace visible el paso extraviado que busca la liberación factible y aún irrealizada. Cobijó el desafío de dos rostros que observan horizontes distintos; uno de ellos arrastra un cuerpo que le inculca vida y que, sin embargo, es ignorado y malamente subordinado. Cómo evitar que en ese paisaje dominen tanatos triunfantes que esterilizan eros, potentes, creadores, ánimo vital, supervivencia. Arguedas es expresión de esa centenaria y desgarrada contienda por hallar una explicación y resolución a esa pugna que debemos resolver para instaurar el dominio del principio de vida en nuestra humanidad.

Nuestro escritor instaló todos sus bastimentos personales y familiares en el escenario de erizados parapetos y también de luminosidades vivificadoras. De este espacio de hirsutas oscuridades y luminosas referencias se extraen sus dolencias sociales y agonías personales. Sus limitaciones para ubicar la calidez de un hogar estable y permanente, su incómoda militancia política en células castrenses que recitaban racionalidad incomprensible y fecundas de arribismo, negadas para dar cobijo a su alma preñada de mitos y mundos encantados, ferozmente adversos a la consigna sectaria y ventajista. En ese mundo de dogmas y uniformidades la diversidad que lo constituía no tenía lugar.

No aceptó asumir papel alguno en el escenario partidarizado del mito revolucionario porque, como lo dijo, poseía un mundo mágico transformador que lo acompañó desde su nacimiento. El era apenas un humano situado en el clivaje de dos culturas y apto para acurrucarse junto a un tierno nionena y acariciarlo mientras hacia ya antesala para vivir la eternidad. Su fortaleza se reconoce cuando observamos su temprana y empecinada lucha por vencer la sombría atracción por la muerte y su capacidad para transformarla en energía creadora, en lucha pertinaz contra los obstáculos que aprisionaban su espíritu y la de sus hermanos de sangre. Le fue difícil reordenar el anárquico mundo que le fue entregado, con acechantes Pablos Pachecos, con madrastras y partidas de nacimiento que nunca pudo corregir para enarbolarlas como un claro mandato de reconocimiento de identidad indígena que hubiera servido para que otros hermanos tuvieran la fuerza y voluntad para declararse, sin vergüenza, supervivientes de un legado ancestral inextinguible. Prefirió el silencio, la conciliación con el adversario feroz que lo acallaba y avergonzaba. Es esta tragedia también parte de su legado, intangible, íntegro, como testimonio de un pasado que tenemos la obligación de superar a riesgo de extinguirnos como proyecto social y político. Requerimos agotar la defensa de un territorio y volver al principio para reinterpretar a sus pobladores ancestrales, entroparnos con ellos para acompañarnos en la tarea magna de supervivir y multiplicarnos.

Arguedas en familia. Con Sybila Arredondo, Sebastián y Carolina Teillier.

José María no es un solitario representante del mundo que muchos consideraron en extinción desde el incidente de Cajamarca y que, sin embargo, está vivo y otorgándole sentido y contenido a este proyecto deformado de sociedad que tenemos. José María vive y respira junto a Garcilaso el Inca, es compañía del indio transgresor Waman Puma y del misterioso indio que fue Juan Santa Cruz Pachacútec. Cada uno de ellos aporta letras y palabras al gran texto que contiene la historia andina, ancestral, indígena, de nuestro país. Claro que también posee la compañía de voces rebeldes y políticas de los Incas de Vilcabamba, de Juan Santos Atahuallpa, de Tupac Amaru y Micaela Bastidas y otros y otras. Forman nuestra reserva inextinguible y vital con aliento suficiente para pronto hablar a través de sus espíritus y legado.

En Yauyos, poco antes de noviembre de 1969, con su amigo de juventud y dirigente magisterial Alejandro Cervantes.

Mientras permitimos y gestionamos que ocurra es bueno mencionar por qué estos cuatro precursores eran indios y por qué quedamos miles de peruanos bajo esa denominación. Todos ellos fueron indígenas, cada uno a su modo pero compartiendo señales de unidad permanente. Hacer un recuento de los denominadores comunes que los unen, observar la permanencia y diferencia de sus obras y biografías es tarea pendiente.

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Unidad de naturaleza y humanidad.

Hasta aquí esta crónica de homenaje a José María Arguedas luego de cincuenta años de su desaparición. El Estado peruano, las universidades que lo cobijaron, permanecen en silencio en hora tan importante. El país oficial está sumido en sus pequeñeces, siempre en la coyuntura, nunca en el largo plazo. Hay olvido e indiferencia, mucho de soberbia exclusión y también de ignorancia. Son realidades que cambiarán, estamos seguros, por nuestra mediación y también porque hay realidades que son indetenibles para expresarse y decidir destinos nacionales.

La experiencia del gobierno de Evo Morales

 

Tres elementos ocupan decisiva importancia en el análisis de la experiencia de Evo Morales como jefe de Estado: el contexto histórico, el factor étnico y la responsabilidad del propio gobernante.

El primer aspecto nos remite a comprobar que lo ocurrido en días recientes en Bolivia no es una realidad inédita o sorpresiva. El país hermano posee una violenta y agitada historia social y política cuya constante se repite con regularidad. Cuatro presidentes fueron muertos en el ejercicio de sus funciones: Pedro Blanco, Manuel Belzu, Agustín Morales y Gualberto Villarroel. Se discute si el presidente German Busch fue asesinado o cometió suicidio; me inclino por la primera alternativa. Pero hay más: seis ex presidentes, incluido José Antonio Sucre, fueron asesinados después de sus periodos de gobierno: Mariano Melgarejo, Hilarión Daza, Jorge Córdoba, José Manuel Pando y Juan José Torres.

No resulta descabellado suponer que en este algoritmo político la vida de Morales ha sido preservada por su renuncia y su posterior retiro a una zona de resguardo segura. Entre todos los sucesos violentos se encuentra mucha semejanza entre las biografías de Villaroel y Morales. Son notorias las coincidencias en especial en torno a las circunstancias de sus renuncias. En los días finales del mandato del primero, varias unidades del ejército en La Paz se declararon a favor de los insurrectos dejándolo desguarnecido en Palacio de Gobierno mientras turbas enardecidas lo asaltaban y ejecutaban. Echaron su cuerpo por un balcón del segundo piso para ser vejado por los enardecidos pobladores y ser colgado de un poste de la Plaza Murillo junto a cercanos colaboradores. La furibunda multitud ignoraba que su renuncia había sido firmada en horas previas. Poco antes de su linchamiento se había negado a ser conducido a la base de El Alto por una delegación de oficiales de la fuerza aérea que se acercaron hasta su despacho en Palacio Quemado para protegerlo. Un detalle que suma en el análisis: el nombre de la sede de gobierno se origina en el incendio que consumió sus instalaciones hacia fines del siglo XIX en medio de disputas por el poder. Otra coincidencia: en la asunción de su segundo periodo Morales utilizó en su discurso una frase que Villarroel hizo popular: no soy enemigo de los ricos pero soy mas amigo de los pobres.

Reconociendo las diferencias y propósitos de gobierno, Villarroel hizo una gestión reformista que favoreció a los obreros e indígenas. Impulsó el Primer Congreso Nacional Indigenista, el primero en Latinoamérica; abolió los servicios de pongueaje y la mita y suprimió antiguas costumbres con ribetes de esclavitud; creó numerosas escuelas campesinas e impulsó campañas de alfabetización; organizó granjas experimentales de carácter civil y militar y estabilizó la economía. Su gobierno también fue hostilizado por EEUU y por los poderes fácticos coloniales. Enfrentó con violencia a la oposición llegando a ser acusado de ser el promotor del asesinato de varios estudiantes en Oruro. Fue su punto de inflexión; los ministros del izquierdista MNR, recientemente fundado, que lo apoyaban abandonaron el gobierno y precipitaron la rebelión ciudadana. Hoy su legado ha sido reivindicado y su nombre es usado para nombrar geografías e identificar a la principal refinería de petróleo, nacionalizada por Morales. Avenidas e instituciones del Estado llevan su nombre y monumentos a su figura se observan por todo el territorio. Hay unión de propósitos y transformaciones entre ambos reformadores y, por escazas variaciones y circunstancias, casi comparten destinos finales.

Es violenta la historia boliviana, no por ello distinta a la ecuatoriana y peruana, herederos de una historia y destino común. No es casual que Tomás y Tupac Katari y Bartolina Sisa, líderes aimaras que acompañaron a Túpac Amaru, continuaron su rebeldía más allá de los plazos y objetivos del cusqueño. El accionar final de estos líderes impidió que el movimiento indígena tuviera la radical derrota que sufrió en nuestra patria. La fortaleza del boliviano movimiento indígena contemporáneo se halla unido a los resultados de aquellas gestas. Ocurre que tampoco Bolivia cobijó a un ideólogo que considerara a los indígenas un problema a resolver y tampoco se aprecia un líder político-militar que determinara su desindigenización y su conversión en camarada campesino. Aquí son indígenas y punto.

La insalvable brecha, hasta hoy, que separa a indios y criollos blancos es un factor decisivo en la interpretación de los acontecimientos en Bolivia. Soslayar esta realidad, privilegiando la lucha de clases, es un error manifiesto. No es Bolivia el único país con esta lacra colonial pero sí luce particulares características; hablamos de una sociedad en que la población de raíces ancestrales significa el 60% del total, por tanto se trata de una mayoría cuantitativa que carece de poder y representatividad política en la misma medida en que lo exige su objetiva presencia. La desigualdad sembrada con la invasión hispánica está en la base de esta inequidad y constituye el principal problema social a resolver en Bolivia y en los países del área andina. No es la inequitativa distribución de los medios de producción y de bienes materiales el principal escollo a resolver, tampoco el propósito de fijar nuevas relaciones de producción o inaugurar novatas formaciones económicas, sino combatir y destruir esta realidad saturada de racismo y exclusiones. No hay posibilidad alguna de acceder al desarrollo que lucen los países del primer mundo si no modificamos esta realidad. Es inviable una sociedad cuya realidad oficial niega representatividad política a la población de raíz ancestral. No hay ni habrá armonía ni comunidad mientras esta sublevante realidad se mantenga. Superar el nosotros y ellos es una necesidad ineludible si deseamos construir un destino común como sociedad. Una comunidad no puede adquirir cohesión y destino compartido si considera enemigos internos a un porcentaje mayoritario de la población. No superar esta lacra retrasa el desarrollo de la estructura productiva; hace imposible concebir integrados sistemas educativos y de salud; diseñar doctrina para las fuerzas armadas; idear un sistema judicial eficaz y compaginado con nuestra realidad; ocupar el territorio cabalidad. Las posibilidades de imaginar una sociedad integrada asentada en paz social deviene en una entelequia. Las otras realidades socio económicas hay que tratarlas, qué duda cabe, pero dentro del orden que establece la prioridad de las contradicciones principales.

Este básico factor, hemos visto, ha movido fuerzas invisibles y también verificables, en el propósito de derrocar al gobierno. Resulta inadmisible para muchos de la sociedad dominante aceptar que un indígena dirija la sociedad. El líder cívico que impulsó los días finales del levantamiento, es la expresión cabal, no la excepción, de miles de bolivianos que no están dispuestos a tolerar un gobierno de cuño indígena y que ingresarían a una guerra de castas para impedirlo. Gonzalo Pizarro no se ha ido de Bolivia.

¿Cuáles son las responsabilidades de Evo Morales? Muchas, sobre sus hombros recaen las principales razones de su contundente derrota. No podemos seguir usando argumentos que atribuyen a terceros los errores que emanan del propio accionar del líder y de sus estamentos de dirección. Señalo los siguientes puntos:

Primero: Ausencia de un proyecto político integral. Si lo hubo no se hizo notar en los momentos de declive del poder. Para ser breve y directo en este punto: Morales proviene de las canteras marxistas y es el producto de un largo caminar entre organizaciones socialistas. Revisar el historial del MAS nos exime extendernos en este punto. Su encuentro con el pensamiento andino es posterior y no fue precisamente adoptado con propósitos de convertirlo en el eje central del ejercicio del poder. Su accionar estuvo mediatizado por los cartabones que esta doctrina impone sobre sus adeptos, castrando la ductilidad que conserva el pensamiento andino. Pensamiento, y hay que decirlo, que todavía no reconoce que encierra en sí mismo una epistemología, o teoría del conocimiento, absolutamente distinta a la occidental. La alienación y el sometimiento ideológico ha provocado la permanente adecuación de este pensamiento a los cánones establecidos por la dominación. Aun no se concibe, ni en las elites pensantes y menos en términos hegemónicos, que es posible construir colectividades distintas premunidos de este pensamiento. Los antiguos lo hicieron. Es el fardo funerario establecido en la mente de los dominados. Es una idea que va acompañada del criterio que lo indígena es ojotas, coca y desarrollo marginal cuando se es indígena en momentos en que no mentimos en nuestro diario quehacer y trabajamos con ahínco y limpieza y somos aseados en nuestros hábitos; cuando no se roba aun en arcas abiertas. También lo somos cuando exigimos que nuestros dirigentes, o cualquier otro miembro de la comunidad, nos conduzcan obedeciendo; cuando pedimos que nos representen y no nos suplanten; cuando solicitamos bajen y no suban, porque abajo estamos todos; cuando sirvan a la comunidad y no se sirvan de ella; cuando convenzan sin vencer; cuando construyan y no destruyan; cuando propongan y no impongan. Priorizando la conservación de la naturaleza, casa de la humanidad, estamos siendo indígenas porque esta actitud, esta decisión, tiene su hogar primigenio en todas las culturas ancestrales antes que la codicia y el beneficio personal, por encima del bien común, se impusiera.

Segundo: Conquistó el gobierno pero no construyó poder. Esta realidad explica el silencio en el que dejó atrás Palacio Quemado. Abandonado por las fuerzas sociales que se beneficiaron directamente del proceso reformador y que debieron defender el proyecto y no propiciar una derrota de largo plazo. Sus partidarios no sabían qué defender, saturados como están del mensaje y la formación recibida por la educación occidental. No se construyó una poderosa confederación indígena, ni tampoco se hizo trabajo político entre los obreros cuya Central le dio la espalda en horas decisivas; no se hicieron escuelas políticas masivas, no se edificó las bases de un proyecto civilizatorio alternativo; no se trabajo en la educación. ¿El ejército, la marina y la aviación, tuvieron egresados provenientes de los sectores indígenas? ¿El comandante general del ejército no es acaso la expresión ideológica acabada de la mentalidad colonial? No es suficiente una escuela de post grado antiimperialista para las elites militares para socavar las bases ideológicas de la dominación, se requiere un trabajo extenuante de magisterio y discusión y difusión. Esta insuficiencia explica el funcionamiento de la policía en medio de la crisis. Fueron catorce años de gobierno, tiempo suficiente para llevar adelante medidas de esta naturaleza. ¿Por qué no se hizo? Acciones y decisiones que atañen a este rubro serán siempre criticadas por los sectores dominantes, no cabe duda al respecto, pero es exactamente lo que hacen ellos mismos con las fuerzas armadas, las adoctrinan con esmero. Hasta hace muy poco tiempo promociones íntegras de oficiales jóvenes eran enviados a la Escuela de las Américas en Panamá. De esa cantera provienen Leopoldo Galtieri, Manuel Antonio Noriega, Manuel Contreras y Vladimiro Montesinos.

Tercero: Diseñó, y subordinó en gran medida, las líneas maestras de su gobierno en alianza con sectores criollos, cierto que avanzados ideológicamente pero carentes de condiciones culturales que hicieran compatibles los proyectos indígena y criollo. Es fácil observar el desenvolvimiento del Vicepresidente García Linera en el material gráfico que circula en la red y también en los textos que ha escrito este político. Recomiendo en especial su libro Forma valor y forma comunidad. ¿Es inadecuado bajo cualquier circunstancia establecer alianzas con sectores criollos? No, la respuesta es un no rotundo. Hay que hacerlo conservando la dirección, imponiendo el proyecto indígena. Se trata de una alianza táctica, no estratégica. Es exactamente la modalidad que ahora usa el dominante campo criollo con la realidad indígena o campesina. ¿Usan ellos nuestras reivindicaciones o nuestros programas para gobernar? No, evidentemente; nos utilizan de acuerdo a su lógica e intereses, así surge el pensamiento: Nuestros indios; El problema del indio; El porvenir de las razas en el Perú; «el indio vive sin interés alguno, bajo el imperio exclusivo de las necesidades materiales que satisface como las bestias». El proyecto de una Nación Andina no está diseñada para los indígenas solamente, es un proyecto plurinacional, pluricultural, que haga posible una casa para todos. Construir lo que la republica criolla no ha realizado ni lo podrá hacer, una nación con coincidencias universales y diferencias particulares. Una patria de todas las sangres pero dirigida por la sangre que hará posible el proyecto, llevarlo hasta el final.

 

Cuarto: No es posible maquillar el proyecto civilizador criollo impuesto por la invasión y asegurado por la continuidad en la dominación administrada por sus descendientes. No es posible fundar o crear segundas repúblicas cuando estas no han logrado ser ni primeras ni repúblicas. Tampoco es suficiente redactar una o más Constituciones que reformen el seguro social o modifiquen el procedimiento de las AFPs o le otorguen nuevas atribuciones al BCR o señalen al país regímenes parlamentarios o presidenciales. Es esta una realidad de falsas ilusiones y realizaciones. Transitorias y efímeras conquistas. No, no es el camino, se requiere transitar uno más largo y penoso, menos glamoroso: requerimos un nuevo proyecto civilizatorio. ¿Suena utópico, risible, inalcanzable? ¿Y porque no tuvo esta connotación para otros fundadores de civilizaciones, qué fue lo que hicieron los ignaros invasores en nuestro territorio? ¿Se acabó la historia? Conseguirlo no es, evidentemente, tarea común y accesible con facilidad, requiere visiones de muy largo plazo, de aquellas que tuvieron nuestros ancestros que fundaron proyectos sociales que hasta hoy superviven y nos alumbran el camino. No nos dejemos seducir por elecciones fraudulentas en su esencia y por emprender tareas destinadas a remendar fracasos sociales insalvables e inviables. Veamos sino la forma en que se encaran la confección de las listas parlamentarias para las elecciones del próximo año, aún en organizaciones que se llaman renovadoras y antisistema. Flaqueza moral, negociaciones ilícitas de espaldas a la militancia, negociadores encargados a dedo para actuar como simples amanuenses dispuestos a todo por recibir a cambio una miserable cuota de espurio y vergonzoso poder. Pero qué aleccionador verlo, nos permite vislumbrar lo que sería un gobierno de estos grupitos de amiguitos e incondicionales, de estos equipos políticos; criollitos disfrazados. No es suficiente acaudillar, es innecesario en un país harto de jefecillos con licenciaturas y/o charreteras; incapaces de fundar organizaciones vertebradas y de vida autónoma, sembrar pensamiento, ser ejemplo de vida. Desechemos la chatura de liderazgos personales mediocres inficionados de criollismo y de sus taras centenarias. Aquí es necesario percibir que tenemos un proyecto societal fallido, incapaz de conducirnos a desarrollos compatibles con nuestra estatura humana, similares, por lo menos, a los que gozan ciudadanos del primer mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. No empezamos desde los cimientos, tenemos fundación, calzaduras, se trata de desarrollarlas, reencauzarlas, poner al día nuestro pasado.

Desaprobemos en este propósito conducciones predestinadas, mesiánicas, insustituibles, que se consideran a sí mismas infalibles pero que, ante su fracaso, solo responden ante sí mismos. Se trata de construir escuela de pensamiento, formar militancia, crear ejemplos y escuela. No hay aquí otra ruta que el camino de la colectividad, no hay otra pauta que dirigentes que hagan su magisterio obedeciendo el mandato comunal cuyos ejes de funcionamiento tiene milenios de experiencia. ¿Creación de partido o frentes? Si, por supuesto, pero no solo uno, muchos, cientos. De ese conglomerado surgirá el partido directriz, el frente reconocido, necesario, quizá imprescindible. Precisiones: no se trata de ausentarse y de no participar en todos los medios que sean permitidos. Hay que hacerlo, hay que batallar por cambios en las formas, en las Constituciones, pero manteniendo siempre la mirada en el objetivo de largo plazo: un nuevo proyecto civilizatorio.

Quinto: Morales careció de la capacidad que pocos líderes poseen: formar sustitutos, perfilar promociones de políticos prestos para continuar el magisterio y seguir conduciendo el proyecto. Saturado de desconfianzas y mediocridad, no permitió que nadie le haga sombra o mediatice su liderazgo. Los resultados de esta práctica están a la vista. Solo Presidente y Vicepresidente, un general de división y otro de brigada y más abajo nada más que soldados rasos, ningún comandante, menos capitanes. Ausencia de estamentos de dirección. Una digresión que no quita lo valiente: el único dirigente político peruano con esa capacidad fue Haya de la Torre que nunca desconfió de sus capacidades para sentirse opacado por políticos de la talla de Manuel Seoane, Antenor Orrego, Villanueva del Campo, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé, Luis Heysen, Andrés Townsend, etc. Cualquiera de ellos con atributos suficientes como para conducir el partido. El magisterio de Haya, es necesario reconocerlo, explica en mucho la larga existencia de esta organización; lamentablemente propietaria de todas las taras juntas del criollismo nacional.

Esta ausencia de capacidad para formar, hacer magisterio, le pasó la factura a Morales y a su régimen. Ante la ausencia de recambios en la dirección del proyecto, y jugando con las reglas de la democracia que le permitió participar y ganar, usó las triquiñuelas tan caras en la política criolla: el reacomodo de las reglas, la trampita, la extensión, la interpretación auténtica, la rerereelección. ¿Por qué aceptó jugar con las reglas que la vieja democracia criolla le impuso? Tenía otros caminos si creía que su mesianismo era imprescindible. Debió jugarlos si se sentía predestinado. El pueblo que lo apoyaba también sintió que estaba siendo utilizado en provecho de un proyecto personal.

La figura de Morales tendrá el lugar preponderante que le corresponde como el primer gobernante indígena de Bolivia, gestor de cambios sustantivos en la realidad de ese país. Sus logros son variados y, pasados los momentos de coyuntura, serán valorados en su dimensión exacta. Destaco la reivindicación de la cultura indígena, quechua y aimara, plasmada en una Constitución sin precedentes en ningún país de este continente. Las cuotas de parlamentarios indígenas, las precisiones en torno al autogobierno y la propiedad de los recursos naturales y la reivindicación de la religiosidad andina, son elementos de gran significación. Su figura y trascendencia pueden ser equiparadas a la que proyecta en la historia boliviana Andrés de Santa Cruz, otro gobernante de origen indígena que ubicó a Bolivia en un lugar expectante en el concierto de naciones sudamericanas.

Veamos cómo se logran preservar sus acciones positivas y el modo en que el vasto pueblo quechua y aimara, vuelve a recuperar protagonismo en la historia de Bolivia y del área andina. Esperamos que pronto.

Hay muchísima enseñanza en los sucesos de los últimos días y meses ocurridos en el Continente. Ecuador, Bolivia y Chile nos dejan lecciones imposibles de soslayar. Hay que sistematizarlas y devolverlas a sus actores. Tarea de todos.

Nota final. Resulta vergonzante la actitud del gobierno peruano de no permitir el paso del avión de Evo Morales por cielo nuestro en camino a su exilio mexicano. acción de esta naturaleza solo es explicable por el servilismo de nuestra política exterior hacia la potencia hegemónica imperial. Una vergüenza.

El frente político

Proyecto de transformación

Nunca un claro proyecto de transformación,  que denomino de liberación nacional, ha tenido tantos factores a su favor. Las condiciones sociales, políticas y culturales del país en las dos últimas décadas, agudizadas en los recientes cuatro o cinco últimos años, son de tal nivel de excepción que no parece posible se repitan en mucho tiempo. La profundización de las contradicciones se favorecen por un escenario mundial y regional que contribuyen al afianzamiento de esta realidad.

Se trata de una coyuntura que reúne las siguientes características:

En el ámbito internacional.

  • Declinación ostensible del dominio ideológico de Occidente.
  • Potencias emergentes desafían el poderío económico y militar del tradicional gendarme del proyecto civilizatorio dominante.
  • Reducción de la exclusividad de mercados para Occidente en beneficio de economías emergentes.
  • Declinación de la influencia de la iglesia católica en las  mentes de grandes sectores y proliferación de confesiones que minan su poder.
  • Creciente recuperación de identidades regionales étnicas y culturales que promueven movimientos de clara identidad autónoma en numerosas regiones mundiales.
  • Notorio desarrollo en el primer mundo de contradicciones que han sido propias de países subdesarrollados: luchas interétnicas y conflictos culturales, disminución de las condiciones de vida, lumpen proletarización. Son realidades inéditas en los centros urbanos de las potencias mundiales: Europa occidental y Estados Unidos, en particular.

En el ámbito continental

  • Desprestigio de las clases y castas dominantes cuyos orígenes se  remontan a la invasión europea.
  • Reactivación de identidades étnicas que dejan atrás reivindicaciones  gremiales y muestran clara determinación política.

En el país

  • Encontramos en años recientes la presencia, por primera vez en el contexto de la dominación, de desarrollo teórico que pone en cuestión la legitimidad del dominio de clase y étnico blanco. La impugnación se desarrolla desde nuestra dominante realidad cultural y étnica. La teorizaciones comprenden reivindicaciones culturales de restringidos criterios cósmicos que no cuestionan el poder establecido y se enfocan en proteger un reducido y manoseado espacio vital para desarrollar vivencias y estilos de vida infestado por las peores excrecencias de la ideología occidental, como también plataformas tahuantinsuyanas de exclusiones repetidas y que pretenden revivir el “imperio inca” sin desarrollo ideológico ni programático que lo justifique. Entre estos espacios hallamos teorizaciones que se basan en la milenaria lucha del pueblo andino y que recoge también desarrollo teórico forastero, pero se asienta firmemente en una contemporánea realidad nacional y busca sentar las bases ideológicas que sustenten un proceso de desarrollo nacional de largo aliento.
  • Este desarrollo teórico, no obstante basar sus fundamentos en la población indígena y sus distintas formas de descendencia, no tiene aun asiento en ninguna organización política y se reparte en segmentos desligados de su matriz cultural; se trata de andinos descastados y de criollos marginales.
  • La desindigenización de la población india en nuestro país ha sido vasta y profunda; su concepción y ejecución se la debemos a los encomenderos en sus inicios y en el ámbito contemporáneo al  marxismo en todas sus variantes.
  • La conversión de etnia en clase ha sido nefasto para nuestra historia. De este modo se desmembraron organizaciones étnicas naturales y las convirtieron en organizaciones campesinas de defensa de intereses de clase que ha actuado desde entonces como furgón de cola de criollos materialistas y dialécticos. Con manuales bajo el brazo, sus dirigentes y activistas, han asolado nuestros campos y han mutilado nuestra fundamental herramienta étnica. El quechua cuando lee las estrellas también cultiva y crea arte y sociedad mientras el campesino es un desorientado monocultivador cercano a Monsanto. Esta dramática y dolorosa como también inadvertida transformación ha extraviado o inutilizado la poderosa herramienta de desarrollo que acompaña a una identidad étnica que reivindica cultura, tradiciones, vida comunitaria, etnia.
  • La obra marxista fue completada por el criollo gobierno de Velasco Alvarado que, con algunos méritos en su gestión, completó esta desindigenización de manera expeditiva e ignara. Se terminó de despojar al indio del elemento central de su estructura humana: su etnia, identidad, su cultura.
  • Este proceso ha afectado profundamente la estima del peruano por su identidad, aquella que procede de las raíces hondas que lo identifican con un territorio y una cultura.
  • Todos los nombrados han actuado, consciente o inconscientemente, como la mano aleve y depredadora del pensamiento occidental que considera que la uniformización de nuestras mentes y vidas, con el arma de la razón y la racionalidad, es el único camino para el desarrollo.
  • Observamos el absoluto descredito de la clase y etnia criolla, embarrada en sus latrocinios de siempre, pero esta vez expuestos a la mirada publica sin barreras de protección. La pudrición es tan profunda que el único sostén que los mantiene en el poder son las fuerzas armadas y el escaso nivel de desarrollo político de la población tras cinco siglos de alienación.

La realidad descrita permite instalar en la lucha política una plataforma programática que rebase los límites de la simple trasformación de la constitución y se proponga un cambio en la estructura de dominación en el país, que tenga como fin y meta ineludible la sustitución del paradigma civilizatorio y cultural. Es decir, que seamos capaces de sembrar los primeros campos con una nueva forma de entender la naturaleza y un nuevo modo  de relacionarnos entre humanos; renovados parámetros para el trato de la fauna y flora y los recursos naturales; sustituta manera de distribuir los excedentes productivos; nuevas formas de asentamientos urbanos y rurales; inéditos caminos de tratar el desarrollo desde las cuencas y las microcuencas; creativas maneras de construir las fuerzas armadas, nuestras leyes y también distintas formas de religiosidad. Es decir, reencontrarnos con nuestra historia milenaria y recrearla, no repetirla, no pensar que podemos inventar un nuevo Tahuantinsuyo ni tampoco fabricar la reedición de Willac Umu y ñustas.

Los caminos por recorrer son vastos, muchos han andado parte de esta ruta sin articular una propuesta global; requerimos recoger esas experiencia y el conocimiento de siglos.

Frente político

No puede un solo partido político impulsar y articular la transformación. Se requiere de un Frente Político. La extensa y compleja realidad del espacio oprimido exige variadas representaciones. Es ineludible un frente que aglutine a todos los sectores comprometidos con un proceso de transformación profundo.

Dentro de este frente la hegemonía debe ser construida por el sector andino. Pero ¿qué requiere hacer este pueblo para ganar el poder político y la legitimidad de organizar el Estado? Mucho, sin duda. Esbozo aquí algunas ideas al respecto.

Primero, demostrar capacidad y seriedad política y organizativa.

Segundo, exponer una propuesta de nación que recoja la realidad y haga posible su vigencia en el tiempo.

Tercero, un programa de gobierno que se derive de nuestras tradiciones milenarias y se inserte en la  modernidad que la propia historia ha demostrado que fue baluarte del Estado precolonial.

Cuarto, reconocer que esta obra no es posible llevarla adelante con la voluntad de un solo partido político. La organización partidaria dirigente requiere de alianzas políticas con todas las fuerzas que se orienten en el sentido de la historia y de la creación de un Estado andino.

¿Qué principios programáticos debería recoger este Frente? Ensayo aquí los postulados que estas fuerzas deberían suscribir. Podría llamarse programa mínimo.

Primero, el compromiso de caminar hacia el rediseño de las relaciones de poder político y económico.

Segundo, el compromiso de rediseñar la estructura productiva nacional y promueva un nuevo ordenamiento territorial.

Tercero, el compromiso de una nueva estructura educativa y de salud y de justicia.

Cuarto, darle carta de ciudadanía a una sociedad que ya late en las interioridades de nuestra realidad y que recoge nuestras tradiciones ancestrales y las recree de acuerdo a los avances de la realidad contemporánea.

Quinto, el respeto a todas las formas étnicas y culturales que promuevan nuevos paradigmas en las interrelaciones sociales.

Sexto, el compromiso de rediseñar el sentido y la orientación de nuestra fuerza armada.

Sétimo, compromiso de rediseñar las prioridades en nuestra política internacional, dándole prioridad a la integración de las naciones andinas.

Octavo, compromiso de procesar y castigar con las máximas penas a todos aquellos que han incurrido en delitos financieros y económicos contra el Estado peruano.

Noveno, compromiso de plasmar todo este compendio de  transformaciones en una nueva Constitución y en un Estado que responda a las necesidades nacionales.

Contradicciones que el Perú debe resolver

Acción práctica y teórica van unidas, ni una antes y otra después, ambas realidades se complementan. Son la mejor expresión de la paridad andina, cada una posee un universo distinto que se complementa con el otro para ensamblar un punto de encuentro, un Tinkuy, que alberga a las dos espacios.

Señalar las contradicciones que soporta la sociedad peruana exige generalizaciones que lesionan la exactitud. Es el riesgo que se asume cuando se pretende sintetizar las complejidades de una sociedad en cinco temas. La distinción de esta propuesta es su origen y sus condicionamientos: Su visión cultural y la impugnación que contiene de la civilización occidental y cristiana proviene de la vertiente andina del pensamiento. Se ejecuta recaudando las reflexiones y demandas de Garcilaso, Waman Puma y Santa Cruz Pachacuti, pero también hay fermento vallejiano y voces de Churata y Urviola.

Señalo que, con algunos añadidos para esta publicación, el tema fue tratado originalmente en el texto Nación Andina.

CONTRADICCIONES

Primera contradicción. Enfrentamiento de los intereses andinos y criollos

Es la contradicción principal y muestra la aún insuficiente capacidad de lo andino para alcanzar y ejercer el poder  y las limitaciones del criollismo para gobernar. El resultado es un permanente escenario de conflicto político y social que, con intermitencias, sume al país en la violencia y desconcierto con variantes de alta y baja intensidad. el proposito de resolver esta contradiccion se observa en la resistencia de los Incas de Vilcabamba y en las rebeliones de Juan Santos Atahualpa, Tupac Amaru II, Juan Bustamante Dueñas, Atusparia, Teodomiro Gutiérrez, Hugo Blanco, Locumba y el Andahuaylazo. Hay expresiones contemporáneas de

menor magnitud pero unidas por la constancia del conflicto y la contradicción: Bagua, Tía María, Espinar, Las Bambas, Conga y un largo y prolongado etcetera.

Es notoria la miopía de los criollos para juzgar los hechos señalados, ignorar que se trata de una permanente inconformidad con el orden imperante y también la vitalidad de una cultura que se ha negado al sometimiento y la inclusión.  Si observamos los hechos de nuestra época veremos que el simple uso de una mesa de negociaciones requiere de intérpretes para acomodar lo imposible: la visión incompatible de nuestros destinos, las dos formas de entender la vida y la naturaleza, de entender el país.

Subrayemos, detrás de los conflictos incesantes se halla el desencuentro de dos expresiones culturales que nunca hallaron medios para armonizar su convivencia. El resultado es una sociedad peruana que se asemeja a un ser humano con prolongados síntomas de trastornos de la personalidad y sociopatías que nunca fueron atendidas de manera conveniente. Una mayoría de peruanos no se siente representada en la sociedad oficial siendo una particularidad notoria de esta insatisfacción el desconocimiento del origen de su malestar. Ignoran los principios de esta persistente

disfunción social y lo sitúan en un nivel individual, personal, cuando abarca la totalidad de la sociedad peruana. La experiencia se asemeja a quienes se hallan en búsqueda de sus orígenes y del sentido de su existencia. Es el gran e irresuelto drama nacional.

En esta perspectiva de análisis precisemos que la principal contradicción se originó en el instante de la invasión occidental y fue desarrollada y ampliada a lo largo de los siglos. Su contenido posee complejas relaciones étnicas y culturales, de clase y económicas. En su estrato más profundo se nutre de diferenciadas fuentes filosóficas, contrarias visiones del país y de criterios antagónicos en la construcción de la nación. El antagonismo es de tal magnitud que genera contradicciones adicionales y dependientes. Su progreso ha sido y es la principal y permanente fuente de conflictos nacionales; ha trabado el diálogo y desarrollo y tornado estéril cualquier esfuerzo de construir nación; ha impedido edificar la comunidad imaginada que se conduzca a la integración social y, lo que es más importante, nos ha privado a los andinos de un hogar nacional.

La irresuelta y contradicción descrita crea un permanente vacío político y social que, con intermitencias, sume al país en la violencia y desconcierto. La miopía del Estado y la sociedad criolla es tan notoria que les impide observar que detrás de los conflictos incesantes se halla el desencuentro de dos expresiones culturales que nunca hallaron medios para convivir en armonía.

Segunda contradicción. Oposición entre la estructura productiva y las condiciones objetivas de nuestra naturaleza

La actual y fallida estructura productiva ha sido edificada en oposición al mandato de la geología y geografía nacionales y es producto de particulares intereses económicos y culturales ciegos e insensibles a las singulares características de una agreste y feraz naturaleza que exige ser abordada orientados por principios probadamente eficaces: identificación de la vocación natural del suelo y la geografía, complementariedad productiva y ocupación horizontal de todos los pisos altitudinales y ecológicos, en especial los situados por encima de los tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar.

La mentalidad occidental y colonial ha explotado la naturaleza con paradigmas inadecuados, con criterios útiles para otras geografías y con moldes extractivos y depredadores. La consecuencia ha sido la desestructuración de una economía labrada en milenios concordante con las necesidades objetivas de la naturaleza y las sociales. Los encomenderos y sus descendientes destruyeron lo que hallaron y no han sido capaces de construir un modelo alternativo eficaz; el suyo no ha construido

desarrollo, ha  afectado negativamente el ecosistema natural además de carecer de conexión con su entorno y ser fundamentalmente primaria exportadora.

La formación económica constituida posee un conjunto de deformaciones derivadas del uso equivocado de las fuerzas productivas. Lo que deja a su paso son conflictivas y distorsionadas relaciones sociales; enfoques exóticos en la definición de las grandes líneas de producción; falencias en las relaciones personales al interior de los centros de transformación que no responden a ancestrales formas de interrelación social; caótico y desordenado acondicionamiento del territorio e invertebrada ocupación del espacio y ausencia de cadenas de producción complementarias. Las bases productivas tienen su correlato visible en una irracional superestructura que contribuye a reproducir y a alimentar las deformaciones.

Tercera contradicción. Antagonismo entre el monocultural Estado criollo con la población andina-amazónica

El Estado homogéneo y monocultural no reconoce la existencia política de la comunidad andina que reúne básicas consideraciones para obtener su propio Estado, propietaria además, de particular acervo cultural y de particulares espacios territoriales y con un proyecto histórico social y

político compartido y eenraizado en nuestra historia. Esta comunidad mayoritaria carece de Estado.

Esta contradicción adjunta también a marginales estamentos criollos a quienes el Estado tampoco los representa ni sirve con eficacia. Se trata de una minoría que también carece de representación estatal; estamento social denso y absolutamente identificable.

La superación de esta contradicción no comporta atender solicitudes de inclusión o de admitir cualquier forma de absorción. Está en cuestión resolver el antagonismo entre el Estado monocultural y la sociedad pluricultural. Es el gris estatal en oposición al variopinto colorido de la sociedad mayoritaria. No es posible continuar en la aceptación de relaciones absolutamente asimétricas que prodiga un organismo que imparte salud, educación, justicia, seguridad, recreación, etc. provisto de lenguaje único y con criterios que solo sirven para privilegiar aún más a los grupos dominantes.

Cuarta contradicción: Diferencias entre lo que somos y lo que deseamos ser

Su origen se ubica en el estado deformado de nuestras mentalidades, construidas por un eficaz sistema que se inicia en el hogar y atraviesa todo el sistema educativo formal apoyado por los medios de comunicación. Los alienantes formatos del diseño han alterado el desarrollo de la

personalidad creando diferencias profundas entre las condiciones objetivas de nuestra identidad y las imaginarias implantadas por el colonialismo. Pretendemos ser occidentales sin poseer ninguna cualidad que lo sustente, ni geográfica, cultural y tampoco política ni económica.

La imposición de una estructura mental distinta no le confiere la categoría de cualidad natural, permanece en el nivel de imposición arbitraria. La realidad impuesta no hace posible armonizar realidad y fantasía, desintegra nuestro ser natural. La consecuencia es la formación de una extensa colectividad de ciudadanos  descastados y desclasados que son un serio obstáculo para la edificación de una sociedad superior. La occidentalización de nuestra sociedad ha sido un esfuerzo permanente y fallido y que posee drama y bélicas tragedias sociales, rostros que personifican el rechazo a la imposición. Desde Felipillo, pasando por el ayuntamiento de Inés Huaylas con Francisco Pizarro hasta las políticas de inclusión social contemporáneas, la sociedad andina permanece allí, presente, transformada es cierto, pero viva, acechante, indomable. Todas las políticas ejecutadas para lidiar con esta realidad han mantenido la situación invariable en su esencia.

Es una inadvertida realidad que ha creado entre nosotros un desarrollo psíquico contradictorio y desnaturalizante de la condición humana: un Superyó regido por las imposiciones de Occidente y un Ello andino reprimido en los sótanos de la personalidad; al medio, el principio de la realidad los hace desarrollar un Yo anómalo que nos acomoda a vivir una realidad contradictoria y ficticia. Es una situación perfectamente asociable a formas de esquizofrenia: uso de dos rostros y dos personalidades, la oficial y visible, criolla occidental, articulando al Perú irreal con premisas básicas e innegociables como señalar a la “raza” blanca como el rostro representativo nacional, seguida de una gradación muy controlada y aceptable que continúa en el mestizo, oriental, negro, indio e indígena amazónico. Es la identidad de los actos oficiales, ceremonias,  formalidades. La identidad real, velada y soterrada es de uso cuando el escenario permite informalidad para hacer visible el Ello profundo. Es el disfraz para festividades pasajeras, la actividad comunal, de efemérides, de expansión y de reencuentro con tradiciones que sabemos solo pueden aparecer como catarsis, como limpieza de culpas soterradas,

Ezequiel Urviola

como expresión momentánea de lo que quisiéramos ser siempre y nos prohibimos. Es también utilizada para ser identificados ante lo extranjero; sin reparar en los incomunicados compartimientos en que está dividida su personalidad, con orgullo, muchas veces genuino, nos señalamos originarios del país de los incas; si esta descripción no es suficiente apelamos entonces al nombre de algún famoso resto arqueológico que termina por flanquearnos el acceso a una identidad invertebrada, postiza.  Es la realidad que hemos observado recientemente en el espectáculo mostrado en la inauguración y clausura de los juegos Panamericanos en Lima en donde se hace uso.

Toda está irracional estructura política, económica y social es apoyada y sostenida desde el exterior por Estados que comparten las bases civilizatorias hegemonizantes y homogeneizadoras que se advierte como el modelo a imitar. No obstante su visible declinación es el sostén del modelo que se enarbola insustituible en el Perú. Como hemos visto, todas las colectividades políticas la consideran cimiento básico de elementos que se congregan en torno a la propuesta de sociedad que cada una luce y proyecta hacia nuestra sociedad. Es una contienda desigual pero es de vital supervivencia como sociedad neutralizar anular las influencias negativas de esta relación.

La lucha por lograrlo se expresa en la contradicción última que es necesario enfrentar:

Quinta contradicción: Contradicción que opone a las culturas originarias de nuestro país con la civilización occidental y cristiana y su Estado líder y Estados satélites.

Son, en última instancia, la oposición de los intereses nacionales con los intereses coloniales de las potencias imperiales que tuvieron y tienen al Perú como su zona de influencia y que, al interior de nuestra sociedad, comparte objetivos con la patria criolla. El rostro imperial en esta desigual relación ha ido mutando de perfil: fue España primero, luego Inglaterra y ahora Estados Unidos. Existen sectores de la sociedad criolla a quienes esta contradicción los incluye de modo perjudicial. Son colectividades con quienes será necesario llegar a niveles de entendimiento y cooperación.  

Resolver esta última contradicción es probablemente el escollo más difícil de vencer por las sólidas bases de dominación civilizatoria ejercida sobre nuestra sociedad, por el grado de legitimidad alcanzado y por las fuerzas aliadas que poseen en el territorio nacional y continental.

Las contradicciones señaladas serán resueltas mediante la sustitución de la clase y etnia dominante de las posiciones de poder y de conducción del país, reemplazando la casta criolla que conduce el Estado desde siempre por una nueva colectividad cultural: la andina.

Espiritualidad andina

En ocasión del III Hatun Tinkuy, no pude concluir mi exposición por un exceso de tiempo consumido en los preámbulos del tema que fue el motivo de mi presencia en tal especial evento: Espiritualidad andina y filosofía del Yawar Mayu. Adelanto aquí la primera parte de la ponencia no desarrollada. Es un conjunto de reflexiones que no tienen otro propósito que contribuir a la reconstrucción de un pasado vivo y la generación de praxis y teoría contemporánea.

El material conserva la estructura y el contenido original.

Introducción

Me encuentro aquí con mis hermanos del Hatun Ayllu en razón de mi identidad quechua, andina, para exponer ideas con la lógica de las asambleas comunales, que examinan todas las ideas para luego tomar un camino elegido por todos.  

Nos reunimos aquí runas, que representan culturas que ocupan territorio, construyen nacionalidades, son nación pero carecen de Estado. Somos nacionalidades sin Estado. Considero que uno de los aspectos que nos une a todos aquí es procurar hacer realidad que el Estado nos represente.  

No es casualidad que eventos como este se den en el mundo andino al mismo tiempo que cuatro de las cinco personalidades contemporáneas más importantes de este espacio haya profesado la religión cristiana. La biografía y obra de figuras representativas pautan los eventos que ocurren en la sociedad. En efecto, José María Arguedas, no fue católico militante como si lo fueron Tupac Amaru, Garcilaso Inca de la Vega, Waman Puma y  Santa Cruz Pachacuti. Esta realidad, poco observada quizá contribuya a explicar el impulso inusitado que se ha dado en los últimos años a la lucha de los pueblos ancestrales en nuestra patria, y también en el continente. Arguedas, a quien considero el primer intelectual indígena contemporáneo, es fundamento de la gran travesía que significa nuestro proceso de  liberación.

En un país que todavía sigue siendo un territorio de hijos de la violencia y de la invasión, de hijos sin identidad, y no todavía hermanos, la espiritualidad ancestral juega un rol decisivo para comprender y comprendernos. Me refiero a la espiritualidad,  a la religiosidad como disciplina del Yo, empoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia que nos lleva a comprender el valor trascendente de cada ser humano y del otro y de los otros; espiritualidad también como vehículo para el reconocimiento de nuestros derechos y deberes.

Religiosidad, inclusión, mitos

Hago notar, que es nuestra religiosidad la responsable de la gran capacidad de inclusión que siempre tuvieron y tienen las culturas andinas. El origen de la condescendiente recepción a los invasores es muy probable se encuentre en la evaluación que los consideró una etnia más a incluir en el inmenso mosaico cultural que era la civilización andina. No obstante su extraña apariencia, no fueron catalogados como una amenaza, podrían entenderse, pensaron, como se habían entendido cientos de etnias diferenciadas a través de milenios. Nuestra espiritualidad, que observa a todo humano como hermano es, quizá, una de las razones por la que descuidamos las defensas frente a la invasión de los hispanos. Nuestros antepasados, que habían desarrollado una sociedad altamente asociativa, estimaron que se hallaban frente a un proceso más de inclusión de nuevos extraños.  Los andinos asimilaron a los viajeros provenientes del Japón actual llegados a  Valdivia, en Ecuador, punto central de irradiación de la alfarería en nuestro continente. Nuestras culturas también incluyeron a viajeros que arribaron a las costas lambayecanas con el mítico Naylamp. Los puquinas asimilaron a viajeros -probablemente sumerios- que llegaron a esas regiones a través de la selva brasileña y peruana. La prueba de este encuentro se halla en la denominada Fuente Magna, reliquia que se puede hallar en el “Museo de Oro” de la calle Jaén, en La Paz, Bolivia. Es claro que los andinos se equivocaron en el diagnóstico; los hispanos no vinieron a incluirse y sí a apropiarse de territorio y riquezas, destruir culturas, idioma, religión, ciudades. El error tuvo atroces resultados.  

También subrayo que la destrucción u olvido y desprecio del acervo cultural y tecnológico debió estar signado por las conclusiones que hicieron “los racionalistas” europeos al observar que nuestros antepasados revestían todas sus actividades de sacralidad, religiosidad. La siembra, el riego, la cosecha, el pastoreo, la construcción de ciudades, caminos, y el simple discurrir por el territorio eran actividades religiosas. ¿Cómo podían los invasores, que reservan la religiosidad al rito de iglesia y a los textos, conservar o imitar estas visibles expresiones demoniacas? Ellos venían de entender al hombre como lobo del hombre. En el proceso de acabar con todo vestigio de paganismo fueron descubriendo que la tarea implicaba destruir la civilización en su integridad. Los invasores, junto a su temor, no pudieron conservar o reproducir semejante sociedad, saturada de símbolos, magia y mitos.  Fue tarea imposible destruirla. Los antiguos peruanos clausuraron entonces al exterior todas sus formas religiosas, resistieron, y fueron, con el tiempo, abriendo de nuevo su cultura, mitos, religiosidad.

La sociedad occidental también posee mitos y los crea a diario. El Pato Donald habla y tiene familia, el Hombre Araña adquiere poderes de arácnido, los tiburones se enamoran y los dinosaurios tienen lenguaje humano. Situación extraña: sus animales hablan sin tener alma; así lo aseguran sus textos teológicos. Vemos entonces que sus mitos no son los nuestros y tampoco somos, en este punto, una etapa previa y primitiva de su moderno y racional pensamiento. Lo que nos diferencia es que ese mítico mundo no forma parte de su realidad cotidiana; terminada la proyección de los mitos en sus pantallas, proceden en la realidad a ocupar territorio mundial y a exterminar al rey león y a todas las especies que adornan su imaginario. Para nosotros los animales posee un idioma distinto y procuramos entenderlo desde sus propias fuentes. Tampoco los exterminamos, son nuestros hermanos. Para nosotros, los vegetales y los minerales tienen vida, hablan, se comunican, tienen su propio lenguaje, por eso el runa simi es el lenguaje de los runas. El mito es parte constitutiva de nuestra existencia, nosotros hemos sido por siempre Huamanes, Pumas, Kunturs; no desde el disfraz ni el maquillaje, desde nuestra entraña identitaria. Aquí radica la esencia de nuestra existencia, la esencia de nuestra religiosidad. Para ellos el mito es una creación artificial, desahogo pasajero a sus maltratadas existencias, dañadas por la polución, guerras, desigualdades, racismo, explotación; para nosotros el mito es parte consustancial de nuestra humanidad.  

Quizá pasa inadvertido que existe una cosmogonía norteamericana, existe espiritualidad norteamericana, italiana, francesa u otra rumana; pero, el etnocentrismo nos señala como los únicos poseedores de cosmogonía y ellos teología; de ese modo, con oportuna ventaja y rapidez, hacen sus convenientes clasificaciones sobre qué es religiosidad o qué es behetría, religión y paganismo. Se apropian de la ciencia y de la sabiduría, aquella construida con un logos particular y privado. Existe también una etnia blanca, también quizá criolla, alemana o suiza; pero, somos nosotros parte de un exclusivo grupo que nos hemos ganado tal caracterización: etnia quechua, aymara, shipiba. Esta rebeldía contra estas acomodadas formas de organizar el mundo es, considero, una de las motivaciones que hacen posible reuniones como esta. 

Conflicto civilizatorio

Es acertada la explicación que hace el Hatun Ayllu en sus páginas de internet, al señalar que su acción se inscribe en un trabajo por rescatar los valores de una civilización andina que fue sometida y asimilada, trastocándose y deformándose en su esencia y virtudes. Habla de civilización y habla de cultura. En un nivel de tal magnitud se encuentra la resolución de nuestras tareas, en un horizonte de disputa civilizatoria. Si no se entiende que nuestro trabajo tiene esas características, será muy difícil alcanzar nuestras metas.  Defendemos una civilización viva que se ha recreado a diario en estos cinco y más siglos de resistencia permanente. Sin embargo, tenemos acuerdos en la resistencia, aun no alcanzamos acuerdos en el proyecto. Lo conseguiremos, estoy seguro. El reto es caminar con el legado espiritual, con sus herencias primigenias, básicas, pero usando nuestra realidad contemporánea, nuestros propios recursos. La reserva cultural que es nuestra está conservada de manera semejante al modo en que un átomo de materia guarda energía potencial para liberarla como poder nuclear. De esa urdimbre estamos construidos. Imaginemos qué potencia tendrá, liberada de sus trabas y adormecimientos; esta quieta e inadvertida fuerza, oculta a la vista, provocará la remoción de toda forma previa de religiosidad y de poder. 

Uno de las mayores virtudes de otras formas de espiritualidad, de religiosidad, es hacernos creer que el mundo es inmutable y que los cambios son imposibles. Esta poderosa pero al mismo tiempo, sutil imposición, hace pensar que nos reunimos para lamentar un pasado ya extinto, honrar a muertos irrecuperables y para deplorar que el futuro no exista para nosotros. Gran error; la espiritualidad, la nuestra, la que aquí se profesa, consciente o inconscientemente, nos dice que somos una realidad objetiva y concreta, que no estamos en un camposanto plagado de recuerdos mutilados e imposibilitados de volver a caminar y a florecer. Kachkaniraqmi, es la palabra indicada para definir este momento. Quienes estamos aquí sabemos que nos rodea una espiritualidad que nuestra sociedad tiene el derecho de conocerla y de vivirla como nosotros la recibimos y como nosotros tratamos de vivirla. Hay un gran reto frente a esta realidad: Cómo hacer posible que el mensaje trascienda estas paredes, cómo hacer conocer a otros hermanos lo que son y lo que somos. Cómo hacer realidad un mundo nuevo, renovado, enriquecido por espiritualidad y conocimientos y entendimientos del universo que hicieron posible, en algún momento de nuestra historia, una sociedad superior, una civilización distinta.  

Templos y basílicas

Hablar de espiritualidad es hablar de templos y basílicas. Entonces, nos preguntamos ¿dónde están los templos del Perú antiguo usados por la población para orar, dónde ubicamos los altares de culto, en qué lugar hallamos las iglesias en Caral?, ¿dónde las ubicamos en Tiawanaku y en Huánuco Pampa, los hay en Macchu Picchu? Observamos que no existen la manera modulada por las religiones de origen occidental. Cuando los estudiosos analizan un recinto sagrado, el Qorikancha por ejemplo, lo explican usando referentes católicos; nacen entonces interpretaciones que la racionalidad importada cree cierta. Desarrollan una explicación tan distante como aquella que separa una Waca de una iglesia occidental. Nuestros templos están diseminados en todos los espacios del Tawantinsuyo, al paso de cualquier caminante que elija otorgarle un saludo respetuoso o unos minutos de su tiempo para orar o dejar una ofrenda. El criterio de acudir a una iglesia y ejecutar un ritual preconcebido, no han sido parte de las tradiciones espirituales nuestras. Para nosotros la Naturaleza es el templo general, la casa de la divinidad.

Las Wacas son manifestaciones únicas, singulares; en algunos casos, probablemente, acondicionadas por la mano humana para descubrir o subrayar las interioridades que el mensaje de la naturaleza trasmitía. Desde un guijarro diminuto hasta formas naturales complejas, todas las expresiones naturales, incluido el humano, son portadores de sacralidad. Las viviendas y las ciudades poseían tal contenido, orientadas para el diálogo permanente del runa con el universo. La estructura urbana, en su integridad, era una gran hornacina cuyas avenidas, plazas y edificaciones estaban conectadas con el cosmos, en una suerte de espiritualidad objetivada, expresión material, realidad sacra. Constituían epifanías, manifestaciones numinosas. Las ciudades eran templos en sí mismos,

Esta materialización del diálogo entre naturaleza y cosmos, cotidianeidad y espiritualidad, llevó a nuestros padres a diseñar el trazado básico de las ciudades usando las formas de algún ser viviente; era la forma de conjugar reconocimiento de dones, consustanciación con el espíritu de seres con características singulares que los runas estaban muy lejos de poseer. Lo vemos en Pisac, Paramonga, Cusco, Quito, Pumapunku, Macchu Picchu. Esta concepción de la vida los condujo al extremo de acondicionar la integridad del territorio como parte de la organización del cosmos. Los cuatro suyos son la imitación de los cuatro lugares que crea la Vía Láctea en el espacio cuando transcurren las estaciones. También las conexiones espaciales de Ceques y Wacas lo atestiguan. Los caminos eran rutas integradora de esta realidad: el Qapaq Ñan lo demuestra, por las características que guarda su trazo y la interpretación que se hace de él como camino de aprendizaje y sabiduría. Quienes han realizado la caminata hacia Macchu Picchu saben lo que significa trajinar una senda de purificación. El gran camino inca era una ruta compartida por humanos y divinidades. Allí han dejado sus huellas Con, Wiracocha, el Tunupa y el Wiracochan, junto a auquénidos, chasquis y gente común. Humanos y dioses caminando a diario en armonía y conjunción cotidiana, espiritualidad extremada hasta el punto de hacer de cada vida una biografía espiritual. Para quienes discurrían entre Apus tutelares, ríos que nos hablaban del destino, pampas que alojaban Wacas que nos vinculaban con el universo, líneas espirituales que había que conocer y respetar para discurrir por el territorio, árboles, insectos y animales sagrados, era una obligación vivir la espiritualidad en cada segundo de sus pachas. Y esta realidad se practicaba sin sacerdotes, de manera laica, considero; sin el auxilio de clero ni de libros sagrados. La iglesia era el mundo; el universo, el templo mayor.

Espiritualidad y sociedad

Entonces, si las Wacas, ciudades y caminos, es decir el continente, expresaban formas de entender la divinidad, no podemos ignorar que el contenido también poseía el mismo sentido, es decir: las tareas de producción, las relaciones personales, la organización social en su conjunto se estructuraban sobre claras formas de espiritualidad. Si un ser insignificante de la naturaleza podía ser expresión de la divinidad, si un zumbayllu, un trompo, puede hasta ahora, ser mensajero espiritual, entonces todo ser humano era la encarnación de sacralidad y espiritualidad y veía en los otros expresiones de lo sobrenatural. Había casos que extremaban estas consideraciones: por ejemplo los sobrevivientes de un encuentro con el rayo eran respetados como seres especiales, de igual modo los mellizos o aquellos que tenían algo distinto y particular en su configuración física; labio leporino, deformaciones óseas; frutos especiales como las mazorcas de maíz distintas, las papas sin par, tenían un lugar preferencial y especial en la sociedad. Los lenguajes andinos son muestra de esa realidad, es la razón de la proliferación de onomatopeyas reproduciendo los sonidos de la naturaleza; por eso la fácil alteridad, la otredad, la comprensión del otro, la integración de lo diverso. Recordemos que a la llegada del invasor se hablaban aquí cientos de lenguas: tallan, mochica, bagua, chacha, den, cat, culle, muchic, quingnam, quechua, aru, arahuaco, pano, puquina, uruquilla, lengua pescadora,etc. solo para nombrar algunas principales. Había conflictos, sí, los había, no era este un idílico modelo de sociedad exento de dificultades y violencia, pero ninguna diferencia se resolvía con el exterminio del otro. El propósito de la etnia dominante era extender su cultura respetando las particularidades e inclusive sus propias divinidades. ¿Por qué entonces la diversidad de lenguas y vestidos y costumbres? ¿Por qué la extendida difusión del culto a Pachacamac, divinidad costeña, junto a otras regionales; o la de Wiracocha, deidad serrana, probablemente Tiawanaco, recibiendo consideraciones en la costa y viajando hasta Tumpis para perderse luego en el mar?

Equivocadas apreciaciones de lo diverso

Afirmar que faltó tiempo para uniformizar la sociedad bajo un solo patrón cultural es una afirmación equivocada. No es razonable esta aseveración, hay que desmentirla; responde al  uso de equivocados criterios occidentales que todo lo uniformiza y todo lo somete a normas monoculturales, donde lo diverso es lo inacabado, inconcluso, no homogenizado, y que considera que las variaciones son derrota y objetivo a exterminar o transformar en unidad. La civilización andina fue multicultural por naturaleza propia, por la necesidad y mandato de la variada geografía, por el incremento de sinergias que lo favorecían. Los pisos ecológicos de trabajo agrícola y pecuario eran el reflejo de la diversidad cultural que habitaba el territorio y que funcionaban como elementos dispares de un todo integrado. Fue, es, una civilización construida con el precepto de la pluriculturalidad como base universal. Su estructura es copia, imitación de la  naturaleza, reproducción entre humanos de su diversidad. Pregunto, ¿hay diferencias sustanciales entre los restos culturales y físicos de Caral, Chavín, Wari, Tiawanaco, Inca. ¿Se observa en ellos el antagonismo que existe entre el arco español y el dintel andino, o la contradicción insalvable entre la inapelable cuadricula urbana frente al devoto seguimiento que hacen las calles y avenidas a la topografía natural; acaso se ve entre estas culturas el antagonismo que sí encontramos entre el universo alillanchu con el hola individual y episódico? ¿No hay acaso continuidad y permanencia entre los paredones-barro de Chan Chan con los paredones-piedra de Ollantaytambo? En los cimientos del torreón Muyuqmarka en Saqsa Uma, no Saqsaywaman, hay cultura Kilke; los arquitectos de este templo fueron conocidos collaguas: Apu Huallpa Rimachi, Inca Maricanchi, Acahauna Inca y Callacunchuy. En el trabajo lítico en el Cusco supervive la piedra Tiawuanaco; en Chan Chan se conserva el rostro Caral. Los tres torreones que coronaban el santuario de Saqsay Uma: Muyuqmarka, Paukarmarka, Sayakmarka, eran la expresión máxima de la arquitectura ceremonial, espiritual. Una era circular y las dos restantes cuadradas, revelaciones de la dualidad y la complementariedad. Expresión de lo diverso, de la inscripción del cuadrado en el círculo, chakanas ancestrales. Entonces, los runas practicaban la espiritualidad en cada momento, en la integral actividad humana, en sus relaciones personales y en toda interacción con la naturaleza viva e inerte. No lo olvidemos, esta es la herencia que conservamos y tenemos viva aún.

Admiración, reconocimiento, no adoración

En la religiosidad andina verificamos orientaciones espirituales que encaminan comportamientos sociales, ética, moral, conjunción con fuerzas naturales. Integración con las diversas formas de vida natural. Admiración ante expresiones de vida animal y vegetal que tuvieran superioridad sobre las condiciones humanas. Es el origen de rituales de admiración, no de adoración; se trata de prójimos a quienes se honra por los dones recibidos. Respetamos al cóndor por su dominio de las cumbres deshabitadas del Hanan Pacha; apreciamos al puma que acecha a sus presas, silencioso y elástico, mientras discurre entre los dominios superiores e inferiores del Kay Pacha. Los rituales son también para expresar asombro y propósitos de consustanciarse con virtudes inaccesibles de los amarus que discurren sin solución de continuidad entre el Kay y el Uku Pacha. A esta realidad se le ha denominado de manera ígnara e inexacta: religiosidad pagana, y, de manera despectiva, panteísta. El panteísmo tiene dos expresiones: una, que reduce todo a una divinidad que promueve o provoca toda la realidad, una teofanía. La otra, concibe el mundo, el universo, como emanación de Dios, que así se convierte en una especie de principio orgánico de la naturaleza. A esta visión bien puede llamársele panteísmo ateo. Considero que el panteísmo nuestro está más cerca de este último concepto. Dios es naturaleza, la naturaleza es Dios. La divinidad está en la naturaleza.

Por lo dicho, resulta risible pensar y aceptar que los antiguos adoraban sapos y culebras. ¿Puede pensarse seriamente que los constructores de Caral, del Lanzón de Chavin,  Kalasasaya o Macchu Picchu, conocedores matemáticos profundos del comportamiento de la Vía Láctea y de sus astros, no advirtieran que tales seres no eran divinidades como sostiene el criterio occidental? Creo que es un error inadmisible a estas alturas del conocimiento de nuestro pasado y de nosotros mismos aceptar idea contraria. ¿Alguien ha visto postrarse a un runa como esclavo subordinado  o como feligrés dominado por el dogma ante la Pachamama? ¿Acaso no vemos en ese acto el respetuoso saludo a un igual a quien le debemos reconocimiento por lo que nos da? Los brazos abiertos con osadía de los comuneros y runas ante las nieves en el Qoyllur Ritti es una muestra de esa igualdad en el trato entre semejantes. Lo que ofrecemos es respeto ante la magnificente divinidad natural, similar al recogimiento espiritual que describe Arguedas cuando Ernesto ve zumbar y desplazarse a un trompo, un zumbayllu. Si los Apus son nuestros padres y la Pachamama nuestra madre, entonces los cóndores, pumas y amarus son nuestros hermanos, hijos de una sola simiente.

Espiritualidad contemporánea

¿Cómo enfrentar la espiritualidad ahora, cómo desarrollarla, entenderla? ¿Inventamos una iglesia donde no la hubo, fabricamos sacerdocio, símbolos, trajes, seminarios de formación y estudio? ¿Concebimos liturgias, paraliturgias, órdenes religiosas, ritos, redactamos libros sagrados, instalamos concilios y elegimos Willac Umu? No parece ser el camino. Lo nuestro es seguir la huella de las tradiciones y desarrollarlas, recrearlas; en algunos casos copiarlas; las más de las veces, crearlas. Nuestra religiosidad y espiritualidad nace del centro mismo de nuestra humanidad, insertada en un variado universo que consideramos vivo, incluida la roca menos conspicua o el animal solitario que repta en medio de su universo individual. Nuestra espiritualidad no puede estar desligada de una práctica de vida respetuosa del otro, de la otra, del distinto; es adversaria de las desigualdades y de la vida individual desligada del ser social, amigo de la vida comunal, enemigo de la calumnia y la mentira, del hurto y de la ganancia tramposa que pisotea la moral pública y la ética comunal. Nuestra religiosidad es ejemplo de vida que debemos extender como un manto purificador sobre los demás, sin discursos ni liturgias, solo con el poderoso ejemplo de vida y de respeto al semejante, al distinto. Así se extenderá nuestra religiosidad como urdimbre totalizadora de espiritualidad. Espiritualidad que se reconozca asimismo en el otro y que ese otro se haga unidad con uno mismo; espiritualidad que observe en el extraño una expresión acabada de creación natural, por eso superior e igual. En ese proceso la oración se desarrolla con sencillez, se expresa el rezo laico, la visita temporal a la Waca que se asome en nuestro camino; que la ruta espiritual de los ceques, líneas de ética y  moral superior, sea siempre visible. En esos recintos sagrados que son la expresión de la naturaleza, dejaremos un tiempo de reflexión y diálogo con nosotros mismos y con la divinidad que ella representa y seguiremos el camino que nos traza la vida comunal y nuestro desarrollo personal. Recuperemos por eso los principios éticos y morales que son expresión práctica de oraciones permanentes, la ayuda mutua, el ayni con el cosmos, entre nosotros mismos, con el distinto.

Dirigentes espirituales

La espiritualidad o la religiosidad antigua, no es solo Inca, Andina; era dirigida por el soberano máximo, conjugaba en su investidura la dimensión temporal e intemporal del poder. El Inca, jefe espiritual, no era depositario de saberes inmateriales que requerían interpretación teológica; era ante todo ejemplo de vida. El soberano era un Apu en sí mismo, guardián del conocimiento que el universo guarda, del movimiento de los astros, del comportamiento de la Vía Láctea. Su poder emanaba de un acervo cultural cultivado por milenios. Sin embargo, la sistematización precisa, la organización matemática y geométrica de esa sabiduría les correspondía a los líderes espirituales, a los Amautas. Era una realidad que les otorgaba gran poder. La buena marcha del  Tawantinsuyo dependía de la correcta interpretación de las manifestaciones que el universo mostraba en sus distintas expresiones. Lo que conocemos de las reuniones que se suscitaban entre el soberano y el principal sabio-sacerdote en la torre Muyuqmarka nos proporciona la información para entender esta conjunción de poder político contingente y poder espiritual. Los líderes espirituales eran elegido por sus características personales, en algunos casos por su vinculación biológica con el soberano. Establecían su residencia en los principales lugares de culto, el Qoricancha, Saqsay Uma, Pchacamac, Titikaka, y tenían personas a su disposición para organizar la diaria atención de rituales y la observación de los astros y del futuro No constituían una iglesia, no regentaban una liturgia canónica, en cambio sí rituales varios, sí patrones básicos para reverenciar y agradecer a la naturaleza. Era la parte mágica del proceso que se iniciaba en el símbolo, el mito. El mito, era la palabra y la magia, el ritual, el acercamiento concreto, la interpretación de la divinidad.

No estamos entonces frente a una iglesia constituida con clero, parroquias, templos y catedrales. Tampoco observamos la existencia de quellcas, tocapus, quipus, que sirvan de orientación para rituales o pensamientos espirituales. Si enumeramos centros de conservación de figuras divinas o espacios donde se concentraban los rituales religiosos, hallamos los cuatro lugares citados antes. Son la excepción; existieron por la natural necesidad de acumular y conservar tradiciones espirituales, constituían núcleos de cohesión social y política; espacios de visualización del futuro, de interpretación del lenguaje matemático de la naturaleza. No era lugares de masivas peregrinaciones ni tampoco exclusivas escuelas religiosas.

Considero que las particularidades que posee esta concepción hacen que a nuestra fe podamos llamarla panteísmo andino; desligadas de connotaciones paganas, desvirtuado su contenido perverso. Es un panteísmo que reconoce que la espiritualidad está en las actividades cotidianas, en el trabajo, en la producción, en el desarrollo de la familia, en la educación, en el amor. Y, aspecto importante, debe estar en el servicio comunal, la política y en cualquiera de las extensiones que de ella parta.

No iglesias

Entonces, las características de esta religiosidad, de esta espiritualidad, no requiere iglesias, clero, seminarios, vestimentas, códigos, premios y castigos. Nos situamos ante una religiosidad laica, de altísimo contenido ético y moral; praxis de vida, ejemplo de desarrollo humano. Por este camino, entonces, ¿cada ser humano debe ser o puede ser un sacerdote, una sacerdotisa? Sí, cada mujer y cada hombre; laico, desnudos de compromisos exigidos por esa incierta paz celestial que nos depara la eternidad. ¿Cada uno ser orientador espiritual? Sí, guía de vida, ejemplo de moral y ética vital. Desde esta perspectiva, las personalidades elegidas para conducir rituales o dirigir pagos o actividades de reciprocidad o agradecimiento a la naturaleza, no tendrían actividad vitalicia. Tendrían que ser señaladas temporalmente para ejercer estas posiciones, del mismo modo que se señala a los mejores para dirigir nuestras comunidades o poblaciones más extensas. En este punto, debemos de reconocer que es necesario caminar sobre experiencias que se desarrollen en el diario revitalizamiento de nuestras prácticas ancestrales, en la medida en que se expresen praxis contemporánea y concreta.  

Liturgia y muerte

Requerimos, considero, criterios básicos de liturgia, muy generales; después de ellas, cada runa debe determinar su particular camino, dependiendo de su privada relación con la naturaleza y la sociedad, de su íntima concepción de la vida comunal. Lo comunal no mutila la personalidad individual. Cuando nos referimos a los rituales básicos y compartidos, hablamos, por ejemplo, de rituales para la cosecha, siembra, del agua, del inicio y término de las estaciones y de la construcción de edificaciones; rituales de vida familiar y de la unión para formar núcleo familiar. Las concepciones de la vida más allá de la muerte se deben entender como la unidad cíclica que promueve la vida; la muerte como continuidad natural y necesaria del ciclo consustancial a la existencia, por tanto, partícipe del ciclo natural de reproducción del mundo y el universo. Formas de energía que es necesario encauzar y aceptar. Aquella energía que es absoluta, inextinguible y que solo se transforma. Energía que nunca nos abandona y que es necesario reconocerla como parte del diario quehacer.

¿Cómo desarrollar este pensamiento, como difundir estos criterios?

Nos respondemos con otra pregunta. ¿Los cultivadores de espiritualidad deseamos un mundo distinto, anhelamos una sociedad diferente?, ¿Tendrá nuestra espiritualidad alguna influencia en el diseño de esa sociedad futura? Consideremos respuesta afirmativa en todos sus términos. Entonces ¿cuál es el modo en que esta espiritualidad puede influir? Solo hay una. Ejemplo, difusión, activismo, motivación en otros, actitudes para la acción; ser centros de irradiación de pensamiento, de compromiso con la reactualización de nuestras ideas y espiritualidad.

¿Cómo armoniza una organización naciente, naturales y diversos criterios de sus miembros? Apelando a principios ancestrales: paridad, complementariedad, relación, correspondencia, la unión de lo divergente. Que nuestro pensamiento, que se basa en el respeto a la diversidad, permita cobijar distintos puntos de vista y ejercer cada uno de ellos la acción que más se acomode a su temperamento y motivaciones personales. Unos, acentuarán su actividad social, comunal, otros la espiritual. Consideramos no solo útil sino necesario lograr consenso en torno a este principio básico de la convivencia andina, lograr que las opiniones discrepantes concuerden en que es la única manera de crecer y permanecer. Podría hacerse realidad siguiendo los principios de conducción andina compartida, una dirección colegiada: Hurin  y Hanan; que unos hagan el papel de los antiguos Amautas y otros el rol que jugaron los soberanos. Tomemos al  mando un básico principio de vida nuestra: la complementariedad, no solo legitima sino necesaria.

Todo lo que durante siglos ha sido protegido, conservado, ocultado, nuestros hábitos y costumbres que durante siglos han cobijado hombres y mujeres; el mantenimiento de la fortaleza de nuestra cultura, ¿tenemos el derecho de solo compartirlo entre nosotros, entre nuestras familias y allegados, dentro del pequeño círculo que sabe y entiende nuestro lenguaje? ¿O lo extendemos hacia el conjunto de la sociedad que camina desorientada, sin rumbo, sumida en valores que no han contribuido nunca a hacer de nuestro espacio, de nuestro suelo, un lugar digno para vivir? ¿Acaso no es un mandato de nuestras conciencias, de nuestro deber con nuestros hermanos, que conozcan lo que aún somos, que sepan que nuestro suelo entero conserva, muchas veces sin saberlo, mucho de lo que nosotros somos y pensamos? Se trata de una reflexión que se orienta a abrir nuestras puertas y ventanas a la sociedad que no nos conoce y que, sin embargo, es el reflejo de lo que nosotros somos.

III Hatun Tinkuy. Cusco, agosto de 2019.

Continente Pachamama. ¿Por qué?

¿Tenemos derecho los habitantes de esta parte del continente a otorgarle un nombre distinto a estas tierras? Sí, lo tenemos. Del mismo modo que a los invasores les asistió el derecho de inventar un nombre para cada uno de nosotros. ¿Acaso los Lengua no eran los Kkallo y los Willca son ahora Santos o los Punku firman ahora como Puerta o los Perka como Paredes y Ch’akun, Chacón?

Ignoramos si el territorio del antiguo Tawantinsuyo tenía un nombre propio. Es probable que sí. Aún cuando los intercambios comerciales y continentales no poseían la significación que obligara a decir: «provengo de tal parte». Podemos especular en extenso sobre este punto; pero, lo cierto es que los extraños, los que consideraban que todo alienígena era un moro o judío en potencia de ser exterminado o asimilado, nos endilgaron un apellido general que nos hace Americanos del Sur, denominación que describe a un navegante extraño y muy poco de lo que somos en verdad.

Hay varias versiones sobre el origen de la denominación Abya Yala. lo cierto es que proviene de la lengua Kuna o Guna de la actual Panamá y cuyas raíces provienen de la familia lingüística Chibcha. Significa tierra madura, tierra viva. Se señala que la primera vez que fue utilizada con sentido político fue en la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, realizada en Quito en 2004. Se la observa «oficial» en 2007, en la III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas realizada en Iximche, Guatemala. Versiones confiables señalan al líder aimara Constantino Lima Chávez – Takir Mamani, activista indígena, hispanoparlante de nacionalidad boliviana, como el autor de la idea.

Señala la información que No hay ninguna prueba histórica que compruebe ni tampoco que refute, que los Kuna de Colombia y Panamá con el término Abya Yala, se referían a todo el continente. […] Probablemente se referían principalmente a sus tierras ancestrales […] lo que hoy es Panamá y Colombia.

Considerar inadecuada la denominación es un derecho que nos otorga ser parte de una cultura que, junto a otras, fundó una de las civilizaciones madre de la Tierra. En esta parte del mundo estamos junto a los Aztecas y Mayas. El sustento para defender una denominación distinta no se acaba en esta apreciación. Se trata también de considerar que, por encima de tierra madura y florida, el término PACHAMAMA lo incluye y desborda. La palabra encierra espacio y tiempo, territorio permanente y atemporalidad infinita. Demiurgo creador, vida atemporal, simiente inagotable, madre de todos, por eso viva y creadora. Entender la palabra en su dimensión amplía nos traslada a tratar de comprender el sentido de nuestra propia existencia y el de los seres vivos que la habitan; de todos los seres, de aquellos cuya emanación vital proviene de los corpúsculos que anidan en la materia invisible aún a nuestros ojos y que nuestros ancestros lograron intuir con admirable antelación y certeza. Todo eso es PACHAMAMA.

Imagen prestada de Rodolfo Sánchez G.

¿Puede el término no incluir a los Inuit por el norte y a los Mapuches y Rapanui por el sur, o a los Ofaié del Mato Grosso, o a los Guaraníes? ¿Podrían los Mayas y Aztecas no verse representados? No, estos primeros conocían nuestra Chakana y los segundos hicieron algunas de sus ciudades asentadas en representaciones del felino Tiawanaco e Inca y los Aztecas comparten tierras con una cultura migrante andina proveniente de la zona Wanca. Todos sabemos del sentido del término. (ver: https://saw-as-iray.com/2019/01/06/apuntes-de-politica-internacional-para-un-estado-andino/). Ninguno de ellos puede objetar que la vida emana de los surcos, oquedades y floresta y arenales de nuestra Pachamama.

¿Genera controversia y discusión entre hermanos? No es la intención. Provenimos de un espacio donde, por miles de años, lo diverso se puso de acuerdo y donde incontables lenguas hicieron posible construir civilizaciones utilizando un solo lenguaje civilizatorio. Aceptémonos, también ahora, diversos, distintos, únicos, por eso hermanados. Seguro que nos entenderemos, que nos aceptaremos con todo lo peculiares que podemos ser.

Mientras tanto, no podemos dejar de expresar una idea, una emoción que yacía hace tiempo en el fondo de nuestros corazones. Dejemos que la palabra haga su camino, provoque diálogo y hermandad. Nadie sanciona, nadie otorga licencia para la trascendencia de los actos humanos, solo la población, sólo la sabiduría que emana de nuestra actividad común, comunal. Dejemos que ella se exprese.

Esta es una idea entregada al Hatun Ayllu Qorikancha, mi casa, mi hogar, en el III Hatun Tinkuy realizado en la ciudad del Cusco entre el 5 y 7 de agosto.

Continente Pachamama

El Hatun Ayllu Qorikancha ha culminado, el día 7 de agosto del presente, el III Hatun Tinkuy, que reúne cada año a los ayllus: Paqarina, Inkanato, Poq’enkancha y Tawantinsuyo, junto a diversos personas vinculadas a la investigación y «la revalorización de la cosmovisión y espiritualidades ancestrales».

Tuve la enorme satisfacción, como miembro espiritual de la institución, de seguir los tres días del evento y participar en una de sus sesiones, y expresar mi punto de vista acerca del contexto social y político que afecta las labores del Hatun Ayllu. Al final de mi participación me permití entregar, a los asistentes como a la institución, un conjunto de ideas que podrían ayudar a organizar el Pronunciamiento que resuma algunos de los puntos más importantes de la reunión.

Por el interés del tema y por lo abierto de la discusión, pongo a disposición del público en general, y de los interesados en particular, el indicado documento.

Paso a detallar los temas propuestos:

  1. Sobre el Qorikancha. Reiterar el pedido de recuperación del principal espacio religioso andino para su uso de acuerdo a los intereses de los herederos de la espiritualidad andina.
  2. Recuperación y respeto por las formas de expresión de la espiritualidad andina. Exigir que el Estado reconozca las prácticas de la religiosidad andina y le provea la protección legal que le otorga a otras confesiones, espirituales y religiosos.
  3. Recuperación y respeto por los lugares donde se expresaba, y se expresa, formas de relacionarse con las divinidades andinas. Exigir que el Estado destine presupuestos para la recuperación, mantenimiento de las Wacas de la antigüedad peruana.
  4. Sobre la manera cómo los descendientes de las poblaciones ancestrales se llamaban a sí mismos. Corregir el error de llamar campesinos a seres humanos que se reconocen con denominaciones distintas, como son: runas, indígenas, nativos, quechuas, chancas, shipibos, conibos, etc.
  5. Sobre la manera en que algunos sectores de los hermanos de esta parte del continente denominan a este antiguo territorio. La denominación Abya Yala, legítima por el derecho que asiste a todo poblador ancestral o comunidad de usar el nombre que considere conveniente, no refleja el sentir de otros que consideran que las civilizaciones y culturas de gran significado histórico, tienen el derecho de proponer nombres alternativos. Desde ese punto de vista la denominación CONTINENTE PACHAMAMA reúne mejores condiciones para expresar el significado de esta tierra nuestra.
  6. Reclamar por el respeto al medio ambiente y la naturaleza viva cuando se hace uso de sus «recursos». Instar al Estado a promover y respetar la conservación de la Tierra como morada de la humanidad y respete también el pensamiento antiguo que ve en ella expresiones de religiosidad y que es parte de un legado que debemos conservar y reproducir. Pedir que se respete la opinión de las comunidades sobre el tema.
  7. Exigir al Estado anule su decisión de construir el aeropuerto de Chinchero. Por las consideraciones emitidas no solamente por los pueblos ancestrales que allí habitan sino por las opiniones de numerosas colectividades nacionales y extranjeras.
  8. Solicitar, iniciar los procedimientos para conseguir que las legislaciones nacionales incorporen a su doctrina jurídica, el reconocimiento de propiedad ancestral como criterio para impartir justicia respecto a los bienes materiales del territorio nacional. Llegará el día en que la Tierra no será un bien transable, entonces se les entregará a los usuarios en usufructo temporal. La Tierra es de la humanidad.

Vargas Llosa y su afiliación al tribal Occidente

PROLOGO

Vargas Llosa forma parte de una clase dirigente que carece de membresía. Es un solitario y activo ejemplo de intelectual orgánico sin pares; uno de los pocos con capacidad de sistematizar ideología, esbozar programas de gobierno y emitir opiniones que orientan colectividades. El escritor ha demostrado largamente su capacidad teórica para el ensayo y la divulgación de ideas; en algún momento también mostró cualidades para liderar directorios políticos y multitudes. Sin embargo, su tozuda determinación ha estado orientada hacia la creación y la literatura. Su desarrollo intelectual ha seguido la suerte que muestran numerosos pensadores a lo largo de nuestra historia: ver sus ideas llevadas a la práctica por políticos grises, mediocres y zafios, distantes de sus características personales. Alguno de ellos fue, inclusive, su enconado adversario político. No es casual esta realidad, hay una trencilla que los vertebra y los hace superar desavenencias en los métodos y las formas. Algunas ideas son solo posibles de ser impuestas bajo el yugo del autoritarismo que se ejerce desde pequeños grupos, de tribus dentro de la tribu.

Con su madre: Dora Llosa Ureta

La solitaria actuación del escritor se explica por la habitual incapacidad de nuestra clase dominante de erigirse en conductora, dirigente. La mayoritaria población tiene un intuitivo reconocimiento de esta realidad y les otorga a sus teóricos desdén cuando no les niega o retacea cualidades.  La actuación pública del escritor es por eso peculiar; se le reconoce influencia y lucidez intelectual, sin lograr la simpatía de las mayorías. ¿Qué aspectos de su personalidad, lastiman tanto la sensibilidad de numerosos peruanos? Es posible resumir las razones admitiendo que el escritor porta características que colisionan con las formas de ser del peruano promedio, adoptadas como resultado de la dominación y el subdesarrollo. País de desconcertadas gentes, lo denominó alguno. Hallamos un extendido sentimiento que expresa inquina contra el novelista; incomoda su tesitura  que, es probable, les recuerde la difundida medianía, la inconstancia e incapacidad para persistir y de incorporar disciplina y tenacidad en la obtención de sueños y objetivos y les enrostra debilidad en sus juicios y la tropicalidad de sus emociones, debilidad y fracturas en sus razonamientos. El rechazo es precisamente más visible entre los sectores medios, aprisionados por las fuerzas de la aculturación, semilla de ética y moral blandengue y permisiva, valores criollos centenariamente entronizados en nuestra sociedad.         Discutir estas interioridades nos conducen a otorgarle contexto social, familiar, a su pensamiento. Hay quienes, como Alfredo Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro, lo han tratado de cerca durante varios años y acompañado lo suficiente como para ceder testimonio de su personalidad. Veamos las opiniones del primero[1]: “Había leído ya La ciudad y los perros y había hecho amistad con Mario Vargas Llosa, o sea que acudí a él en busca de algunos buenos consejos. Pero, más que consejos, lo que encontré en él, aparte de una actitud franca y generosa, fue una especie de modelo francamente acabado y perfecto, y tan sólida, tan de una sola pieza, que inspiraba una cierta reverencia, un gran respeto, pero también un cierto temor. A Mario, no sé, como que no había manera de tomarlo con eclecticismo. Era de una sola pieza y se bastaba a sí mismo y, con toda su simpatía y cordialidad a cuestas, era ejemplar. Y su ejemplo seguía a pie puntillas o se convertía uno en un muy mal ejemplo. Mario era un militante de todo lo que hacía y todo lo hacía con la mayor disciplina. Páginas más adelante, completa la semblanza señalando: Vargas Llosa almorzaba ejemplarmente ligero para dejarles espacio a los demonios del escritor, hasta que estos literalmente lo dominaban, se apoderaban de él, se lo devoraban y lo convertía en un buitre que se alimentaba de carroña hasta transformarse en un deicida con digestiones literarias en forma de magma. Inabordable con eclecticismo dice el amigo, realidad que colisiona con el temperamento nacional, siempre dispuesto a transigir usando el conciliador y conveniente acomodo. 

Su padre: Ernesto Vargas Maldonado

Las confidencias de Ribeyro contienen similar tono. En carta a su editor alemán Luchting, señala[2]: “Mario es un tipo hors de pair [incomparable]. Me anonada su seguridad, su diligencia, su ecuanimidad, su forma práctica, realista, casi mecánica de vivir. Es un hombre que sabe resolver sus problemas. Los zanja con lucidez y sangre fría. Y lo que es más grave es que todos ignoramos todo de él. Él se da a conocer solo por sus actos. Los preparativos de sus actos o las razones que los determinan no se traslucen. Jamás hace una confidencia. Nunca se le ve desalentado por algo, por alguien. No vacila, elige siempre lo infalible. En su vida no hay “tiempos muertos”, los que tú o yo o tantos perdemos a veces sentados en un café, pensando en cosas sin importancia. Lo que él concibe lo realiza. Entre una y otra cosa no se interpone esa fase de incertidumbre, de desconfianza, de pereza, que a muchos a veces neutraliza y ahoga nuestros mejores propósitos. Tal vez por eso dé una impresión de “inhumanidad”. Tal vez por eso tenga muchos admiradores, pero poquísimos amigos. Tal vez esa sea la condición innata del auténtico creador: la del hombre que está por encima de nuestros pequeños sentimientos y nos sobrevuela, instalado en su propio Olimpo.

Las semblanzas explican la concentración y el compromiso que lo han acompañado en la realización de sus metas. Los pocos amigos que ha hecho en su vida es la consecuencia natural de tales propósitos. No es sencillo compartir experiencias con alguien tan drástico para opinar como intransigente para mantener posiciones intelectuales y políticas, y que elige sus adversarios, cuando no enemigos, con razonada pulcritud y eficacia. Sus detractores personales son, seguramente, propietarios de una distinta opción de vida. Muchos de ellos, no obstante, admiran su pensamiento y lo siguen en sus orientaciones ideológicas. Me pregunto, si el espacio criollo no le ha proporcionado tal tesitura, entonces ¿cuál es su procedencia? Provoca pensar que mucho de su contextura proviene del espacio cultural que ha formado a personalidades andinas por largos milenios. ¿Es inexacto que el módulo de su configuración personal se halla en los ascéticos andes Cochabambinos y no es ubicable en la sensual molicie piurana? Su hieratismo ¿acaso no es quechua o aymara? ¿Cuánto le adeuda su ánimo y tenacidad a la iracunda y andina personalidad de Ernesto Vargas Maldonado?

En Cochabamba

Vargas Llosa es un personaje hechura de sí mismo. No soslayo que la novelesca biografía del Nobel está vedada para una gran mayoría de peruanos. No obstante, luchó contra el parecer del padre para convertirse en novelista mientras el anodino apoyo de su madre no fue, al parecer, impulso decisivo. Sabemos lo difícil que es sobreponerse a la oposición o indiferencia que expresan los progenitores cuando se elige un camino de vida distante de los moldes familiares establecidos. Su nulo titubeo para desligarse del país y construir sus metas es una elección que puede parecer grata cuando se desconoce los estragos que produce el desarraigo. También bregó contra sus intermedias capacidades para la creación novelesca. Reconoce que su contienda por gestar historias e hilvanar palabras, le exigieron desarrollar una formidable disciplina. Lo ha conseguido transitando un cotidiano e invariable itinerario, que le dotó de medios para esbozar ideas, corregir y volver a corregir, hasta alcanzar la maestría.

El reconocimiento que suscita su biografía personal, no disminuye nuestro profundo desacuerdo y oposición a sus planteamientos ideológicos, sociales y políticos para nuestro país. Recojo temas que yacen en el primer nivel de sus exposiciones: alegar nuestra irrevocable pertenencia a la civilización occidental y cristiana y a la mitificada fundamentación que la señala como insustituible referente universal. Su afirmación que la modernidad es incompatible con nuestras arcaicas raíces culturales y que el único camino que nos resta es la universal aculturación, admitir que la vía correcta es el camino trazado por los antiguos amos, son falacias que deben ser desmentidas sin reparos. El desarrollo social no es lineal ni confluye en una sola moderna civilización como tampoco el  pensamiento que denomina arcaico es etapa primitiva del raciocinio sino un camino distinto y distante al de la racionalidad occidental; no es una etapa anterior, como si lo fue el pensamiento arcaico o mítico griego para las razones instrumentales. Es la explicación de la improductividad de nuestro mestizaje, yace en la imposibilidad de hibridar el maíz y el trigo. Nuestra filosofía es autónoma, dueña de su propia modernidad, y recuperará su pleno desarrollo en algún momento de nuestra historia. Edificar una narración distinta y alternativa, que sustituya la novela imperante es tarea que parece imposible si se soslaya las fuerzas emergentes y la declinación que sufre Occidente y las pruebas de la historia que nos lleva a analizar civilizaciones extintas. La inocultable incapacidad de los principios filosóficos, morales, éticos de ese continente y sus contenidos, para integrarnos como nación y conducirnos al desarrollo, son manifiestas. Las evidentes realizaciones que obtuvo en sus naturales espacios de origen, no han podido replicarse en nuestra realidad. Son otras, ahora, las exigencias que nos demandan recuperar nuestro destino.

En el colegio Leoncio Prado

Las ideas que el escritor divulga no son nuevas. Nos llega con la potencia que los siglos de desarrollo teórico han conseguido. Con variaciones y avances y retrocesos, es el fundamento basal sobre el que se sostiene la estructura ideológica, social, económica y política del país. La magnitud de los conceptos que promueve son de tal dimensión y fuerza de convencimiento que habitan ocultos a los ojos de la mayoría. Subrayamos uno: nuestra pertenencia a la civilización occidental y cristiana. Dogma inamovible desde su violenta implantación nos ha hecho satélites de dominios exóticos y privado de un camino autónomo en filosofía, ciencia, artes, tecnología, pilares de los incrementos productivos y sociales. En suma, no ha logrado diseñar ni llevar a la práctica ninguna forma de comunidad imaginada ¿Cuánto de las ideas contenidas en los textos republicanos, o anteriores, y que Vargas Llosa reactualiza, han instalado a este país en la senda del desarrollo y la integración? Formulo la pregunta de otra manera, ¿qué ideas cimentan la estructura que sostiene nuestro país?, ¿cuáles fundamentos han custodiado nuestras fronteras y evitado invasiones indeseadas y derrotas bélicas humillantes?, ¿el racismo y la segregación, el universo que gira en torno a estas ideas, con qué breviario se ha impugnado?  ¿El plebiscito cotidiano que es una nación, acaso no son diarias confrontaciones y desacuerdos que nos han llevado con regular frecuencia a conflictos armados? Ningún conjunto de ideas propias nos gobierna, ninguna superior idea de sociedad nos conduce; el pensamiento orientador más exitoso: imaginarnos país milenario y mestizo ha sido desplazado por país de ineludible destino culinario.  

En este espacio de tierra yerma, el pensamiento que adoptó Vargas Llosa en sus periplos extranjeros y que difunde con decisión, aparece y se aprecia y destaca con claridad inocultable. Las ideas de una sociedad libre, sin restricciones estatales, partidaria de establecer patrones culturales y estéticos desde las alturas de la colonizada y culta educación, enemigo de cualquier forma de nacionalismo que cuestione la dominación, hegemonizante desde lo civilizatorio y cultural, adverso a la planificación, aparece innovador  cuando se le observa desde la ignorancia de la historia de las ideas en el Perú. Su oposición a la tribu, encubre, flagrante, que su voz emerge de una de las organizaciones tribales más extensas de la historia mundo y que su seminal oposición a todo cuanto aparece alterno, diferente, es combatido con el mismo y tribal y libertario aparato conceptual que emana de la esencia misma de sus intolerantes conceptos civilizatorios. Nadie, según el escritor, puede detentar la capacidad de organizar   tribus alternativas y legítimamente constituidas, como son los innumerables grupos tribales que, ahora, alrededor del mundo, contravienen el orden civilizatorio y cultural dominante. Allí se encuentra, qué duda cabe, nuestra arcaica tribu andina que posee territorio y procrea una Nación y carece de Estado.

En el diario La Crónica

De esta concepción parte su rechazo a todo lo popular, nativo y, por añadidura, a todos los líderes y organismos sociales, dirigentes del eterno descontento de pueblos, incansables luchadores de causas civilizatorias y culturales distintas. No simplificamos cuando decimos que en este prolongado itinerario hay desde hace siglos dos visiones incompatibles: una emana de los retoños de los antiguos encomenderos y la otra posee visión nacional, andina y popular. No es anacrónico y arcaico remitirse a la historia remota para entender nuestro rostro verdadero; de esos tiempos proviene lo sustantivo de nuestra realidad. En algún momento lo andino no será solamente la culinaria exportable ni solo el atuendo presidencial para citas internacionales, sino el sustrato de todo nuestro quehacer nacional. No es posible desarrollo ignorando lo que somos. Y no se trata, fundamentalmente, de modos de producción ni de formaciones económicas, dicotomía que es necesario superar; sino de la supremacía de una natural y genuina forma de entender el país y dirigir su destino.

En Cochabamba

Se invita a leer el texto reconociendo los ríos profundos que lo alimentan. Es el modo en que se analiza aquí un aspecto descuidado de la biografía y de la edificación intelectual del escritor. Escudriña en los intersticios de su vida familiar para entender sus posturas políticas, al mismo tiempo que nos ayuda a explicar las posiciones políticas de los peruanos. Entrelazar cultura y clases sociales, nos permite examinar de mejor manera los pliegues que componen nuestras historias personales y familiares. Resulta sorprendente observar cuántos de los pensadores nacionales están atravesados de oscuridades en sus orígenes o han vivido disputas personales acerca de su identidad. Vargas Llosa no es la excepción. Observaremos en estas páginas que su filiación criolla es un constructo deliberadamente edificado desde las cenizas de una temprana y desechada identidad andina. Despojarse de sus años en Cochabamba ha sido un proceso corto e intenso de su biografía, acelerado por la intensa y conflictiva relación con el padre. Su caso carecería de importancia, sumido entre miles de historias semejantes, sino fuera por la influencia que aún conservan  sus ideas en nuestra colonizada sociedad y también, lo más importante, porque su biografía es una clara muestra del modo en que se procesa el  abandono de una tribu para enrolarse en otra, distinta.


1 Alfredo Bryce Echenique. Penúltimos escritos. Ediciones Peisa, Lima, 2009. Pág. 72 y 82.

[2] Jorge Coaguila. Ribeyro, la palabra inmortal. Revuelta Editores. Lima, 2018. Pagina 224.